15 ¿Qué sexo tiene tu alma?
16. Los mensajes de tu cuerpo
Nota: publiqué este artículo cuando se cayó mi sitio anterior. Lo reconstruí y volvió a caerse. Esta es la historia:
Hace algún tiempo, eran las 3 de la tarde cuando quise acceder a mi sitio web y no era posible porque en lugar de leer algún artículo, había una fotografía de un artista (Marilyn Manson por cierto) y un mensaje en letras grandes que decía: “su web ha sido hackeada”!!!!!!!!; lo que significaba que alguien (un hacker) había modificado archivos importantes y que yo había perdido el control de mi web hasta ese momento. Recibí varios correos electrónicos de lectores que no pudieron registrarse y de usuarios que no pudieron realizar sus descargas, preguntándome qué estaba sucediendo y cómo solucionarlo. Sentí miedo; vi al caos viniendo hacia mí sin que nadie pudiera detenerlo, no sabía siquiera por dónde comenzar y casi automáticamente imaginé mi sitio hackeado (robado) por varios días, el trabajo de mucho tiempo perdido, el descontento de algunos usuarios, así como otro tipo de pérdidas entre más ideas pesimistas que iban y venían sin parar. Después de varios intentos sin resultados positivos, supe que era importante tranquilizarme para que las ideas comenzaran a fluir. Lo que había ocurrido era algo totalmente inesperado y sucedía por un descuido mío en el panel de control de la web.
En este momento me pregunto: el problema ¿era en realidad la página web? Para responder, analicemos las ideas falsas que nos venden algunos de los sentimientos que habitan la conciencia humana:
Miedo.
Este fue el sentimiento que experimenté al ver que mi web no funcionaba correctamente. El miedo es algo que inmoviliza, paraliza, detiene; bloquea totalmente todos los accesos hacia la salida. Genera problemas en el sistema inmunológico disminuyendo las defensas del cuerpo, aumentando el latido cardíaco y la presión arterial, limitando la cantidad de oxígeno que viaja hasta el cerebro, lo que reduce tu capacidad de respuesta. El miedo nace, crece y se reproduce con la falsa idea de que si le permites vivir en tu cuerpo emocional, estarás preparada(o) para afrontar el momento en el cual los sucesos que temes que ocurran, lleguen a tu vida. Los seres humanos nos hemos acostumbrado a sentir miedo para defendernos del futuro; nos apoyamos en una mentira para obtener la fuerza que nos permite salir adelante, pagar las deudas, afrontar un divorcio, mejorar la salud e incluso superar el miedo al miedo. Entre los parientes del miedo te puedo mencionar al temor, al pánico y al terror. No se sabe cuál de todos puede ser más complejo de aceptar, asumir, superar o eliminar; ya que desde antes de venir a este planeta podemos respirarlos y sentirlos a nuestro alrededor. Sondra Ray en su libro Nacimiento y Personalidad analiza muchos casos en los cuales el trauma del nacimiento ocasionaba muchos conflictos en el interior del ser humano.
El miedo te asegura que no sufrirás. Su mensaje es muy claro y si intentas recordar la última ocasión en la cual lo sentiste a tu lado podrás darte cuenta de que lo único que pretendías era eliminar el factor sorpresa de ese incidente negativo que estabas esperando porque el temor te da esa certeza, te vende el falso concepto de seguridad con el fin de que sobrelleves la adversidad de un futuro siniestro. El compromiso con nuestro cuerpo no es evitar el miedo, es aceptarlo como una emoción o un sentimiento que no es lo que en realidad somos; es comprender que proviene de un deseo subconsciente de que ocurra lo que a nivel consciente no se quiere; es llegar hasta su razón de ser para que deje de manejarnos.
Culpa.
Cuando percibí que mi página estaba en problemas, también me sentí culpable aparte de temerosa; comencé a preguntarme repetidamente ¿por qué había descuidado la seguridad de mi web, si tenía un letrero de color rojo que me decía del riesgo? ¿Por qué no tenía a la mano una solución que me facilitara las cosas?. Para analizar la culpa es fácil comprender que ni mi página web, ni los acontecimientos que tuvieron lugar en tu vida son los causantes de mi(tu) sentimiento de culpabilidad; ellos no tienen relevancia alguna cuando de sentirnos culpables se trata; lo que realmente cuenta es la manera como percibimos los sucesos que forman parte de la perfección de la vida que usualmente nos cuesta trabajo aceptar.
Este sentimiento es de muy baja frecuencia, lo que significa que al igual que el miedo, paraliza al ser humano en un momento donde no tiene poder alguno para lograr cambios, limita totalmente las posibilidades de encontrar una solución diferente al castigo y al pago de los errores cometidos. La seguridad que brinda la culpa consiste en decirte al oído: “si te sientes culpable todo el tiempo no volverás a actuar como lo hiciste” ó “mereces un castigo que impida que cometas el mismo error nuevamente amiga(o)” y ahí se queda por días, meses o años, mientras que a tu alrededor se generan acontecimientos dolorosos que te permiten “pagar” lo que crees que debes.
