• No se han encontrado resultados

MARIA ANTONIETA SAA

In document Calles caminadas, anverso y reverso (página 173-195)

D

IputADAporEL

p

ArtIDoporLA

D

EMoCrACIA

, ppD

Yo conocí en el año 1980, 1981, a las mujeres que formaron el Círculo de Estudios de la Mujer, la mayoría eran mujeres profesionales que sentían la inquietud de qué significaba ser mujer y empezaron a incursionar a través de grupos... yo diría un poquito de autoconciencia, y empezaron a darse cuenta que el tema había estado ausente en el país durante todo el proceso de la Unidad Popular, no existía esta inquietud de las mujeres por ellas mismas. Empezaron a cuestionarse qué pasaba con las mujeres y la discriminación y decidieron formar el Círculo de Estudios de la Mujer, y tímidamente se llamaban feministas, no sabían si decirlo o no decirlo en esa época. Estábamos en plena dictadura, pero fueron capaces de formar este círculo de estudios de la mujer y ponerse bajo el amparo de un organismo que tenía la protección de la Iglesia Católica, que era la Academia de Humanismo Cristiano. Ese organismo protegía a varios círculos –casi todos de carácter inte- lectual, de Ciencias Sociales– contrarios a la dictadura y que no necesariamente eran católicos, y entre estos, estas mujeres consiguieron que la Academia ampa- rara a este círculo de estudios de la mujer. Y empezaron a convocar gente y a juntarse y a organizar jornadas y reflexionar sobre la discriminación de la mujer; a este Círculo pertenecían mujeres que yo conocía de mucho tiempo. Yo en ese momento militaba en el MAPU, que era un partido que había participado en la Unidad Popular, estábamos en la clandestinidad, el MAPU Obrero Campesino, y a mí me parecía súper importante que existieran estas mujeres. Yo me acuerdo que les decía: a mí me parece muy bueno que ustedes existan, no nos corresponde a los partidos hacer esto, ustedes son un movimiento social y en todo lo que yo pueda apoyar... O sea, me encantaba, y con una envidia terrible de poder estar ahí, pero sentía que yo ocupaba como otra trinchera y no era lícito que estuviera en esa trinchera de las mujeres.

El año 82 yo viajé a Italia con una beca a trabajar en una organización femi- nista, Isis Internacional, donde había unas chilenas que se encargaban de la parte en español, y mi mayor interés allá era ponerme en contacto con las feministas europeas, con las feministas italianas, en fin. Y la verdad es que tuve un lugar bien privilegiado porque el Isis era como un centro de documentación de la mujer que tenía contactos con muchas organizaciones y para mí fue tremendamente interesante poder conocer el pensamiento feminista europeo y lo que significaba. Incluso, estuve en España en las primeras jornadas de las feministas socialistas,

me acuerdo que en esa jornada estaba la autora de un libro que era Mundo de

hombres, conciencia de mujer, una inglesa; así es que yo volví de Europa muy clara

en que esto es lo que había que impulsar en Chile, que era súper importante. Como te digo, yo venía del mundo de la política, había estado en la Unidad Popular, en el MAPU, pero siempre me había inquietado el tema de la mujer y uno de mis cuestionamientos a la Unidad Popular y a la gente de izquierda era que lo subsumían en la lucha de clases. Me parecía que no era así y que políti- camente era súper inadecuado que ellos, sin estudiar este tema de qué pasaba con las mujeres y la discriminación, su análisis era tan grueso que simplemente le dejaba las mujeres a la derecha, punto, no hacían un mayor cuestionamiento. Cuando volví de Europa entré al Círculo de Estudios de la Mujer y renuncié a mi partido, decidí que yo iba a ocupar mis energías en el movimiento de mu- jeres. A poco andar –había que cambiar la coordinadora general– me eligieron coordinadora del Círculo de Estudios de la Mujer. Para mí era una tremenda cosa, lo encontraba tremendamente importante, y ahí tuvimos una cosa muy interesante, que fue el contacto con las feministas latinoamericanas. Ya el 81 se había hecho la primera reunión feminista latinoamericana en Bogotá33 –yo tenía

noticias porque Isis hacía reportajes de todo esto-, y el 83 el Círculo encabezó una delegación de mujeres al II Encuentro Feminista Latinoamericano en Lima, Perú. Yo creo que para todas las que fuimos, que fuimos como sesenta, fue una tremenda experiencia ponernos en contacto con el movimiento feminista de Perú, de República Dominicana, de Argentina, de Ecuador, de Bolivia, Colombia. Y ahí tuvimos la oportunidad de conocer a muchas de las líderes que han sido del movimiento feminista latinoamericano, mujeres como la Gina Vargas y la Magaly Pineda. Para nosotras, por lo menos para mí y yo creo que para muchas otras, fue un encuentro tremendamente importante, donde nos empapamos un poco de lo que hacían las otras mujeres de Latinoamérica, fue muy importante.

