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Modalidades de la modernidad política: liberal vs autoritaria

Al entrar al debate teórico sobre las estrategias para lograr la modernidad política, es necesaria la aclaración del uso de los términos modernidad, modernización y occidentalización, toda vez que su cercanía lleva a emplearlos como sinónimos.

La modernización puede entenderse como el desarrollo material gracias al empleo del conocimiento científico o técnico, de modo que una sociedad moderna (en este sentido) se identifica con fenómenos como urbanización, industrialización, alfabetización, educación, salud y movilización social, estructuras ocupacionales complejas y diversificadas18, lo que en casi todos los

casos se combina con la fundación de instituciones políticas democráticas.

Sin embargo, es indispensable observar que la primera civilización que accedió a este conocimiento, con sus consabidas consecuencias, fue Occidente; de esta suerte, la modernización está íntimamente relacionada con el proceso de occidentalización, es decir, de la adopción de los valores y las formas de vida que Occidente sea capaz de imponer de forma pacífica o no, y en tal sentido integrar una civilización cada vez más universal.

Pero la tendencia a identificar Occidente y civilización moderna es, no obstante, errónea. Huntington explica que si bien Occidente nace como civilización en los siglos VIII y IX, comienza su periodo de modernización hasta el 18Huntington, Samuel,Op. Cit., p. 79.

siglo XVII. La riqueza cultural que particulariza a la civilización occidental y que desarrolla desde antes de su modernización son la cultura clásica, el catolicismo, el protestantismo, las lenguas europeas, la separación de la autoridad espiritual y temporal, el imperio de la ley, el pluralismo social, los cuerpos representativos y el individualismo19.

Bertrand Badie y Guy Hermet, teóricos de la política comparada, distinguen entre el enfoque de la modernización y el del desarrollo, relacionando con el primero la observación del cambio político y enfatizando como modernización la adopción del modelo occidental; en tanto, identifican como parte del enfoque del desarrollo lo que ellos llaman la “dinámica política occidental”, es decir, "la relación que se manifiesta entre la industrialización, el crecimiento excepcional del nivel de vida y la disminución de las presiones políticas potencialmente destructoras del orden establecido de parte de las clases medias e incluso de las poblaciones obreras”20.

En ocasiones los procesos de modernización se desenvuelven atendiendo a modelos que permiten identificar similitudes y diferencias en los países que los adoptan, dependiendo del momento en que los desarrollan, de los actores que los detonan y se favorecen con sus resultados, de los tipos de gobiernos y de regímenes que se instituyen, etc.

19Huntington, Samuel,Op. Cit., p. 81.

20Badie, Bertrand y Hermet, Guy, Política comparada, México, Fondo de Cultura Económica, p.

De esta manera, es posible comparar entre los modelos paradigmáticos y las estrategias que adopta cada país en su intento por ingresar al “mundo moderno”.

Estrategias:

a) Modernización política, caracterizada por el desarrollo de la igualdad, la capacidad y la diferenciación. Implica derechos de ciudadanía y su ejercicio sistemático dentro de lo que se conoce como un estado de derecho, es decir, de un respeto irrestricto de las leyes; capacidad gubernativa, que quedará demostrada con la estabilidad social. Esta condición se logra cuando las autoridades canalizan correctamente demandas, producen satisfactores y generan e imponen valores de convivencia social.

Finalmente, la diferenciación de estructuras supone “una mayor especificidad funcional y una mayor integración de todas las instituciones y de organizaciones que forman parte de la esfera política”.

En su desarrollo histórico, la modernización política ha dependido de cuatro factores: las estructuras y la cultura política tradicionales; el momento histórico en que comienza el proceso; las características del liderazgo a cargo del mismo, y la secuencia en la que se han presentado las crisis de participación, de identidad, de legitimidad, de penetración, de integración y de distribución, propias de todo proceso de modernización.

b) Modernización económica. Se concibe bajo los aspectos de racionalidad y de eficiencia, es decir, la relación que exista entre medios y fines,

necesidades y estrategias; del mismo modo, atiende a tres índices, producto nacional bruto, ingreso percápita y crecimiento de la producción percápita.

Atendiendo a lo anterior, el proceso de modernización de una economía se compone de cinco fases, propuestas por Rostow: a) la sociedad tradicional; b) precondición para el despegue; c) proceso de despegue; d) camino hacia la madurez; e) sociedad de alto consumo masivo.

c) Modernización social. El proceso de modernización en la economía trae aparejados varios fenómenos que se suceden unos a otros, comenzando por la movilidad geográfica, que genera una migración, generalmente del campo a los centros de producción, que pronto se convierten en grandes conglomerados urbanos en donde conviven personas con diferentes aptitudes, ambiciones, costumbres, etc.

Frente a esta realidad, que se origina por un afán económico, aparece la necesidad de la alfabetización, toda vez que los procesos productivos necesitan un mínimo de conocimiento que deben adquirirse por parte de los trabajadores. Casi de forma imperceptible, los trabajadores, tan diferentes, se homologan en capacidades básicas, entre ellas, el acceso a la información, que más tarde incentivará la participación social y política, al tiempo que se genera una nueva migración, ahora no sólo geográfica, sino entre sectores de producción. Los centros poblacionales se homogeneizan y a la vez aparece la posibilidad de la sociedad plural.

Las vías hacia el mundo moderno, entendido como democrático (no confundir modernidad y democraticidad) implica, primero, un proceso inacabado para lograr eliminar gobernantes arbitrarios, para sustituir regímenes arbitrarios por otros justos y racionales y para lograr la participación política.

