¿Qué tipo de hombre y qué tipo de sociedad ne- cesitamos formar hoy para Colombia?, es la pregunta a la cual se intentara dar respuesta a lo largo de este ensayo; un interrogante que puede parecer muy simple de res- ponder a primera vista, sin embargo la cuestión es más profunda, y lo es más, si quien la responde es un maes- tro, así es, ya que el maestro es un pedagogo, un agente social responsable, intelectual, investigador, constructor del conocimiento, diseñador del currículo, interactuante con el proceso educativo, como lo diría Carlos E. Vasco que se ha escapado de “ser una mera pieza del aparato ideológico de Estado y ha pasado de ser un mero repeti- dor de conocimientos, para abrirse paso como profesional serio, como persona humana integral con un alto nivel de protagonismo”1, lo cual le posibilita reconocer tanto al su-
jeto que se forma como a la sociedad en la que forma, de manera más realista crítica y reflexiva.
1 VASCO U, Carlos E. Currículo, pedagogía y calidad de educa- ción. En: Revista educación y cultura. Construir el currículo. Fecode. Pág. 5
En este sentido, y en concordancia con la concepción de maestro como un intelectual y como aquel que reflexiona constantemente sobre su saber y que hacer pedagógico, es preciso aludir a que, dentro de esta reflexión se ponen a consideración también concepciones sobre el estudian- te, la escuela y sobre elementos tales como la cultura, el contexto y por supuesto el currículo. Es así como en medio de esta esta introspección, se reconstruyen permanen- temente los objetivos y finalidades, los recursos, los am- bientes, las relaciones y las formas de enseñar y aprender, ya que el contexto, es decir, la cultura y la sociedad están cambiando constantemente, y con ello sus ideologías, sus sentimientos, sus necesidades, sus intereses y exigencias.; razón por la cual, se debe tener en cuenta que el tipo de hombre que se quiere formar depende necesariamente de la relación existente entre escuela-maestro-alumno-socie- dad y de las necesidades que de esta relación surgen y a las cuales se busca dar respuesta.
En consecuencia, es indispensable para dar respuesta al interrogante planteado, aludir a la cultura, de acuerdo con
OPI Observatorio Pedagógico de la Infancia - No. 15 / 2015
Fundación Universitaria Los Libertadores
96
lo expuesto por Rafael Rodríguez Rodríguez como “aquel espacio real y cotidiano donde se encuentran integrados diferentes ambientes educativos: lo social, tecnológico, artístico, científico, comunicativo, recreativo, ético, diná- mico. (…) una acumulación de gran cantidad de conteni- dos, de los cuales una persona debería saber de todos un poco”2, de manera que se piense en la cultura como una
construcción social que comprende las creencias, los co- nocimientos, los valores, las costumbres y prácticas de los sujetos; la cultura como aquella que se encuentra inmersa en cada uno de los contextos con los que interactúa el in- dividuo, por lo que tiene gran influencia en el la formación y la conducta del mismo. Por consiguiente, la cultura se puede entender como la consigna que representa a una sociedad y dentro de la cual se enmarcan las exigencias y demandas de la misma.
Lo que lleva a decir que la sociedad define las condiciones propias de la educación y de allí las condiciones provistas para el proceso de enseñanza y aprendizaje que moldean al individuo, de acuerdo a lo que ella requiere en un mo- mento histórico-social determinado, es así como, el currí- culo aparece como producto de la cultura y la sociedad a la cual pertenece asegurando el cumplimiento de sus propó- sitos, a lo que asevera Marco Raúl Mejía que “el currículo sólo puede ser entendido en la sociedad que lo organiza y en alguna medida significa la selección que se hace de parte de la cultura por parte de las instituciones y personas que el poder-saber sanciona como válidas en ese momen- to y designan cómo debe ir a la escuela para cumplir los objetivos que la sociedad requiere de ella. En ese sentido, nunca puede pensarse éste, al menos en su versión de cu- rrículo planificado, fuera de las relaciones entre sociedad, educación y desarrollo”3, es decir que el currículo, como ar-
tefacto cultural, se materializa en la escuela de modo que esta asuma la formación de sujetos acorde a los paráme- tros establecidos socialmente.
Por tanto, se concibe al currículo como un proceso global, en el cual se contempla no solamente los fines, activida- des, contenidos, recursos y evaluación que hacen parte de una institución educativa, sino que también comprende las ideologías institucionales, las formas de ser y de com-
2 RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, Rafael. Enfoques curriculares para el siglo XXI. En: Revista educación y cultura. Construir el currí- culo. Fecode. pág. 18
3 MEJÍA J. Marco Raúl. El currículo como selección cultural. Apuntes para deconstruirlo en tiempos de globalización. Ma- terial en construcción. Santafé de Bogotá: CINEP – Fe y Alegría de Colombia, 1999.
portarse de los alumnos, los maestros y toda la comunidad educativa, en otras palabras, el currículo encierra todo el proceso y el acto educativo; motivo por el cual, es indis- pensable replantear el currículo frecuentemente y, replan- tearlo no solo en términos académicos, sino también en términos sociales, ya que como se ha evidenciado este es el resultado de la relación sociedad-escuela, una relación cambiante y por tanto debe ser pensado de manera per- tinente para dicha sociedad y dicha escuela. Así, pues, un currículo pensado para Colombia, debe ser diseñado y eje- cutado de manera que responda eficazmente al contexto colombiano, esto implica construir un currículo a través de principios de calidad, equidad, igualdad de acceso, opor- tunidades y participación e inclusión, en el cual todos y cada tengan las mismas garantías en cuanto a la satisfac- ción de sus necesidades, el respeto de sus derechos y el favorecimiento de su desarrollo, lo que implica “una ”vi- sión ampliada”, que sobrepase los niveles de los recursos vigentes, las estructuras institucionales, programas de estudios, y los sistemas convencionales de servicio (…) ya que la diversidad, complejidad y naturaleza cambiante de las necesidades básicas de aprendizaje de los niños, jóve- nes y adultos exige ampliar y redefinir constantemente la perspectiva de la educación básica”4.
Igualmente, desde este enfoque curricular, se debe rede- finir el concepto de maestro y de estudiante, el maestro como se mencionó con anterioridad como aquel profesio- nal responsable, actualizado, idóneo, capacitado, investi- gativo, reflexivo, evaluador, facilitador y orientador en la construcción del conocimiento, y el estudiante como una “persona comprometida y responsable de su proceso de aprendizaje y desarrollo y el de toda la sociedad. Es un individuo con la capacidad de enfrentar los problemas y retos de un modo cambiante desde un punto de vista so- cial, político, económico, cultural, tecnológico y científico. Es un sujeto que no solo hace cosas y memoriza, sino que racionaliza y confronta, por tanto es un sujeto activo den- tro del proceso de enseñanza-aprendizaje”5, en definitiva
una visión más ampliada e integral que los convierte a los dos como protagonistas dentro del proceso formativo, y permite a su vez formarse una idea o una imagen del tipo de hombre y de sociedad que se debe formar hoy en Co- lombia.
4 Declaración de Jomtien. Declaración Mundial sobre Educa- ción para Todos. La satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje. Jomtien, Tailandia. Marzo de 1990. Art 2 y 4 5 VASCO U, Carlos E. Currículo, pedagogía y calidad de educa-
ción. En: Revista educación y cultura. Construir el currículo. Fecode.