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Sociedad, nación, Estado

9. El Estado moderno

9.1 Sociedad, nación, Estado

En forma paralela a los elementos del Estado surge la reflexión acerca de la relación que genera el Estado con la población que lo conforma. Este vínculo queda claro cuando se aborda el tema de la nación y del nacionalismo.

El tema de la capacidad para hacer respetar el orden (por cualquier medio) es un lugar común en los teóricos de la nación y los nacionalismos, y a partir de ella el Estado gracias a su poder soberano -que implica legalidad y legitimidad-, es capaz de concebir y confeccionar una nación y un modelo de ciudadano afines a sus pretensiones. Para ello emplea elementos biológicos, culturales y políticos.

Para abordar, auque sea en forma breve el tema del nacionalismo, es necesario distinguir, en un primer momento, entre la concepción desarrollista y primordialista de la nación, así como entre nacionalismo cultural y político.

La primera clasificación tiene que ver con la idea de si la nación es anterior al Estado, connatural al hombre y por lo tanto una entidad natural o primordial, o bien si es un constructo humano. La posición que se adopte en este sentido es de suma importancia, ya que a partir de ella el nacionalismo se tomará como una vuelta al origen, una reivindicación, o bien como una contingencia, como un producto histórico. En ambos casos estarán involucradas interpretaciones peculiares de los elementos del Estado.

A partir de una distinción entre nacionalismo cultural y político es factible un acercamiento a la correspondencia Estado-nación-nacionalismo. Las monarquías ilustradas, basadas en la centralización del poder y en la noción de la soberanía que derivaba de un poder divino o de la fuerza fue sustituida gracias a la revolución francesa por una forma nueva que hacía resultar el poder

soberano de un nuevo actor colectivo, y alimentada por el nacionalismo.70 A partir de entonces, el Estado se constituye como la expresión política de un nuevo actor social que es la nación. Toma forma, entonces, lo que se conoce como nacionalismo político, cuyo rasgo identitario es la ciudadanía, y por otra parte, como reacción aparece el nacionalismo cultural.71

La distinción es importante porque mientras el primero concibe a la nación como una contingencia, resultado de una voluntad, es integrador, universalista, cercano al cosmopolitismo y a los principios liberales de individualismo, racionalismo y utilitarismo; el segundo identifica a la nación como algo ya dado naturalmente, es excluyente y particularista y apegado a valores como el colectivismo y a las ideas organicistas de la sociedad.

Desde luego que todo ejercicio nacionalista conlleva elementos de ambos y en el caso de la vertiente política, las evocaciones culturales resultan una buena herramienta, como señala Ernest Gellner, el teórico que explica más claramente el problema del nacionalismo y brinda las pautas para pensar el nacionalismo político sin soslayar el cultural.

Gellner aborda el tema dejando claro que tanto la nación como el Estado son realidades contingentes, pero que mientras un Estado puede existir sin producir una nación, ésta no puede siquiera pensarse sin un Estado que la 70 Cruz Prados, Alfredo: “Sobre los fundamentos del nacionalismo”, en Revista de estudios políticos, México, No. 88, abril-junio, 1995

71 El nacionalismo político se construye en torno a las ideas de Marsilio de Padua, de Nicolás

Maquiavelo, del Renacimiento, de la Ilustración y de la Revolución francesa; mientras el nacionalismo cultural sigue la ruta del nacionalismo judío, la Reforma protestante, del Romanticismo y del nacionalismo germánico.Ibid.

conforme. Efectivamente, para el teórico sólo la existencia de un Estado consolidado puede dar paso a una nación, y aquél sólo puede verse como un producto de la transformación de una economía agraria a una industrial.72

El advenimiento del industrialismo trajo efectos como la movilidad social, la necesidad de mano de obra calificada, los procesos de homogeneización tanto en conocimientos técnicos como de hábitos, etc. La convivencia de personas con bagajes culturales diferentes obligó a los Estados a protegerse contra posibles

cleveages, de modo que comenzó las tareas de homologar a su población mediante tácticas como la educación estatal obligatoria, el uso de un idioma único con carácter oficial, el servicio militar, los procesos de secularización y el empleo de elementos tales como un pasado común, el origen, la raza, etc.

Estos elementos –algunos de los cuales se consideran como garantías que el Estado ofrece- poco a poco producen individuos funcionales:

El papel de la cultura ya no es resaltar, poner de relieve y dotar de autoridad a las diferenciaciones estructurales dentro de la sociedad. Por el contrario, cuando alguna vez hay diferencias de rango, eso se considera algo vergonzoso para la sociedad en cuestión y un síntoma de fracaso parcial de su sistema educativo. La tarea que está encomendada a este sistema es producir miembros de la sociedad responsables, leales y competentes, que ocupen puestos dentro de ella sin depender de lealtades faccionarias a subgrupos de la comunidad; el que por negligencia o de modo subrepticio parte del sistema educativo dé (sic) lugar a diferencias culturales internas permitiendo o estimulando la discriminación constituye un escándalo.73

72Gellner, Ernest, Naciones y Nacionalismo, CONACULTA, Alianza Editorial, México, 1991, pp.

60, 62, 63, 67.

Sin embargo, mientras la clase gobernante procura generar una población a su medida, siempre existen grupos de la sociedad que discrepan, ya sea que quieran conservar el antiguo orden, es decir, que se niegan al cambio propuesto desde las instituciones estatales o bien persiguen una meta diferente o una vía distinta para alcanzar las metas propuestas por el Estado.

Estos grupos entropífugos, como les llama Gellner, aparecen en principio como comunidades débiles aunque pueden llegar a concentrar la atención de algún sector social;74 generalmente adoptan actitudes críticas a las estrategias

del Estado y logran con sus actitudes identificarse como portadores de intereses que han quedado o pueden quedar sesgados o como reivindicadores de elementos identitarios que corren peligro de perderse en la uniformidad social.75

El caso de la comunidad católica frente a las políticas secularizadoras del presidente Calles, la posición de los terratenientes ante la reforma agraria, la actitud de los padres de familia cuando se anunció la enseñanza sexual en educación básica y la de los universitarios ante la amenaza a la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, son ejemplos de confrontación de grupos sociales en desacuerdo a la actividad del gobierno posrevolucionario en México.

Las acciones que han adoptado han ido desde la protesta hasta las manifestaciones violentas y la organización de grupos y partidos políticos. Esta 74 “Una clasificación se entropífuga cuando se base en un atributo que tiene una acusada

tendencia a no diseminarse uniformemente por la sociedad ni siquiera con el paso del tiempo desde el establecimiento inicial de una sociedad industrial. Cuando este rasgo entropífugo se da, los individuos a que caracteriza tendrán a concentrarse en algún sector de la sociedad”. Gellner, Ernest,Op. Cit., p. 91.

75 Bartra, Roger, “Los lastres de la derecha mexicana”, en Bartra, Roger, Gobierno, derecha moderna y democracia en México, México, Herder, 2009, pp. 13-27.

última vía, destinada a actuar con apego a las instituciones estatales para asegurar la protección constitucional y generar un cambio por el camino institucional.