Desde luego, las precondiciones de cada país, así como el desarrollo de cada proceso y las estrategias que cada gobierno posrevolucionario adopte tendrán un impacto único; sin embargo, es posible hacer comparaciones entre naciones que se han desarrollado bajo condiciones cercanas.

Volviendo a la definición mínima de modernización como un proceso de cambios en el campo económico, en el social y en el político, es menester preguntar por el origen de tal mutación, por su desarrollo, sus actores. En fin, por su origen y su destino.

Para determinar los orígenes del conflicto social y establecer sus efectos en la construcción de una sociedad moderna, los científicos sociales proponen comparaciones entre las “revoluciones paradigmáticas” y otros fenómenos.

Desde luego, ante la imposibilidad de repetir un movimiento armado, una hambruna, un estilo de gobierno, etc., las comparaciones descansan en tipos ideales o modelos. En el caso de las revoluciones sociales, Barrington Moore propone tres rutas hacia el mundo moderno.

La primera, que denomina revolución burguesa, está determinada por la revolución francesa, la inglesa y la guerra civil de Norteamérica, que resultan en una combinación entre capitalismo y democracia parlamentaria.

La segunda vía comienza con una tendencia hacia el capitalismo, se desvía hacia el fascismo. Finalmente, el tercer camino es el ejemplificado por las revoluciones china y rusa, que cristalizan en el comunismo.

Asumiendo que una revolución genera cambios en la estructura política, social y económica, asalta la pregunta sobre la forma que revistió el estado mexicano en la fase constructiva de la revolución, es decir, a partir de la década de los veinte.

Bertrand Badie y Guy Hermet exponen dos formas que reviste la formación de los estados modernos al término de una revolución agrícola: la vía liberal y la autoritaria estatal. Ambas persiguen el objetivo de procurar el bien público temporal, el desarrollo del mercado y de la sociedad, así como la institucionalización de prácticas políticas.

La vía liberal reconoce como prerrequisito una revolución agrícola como manifestación de un cambio en la forma de apropiación y explotación de la tierra, misma que cristaliza en la propiedad privada y en la producción auxiliada de tecnología. Estas transformaciones generan excedentes de producción que, a su vez, abren las posibilidades del mercado y la formación de una clase (no sólo económica, sino también social) capitalista separada de la dirección estatal.

En caso de la modernización de tipo autoritario, la fracción triunfante del movimiento revolucionario estructura su poder gracias al apoyo del ejército, en un principio y, cada vez más, gracias a la apropiación de sectores productivos o de la transformación.

El estado, entonces, genera una dinámica económica definida por un crecimiento dirigido por él mismo. Esta situación se potencia cuando el estado inicia su proceso de industrialización en forma tardía y tiene que hacerlo bajo condiciones altamente competitivas y muy onerosas. En estos casos los capitales privados se subordinan al estado, al igual que los trabajadores, obstaculizando la generación de una clase capitalista.

En el ámbito político estas dos rutas tienen consecuencias directamente relacionadas con la participación y la representación de las clases medias. Al favorecer la modernización liberal, factores como la propiedad privada y el mercado desenlazan la asunción de la ciudadanía, gracias a la separación natural que el propio estado induce entre el sector económico, societal y político. Esta modalidad de modernización sienta las bases de la representación de los intereses económicos frente al estado.

La modalidad autoritaria, por otra parte, imposibilita o al menos dificulta esta práctica, toda vez que el estado director necesita entablar un diálogo directo entre él y los empresarios, y con el movimiento trabajador. En estos casos, la actuación de representantes profesionales y extraídos de la clase media y de la pequeña burguesía impiden tal diálogo y tienden a favorecer intereses diferentes o incluso opuestos a los estatales.

La modernización entendida como desarrollo económico y político, puede adoptar dos vías: la societal-democrática y la autoritaria-estatista, y en ambas el modelo económico suele ser determinante, de modo que cuando la sociedad por

vías democráticas conduce la modernización, aparece la intervención del Estado al mínimo, pero cuando el Estado tiene el control del proceso, entonces el tránsito es autoritario.

La vía democrática está asociada a la experiencia de la industrialización temprana gracias al desarrollo de una revolución agrícola generadora de cambios sustanciales en la formas de apropiación y de producción, que ven nacer comunidades de pequeños propietarios. De esta manera, la propiedad privada y la producción tecnificada generan excedentes de producción con los cuales algunos grupos sociales puede remontar los límites del consumo de subsistencia y generar relaciones de mercado autorregulado.

Por otra parte, el camino no democrático puede estar muy cercano a experiencias dictatoriales, totalitarias o autoritarias, relacionadas con un proceso de industrialización tardío encabezado por elites capitalistas.

Pero modernización y occidentalización no son lo mismo, una sociedad puede desarrollarse económicamente sin sustituir sus valores por los occidentales; por otra parte, el intento de modernización casi siempre implica la adopción de Occidente21 aunque, en ocasiones, bajo algunas resistencias. Es

decir, frente al hecho de que Occidente avanza en su intención de generar una civilización única o al menos hegemónica, y de que las sociedades no desarrolladas necesitan modernizarse, las elites políticas pueden actuar negando su ingreso tanto a la modernización como a la occidentalización; 21Huntington, Samuel,Op. Cit., p. 91.

aceptando la primera y negando ésta; o aceptando ambas (Kemalismo), de modo que decidir por cualquiera conlleva consecuencias económicas, políticas y culturales que tanto las elites políticas como la sociedad deben valorar y afrontar en su momento.