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Modelo para desinfestar un lugar, basado en el apéndice del Ritual de Exorcismos

In document Como Orar por Liberación (página 44-63)

Congregada la asamblea de los fieles, el que preside 1.

la oración dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos se signan y dicen: Amén.

Luego el que preside saluda a los presentes: 2.

Dios, Padre omnipotente

que quiere que todos los hombres se salven esté con todos nosotros en este lugar. Todos responden:

Amén.

Luego se proclama la Palabra y se medita (deben esco- 3.

gerse lecturas que se refieran al triunfo de Jesús sobre el pecado, sobre la muerte y sobre Satanás)

Pueden recitarse las letanías de los santos, y quien pre- 4.

side puede concluir con la oración siguiente: Espíritu Santo Creador,

asiste bondadosamente a la Iglesia Católica; fortalécela y confírmala con tu poder contra los embates de los enemigos,

te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén

Se puede también, en lugar de las letanías, hacer la ora- ción de los fieles espontanea

Al final se dice el Padre nuestro. 5.

Después todos dicen esta oración: 6.

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos y huyen de su rostro quienes lo enfrentan. Tú los disipas como se disipa el humo; como se derrite la cera ante el fuego,

P. Huyan de la Cruz de Cristo, enemigos del Señor. R. Ha vencido el león de la tribu de Judá, la raíz de David. P. Señor, que venga tu misericordia sobre nosotros. R. Como lo esperamos de ti.

P. Señor, oye mi oración. R. Y llegue a ti mi clamor. El que preside ora así:

Dios del cielo, Dios de la tierra,

Dios de los ángeles, Dios de los arcángeles, Dios de los patriarcas, Dios de los profetas, Dios de los apóstoles, Dios de los mártires, Dios de los sacerdotes, Dios de las vírgenes, Dios de todos los santos y santas,

Dios que tienes poder

para dar vida después de la muerte, el descanso después del trabajo,

no hay otro Dios fuera de ti,

creador de todo lo visible e invisible, cuyo reino no tiene fin;

humildemente suplicamos a la majestad de tu gloria, para que, con tu poder, libres a tus hijos

de toda potestad, engaño y perversidad de los espíritus del infierno

y nos custodies incólumes. Todos responden:

Amén.

Te ordeno, todo espíritu inmundo, toda potestad de las tinieblas,

toda embestida del infernal adversario, toda legión, congregación y secta diabólica,

en el nombre y el poder de nuestro Señor Jesucristo, para que salgas y huyas fuera de la Iglesia de Dios y de los hombres creados a imagen de Dios

y redimidos por la preciosa Sangre del Cordero divino. No te atrevas más, astuta serpiente,

que engañas al género humano, persigues a la Iglesia de Dios,

que sacudes y tamizas como al trigo a los elegidos de Dios.

Te ordena el Dios altísimo,

que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad,

de quien te presumes semejante por tu gran soberbia. Te ordena Dios Padre,

te ordena Dios Hijo,

te orden Dios Espíritu Santo.

Te ordena Cristo, eterna Palabra hecha carne, quien por la salvación del género humano, perdido por tu envidia,

se humilló a sí mismo

hecho obediente hasta la muerte,

que edificó su Iglesia sobre una piedra firme y manifestó que nunca las fuerzas del infierno prevalecerían contra ella,

con la cual él mismo estará todos los días hasta la con- sumación del mundo.

Te ordena la excelsa Virgen María, Madre de Dios, que con su humildad aplastó tu cabeza soberbia desde el primer instante de su Inmaculada Concepción. Te ordena la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles.

Te ordena la sangre de los Mártires

y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas. Por tanto, legión diabólica,

te conjuro por el Dios vivo,

por el Dios verdadero, por el Dios santo, por el Dios que amó al mundo

hasta dar a su Hijo Unigénito

para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga la vida eterna:

deja de engañar a las criaturas humanas,

deja de infectarlas con el veneno de la perdición eterna, deja de dañar a la Iglesia,

deja de echarle lazos a su libertad. Vete, Satanás, padre de la mentira, enemigo de la salvación humana. Deja el lugar a Cristo

en quien nada de tus obras encontraste;

deja el lugar a la Iglesia una, santa, católica y apostólica a la cual Cristo mismo adquirió con su Sangre. Humíllate bajo la potente mano de Dios,

tiembla y huye,

por el santo nombre de Jesús

ante quien se estremecen temerosos los infiernos, y a quien están sujetos las Potestades y las Dominaciones, a quien alaban con incansables voces los Querubines y Serafines,

diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor, Dios de los ejércitos.

