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Introducción General

1.7. Bioseguridad e identificación de factores de riesgo

1.8.1. Micotoxinas en avicultura

El análisis micológico y micotoxicológico del alimento usado para la nutrición en la producción avícola ha demostrado ser un tema fundamental a lo largo de los años. Las micotoxinas usualmente ingresan al animal a través del consumo de alimento contaminado. La enfermedad resultante de esta ingestión por exposición a las micotoxinas se denomina micotoxicosis (CAST, 2003). Uno de los problemas fundamentales es que el alimento contaminado contiene una variedad de micotoxinas en distintas cantidades, por lo que se

Capítulo 1 Introducción General 46 manifiestan diferentes efectos tóxicos (Jakić Dimić et al., 2009). Los trabajos referidos a contaminación fúngica en alimentos para aves muestran que los destinados a pollos parrilleros, son los que presentan mayor porcentaje de contaminación, lo cual es consecuencia de la mayor proporción de granos en este tipo de raciones (Bueno et al., 2001).

Las micotoxinas más importantes para la avicultura incluyen las aflatoxinas, ocratoxinas, zearalenona, citrinina, fumonisinas y los tricotecenos toxina T-2 y vomitoxina o deoxinivalenol (DON) (Bueno et al., 2001). La moderna micotoxicología comenzó con el descubrimiento de las aflatoxinas, luego de la pérdida de un gran número de animales en Inglaterra en 1961, atribuida al consumo de harina de maní incluida en la dieta (Richard, 2007). En ese momento, las investigaciones revelaron que la harina de maní contenía una sustancia tóxica producida por la especie Aspergillus flavus (Marth, 1990). Hoy en día se sabe que estas micotoxinas pueden ser producidas por tres especies más de Aspergillus: A. parasiticus, A. nomius, y A. pseudotamari (CAST, 2003).

Estructuralmente las aflatoxinas son derivados difuranocumarinicos, fluorescentes bajo luz ultravioleta (Rawal et al., 2010). Las cuatro aflatoxinas principales se conocen como B1 (Figura 1.7), B2, G1 y G2; ―B‖ y ―G‖ hacen referencia del inglés a los colores fluorescentes azul (Blue) y verde (Green) producidos por estos compuestos bajo luz UV en la cromatografía de capa fina (Bennet y Klich, 2003). La aflatoxina M1 es el metabolito hidroxilado de la aflatoxina B1 y proviene del metabolismo de algunos animales, encontrándosela normalmente en la leche y la orina. Las aflatoxinas se pueden encontrar como contaminantes naturales en los cereales (especialmente en el maíz, trigo, sorgo y arroz), subproductos y toda una serie de alimentos; la enfermedad producida por el consumo de alimento contaminado por estas toxinas se denomina aflatoxicosis (CAST, 2003; Gimeno y Martins, 2011).

Capítulo 1 Introducción General 47 Químicamente, las ocratoxinas son di-hidro-isocumarinas producidas por especies de Penicilum sp. y Aspergillus sp. (Figura 1.8). La ocratoxina A es la principal dentro de este grupo y se ha detectado en diversos cereales como trigo, cebada, arroz y sorgo. Se encuentra entre las micotoxinas más tóxicas para la producción avícola.

Hamilton et al., (1982) describieron episodios de ocratoxicosis en pavos, gallinas de postura y pollos parrilleros. La infecciones en pavos causaron mortalidad, nefrotoxicidad y disminución en el consumo de alimento; en tanto en gallinas ponedoras se produjo reducción de la postura y calidad de la cáscara de los huevos. En infecciones experimentales, las ocratoxinas causan principalmente daño renal, afectando también las funciones hepáticas, inmunológicas y hematopoyéticas (Hoerr, 2003).

Figura 1.8. Estructura química de la ocratoxina A. Fuente: Bennet y Klich, 2003.

