Capítulo cuarto Mitos, fiestas y ritos
V. Montañas sagradas
¿Es el Himalaya un lugar sagrado?
Así como los ríos suelen ser lugares de reunión multitudinarios, las montañas son lugares de retiro espiritual. El Himalaya, la cordillera más grande del mundo, es un lugar santo tanto para el hinduismo como para el budismo. Himalaya significa en sánscrito «morada de la nieve». Hace unos sesenta millones de años, la placa de la corteza terrestre que contenía a la India chocó, en su deriva hacia el norte, con la placa de Asia. El resultado fue que el suelo del mar de Tetys, que separaba ambas placas antes de la colisión, se elevó hasta formar la meseta del Tíbet a 4.000-4.500 m de altura. Y la placa de la India siguió empujando naciendo el Himalaya, el Karakorum y otras grandes cordilleras de la zona.
La altura media de estas montañas es de 6.000 m, pero hay puntos como el Nanda Devi y el Anapurna en el que se alcanzan los 8.000 m. Además del esplendor natural de las montañas, para el hinduismo, este lugar es donde nace el Ganges y son sagradas porque están más cerca del cielo, lugar donde residen los dioses. De ahí que muchas personas vengan a retirarse aquí, llevando una vida de ermitaños.
¿Es el monte Kailas el más sagrado de toda Asia?
En un remoto rincón del suroeste del altiplano tibetano, en un pequeño rizo de la corteza terrestre producto de las mencionadas colisiones tectónicas, desafiando los efectos de la erosión, dominando la meseta circundante, solitaria, esbelta, altiva, indiferente a la admiración que suscita, alza su cima de nieves eternas la montaña sagrada del Kailas, de 6.714 m. Para los hindúes, el Kailas es la morada de Shiva y su consorte Párvati y tiene interesantes asociaciones con el monte cósmico Meru del Tíbet, el pilar central del universo hindú, de 6.714 m de altura y que es citado repetidamente en los grandes poemas épicos indios Ramayana y Mahabharata.
Los budistas tibetanos asocian al Kailas con la deidad tántrica Demchog y su consorte Dorje Phangmo y, en tiempos históricos, con el gran poeta Milarepa que vivió en la zona al final del siglo XI y principios del XII.
El Kailas se halla también presente en la religión jain y en la religión bon que era el credo imperante en el Tíbet antes de la llegada del budismo. En una práctica de la que se desconoce su origen, el principal propósito de cualquier peregrino aquí, sea hindú, budista o bon, es realizar la circunvalación completa de la base del Kailas, adquiriendo con ello méritos para la futura reencarnación.
Junto al Kailas existen dos grandes lagos. Uno de ellos, el Manasarowar, que es considerado también sagrado. Para los hindúes fue creado por un esfuerzo mental de
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Brahma y su veneración por este lugar no ha disminuido un ápice con el paso de los siglos, como demuestra el hecho de que algunas de las cenizas de Mahatma Gandhi fueron esparcidas en el lago tras su muerte y posterior cremación. El otro lago, Rakas Tal, por contraposición es el lago maldito.
En la zona nacen además cuatro grandes ríos de Asia: el Indo, el Sutlej, afluente del anterior, el Karnali, afluente del Ganges, y el Brahmaputra, que riegan todo el norte de la gran llanura indostánica. Posiblemente, esta notable particularidad hidrográfica no pasó desapercibida para los pueblos que habitaban la planicie india siglos antes de Cristo y quizá por ello mencionaron al Kailas en las grandes epopeyas indias Ramayana y Mahabarata. La importancia del agua y de sus fuentes ha sido siempre un elemento fundamental en todas las religiones y más, si cabe, en la hindú en la que el agua del Ganges es la fuente de vida por excelencia. Aunque son conjeturas, de aquella asociación entre Kailas y el agua surgió, quizá, el carácter mítico de la montaña que ha llegado hasta nuestros días.
VI. Fiestas
¿El año hindú se mueve al ritmo de las fiestas y de las peregrinaciones?
El orden ritual representa y mantiene el orden cósmico, social y moral. De ahí la importancia de la enseñanza sobre la ley, pues de los ritos se derivan una lista de obligaciones sociales y morales. La persona creyente, siguiendo escrupulosamente los ritos y las normas ligadas a estos, participa en el orden cósmico y prepara su propia liberación. La vida espiritual y la vida social son inseparables. La persona no es jamás un individuo aislado, forma parte del orden universal. Su finalidad no es ni el éxito en este mundo ni la salvación en el otro, sino su disolución en el todo. Con tal fin, por toda la India hay muchos templos dedicados a diversas divinidades, donde cada día, al atardecer, los sacerdotes celebran las ceremonias de las ofrendas.
