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CAPÍTULO III. RESULTADOS

3.1.3. Microvestigios botánicos en placas dentales

Los resultados de este análisis forman parte del trabajo propuesto por Vásquez et al. (2018a). Para el análisis de microvestigios a partir de las placas dentales se han seleccionado los ejemplares tomando en cuenta la edad y la disposición anatómica de los dientes (Tabla 11). De las 4 muestras seleccionadas, 3 de ellas permitieron aislar microvestigios vegetales para su identificación, análisis e interpretación. Las muestras corresponden a la fase Mochica III (O-2) y la fase Mochica IV (O-3 y O-4).

Para la identificación y caracterización de los microvestigios vegetales se contó con los trabajos de Reichert (1913), Loy (1990), Piperno (1988 y 2006), Babot (2004), Vásquez y Rosales (2006b) y Vásquez et al. (2014).

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En la fase Mochica III, la muestra O-2 dio como resultado el aislamiento de 12 almidones y un tejido vegetal (Tabla 12). De los cuales 11 pertenecen a maíz y 1 pertenece a papa. Los almidones de maíz están representadas por: 3 almidones esféricos y 9 almidones poliédricos. Los granos poliédricos tienen medidas entre 23.4 µm y 15.6 µm con un promedio de 19.5 µm, por su parte los granos de almidón esféricos tienen medidas de 13 µm y 10.4 µm promediadas en 11.7 µm (Fig. 66 y 67). El almidón de papa muestra una medida de 13 x 11.7 µm con una morfología elíptica (Fig. 68). Asimismo, se ha podido aislar el microresto del pericarpio de una semilla de maíz (Fig. 69).

En la fase Mochica IV, la muestra O-3 está compuesto por 2 almidones de maíz (Tabla 13). Los granos de almidón de maíz tienen forma poliédrica cuyas medidas oscilan entre 23.4 µm y 15.6 µm con un promedio de 19.5 µm (Fig. 70).

Por su parte, la muestra O-4 se constituye por 2 almidones de maíz y 1 tejido vegetal (Tabla 14). Los almidones de maíz muestran formas poliédricas teniendo como medidas 23.4 µm y 15.6 µm promediadas a 19.5 µm (Fig. 71). El tejido analizado corresponde a la epidermis foliar de Capparis sp. (Fig. 72).

La proporción de almidones en la fase Mochica III sugiere que los camélidos tenían una dieta basada principalmente en maíz con el aprovechamiento alternativo de otros productos agrícolas como la papa. La presencia de almidones con forma esférica y poliédrica demuestra el consumo de dos tipos de maíz distintos, asimismo, el fragmento del pericarpio de la semilla de maíz se vincula a un acceso a mazorcas maduras cerca a los campos de cultivo. En la fase Mochica IV se muestra el consumo predominante de maíz con grano de almidón poliédrico. Del mismo modo, se evidencia el fragmento de una epidermis foliar de un arbusto de sapote propio de zonas áridas, el cual crece cerca a los afluentes de ríos y alrededor de estepas formando mosaicos ecológicos, ofreciendo un alimento alternativo a las mazorcas de maíz en los campos de cultivo.

Al parecer, este tipo de dietas se presentaba de manera regular en los rebaños debido a la edad de los camélidos a los cuales corresponden las muestras extraídas. Un camélido senil (14 años aproximadamente) en caso de la fase Mochica III, así como, un camélido adulto (4- 6 años) y un camélido senil (8 años) correspondientes a la fase Mochica IV.

Las características de los gránulos con apariencia esférica están relacionados a maíces con un endospermo harinoso que se vinculan con razas de maíz costero, mientras que, los

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65 almidones con forma poliédrica están asociadas a almidones de un endospermo vítreo propios de razas provenientes de la sierra (Vásquez y Rosales 2006b, 2013).

Las razas de maíces desarrolladas en la costa fueron el proto-Alazán, el proto-Mochero y el proto-Pagaladroga, tres razas que dieron origen a los tipos harinosos cultivadas en la costa norte durante el periodo Mochica (Grobman et al. 1961; Manrique 1997). En contraste, los almidones con forma poliédrica se asocian a razas que devienen de tipos serranos como el proto-Morocho, el proto-Kculli y el confite-Iqueño que se deriva del confite-Chavinense, los cuales, son caracterizados como maíces reventadores (Bonavia 2013).

