Capítulo 5: La formación permanente del profesorado no universitario
5.3. Modelo de formación
Los Centros de Profesorado surgen de la necesidad de entender la profesión docente como una profesión en constante cambio, lo que conlleva a una continua formación a lo lago de la vida profesional. Este cambio no se produce de la noche a la mañana, dado que es un cambio cultural, que necesita de reflexión en un nivel individual y en un nivel de equipos docentes. Es por ello que las primeras propuestas formativas surgidas de los CEPs no tenían la aceptación prevista por parte del profesorado. La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, estableció que para poder percibir los sexenios del profesorado de la enseñanza pública se tenía que presentar 100 horas formativas. Esto incrementó el número de profesorado participante en las actividades ya que el elemento económico influyó notablemente.
En sus inicios, los CEPs fueron planificando la formación a través única y exclusivamente de cursos. El carácter individual de éstos, no facilita que los aprendizajes y las reflexiones que hayan podido realizar tengan una repercusión en la práctica cotidiana de su centro escolar (Aguado, Gil y Mata, 2008). El procedimiento que las distintas administraciones educativas utilizan a la hora de programar y diseñar las diversas actividades encaminadas a la formación permanente del profesorado acostumbra a vertebrarse en torno a las lecciones o clases magistrales (Bacaicoa, 2001).
A la misma vez los CEPs fueron cada vez más perfilando planes formativos que se ajustasen lo máximo posible a las demandas del profesorado, es por ello que la Consejería instó a los centros educativos a que en las Memorias que se elaboran a final de cada curso, se explicitaran las necesidades formativas que se habían detectado a nivel de equipos: equipo directivo, equipo
Formación presencial y virtual: influencia en una propuesta de educación sexual para alumnado universitario
de ciclo, equipo técnico de coordinación pedagógica, equipo de orientación, departamentos didácticos… Una vez recibidas todas las memorias la Delegación Territorial de Educación envía dichas propuestas a los CEPs correspondientes, para que elaboren su Plan de Actuación con base en dichas necesidades.
Por este motivo los CEPs plantearon como alternativa, desde el I Plan de Formación del Profesorado en Andalucía, por otros dos formatos que han tenido gran repercusión en los últimos años, basadas en el aprendizaje colaborativo, reflexivo, con seguimiento formativo y con un mayor impacto en los centros educativos:
La Formación en Centros: son propuestas formativas que surgen del propio Claustro o Equipos Educativos y que son demandadas a su correspondiente CEP. La formación se realiza en el mismo centro educativo, sola y exclusivamente con personal docente del mismo centro. Los Grupos de Trabajo: son propuestas formativas que surgen de un
grupo de profesorado, perteneciente o no al mismo centro.
Se debe de construir espacios donde los profesores puedan reflexionar y pronunciar sus propias voces sobre la educación, contrastándola con otros compañeros y proyectándolas colegiada y críticamente en proyectos de actuación educativa (Smyth, 1991a; Kent, 1993). Como afirma Sandoval (2008) la colaboración como cultura profesional constituye un reto ineludible al que la formación del profesorado debe tener una respuesta.
La formación en centros tiene un potencial transformador considerable, al realizarse en el contexto educativo en cuestión y contar con la implicación de la comunidad escolar (Aguado et al., 2008). El impacto de la formación es mucho mayor a nivel de claustro o equipos educativos, pero la formación en centros está llamada a mucho más que a un lema vacío de contenido pedagógico, o un recurso sutil para gobernar la vida del profesorado (Smyth, 1991b), o una reforma o cultura impuesta bajo la retórica de la colaboración.
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Por otro lado, nos encontramos con el modelo de asesoramiento, donde el profesorado demanda al CEP de su zona algún tipo de formación concreta y éste le da la respuesta más oportuna. Se intenta que los docentes sean sujetos activos de su propia formación, que gestionen la institución y de conferirles un papel activo en el desarrollo de nuevos currículos (Pereira, 1984). Este modelo se puede concebir desde una perspectiva educativa y ligada a los siguientes modelos de formación: orientado individualmente, de observación/evaluación y de desarrollo y mejora (Imbernón, 1995).
Tal cual establece Barrio (2005), se debe partir del conocimiento de los diferentes modelos de formación del profesorado como por ejemplo el transmisivo, el implicativo y autónomo; teniendo en cuenta que no existe un modelo ideal de formación, sino que permanentemente se está construyendo. De ahí que la propuesta realizada por los CEPs haya también evolucionado a lo largo de su historia.
En la Comunidad Autónoma Andaluza, la Junta aprobó el Decreto 93/2013, de 27 de agosto, por el que se regula la formación inicial y permanente del profesorado en la Comunidad Autónoma, así como el Sistema Andaluz de Formación Permanente del Profesorado. El mencionado decreto, en su art. 16 determina que, el Plan Andaluz de Formación Permanente del Profesorado, constituye el documento que establece las líneas estratégicas de actuación en esta materia, de acuerdo con los intereses y prioridades educativas de cada momento. El mismo artículo, en su apartado 4 dispone que tendrá carácter plurianual y que será aprobado por Orden de la persona titular de la Consejería competente en materia de educación, a propuesta de la persona titular de la dirección General competente en materia de formación del profesorado.
La Orden de 31 de julio de 2014 aprobó el III Plan Andaluz de Formación Permanente del Profesorado que es el que actualmente está en vigor y que tendrá su concreción en los Centros de Profesorado. Establece este marco normativo las siguientes líneas estratégicas de formación (en el artículo 16 del
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Decreto 93/2013, se determina que el III Plan Andaluz de Formación Permanente “constituye el documento que establece las líneas estratégicas de actuación en esta materia, de acuerdo con los intereses y prioridades educativos de cada momento”.
I. La formación del profesorado vinculada a la mejora de las prácticas educativas, el rendimiento y el éxito educativo de todo el alumnado.
II. La formación del profesorado como factor clave para el perfeccionamiento continuo y la capacitación profesional docente.
III. La formación del profesorado como impulsora del conocimiento compartido y producido en los centros educativos, de la investigación y la innovación educativa y de las buenas prácticas.
IV. La formación del profesorado como apoyo a la progresiva transformación de los centros educativos en entornos colaborativos de aprendizaje y formación en los que participan todos los miembros de la comunidad educativa.
V. La formación del profesorado de Formación Profesional, Enseñanzas Artísticas, Enseñanzas Oficiales de Idiomas y Educación Permanente como herramienta para conectar la educación con la realidad productiva y el empleo.