No obstante, en la India la religión se practica en casa. La mayoría de las familias hindúes tienen un pequeño templo doméstico, que puede estar situado en una habitación o bien en algún rincón de la casa. Este pequeño templo está consagrado a la oración y a las ofrendas a los dioses. El padre o la madre de familia cada día encienden una lámpara delante de pequeñas imágenes de los dioses. Las ofrendas están en la base de todos los ritos, llevando hasta el altar agua, fuego, luz, flores, frutos, incienso e incluso comida que después se reparte entre los asistentes. Las ofrendas con sus respectivos ritos simbolizan la ofrenda de la persona a la divinidad.
Entre las fiestas más conocidas está la fiesta de Divali, que conmemora el retorno de Rama, el héroe del Ramayana, a su reino. Es la fiesta de la luz. Todas las casas se adornan con lámparas de aceite. Se celebra el día de año nuevo en otoño. Esta fiesta de las luces con intercambio de dones, está vinculada con Kali, mujer de Shiva y de Laksmi, diosa de la buena suerte y de la riqueza, mujer de Visnhu. Durante esta fiesta Laksmi visita todas las casas que están iluminadas con una lámpara. También hay fiestas más
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locales, como la que se celebra en el sur de la India pera conmemorar el matrimonio de Shiva.
La mayor parte de las fiestas hindúes están unidas a los cambios de las estaciones, recordando los mitos del Ramayana y las actividades de Krisna. Durante la fiesta religiosa de Kumbh Mela sesenta y cinco millones de fieles hindúes se sumergen en las heladas aguas del río Ganges, considerado sagrado para ellos, para purificarse durante el periodo llamado mela de Kumbh, que se produce cada doce años. Comienza a principios del mes de enero y termina hacia finales del mes de febrero. Durante esta fiesta, en Allahabad, donde se juntan las aguas del Ganges y del Jumna, millones de personas se reúnen para compartir el baño ritual.
Pero la fiesta más popular de la India es la de Holi, o fiesta de la alegría. Es una fiesta de primavera asociada a Krisna, donde el tabú de la casta se deja aparte, siendo la nota dominante la diversión y el placer. Originariamente era una celebración de la fertilidad, que se incluía danzas en las calles, procesiones y fuegos artificiales. Se conmemora el amor de Krisna y Radha, mujer de un vaquero, la cual, según el Mahabharata, dejó a su marido para ser amante de Krisna. El descarado erotismo de las historias de Radha no es bien aceptado por todos los hindúes, sin embargo, para la devoción bhakti, supone un ejemplo de amor entre Dios y el ser humano.
¿Cómo es el calendario de las festividades hinduistas?
1. Holi: festividad del mes de marzo en la que personas de distinta procedencia se reúnen y se manchan unos a otros con colores, que son símbolo de la fertilidad. Se celebra con hogueras y celebraciones en las calles.
2. Shivarati: festividad también del mes de marzo. Es una celebración nacional en honor a Shiva.
3. Janamashtami: festividad del mes de agosto donde se celebra el cumpleaños de Krisna.
4. Dassera: festividad del mes de septiembre que conmemora el triunfo del bien sobre el mal.
5. Ganesha Chaturthi: festividad que celebra el cumpleaños de Ganesha.
6. Diwali: festividad del mes de octubre conocida como la «Fiesta de las luces». Se recuerda el retorno de Rama del exilio.
¿En qué consiste la fiesta del Mahashivararati?
La danza de Shiva, baile cósmico de la creación, es el rito por excelencia de la religiosidad hindú. Esta fiesta se celebra en enero o febrero. Muchos hindúes hacen ayuno, oran en honor del dios y se le hacen ofrendas de leche, que simbolizan un mundo en paz, a sus estatuas y a su símbolo el lingam*, exponente masculino de la fecundidad. Durante este día las mujeres casadas piden por la salud de su marido y las solteras piden encontrar uno bueno.
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Durante la noche, el dios destructor y transformador Shiva realiza el baile cósmico de la creación. La danza es un gesto simbólico que expresa la estrecha unión del bailarín con el dios. A través de la danza el bailarín llega al grado máximo posible de identificación con la divinidad. Shiva es el señor de la danza, que es un acto de creación. Tiene la función de engendrar el cosmos al despertar las energías dormidas que pueden modelar el mundo. Shiva es el bailarín cósmico. La naturaleza, sus criaturas y todo lo que existe es el resultado de la danza eterna de Shiva.