Desde una perspectiva tafonómica los gránulos de almidón presentan daños consistentes a los ocasionados por la molienda o grinding (Babot 2004; Perry et al. 2006; Zarrillo et al. 2008). Gran parte de los almidones muestra fisuras alargadas que se irradian desde el hilum, además de depresiones en el contorno y la superficie externa producidos por las acciones de masticación (Fig. 67A-C-E, 70C y 71A).

Por otro lado, el almidón como una sustancia ergástica sufre degradaciones enzimáticas causadas por las amilasas secretadas en las glándulas salivales con el fin de permitir la absorción de los carbohidratos (Okolo et al. 1995; Bernal y Martínez Barajas 2006). Este proceso causa la pérdida de capas en el almidón dejando bordes facetados (Fig. 70C y 71C). La evidencia de maíz en ambas fases demuestra la señal isotópica del consumo de plantas con metabolismo C4 en gran medida, asimismo, la presencia de papa y sapote se vincula a la

señal isotópica de plantas con metabolismo C3, sólo el Capparis sp. presenta a su vez, altas

concentraciones de nitrogeno debido a su crecimiento en zonas de escasa pluviosidad, derivados de los llanos costeños del semi-desierto del alto piedemonte meridional (Delavaud 1984; Moutarde 2004; Vásquez y Rosales 2016).

3.1.4. Análisis de microvestigios botánicos en coprolitos

Los resultados de este análisis forman parte del trabajo propuesto por Vásquez et al. (2018b). Para el análisis correspondiente a los microvestigios en coprolitos se ha obtenido 4 ejemplares (O-5/C-1, O-5/C2, O-5/C-3 y O-5/C-4) pertenecientes al piso 1 del ambiente 9 en el Conjunto Arquitectónico 37 (CA 37), los cuales se asocian a la fase Mochica IV (Fig. 2). Es preciso mencionar que no se ha podido recuperar muestras de coprolitos fiables y en buen estado de conservación en el CA 35 para nuestro estudio.

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Los coprolitos utilizados en el análisis miden entre 8.65 mm y 12.33 mm de altura con un promedio de 10.62 mm, su anchura oscila entre 6.90 mm y 9.88 mm promediados en 8.59 mm. Tienen una apariencia orbicular con un peso entre 0.18 g a 0.26 g, con un promedio de 0.22 g (Fig. 6).

Para la identificación y caracterización de los microvestigios vegetales se contó con los trabajos de Reichert (1913), Loy (1990), Piperno (1988; 2006), Vásquez y Rosales (2006) Torrecilla et al. (2008) y Vásquez et al. (2014).

Los resultados alcanzados en la identificación taxonómica a partir del análisis de los restos de coprolitos dependieron directamente de la visibilidad de los rasgos diagnosticos de cada ejemplar. Los microvestigios identificados corresponden a un conjunto mayor de partes anatómicas propias de los vegetales consumidos que se conservaron debido a la fosilización particular de los coprolitos (Tabla 15).

La muestra O-5/C-1 dio como resultado 1 almidon poliédrico de Zea mayz y un microresto foliar de Capparis sp. (Fig. 73 y 74). Por su parte, la muestra O-5/C-2 esta constituida por 2 microrestos foliares de Capparis sp, 2 palinomorfos no identificados y una grano de polen de Chenopodium sp. (Fig. 75, 76 y 77). Igualmente, la muestra O-5/C-3 comprende 1 almidon y 1 microresto foliar de Prosopis sp., 2 almidones y 1 fitolito de Zea mayz, asimismo, se muestra 1 grano de polen de Amaranthus sp. (Fig. 78, 79, 80, 81 y 82). En la muestra O-5/C-4 se ha podido evidenciar un grano de almidon de Prosopis sp. (Fig. 83). La variedad de plantas consumidas por los camélidos permite aproximarnos a los emplazamiento ecológicos utilizados como espacios de pastoreo. El alto número de las evidencias de Zea mays y Amarathus sp. demuestran un consumo de plantas con metabolismo C4 que se reflejan en la señal isotópica del δ13C. Los almidones poliédricos (ut

supra) y el fitolito de maiz indican un acceso a los exedentes de las cosecha en los campos de cultivo, tales como: hojas, mazorcas y tallos.

