Capítulo cuarto Mitos, fiestas y ritos
I. La mitología hindú
¿Cómo es la cosmogonía hindú?
Según Mircea Eliade hay una gran variedad de mitos cosmogónicos* en los diferentes pueblos del planeta, que se pueden clasificar de la siguiente manera:
1) Creación ex nihilo, un ser supremo crea el mundo con el pensamiento, por la palabra.
2) El motivo del buceador de la tierra: un dios envía unas aves acuáticas o animales anfibios o se sumerge él mismo hasta el fondo del océano primordial para extraer una partícula de tierra de la que luego se forma todo el universo.
3) Creación mediante el recurso de dividir en dos una unidad primordial, distinguiéndose en este caso tres variantes: a) separación del cielo y la tierra, b) separación de una masa amorfa original, el caos, y c) la división en dos de un huevo cosmogónico.
4) Creación mediante el desmembramiento de un ser primordial, que puede ser una víctima antropomórfica voluntaria: Ymir en la mitología escandinava, el Purusha védico de la India, el chino P’an-ku o un monstruo acuático derrotado después de una batalla terrorífica.[2]
En la cosmología hindú, el brahmanismo* ofrece dos cosmogonías: la del Rig Veda y la que sirve de introducción al Manava-dharma Saska o Código del Manú*. Según Manú, el mundo no existía sino en el fondo del pensamiento divino de una manera imperceptible e inefable, como envuelto en las sombras y sumergido en el sueño; entonces la potencia, que existe por sí misma, creó las cosas visibles con cinco elementos, realizó su propia idea y disipó las tinieblas.
Los hindúes creen que el Universo es una gran esfera cerrada, un huevo cósmico dentro del cual hay muchos cielos concéntricos, infiernos, océanos y continentes, y que la India está en medio de todos ellos. Creen que el tiempo es a la vez degenerativo – desde la época dorada o Krita Yuga, a través de dos periodos en los que el bien decayó gradualmente, hasta los tiempos actuales o Kali Yuga– y cíclico, pues al final de cada
Kali Yuga el Universo es destruido por el fuego y las inundaciones, comenzando así una
nueva época dorada. La vida humana, por tanto, también es cíclica: después de morir, el alma deja el cuerpo y renace en el cuerpo de otra persona, animal, vegetal o mineral. Este imparable proceso se llama samsara.
La calidad de la reencarnación viene determinada por el mérito o la falta de méritos que haya acumulado cada persona como resultado de su actuar o karma, de lo que el
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alma haya realizado en su vida o vidas pasadas. Todos los hindúes creen que el karma funciona así; sin embargo, también piensan que esto se puede contrapesar con la prácticas de expiación y rituales, ejercitándose a través del castigo o de la recompensa, logrando así aminorar o hacer más fácil todo el proceso del samsara, previa renuncia a todos los deseos terrenales.
¿Cuál es el destino del mundo?
Según una teoría de la filosofía shivaita, se denomina niyati, «determinismo», al desarrollo del mundo, de las galaxias, de las especies o de los individuos, que está regulado por ciclos. Las civilizaciones nacen y mueren según ritmos establecidos. Es por esto que no podemos comprender la historia del ser humano sin relacionarla con la duración de los ciclos que rigen la vida en la tierra. El primer estadio de la creación es el del espacio, el recipiente en el cual el mundo va a poder desarrollarse y que, en el origen, no tiene ni límites ni dimensiones.
El tiempo no existía previamente más que bajo una forma latente que podemos llamar
eternidad, ya que no hay medida, no hay duración, no hay ni un antes ni un después. Un
instante, en sí mismo, no es más largo o más corto que un siglo, a no ser que se relacione con la conciencia, la cual permite determinar y medir su duración. Los ritmos, cuya percepción crean la dimensión del tiempo, la medida del espacio y, al mismo tiempo, las estructuras de la materia son la energía que, por la producción de ondas vibratorias con dirección y longitud, dará lugar al tiempo tal como lo percibe el ser humano. Así, el tiempo corresponde a una duración puramente relativa asociada a un centro de percepción, la de un ser vivo en el mundo particular que es el mundo terrestre. El tiempo no es un valor absoluto, pero se constituye como la única unidad de medida que nos es comprensible. Es con relación a él como podemos estimar la duración del universo que no es, desde el punto de vista del principio creador, más que un sueño de un día, o bien la de ciertos mundos atómicos cuya duración no es más que una fracción del tiempo para nosotros infinitesimal. La duración es diferente únicamente en términos relativos ya que no existe un valor de tiempo más que en relación a un sistema de percepción particular.
Durante el día de Brahma las células que componen el universo, las galaxias y los sistemas solares se forman, se destruyen, se renuevan, lo mismo que las partículas elementales que forman el ser humano se destruyen y se renuevan sin cesar.
Antes de la aparición de las especies vivas aparecen primero los seres sutiles que presiden el despliegue de los diversos aspectos de la creación. A las formas de conciencia que presiden la organización de la materia se las llama «dioses de los elementos»,
Vishvädévä. A los que presiden la vida de las especies vivas, consideradas como
entidades que se desarrollan en el tiempo y de las que los seres individuales son las células, son los «señores de las especies», Prajâpati. Mientras que los seres que presiden el desarrollo del conocimiento, paralelamente al de la vida, son llamados los «videntes»,
Rishi, que se manifiestan a veces en forma humana.
