El tercer piso de la pirámide de crédito es el crédito del mercado monetario. El término «mercado monetario» representa normalmente un conjunto de mercados de mayoristas de capital prestable a corto plazo. En este libro el término es usado para referirse al mercado interbancario —un mercado de crédito mayorista entre bancos— en un sentido más concreto y estricto. En la práctica, el mercado monetario es mucho más amplio y comprende el comercio mayorista de crédito entre instituciones financieras, pero también participan en él empresas de todo tipo, como las corporaciones industriales. En los textos de Marx y Hilferding, no se distingue al mercado mone- tario como una entidad diferenciada dentro del sistema financiero, si bien está presente en el análisis de los sucesos y fenómenos financieros concre- tos. Ambos tendieron a tratarlo como si fuera otro mercado financiero más, a menudo sin diferenciarlo del mercado de capital. En Kenzai Seisakuron, Uno hizo un avance conceptual en este sentido al identificar el mercado
interbancario como un elemento distintivo del sistema crediticio51. El mer- cado interbancario está separado del mercado de capital, a pesar de que este último pertenece al sistema financiero en general.
El poder de la idea de Uno no se deriva de su visión de que el objeto comerciado en el mercado monetario es «dinero en tanto fondos» (shikin), mientras que el objeto comerciado en el mercado de capital es «dinero en tanto capital» (shihon). Esta distinción —que en japonés tiene sentido lingüísticamente hablando— pretende capturar la diferencia entre una mera cantidad de dinero y una cantidad de dinero comerciada como capital. Esta diferenciación es fundamental para la «doctrina de la circulación» de Uno y forma parte de su afirmación de que el objeto comerciado, generalmente entre prestamista y prestatario, es una mera cantidad de dinero (shikin), mientras que el capital (shihon) se comercia en el mercado de valores. De hecho, Uno rechaza así la afirmación de Marx de que el capital que devenga interés es una cantidad de dinero comerciada «como capital». Según Uno, el dinero «como capital» es comerciado en el mercado de valores.
El argumento de Uno en relación con la naturaleza del objeto comer- ciado entre prestamista y prestatario se enfrenta a una profunda dificultad conceptual: si es una mera cantidad de dinero, y no capital, ¿por qué el prestamista tiene el derecho a exigir (y obtener de hecho) su reembolso con interés? En términos de la diferenciación de Uno entre shikin y shihon no hay solución para este problema. Por otro lado, si se adoptara el supuesto de Marx de que el objeto comerciado es capital dinerario disponible para prestar, el problema entonces desaparecería casi por completo. Así pues, los fondos, tanto los del mercado monetario como los del mercado de capital, constituyen capital dinerario prestable que de forma natural acaba vol- viendo a su propietario. En el resto de este análisis se asume que el objeto comerciado en el mercado monetario es capital que devenga interés o, para ser más precisos, capital prestable.
La idea de Uno es, no obstante, innovadora porque pone en primer plano la creación del mercado monetario por parte de las instituciones financieras, en vez de por parte de los usuarios y propietarios finales del capital prestable52. Básicamente, la razón por la cual surge el mercado monetario es la demanda de liquidez a causa de las operaciones habituales de la banca, que lleva a los bancos a comerciar entre sí con liquidez disponible. Concretando un poco más, la oferta de capital prestable en el mercado monetario surge cuando a
51 Kozo Uno, Keizai Seisakuron, Tokio, Kobundo Shobo, 1936, parte 3, cap. 1, sección 2. 52 Este punto se le escapa a la nueva economía financiera, que trata el surgimiento de las
instituciones financieras como el resultado de fallos de mercado, es decir, de la incapacidad de equilibrar la oferta y la demanda entre propietarios y usuarios de los fondos. Sin embargo, el mercado monetario lo crean las instituciones financieras por motivos relacionados con la intermediación financiera, y no los propietarios y usuarios finales del capital prestable.
los bancos les resulta caro mantener la liquidez disponible; la demanda surge de los bancos cuando tratan de buscar liquidez en préstamos para financiar los activos. Desde esta perspectiva, el mercado monetario es, en esencia, un mercado interbancario de reservas de liquidez.