Cuando volvimos de Lima, yo que tengo esta vocación pública, dije, aquí tenemos que dar una conferencia de prensa, tenemos que dar a conocer al país. Y extrañamente nos tomaron en cuenta en plena dictadura, salimos en los diarios, debe haber recortes todavía por ahí. Veníamos también con una amiga nuestra, Judith Astelarra, que se educó en Chile y que era parte importante del movimiento feminista español, y con la Judith hicimos la conferencia de prensa y contamos que sesenta mujeres chilenas habíamos ido a esto en plena dictadura.

El Círculo era para mí una mezcla de intelectuales, de investigadoras que ha- bían ido desarrollando una serie de redes de financiamiento para la investigación, que era muy interesante, y otro grupo que éramos como las feministas activistas, por así llamarlas, que no nos dedicábamos a la investigación propiamente tal y que queríamos militar mucho más. Y se dio entonces la formación del Movimiento Feminista, tuvimos largas discusiones, que por qué nos vamos a poner “movimien-

to feminista”, que feministas pueden ser todas, pero por otro lado, decíamos, en Chile tiene que conocerse el feminismo y, por lo tanto, es importante que demos un testimonio que somos feministas. Y creamos el Movimiento Feminista, que era un movimiento de mujeres muy activo, en términos de activismo feminista, esto pasó en el año 83, y salimos a la calle34. En ese momento empezaban las

primeras protestas contra la dictadura y nosotras nos sumamos a esas protestas como Movimiento Feminista, hacíamos panfletos, carteles, qué sé yo, había pan- fletos como haga el amor y no la cama... ahí plasmábamos nuestras reuniones, que eran muy intensas y muy llenas de contenido; estábamos viviendo lo que dice un sociólogo italiano, Alberoni, “el estado de gracia”, el estado de gracia por esto del feminismo, de la causa, integrado a esta acción contra la dictadura. Y ahí se plasmó ese lema que dio la vuelta al mundo porque lo adoptaron feministas de todas partes, que es Democracia en el país y en la casa.

El Círculo partió de distintos grupos de mujeres, un grupo era la Furia, eran mujeres del Partido Socialista donde estaba Julieta Kirkwood, mujeres que se declararon feministas dentro del partido, en la clandestinidad por supuesto. Y también un grupo que se llamaba ASUMA35, y otro sin nombre, de reflexión...

mujeres de izquierda la mayoría, que habían llegado a reflexionar sobre el tema de las mujeres. Todo eso llevó a la formación del Círculo, llevó a este camino que les estoy contando, y empezamos nosotras a influir bastante en el movimiento de resistencia a la dictadura, por un lado, y también en el movimiento político.

En esos momentos se formó el Bloque Socialista, parece que así se llamaba, que era un movimiento de renovación del socialismo donde muchas de noso- tras nos sentíamos identificadas y decidimos estar ahí para meter el tema de la liberación de la mujer. Me acuerdo de un encuentro inmenso que hubo en Punta de Tralca, todo esto en la clandestinidad, estábamos un grupo de mujeres muy fuerte ahí, la mayoría eran varones, y a mí me tocó exponer el tema de la libera- ción de la mujer, como decíamos en esa época. Y entre los varones se creó toda una resistencia diciendo que ese tema había que discutirlo en la cocina o en el dormitorio. Eran los albores de esta lucha, me acuerdo que les hicimos una talla bien buena que les quedó como lección... ahí empezamos a notarnos y a tratar de meter el tema de la discriminación de la mujer en la agenda política democrática.

En los años 80 existía un movimiento fuerte de mujeres políticas que nació de la Coordinadora Nacional Sindical, que existía en ese momento, donde había un departamento de la mujer que organizó en el año 80 una jornada en Padre Hurtado, en la casa de los jesuitas, y ahí llegaron las feministas socialistas. Y las mujeres de la Coordinadora las echaron porque en ese momento la izquierda sentía que el tema de la liberación de las mujeres, el tema de la discriminación de las mujeres, era un tema pequeño burgués que desviaba de la batalla principal.