Los humanos sabemos que no es algo fácil de lograr porque aprendimos a ser niños buenos y adultos sensibles al dolor humano gracias a la culpa. Es posible que mamá o papá generalmente tuvieran expresiones como estas:
• Hijo, vas a matarme un día de estos si no te portas bien.
• Come toda tu cena porque la hice especialmente para ti y no quiero que me desprecies.
• Trabajo tan duro como para que saques estas pésimas calificaciones! • Estoy disgustada contigo, ahora no me hables!!!
• Te quedas encerrada(o) y cuando sientas que eres culpable sales y me explicas qué pasó.
O analiza esta escena en tu primera comunión, donde te encuentras de rodillas ante el confesionario y el cura. Estás ahí sintiéndote culpable de los tradicionales pecados de la niñez: el robo de la torta de la nevera, la calificación deficiente que a su vez te hace sentir la más mala de las niñas o el peor de los niños, el hecho lamentable de masticar el chicle en la
misa del domingo y buscas y buscas y buscas más y más pecados en tu memoria infantil, intentando pagar de algún modo las faltas cometidas, intentando encajar en el sistema, intentando agradar mientras renuncias a tu calidad de niña(o), a tu condición de ser humano perfecto. Y todo esto sucede a la vez que el cura encerrado en el confesionario no te muestra su rostro y te impone una serie de oraciones que en este caso son sentencias, que si las cumples a cabalidad y sabiendo asumir la promesa de no volver a cometer los mismos agravios, te garantizan la paz interna con Dios, con la sociedad y contigo misma(o).
Entonces ¿Cómo eliminar la culpa?
Realmente no hay razones para eliminarla; simplemente hay que permitirle que exista para que así pueda pasar a través de nuestro cuerpo como si fuéramos intocables, invulnerables, invencibles, como si fuéramos lo que realmente somos: energía pura. Y podemos lograrlo en el momento en que decidimos que hasta el más horrendo de los pecados forma parte del equilibrio planetario y a su vez permite que muchos otros sucesos tengan lugar. Esto es evidente, basta con observar que la oscuridad de la noche le da la bienvenida a la claridad de la mañana y viceversa. Eres responsable de tu entorno y de tu vida, culpable jamás has sido ni serás.
Ira.
Es un sentimiento ambiguo, ya que podemos usarlo para llenarnos de valor o para hundirnos en el resentimiento eterno por la ofensa recibida. Su mensaje es muy claro; nace como todos los demás sentimientos, en la niñez y casi siempre te susurra al oído: “si te disgustas obtendrás lo que necesitas de los demás” ó “culpa a alguien más para que no puedas hacerlo contigo mismo”.
¿Qué tan perjudicial es sentir y manifestar ira?
La ventaja es que una ira expresada de manera correcta en el momento apropiado puede resultar refrescante y sanadora. La desventaja de una ira sin control reside en que puede llegar a convertirse en un odio que envenena tu cuerpo y puede lastimarte tanto que quizás te resulte difícil recuperarte de sus consecuencias.
El enojo se ha convertido en furia y en odio porque desde que éramos niñas se nos dijo que la rabia era una falta de respeto hacia los mayores; que ser una buena hija o un buen hijo implicaba hacer silencio mientras eras corregida/o, que el hecho de ser mujer significaba sumisión, asentimiento y represión. En esa forma fuimos callando, fuimos permitiendo, hasta convertirnos en una olla a presión que a la menor provocación estalla, dejando una huella profunda en todo lo que se encuentra a su alrededor. Gran parte de los conflictos a nivel global son causados por una ira reprimida en la conciencia humana, y sabemos que un sentimiento es real, se puede medir, lo que significa que de alguna manera toma forma física afectando al individuo, al planeta, al universo.
Es correcto enojarse? La respuesta es sí. Si decides que de hoy en adelante dirás NO a lo que no te agrade o a las propuestas que no consideres necesarias en tu vida y además puedes expresar tu disgusto sin hacerte daño, pues habrás dado el primer paso hacia tu libertad interior que es la misma libertad de tu pareja, de tus hijos e incluso la mía.
Omito al rencor en la lista de emociones analizadas porque es más extenso y hay mucho al respecto en esta web. Si te preguntas en qué terminó mi web, te respondo que en cuanto mi corazón comenzó a latir, analicé lo positivo de que mis usuarios no pudieran ingresar en ella y pensé en que las casualidades no existen, que siempre hay un motivo para que las cosas que creemos innecesarias tengan lugar. Lo positivo de que alguien la hubiera hackeado fue que aprendí a ponerle más atención a las advertencias. Me tranquilicé, respiré profundo y permití que todo eso sucediera, dejé pasar un tiempo y una vez estuve calmada empecé a buscar en mis copias de seguridad los archivos necesarios y los encontré, hice los reemplazos a tiempo y Eureka! Tu ya podías entrar en mi web.
Aceptar, permitir, fluir son las mejores opciones para eliminar las resistencias que nos impiden llegar a donde nos hemos propuesto. Gracias.