La señal isotópica de plantas con metabolismo C3 esta asociada a la presencia de Prosopis

sp., Capparis sp. y Chenopodium sp. Los arboles de algorrobo son especies freatófitas, colonizadoras e invasoras que resisten la salinidad, alcalinidad y el frío (Passera et al. 2010), cuyas hojas y legumbres son aprovechados en el consumo de los animales. Asimismo, el sapote es un arbusto que puede llegar a tener porte arboreo, en general requieren de poca agua, beneficiandosé de las lluvias estivales, de los cursos de agua y de las neblinas invernales (Delavaud 1984; Moutarde 2004). Las comunidades de algarrobo y sapote están

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67 adaptados a altas temperaturas y a suelos casi sin agua, se encuentran dispersos y agrupados en mosaicos ecológicos propios de un paisaje estepario-árido en los llanos costeños.

Las evidencias de Chenopodium sp. y Amaranthus sp. están vinculadas a las áreas de cultivo, los cuales, por sus características silvestres, pueden haber comprendido pequeñas parcelas destinadas a su crecimiento, así como, pudieron haber jugado el rol de plantas invasivas que por lo general crecen en los bordes de los campos.

Po lo tanto, las zonas de pastoreo de los camélidos incluían valles medios, donde se desarrolla el cultivo de maíz con la presencia eventual de plantas menores de la familia

Amaranthaceae (Chenopodium sp. y Amaranthus sp.). Asimismo, en alternancia, las zonas de pastoreo se emplazaban a las partes llanas de los ecosistemas costeros con el fin de aprovechar plantas de algarrobo y sapote, utilizados como materia prima en una gran diversidad de actividades por parte de los habitantes de la Huaca de la Luna (Moutarde 2004; Vásquez y Rosales 2012, 2016).

3.1.5. Paleopatologías óseas

Los indicadores perceptibles en los restos óseos pueden tener etiologías distintas para su aparición y no necesariamente una causa unilateral (Baker y Brothwell 1980). Por lo tanto, la identificación de paleopatologías se basó en la observación de enfermedades que regularmente se presentan en poblaciones actuales de camélidos (Fowler 2010; Valliéres 2016).

Se han agrupado a las paleopatologías de acuerdo a sus características macroscópicas, su etiología y su disposición anatómica. Las paleopatologías fueron clasificadas en: patologías dentales, exostosis, luxaciones, osteoartritis e infecciones óseas (Fig. 84).

Las paleopatologías dentales están representadas por las caries formadas en las piezas dentales. Se han identificado la formación de caries cervical y oclusal producida en la zona lingual de las mandíbulas por la acumulación de residuos (Fig. 85). De igual modo, se ha evidenciado la pérdida de una pieza dentaria con signos de una infección dental, posiblemente una periostitis alveolar, causada por un absceso dental asociado a una complicación de un caso de caries (Fig. 86).

En general, las caries son la consecuencia de procesos de desmineralización focal de los tejidos duros dentarios por la acción de ácidos orgánicos, generados en la fermentación bacteriana de los carbohidratos (Novellino et al. 2004). En nuestro caso, una alimentación

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en base a maíz y algarrobo actúa como agente cariógeno en poblaciones de camélidos por su alto contenido de azúcares.

Por otro lado, la exostosis es la formación de un tumor benigno en el hueso que aparece como una superficie resaltante en la topografía ósea (Baker y Brothwell 1980). Está asociado al trabajo biomecánico que realizan algunos camélidos usados en las caravanas para el transporte de productos, usualmente se presentan en las articulaciones de los huesos del esqueleto apendicular (Fig. 87).

Las luxaciones se producen por el desprendimiento del elemento óseo de su posición articular, si el elemento óseo no es tratado y es posicionado en su lugar, es posible que el elemento óseo se adapte a las condiciones biomecánicas y desarrolle características para superar la lesión (Fig. 88).

La osteoartritis es una patología degenerativa que se localiza usualmente en las zonas articulares de las vértebras, evidenciada por la creación de osteofitos que reducen la movilidad y generan dolor en la columna vertebral (Chaix y Méniel 2005). Dicha condición puede ser inducida por actividades biomecánicas, tales como transporte de carga (Fig. 89). Las infecciones pueden tener diferentes causas, en los rebaños de camélidos es usual que se traten de heridas que no han sido tratadas a tiempo y que habrían generado problemas internos afectando el elemento óseo, es posible además que se hayan generado por infecciones asociadas a otras enfermedades parasitarias o virales (Fig. 90).