El crédito del mercado monetario es una variante del crédito bancario (o del crédito monetario) que suele tener lugar entre instituciones financie- ras especializadas en la provisión de crédito bancario. Representa por tanto un forma más desarrollada de crédito bancario en comparación al crédito entre bancos y capitalistas activos. La solvencia en el mercado monetario la establecen prestamistas especializados que poseen activos repartidos entre una gran variedad de sectores económicos. El crédito del mercado mone- tario posee de este modo un aspecto general y objetivo: los participantes deben tener una visión global de la acumulación antes que una simple monitorización del circuito concreto de capital en el que se utilizarán los fondos. En este sentido, la confianza en el mercado monetario tiene deter- minantes sociales, incluso aun cuando se trate de transacciones privadas entre banqueros y otros intermediarios53.
En términos generales, el mercado monetario es el sitio donde toda la sociedad, y no solo prestamistas y prestatarios particulares, comercia con el capital prestable. En el mercado monetario, el capital prestable es una enti- dad social comerciada entre especialistas indiferentes a los usos concretos de los fondos prestados. Las transacciones de crédito pasan a ser actos imperso- nales entre los participantes, especialistas en prestar, a pesar de seguir siendo acciones privadas entre prestamista y prestatario. En el mercado monetario el capital prestable aparece realmente como una mercancía sui generis, que determina un precio (el tipo de interés) que puede actuar como punto de referencia general para otras transacciones de crédito.
El crédito del mercado monetario es vital para la acumulación capita- lista en tanto aumenta la fungibilidad del capital prestable. Un mercado monetario profundo y amplio es un requisito esencial para un sistema crediticio avanzado, dado que permite a los bancos desarrollar sus fun- ciones de un modo más efectivo. Si el mercado monetario no funciona correctamente, los bancos tendrán dificultades para obtener liquidez y por tanto también el crédito bancario empezará a no funcionar. Es propio de las crisis capitalistas que aparezcan primero en el mercado monetario y posteriormente pasen a ser crisis crediticias más amplias, que pueden evo- lucionar en crisis económicas generales.
El piso superior de la pirámide de crédito es el crédito del banco cen- tral. La naturaleza y el papel de los bancos centrales se ha discutido ya en
el capítulo 4, y basta solo con manifestar aquí que el crédito del banco central representa una mezcla peculiar de crédito público y privado, siendo la forma más social de crédito disponible en las economías capitalistas. El banco central surge como el banco de los bancos de forma espontánea y necesaria: es el banco dominante del mercado monetario en el cual los otros bancos del mercado monetario mantienen sus reservas de liquidez54. Los bancos centrales ofrecen servicio a los agentes de la acumulación al minimizar las reservas de liquidez mantenidas en el conjunto del sistema financiero, pero también al permitir que los bancos administren la liquidez de forma más flexible y eficiente.
El crédito del banco central está dirigido principalmente a los bancos del mercado monetario; es una variante del crédito bancario utilizado por los especialistas líderes en la comercialización del capital prestable. En con- secuencia, es necesario que el banco central examine continuamente todo el terreno de la acumulación y de este modo participe en la necesaria reco- pilación de información y monitorización de los prestatarios. El crédito del banco central es, en este mismo sentido, el crédito de mayor grado en la economía capitalista. Por esta razón, los pasivos del banco central tienden a ser dinero usado en grandes transacciones financieras incluso antes de convertirse en una forma fundamental de dinero crediticio.
El papel preeminente y ampliamente social del crédito del banco cen- tral en una economía capitalista se ve fortalecido por otros dos factores. En primer lugar, el banco central se convierte en el banco del Estado y, en segundo lugar, pasa a ser el titular de las reservas nacionales de dinero mundial. Ambas funciones han demostrado ser de una importancia determinante a lo largo del siglo XX y han proporcionado la base para la intervención del Estado en las finanzas. La financiarización descansa en la estrecha conexión entre el banco central y el Estado. La dependencia del Estado respecto del banco central deriva, primero, de los títulos públicos que tiene como apoyo a sus pasivos; segundo, de la declaración oficial del Estado sobre los pasivos del banco central como moneda de curso legal; y tercero, de la garantía estatal implícita de la solvencia de los bancos cen- trales. En el capitalismo financiarizado, el crédito del banco central es, en efecto, una variante del crédito público, mientras que los pasivos del banco central adquieren aspectos de la moneda fiduciaria.
54 Véase C. Lapavitsas, «The Political Economy of Central Banks: Agents of Stability or Source of
Instability?», International Papers in Political Economy, núm. 4:3, 1997, pp. 1-52; y C. Lapavitsas,