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modo que la duración de una especie humana está incluida en un ciclo llamado
Manvantarä, periodo del reinado de un Manu, el progenitor y legislador del género
humano. Cada uno de los Manvantarä está dividido en cuatro edades o Yuga, con un declive gradual de los valores espirituales según va aumentando el progreso material. Las cuatro edades son llamadas: Krita Yuga, Treta Yuga, Dvapara Yuga y, finalmente, Kali
Yuga. El crepúsculo del Kali Yuga habría comenzado en el año 1939 de nuestra era, en el
mes de mayo. La catástrofe final tendrá lugar durante este crepúsculo. Los últimos vestigios de la humanidad actual habrán desaparecido en el 2442.
¿Qué mitos hay en las grandes epopeyas de la India?
Todos los pueblos elaboran tradiciones orales, que hunden a veces sus raíces en hechos reales, pero que tenían como característica común dar una justificación a menudo poética de sus orígenes, de su organización social, de sus prácticas de culto, de las fuentes del poder o de los proyectos futuros de la comunidad. Estos grandes mitos jalonan la epopeya de la humanización del hombre expresando, por medio de la narración, los logros de un dios o un ancestro legendario.
En el Ramayana se nos da, a través de la narración de las pruebas y las victorias de Rama y de su esposa Sita, la más alta imagen del hombre y la mujer, ensalzando su sentido del honor, de la fidelidad a las exigencias de una vida sin mácula. El mismo nombre del héroe Rama es similar al de Dios: Ram.
El poder del mito es tal que, mucho más allá de la narración propiamente dicha, inspirará durante milenios la vida de los pueblos erigiendo una imagen grandiosa del ser humano en el horizonte de sus vidas. Siglos después de que fuera compuesta la versión de Valmiki, en el siglo XV, el poeta Tulsidas volverá a retomar el poema siempre inacabado de la ascensión humana, recreando en su escritura las más bellas tradiciones orales del Ramayana en función de una visión mística más profunda. Cuando Gandhi bendijo a su asesino al morir, la última palabra que brotó de sus labios fue Ram. Lo mismo se respira en el Mahabaratha, culminando en el Bhagavadgita, en el que el príncipe Arjuna se plantea, en plena batalla de Kurukshetra, la cuestión última del sentido de la vida y de sus combates.
¿Qué importancia tienen los mitos en las religiones hindúes?
Los mitos en las religiones hindúes son narrados o leídos en voz alta, representados en danza y teatro e inspiran a los poetas, artistas y filósofos. Hablan del nacimiento del mundo, de la esencia y la actuación de los dioses y de los demonios, de las experiencias y acciones de los videntes, de los santos y del nacimiento de lugares sagrados. Su lenguaje es sencillo, pero sus imágenes son penetrantes, ricas en detalles y están llenas de múltiples simbolismos.
Para el hindú el mito solo oculta la verdad cuando lo oye una persona ignorante, porque no entiende el lenguaje de los símbolos. Mientras que para el sabio revelan más
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sobre la esencia y la actuación de Dios que lo que se puede captar a través de los razonamientos teóricos, pues introduce la dimensión de lo dinámico. Así, el mito tiene diversos estratos de significado. Si uno de ellos queda oculto, también se entiende el mito, aunque a nivel inferior. A este nivel, el mito proporciona una imagen muy asequible de acciones de la divinidad, imagen en la que puede manifestarse el poder o el amor divino o también el carácter imprevisible de la divinidad. El mito comunica también al ignorante algo sobre el ser de Dios. Des este modo, a través de sus múltiples posibilidades de interpretación, ofrece una forma de enunciado que da algo a cada uno. Porque en cada nivel la divinidad habla a los seres humanos.
La desmitificación también tiene lugar en las religiones hindúes mediante el karma y, como consecuencia, mediante la diferenciación del conocimiento religioso o de la experiencia de Dios. En el grado supremo del conocimiento o de la experiencia de Dios se encuentra también la suprema abstracción. Ahora bien, eso no resta importancia a los niveles inferiores, pues, si no los hubiera, no se podría poner en marcha el ascenso que, en último término, conduce a la liberación.
¿De dónde viene el gran mito hindú de la vaca sagrada?
La vaca es sagrada para los hindúes porque la considerar como madre del universo, que cuida y amamanta a todas las criaturas. Creen que su leche creó la Vía Láctea y también es el símbolo de la generosidad altruista, pues lo da todo sin esperar ninguna contrapartida a cambio. Cuando es de color blanco, tanto para los hindúes como para los budistas, se convierte en un símbolo tradicional de sabiduría. Realmente se considera que la vaca alberga en cada parte de su cuerpo a una divinidad, por ello es totalmente sagrada y cualquier cosa que surja de ella es digna de ser alabada.
Las vacas en todas las sociedades primitivas y agrarias fueron muy pronto domesticadas, considerándolas fuente de sustento. Y al ser símbolo de vida, se asoció al más allá. Tanto germanos como hindúes sostienen que este animal facilita el paso de los muertos de una vida a otra. Por eso, la falta más grave que se puede cometer es sacrificar a una vaca; de hecho, arguyen que la casta de los intocables debe sus penurias a que asesinaron a vacas y tocaron sus desechos. El propio Gandhi promovió el culto a la vaca, queriendo introducir en la Constitución un artículo que defendiera los derechos de este animal, equiparándolos a los del ser humano.
La cuestión es que venerar a la vaca ayuda a inculcar el amor y el respeto hacia todos los seres vivos. El culto a la vaca está presente en todos los grupos hindúes. Ningún hindú comerá carne de vaca. Para ellos es tan terrible como comer carne humana. Hasta los excrementos de la vaca son muy valorados en la India, pues sirven de fertilizante para los campos y, mezclados con agua, son utilizados para hacer los suelos de las casas, que, una vez secos, son fáciles de limpiar.