La zearalenona es un metabolito secundario de Fusarium graminearum (teleomorfo

Gibberella zeae) (Bennet y Klich, 2003). Posee actividad estrogénica, resultado de su similitud con el 17- -estradiol, principal hormona femenina. Su estructura química se muestra en la Figura 1.9. Los estudios acerca de micotoxicosis causadas por la zearalenona en pavos, pollitos Leghorn y perdices indican una resistencia relativa a la micotoxina en comparación a lo que ocurre en cerdos (Hoerr, 2003). En pollitos Leghorn, se observó un aumento de peso en la bolsa de Fabricio (Speers et al., 1971). Por otro lado, los pollos parrilleros fueron altamente tolerantes a la zearalenona, con lesiones como disminución en el peso de los testículos y leucopenia (Allen et al., 1981; Chi et al., 1980). Estudios recientes indican que a nivel de los linfocitos, la citotoxicidad de la zearalenona ocurre por un desequilibrio en la homeostasis del calcio y una acidificación intracelular en los linfocitos (Wang et al., 2012).

Capítulo 1 Introducción General 48 Figura 1.9. Estructura química de la zearalenona (Bennet y Klich, 2003)

La citrinina es un contaminante natural del maíz, arroz y otros granos de cereales producidos por especies de Penicillium y Aspergillus. Fue purificada a partir de Penicillium citrininum en 1931 y sus propiedades antibióticas sobre estafilococos y otras bacterias se conocieron antes que su capacidad nefrotóxica (Hoerr, 2003). La citrinina causa diuresis en las aves de corral, ya que actúa directamente sobre el riñón alterando el proceso de transporte tubular. Es característico el aumento en el flujo urinario y un incremento en la excreción de potasio, sodio e iones fosfato (Glahn y Wideman, 1987). Su estructura química se muestra en la Figura 1.10.

Figura 1.10. Estructura química de la citrinina (Bennet y Klich, 2003)

Las fumonisinas son metabolitos secundarios producidos por distintas especies de

Fusarium. Fueron descriptos y caracterizados por primera vez en 1988. La fumonisina B1 (Figura 1.11) es la más comúnmente encontrada (Bennet y Klich, 2003), si bien existen también la A1, A2, B2, B3 y B4. El modo de acción está relacionado con el bloqueo de la síntesis de esfingolípidos, por lo que afecta la integridad de las membranas celulares y el transporte de iones a través de las células (Pires Rosa y Santurio, 2005). Los principales

Capítulo 1 Introducción General 49 signos clínicos de intoxicación por fumonisinas en pollos son ascitis, congestión y edema renal, diarrea, aumento relativo del peso del hígado y mortalidad (Rauber et al., 2012). Henry et al. (2000) estudiaron los efectos de la fumonisina B1 en pollos de engorde, incorporando fumonisina B1 en concentraciones hasta 80 mg/kg en la dieta; todos los órganos analizados (hígado, riñón, bazo y bolsa de Fabricio) no se vieron afectados macroscópicamente con las concentraciones usadas por estos autores. Sin embargo, ellos encontraron aumentos de la relación glutamato oxaloacetato amino-transaminasa/aspartato aminotransferasa en suero en las aves alimentadas con fumonisina, lo que sugiere un real daño hepático a estos niveles de intoxicación.

Figura 1.11. Estructura química de la fumonisina B1 (Bennet y Klich, 2003) Los tricotecenos se clasifican como macrocíclicos y no macrocíclicos, dependiendo de la presencia de un éster macrocíclico o un enlace éster-éter entre el carbono 4 y 15 (Bennet y Klich, 2003). La exposición de las aves de corral a los tricotecenos ocurre probablemente con el grupo no macrocíclico (Hoerr, 2003). Estos tricotecenos, a su vez, pueden subdividirse en dos grupos: los tipo A, que incluyen a la toxina T-2 y los tipo B, entre los que se incluye al DON (Bennet y Klich, 2003). La toxicidad crónica de los tricotecenos se caracteriza por anorexia, reducción del peso y eficiencia nutricional, cambios neuroendocrinos y efectos inmunológicos (Larsen et al., 2004).