34 La primera salida pública fue en agosto de 1983, una sentada en la Biblioteca Nacional con

un lienzo: Democracia Ahora. Movimiento Feminista

Hubo un tremendo conflicto ahí, yo estaba todavía en el MAPU, era una de las dirigentes, y me acuerdo que mi choque más grande fue cuando se discutía si se formaba o no se formaba una organización de mujeres, y esto se discutía a puertas cerradas donde había puros hombres, los encargados sindicales de los partidos y yo. Yo no admití que de mi partido fuera ningún hombre, este era un encuentro de mujeres, y fui yo con la representación de mi partido; es la única vez que he tenido jaqueca en mi vida porque la discusión fue tan fuerte, había una cosa tan voluntarista de estos hombres adentro de una reunión donde habían puras mujeres que no sabían que existía este núcleo discutiendo, ellos, si la consigna era formar la organización de mujeres de Chile ya ahora, o no, pero como un instrumento político antidictadura. Habían llegado las mujeres socialistas de la Furia y las otras mujeres existentes en esa reunión las echaron, ¡las echaron!..., yo decía, ¡pero cómo es posible!..,. para que ustedes vean el ambiente y lo que significaba este tema, era el ambiente de la izquierda también. Y echaron a la Julieta Kirkwood a empujones, fue fuerte, consideraron que era una bandera pequeño burguesa que no correspondía al momento político que vivíamos, que distraía la atención.

El 83 había ya este movimiento feminista que participaba en las protestas, pero desde nuestra propia perspectiva, sacábamos declaraciones en las radios, eran las primeras protestas y las primeras salidas con respecto al movimiento social chileno antidictadura. El Círculo siempre tomó contacto con las antiguas feministas que cumplieron un papel muy importante, que eran la Olguita Poblete y la Elena Caffarena, nosotras tuvimos mucho contacto con ellas. También el año 83 mujeres de otros partidos más de izquierda empezaron a tomar conciencia de este tema y llamaron a crear el MEMCH ’83, así lo llamaron. El MEMCH ’83 partió de una opción política, pero se fueron empapando de todo lo que nosotras planteábamos, en ese sentido tuvimos una enorme influencia en términos de la agenda de la discriminación de la mujer y de la lucha por la liberación de las mujeres de los partidos políticos de izquierda. Yo me acuerdo de una reunión muy linda donde la Elena y la Olguita nos decían a las mujeres del Círculo: “us- tedes son nuestros pares, ustedes son nuestras hermanas del feminismo”. Porque sentían que todavía en las otras mujeres primaba mucho más el tema político partidario, por así decirlo, que el tema propiamente de la mujer, y nosotras en el Círculo considerábamos que no teníamos que estar en una burbuja en dictadura sino que era nuestra principal motivación y lo sentíamos absolutamente legítimo. Ahí en el año 83 nosotras éramos parte de la Academia de Humanismo Cristiano, que la había formado el cardenal Raúl Silva Henríquez con enorme generosidad, era el paraguas de esta serie de organizaciones. Y en un momento yo recibo, como coordinadora del Círculo, un llamado del secretario general de la Academia de Humanismo Cristiano que me dice, María Antonieta, quiero comunicarte que el directorio de la Academia decidió expulsar al Círculo de la Mujer. Pero cómo toman una decisión así, le digo yo, no nos consultan, no podemos apelar, encuentro el colmo, aquí estamos en un espacio democrático,

cómo no nos llaman y nos dicen por qué nos echan, no nos dejan hacer nuestros descargos. No, era una comunicación absolutamente tajante de que nos habían expulsado de la Academia de Humanismo Cristiano. Eso significaba en tiem- pos de dictadura bastante orfandad porque quedábamos solas, desprotegidas del paraguas de la Iglesia, realmente era una cuestión que nos lanzaban a los leones de la dictadura. Tanto fue lo que discutimos que nos invitaron a reunión de directorio, a esa reunión fui con Rosalba Todaro, miembro de la dirección del Círculo. En esa época, el movimiento conservador de la Iglesia Católica, Fiducia, el más ultra conservador, había publicado una página en El Mercurio que denunciaba a la Iglesia, por así llamarla democrática36. Y dentro de los párrafos

de esta denuncia que hacían, había una respecto a nosotras que decía: “el Círculo de Estudios de la Mujer, protegido por la Iglesia, por la Academia Humanismo Cristiano, predica el hedonismo más impúdico...”, es un texto que casi me lo sé de memoria, por ahí debe estar... que nosotras predicábamos el hedonismo más impúdico, el igualitarismo –como si fuera el pecado más grande–, el vicio solitario, las relaciones prematrimoniales, etcétera, y que esto era un escándalo cobijado por esta Iglesia que ellos atacaban, que era la Iglesia que estaba contra la dictadura, como la Vicaría de la Solidaridad. Pensamos que eso había influido en el directorio de la Academia, además ya había sido nombrado cardenal mon- señor Fresno, ya había salido don Raúl Silva Henríquez. Cuando llegamos a esa reunión de directorio con la Rosalba Todaro, yo le decía, Rosalba, golpeémonos las manos porque somos del vicio solitario... bueno, llegamos las dos bastante nerviosas a un consejo donde había un obispo, había académicos universitarios, el directorio de esta academia, que con la llegada de monseñor Fresno también estaba ahí este historiador Vial, que escribe en La Segunda. Llegamos ahí y nos leen la sentencia:

“aquí no hay apelación posible, ustedes evidentemente están en contra de la línea de la Iglesia, hay publicaciones de ustedes donde una de ustedes habla de divorcio”.