3.2. Consumo

3.2.1. Procesamiento

3.2.1.1. Técnicas de procesamiento 3.2.1.1.1. Marcas de corte

Cortes primarios

En la fase Mochica III, el número de elementos anatómicos con marcas de corte primario representa el 21.9% (157) del total de restos arqueofaunísticos analizados (718), demostrado la posibilidad de un procesamiento fuera del CA 35 (Fig. 91). La representación de cortes- desarticulación y cortes-descarne demuestra un rendimiento similar en el aprovechamiento de elementos anatómicos correspondientes al esqueleto axial y apendicular.

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69 El número de cortes-impacto en ambos esqueletos indica el uso de herramientas alternativas, a los útiles con filo, en la reducción de los elementos óseos. Por otro lado, la presencia de cortes-sierra en el esqueleto apendicular demuestra el uso de las diáfisis como soporte para la elaboración de objetos en la industria ósea.

La cantidad de marcas de corte primario en la fase Mochica IV es de 165, lo cual representa el 23% de los 718 ejemplares analizados (Fig. 92). La proporción de cortes-desarticulación demuestra un procesamiento intenso de los paquetes anatómicos del esqueleto apendicular con respecto al esqueleto axial, asimismo, los cortes-impacto denotan el incremento en el uso de herramientas con filo en la reducción de los huesos especialmente en el conjunto apendicular. Ambos tipos de cortes primarios revelan la combinación de estrategias en el rendimiento de los paquetes anatómicos obtenidos en el procesamiento animal.

La cantidad de marcas de corte-descarne podría estar asociado a la similitud de acciones culinarias aplicadas en ambos esqueletos. Por su parte, el aprovechamiento del esqueleto apendicular para el uso de huesos como materia prima en la industria ósea se mantiene invariable con la aplicación de cortes-sierra.

Cortes secundarios

Los cortes secundarios en la fase Mochica III y Mochica IV se asocian a la efectividad de las herramientas utilizadas en el procesamiento (Fig. 93 y 94). La representatividad de

shoulders en el esqueleto apendicular, en contraste con el esqueleto axial, demuestran la utilización de instrumentos con retoque (posiblemente líticos trabajados) de manera intensiva en el procesamiento de partes anatómicas.

La presencia de barbs está asociada a la ejecución especializada de las acciones de procesamiento que no dejan marcas irregulares asociadas a la incisión principal. En otra instancia, la presencia de lenguetas y splitting muestran la recurrencia de incisiones realizadas en las áreas articulares de los elementos óseos, tal como la separación de las costillas y vértebras dorsales en las actividades de procesamiento (Fig. 95). Empero, la mayor proporción de lenguetas y splitting fue registrada en las articulaciones del esqueleto apendicular, lo cual, corresponde a la presencia de huesos accesorios y tendones más rígidos que en el esqueleto axial. Por su parte, las microestrías sugieren el uso alternativo de herramientas que no alcanzan fácilmente el embotamiento de su filo en el procesamiento de los elementos anatómicos para el consumo, alcanzando un gran número en la fase IV, debido probablemente a la especialización en el uso de útiles para cada etapa del procesamiento.

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Asimismo, las impresiones en el esqueleto apendicular de los camélidos durante la fase Mochica IV es muy baja, dichas marcas son producidas con el extremo agudo de herramientas con filo sugiriendo el uso de algunas herramientas con estas características. El análisis lítico en el CA 35 presenta la realización de utensilios a partir de cantos rodados de origen plutónico, volcánico e hipabisal con la predominancia de andesitas y rocas graníticas (Tello 2013 p. 243). La colección de elementos líticos contiene un cuchillo de dorso natural, 70 lascas con retoque y huellas de uso y 44 lascas sin retoque y huellas de uso, a pesar de la significancia de la muestra, es posible denotar la escasa formatización de objetos líticos con filo sugiriendo el uso de otros instrumentos para el procesamiento animal tal como los metales, no obstante, los únicos objetos metálicos encontrados corresponden a abalorios e instrumentos textiles. Este hecho corrobora que la preparación de los camélidos para el consumo fue realizada fuera del CA 35, posiblemente en áreas de producción de alimentos alternativos.