El señor de la danza aguanta, con su mano derecha superior, un pequeño tamboril con el que marca el ritmo de la creación. El sonido del instrumento se compara con el éter que es el primero de los cinco elementos junto con el aire, la tierra, el agua y el fuego. El éter es la primera manifestación y la más sutilmente penetrante de la sustancia divina. Es el momento primero de la creación. Con la mano izquierda superior y con los dedos formando una media luna, Shiva aguanta una llama de fuego en la palma de la mano. El fuego es el elemento de destrucción del mundo. El fuego aniquilará el cuerpo de la creación y el océano vacío apagará este fuego. El fuego divinizado como Agni, tiene la función de iluminar, pero también la de purificar y destruir todo lo negativo. El fuego se asocia con el fuego sacrificial que se hace en los templos, en los áshrams* o monasterios y en las casas. Siempre está presente en los rituales de nacimientos, bodas y funerales.
En una mano la creación, en la otra la destrucción: equilibrio perfecto. Con la segunda mano derecha, Shiva ejecuta un gesto tranquilizador, como queriendo decir: «no tengáis miedo», concediendo la perfección y la paz. La segunda mano izquierda está levantada a la altura del pecho y señala hacia abajo, hacia el pie levantado. El pie de Shiva significa libertad y refugio y ha de ser adorado. La mano que le señala toma forma de trompa de elefante que en la India es un animal sagrado.
La divinidad está representada bailando sobre el cuerpo de un demonio enano
Apasmara parusa, que simboliza la ceguera de la vida, la ignorancia del ser humano. La
victoria sobre este demonio se consigue obteniendo la auténtica sabiduría que consiste en liberarse de las ataduras de la vida y del mundo. Un círculo de llamas y de luz sale del dios y le rodea, representando los procesos vitales del universo y de sus criaturas.
La existencia de la naturaleza es una gran danza originada y posible gracias al dios que danza y baila en su interior. También simboliza la energía de la sabiduría y la luz trascendental del conocimiento de la verdad. El golpeteo de los talones del dios marca el ritmo de las edades del mundo y la cara inexpresiva e inmutable de Shiva contrasta con el movimiento de la danza simbolizando la tensión entre la eternidad y el tiempo.
¿Qué es la fiesta de la Naba Barsha o del Año Nuevo bengalí?
La fiesta de la Naba Barsha se celebra el primer día del mes Baishak, primer mes del año bengalí. En Bangladesh, durante esta fiesta, se canta, se baila, se practican juegos tradicionales, se vuelan cometas y se recitan poemas. El Naba Barsha marca un nuevo comienzo, una esperanza, un año de alegría, bienestar y prosperidad. Para dar la bienvenida al nuevo año, la gente limpia y decora sus casas. También este día supone el
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inicio de las actividades de negocios en Bengala. Los comerciantes estrenan sus nuevos libros de contabilidad y empiezan a anotar sus entradas y salidas, que denominan
Haalkhata. En esta ceremonia se venera a Ganesha y se cantan mantras. Los sacerdotes
dibujan esvásticas, que es un símbolo hindú, en los libros de contabilidad y se cancelan deudas pendientes. El día transcurre entre festejos, actividades culturales y deseos de
Shubho Nabo Barsho o «¡Feliz Año Nuevo Bengalí!».
VII. Ritos
¿Cómo eran los ritos en la época védica?
Los ritos védicos se fundamentan en la ofrenda sacrificial acompañada de oraciones, que es «alimento» para los dioses, y, además, alimento comunitario, pues una parte de la ofrenda era consumida por los fieles. Los animales sacrificados eran bueyes, y los ritos sacrifíciales podían durar toda una jornada, o incluso, en casos excepcionales, hasta meses y años. No había templos ni ídolos, y los ritos se hacían al aire libre.
Al lado de los ritos solemnes y públicos estaban también los domésticos, celebrados por el cabeza de familia con sencillez, como el Agni-hotra, ofrenda de leche derramada sobre el fuego dos veces al día, una al amanecer y otra a la puesta del sol. Había, además, ceremonias sacramentales, samskara, como el rito de iniciación para los niños, las ceremonias nupciales, las ceremonias fúnebres de cremación (como sacrificio por el fuego, ofrenda última para subir al cielo) y, por último, los ritos después de la muerte, que consistían en la ofrenda de alimentos a los difuntos para que estos a su vez ejercieran de «padres» protectores.
¿Qué ritos actuales se realizan en el espacio del templo?