En ese momento la Lucía Pinochet estaba hablando de divorcio porque una de las hijas de ella estaba divorciándose y nosotras habíamos hecho un artículo sobre la necesidad que hubiera una ley de divorcio en Chile, y en otro artículo dábamos cuenta de una jornada que habíamos realizado donde una de nuestras miembras, como les decíamos, había hablado de que ella prefería que sus hijas tuvieran relaciones prematrimoniales en la casa que en un auto. Eso fue causal de que nos expulsaran, yo creo que además influidos por esta publicación de Fiducia. Tuvimos una larga discusión y la posición de ellos fue irreductible, nosotras poníamos contra argumentos con Rosalba. Al final yo me acuerdo de

haberles dicho, miren, yo me alegro tanto, me alegro tanto de que estemos en el siglo xx, porque si esto hubiera ocurrido unos siglos atrás, nos hubieran quemado

por brujas. Era la inquisición quemando a las mujeres que se atrevían a pensar por sí solas y que planteábamos ciertas reivindicaciones con respecto a nosotras. Fue muy, muy fuerte.

Bueno, nos quedamos solas, sin este amparo, sin este paraguas, fue algo duro porque también a través de la Academia las investigadoras nuestras conseguían proyectos para hacer estas investigaciones. Fue una situación bien compleja por- que nos quedábamos sin un patrocinador, y del punto de vista de la seguridad nos quedábamos solitas, solitas frente al monstruo de la dictadura, y ya muy claras y muy públicamente como unas antidictadura. Ahí empezamos a ver cómo lo hacíamos, cómo seguíamos adelante, y reflexionando entre nosotras vimos que había dos mundos ahí; si bien todas éramos feministas había como dos caminos, uno era el camino de la investigación, que era tremendamente importante, y otro era el camino más de la militancia feminista, del activismo. Ahí fue cuando resolvi- mos separarnos y crear estas dos instituciones, el Centro de Estudios de la Mujer, por un lado, y la casa de la mujer La Morada, por otro. Yo hice de negociadora ahí, de un lado a otro, para que esta separación fuera sin mayores costos, porque siempre una separación de una institución tiene costos, teníamos arrendada una casa, teníamos cosas, había una situación más allá de nosotras mismas. Había dos visiones de la acción feminista, una visión más académica y una visión mucho más militante, activista. Al final, resolvimos todos nuestros problemas muy bien, yo creo que fue un ejemplo de una separación muy conversada. Me acuerdo que la Julieta hablaba de los nudos del feminismo, de los nudos de los problemas, y decía que había dos maneras de deshacer esos nudos, uno era cortarlos, como el nudo gordiano, y otro era deshacerlos. Y yo creo que nosotras eso hicimos en esa situación que era conflictiva, era complicada, estábamos solas, estaban estas dos visiones de mundo, logramos deshacer los nudos y crear estas dos instituciones, que fueron tremendamente importantes. El Centro de Estudios de la Mujer ha tenido un papel importantísimo con respecto a la investigación de la condición de la mujer en Chile, en todos los ámbitos, y todavía hoy día sigue funcionando. Y la casa de la mujer La Morada, que ha tenido una acción bastante interesante también, ha sido un centro de pensamiento, de debate, de acción feminista, muy, muy interesante. Yo seguí militando en la La Morada con la Alicia Frohmann, Margarita Pisano, Vero Matus... ahí nos quedamos en La Morada, ya estábamos insertas en la resistencia a la dictadura.

Se empezaron a crear otras organizaciones de mujeres ya centradas en las mujeres, se creó Mujeres por el Socialismo, que era de este Bloque Socialista; hicimos una labor bien bonita y bien importante con respecto a la lucha contra la dictadura del punto de vista de las mujeres, y seguimos adelante. En ese mo- mento se creó también Mujeres por la Vida, que era un movimiento que buscaba la unidad política en Chile, había mujeres de todos los partidos que buscaban la unidad de los partidos contra la dictadura; mujeres como Teresa Valdés, Fanny

Pollarolo, Patricia Verdugo, Estela Ortiz, las Duque, mujeres muy luchadoras por

In document Calles caminadas, anverso y reverso (página 173-195)

Documento similar