Por otro lado, según Walker (1978), Shipman et al. (1984) y Yravedra (2006) el filo conseguido en instrumentos realizados en rocas volcánicas se embota regularmente en las actividades de procesamiento de carne, tendones y grasa, por lo que las acciones de retoque son muy frecuentes e intensas. Estos instrumentos dejan marcas con secciones en forma de “U” asociado a marcas secundarias en los elementos óseos y a la falta de microestrías visibles en el lecho de la incisión (Fig. 96). Sin embargo, el uso de los instrumentos líticos en el procesamiento animal requiere de estudios experimentales y arqueométricos más específicos sobre las huellas de uso para su correcta correlación.

3.1.1.1.2. Patrones de fractura Indicadores de fracturación Color de la fractura

Uno de los indicadores para la diferenciación entre fracturación y fragmentación es la similitud del color de la fractura frente al tejido cortical. En tal sentido, permite una aproximación a la génesis de la destrucción ósea por factores tafonómicos.

En la fase Mochica III se han evaluado 403 elementos óseos con indicios de destrucción ósea, de los cuales, 190 (47.2%) corresponden al esqueleto axial y 213 (52.8%) pertenecen al esqueleto apendicular (Fig. 97). El 51,7% del esqueleto axial muestra características homogéneas en el color de la fractura y el tejido cortical, los cuales, pertenecen a fracturas

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71 ocasionadas por agentes antrópicos, el 32.1% presenta una parcial homogeneidad en el color de la fractura, siendo fracturados por diversos factores en los procesos postdeposicionales y el 16.3%, que se relaciona a rasgos heterogéneos en el color de la fractura, fue fragmentado cuando los elementos óseos estaban mineralizados.

Asimismo, el 72.7% de los elementos óseos del esqueleto apendicular, asociado a rasgos homogéneos en el color de la fractura, corresponde a acciones de procesamiento, el 20.7%, parcialmente homogéneo, está asociado a procesos postdeposicionales y el 6.6% de la muestra, con características heterogéneas, corresponde a la fragmentación en seco.

Con respecto a la fase Mochica IV se han observado 391 ejemplares con rasgos de fractura, 131 (33.5%) pertenecen al esqueleto axial y 260 (66.5%) al esqueleto apendicular, este hecho, se relaciona a la densidad ósea de los elementos analizados (Fig. 98). En el esqueleto axial el 33% corresponde a fracturas realizadas por factores culturales evidenciada por la homogeneidad en el color de la fractura, el 43.5% (parcialmente homogéneo) fue fracturada por diferentes eventos en el proceso de mineralización y el 23% fue fragmentado en seco por la heterogeneidad en el color de la fractura.

En el esqueleto apendicular el 50% de los elementos óseos se relaciona a fracturas antrópicas por la homogeneidad en el color de las fracturas, 29.6% fue fracturada en acciones postdeposicionales por el carácter parcial de la similitud en el color de la fractura y 20.4% con rasgos heterogéneos corresponde a las acciones de fragmentación.

Existe una mayor destrucción ósea por agentes no antrópicos durante la fase Mochica IV, ejemplificados por el alto índice de fracturas en los procesos postdeposicionales, lo cual, se relaciona a la fracturación producida en la remoción de capas de tierra y en la renovación de pisos, las actividades de pisoteo por parte de humanos y animales asociados a la capacidad de carga de los elementos óseos, asimismo, la exposición prolongada a diversos factores tafonómicos antes de su deposición final, especialmente en el esqueleto axial. En contraste, la fase Mochica III, a pesar de mostrar una mayor cantidad de elementos óseos con indicios de destrucción ósea, el mayor porcentaje de fracturas corresponde a las acciones de procesamiento en el esqueleto axial y apendicular.

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El atributo del contorno de la fractura fue identificado en el esqueleto axial y apendicular con el fin de observar la regularidad en la morfología de los planos de fractura presentes en los elementos óseos durante ambas fases y asociarlos a agentes conocidos.

En el fase Mochica III, se han analizado 298 elementos óseos, 135 (45%) pertenece al esqueleto axial y 163 (55%) atañe al esqueleto apendicular (Fig. 99). El contorno helicoidal se presenta en el 10% del esqueleto axial y en el 61% del esqueleto apendicular. El contorno transversal está vigente en el 15% del axial y 6% del apendicular, asimismo, el contorno longitudinal corresponde al 6% del axial y al 3% del apendicular.

El contorno diagonal se presenta en el 15% del esqueleto axial y en el 8% del esqueleto apendicular, de igual modo, el contorno diagonal escalonado se corresponde a un 3% del axial y 1% del apendicular. Por otro lado, las fracturas de contorno festoneado se presentan