Al entrar en el templo, el hindú se quita el calzado. En la piscina del templo toma un baño de purificación y luego se acerca al templo. Este tiene la forma del monte universal y, si es un templo ricamente adornado, aparece en sus muros exteriores la multiplicidad de los seres: plantas, adornos, animales, seres humanos, genios celestes. En este mundo, representado en el exterior del templo, hay fecundidad y ternura, música y danza; pero dentro está la divinidad. Se manifiesta fuera en las hornacinas principales del templo en algunas de sus figuras especialmente importantes.
También los mitos adquieren vida mientras se recorre el templo en el sentido de las agujas del reloj. Al hacerlo, se da la derecha a la divinidad en señal de respeto. Cuando se llega otra vez a la puerta de entrada, hay que mirar y tocar con la mano el marco de la puerta, en el que a veces están representados los ríos sagrados y purificadores del Ganges y del Yamuna, mientras que encima de la puerta se pueden ver los planetas y el dios que reside en el templo. Ante la entrada al sanctum aparece de ordinario el animal que transporta a la divinidad: un toro en el caso de Shiva, y un ave en el caso de Visnhu. Ambos están siempre presentes y veneran a sus señores sin cesar. Allí hay colgado una
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campana que puede tañer, anunciando así al dios nuestra llegada y, al mismo tiempo, expulsando con su diáfano sonido a eventuales demonios. El camarín es oscuro. Solo por la puerta de entrada llega luz al interior hasta la imagen de Visnhu o de Shiva.
El creyente, si no es brahmán, solo entra de ordinario al umbral del sanctum. Allí obtiene lo que ha ido a buscar, la manifestación de Dios. Ahora ya ha visto la multiplicidad exterior y la unidad interior. Entrega un don: unas cuantas flores, unas monedas. Como respuesta a su don, recibe del sacerdote un poco de agua consagrada por el contacto con el cuerpo del dios, una flor o una de las hojas que adornan al dios; también un ligero toque en la frente con pasta de sándalo o un poco de la comida que el dios ha consagrado al aceptarla. Dar y recibir se convierten aquí en símbolo. El don es solamente un signo; lo que se ofrece propiamente con él es un corazón lleno de entrega.
Luego el visitante abandona el templo. El camarín no es lugar para quedarse largo rato, sino de invocación, de ofrenda y de visión. Después se detiene uno en el atrio del templo; allí el fiel se sienta a la sombra de las paredes adornadas con imágenes o con un gran árbol, lee, medita… deja que la paz del atrio del templo actúe sobre él.
¿Son los mandalas instrumentos de meditación?
El término hindú mandala significa «círculo». Son una forma de yantra o diagramas geométricos rituales, algunos de los cuales se hallan en correspondencia con un atributo divino determinado o una forma de encantamiento, mantra*, de la que viene a ser la cristalización visual. Es un elemento muy común en todo Oriente, siempre con la finalidad de servir como instrumentos de contemplación y concentración.
El mandala es una imagen mental que puede ser constituida, mediante la imaginación; ahora bien, ningún mandala es igual a otro pues expone la situación psíquica de su autor. Es decir, integra estructura tradicional e interpretación libre. Sus elementos básicos son figuras geométricas contrapuestas y concéntricas. Por ello se dice que el mandala supone siempre una cuadratura del círculo.
En un sentido meramente psicológico, cabe asimilar al mandala todas las figuras que tienen elementos encerrados en un cuadrado o un círculo, como el círculo zodiacal, el laberinto, e incluso el reloj. El mandala, en resumen, es ante todo una imagen sintética del dualismo entre diferenciación y unificación, variedad y unidad, exterioridad e interioridad, diversidad y concentración. Al igual que muchas otras creaciones culturales y artísticas o alegóricas, el mandala ha de tener relación con el interés primordial de organizar nuestra psique.
La contraposición del círculo, el triángulo y el cuadrado desempeña el papel fundamental de los mejores y más clásicos mandalas orientales. Aun cuando el mandala alude siempre a la idea de centro, presenta también los obstáculos para su logro y asimilación, de este modo cumple la función de ayudar al ser humano, aglutinando lo disperso en torno a un eje.
La construcción de los templos, en forma de mandala, tiene por finalizar convertir en monumento las vivencias interiores y «deformar» el mundo hasta hacerlo apto para
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expresar la idea de orden supremo en la cual pueda el hombre penetrar como entraría en su propio espíritu. Es el principio que rige la composición de los mandalas de gran tamaño, dibujados en el suelo mediante hilos de colores o polvo coloreado, se trata de lo mismo.
El simbolismo de los mandalas a la hora de contraponer figuras cerradas se basa en determinadas características generales: así el círculo dentro del cuadrado es la composición más evolucionada, al igual que ocurre con respecto al triángulo. El círculo