Después todos recitan o cantan esta antífona: 7.

Bajo tu amparo, nos refugiamos santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nues- tras necesidades.

Antes bien, líbranos de todos los males, Virgen gloriosa y bendita.

También puede recitarse la siguiente súplica a 8.

san Miguel Arcángel u otra súplica más conocida por el pueblo:

Príncipe glorioso de la celestial milicia, san Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla contra los Principados y Potestades

contra los conductores de las tinieblas del mundo, contra todo aquello que pervierta lo celestial. Ven en auxilio de los hombres a quien Dios hizo a su imagen y semejanza

A ti te venera la Iglesia como custodio y patrono, a ti te entregó el Señor las almas de los redimidos que han de ser hospedadas en la suprema felicidad. Ruégale al Dios de la paz,

para que quebrante a Satanás bajo nuestros pies y no pueda, en adelante, mantener cautivos a los hombres y dañar a la Iglesia.

Ofrece nuestras plegarias en presencia del Altísimo para que alcancemos pronto las misericordias del Señor, y apreses al dragón, la antigua serpiente,

que es el diablo y Satanás, y lo envíes al abismo

para que deje de seducir a los pueblos. Amén.

El que preside rocía el lugar con agua bendita y pide 9.

la bendición de Dios para todos los presentes.

10. Modelo “La Espada del Espíritu”

Justificación

Este es el modelo propio de la Renovación Carismática que yo propongo. Está centrado en el Espíritu, pues El es el principal agente, el agente imprescindible de la libera- ción. Al diablo se le vence con la Espada del Espíritu. En el Nuevo Testamento el Espíritu Santo está estrecha- mente ligado al ministerio de liberación de Cristo y de su Iglesia. Veamos:

Jesús describe su misión salvadora como obra de la 1.

unción del Espíritu Santo en su vida “El Espíritu está

sobre mí y me ha ungido … para anunciar libertad a los presos… para liberar a los oprimidos…”(Lc 4, 18ss).

San Pedro dirá que Jesús pasó liberando a oprimidos 2.

por el diablo gracias al Espíritu Santo que estaba en él (Cfr Hch 10, 38).

Jesús mismo experimentó en carne propia el aguijón 3.

de las tentaciones, y venció al Maligno porque el Es- píritu lo guiaba en el desierto (Cfr. Lc 4, 1 ss). Y cuando lo acusan de expulsar demonios con el po- 4.

der de Belzebú, él responde que expulsa demonios con el dedo de Dios, esto es con el poder de Dios que se llama Espíritu Santo (Cfr. Mt 12, 28).

El Jesús comunicó su propia misión a la Iglesia. Envió 5.

a sus discípulos a sanar, a liberar, a enseñar, etc… y les dijo que para hacer bien esa misión tenían que “per- manecer en Jerusalén hasta que recibieran el poder de lo alto”, esto es, el Espíritu Santo. (Cfr. Lc 24, 49). Y en efecto sopló sobre ellos el Espíritu y les dio poder para liberar, para perdonar pecados: lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desaten que- dará desatado (Cfr. Jn 20, 22,23; Mt 16, 19; 18,18). La Iglesia realiza la misión liberadora con los caris- 6.

mas que le regala el Espíritu. Es el único y mismo Espíritu el que da el don de sanación, de hacer mila-

gros, de liberar, de orar por los demás, de discernir… (Cfr. 1 Cor 12, 4-11).

Las primeras comunidades cristianas experimentaron la fuerza liberadora del Espíritu Santo:

“La ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús, nos liberó de la ley del pecado y de la muerte…” (Ro 8, 2) “Ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios” (Ro 8, 15). “Dios mandó el Espíritu de su Hijo a nuestros co- razones; … así que ya no eres esclavo sino hijo de Dios” libre (Gal 4, 4-7).

“Por medio del Espíritu y de la fe, tenemos la esperan- za de ser librados de culpa” (Gal 5, 5) y de todo Mal “Antes nosotros éramos insensatos y desobedientes a Dios. Andábamos perdidos y éramos esclavos de toda clase de deseos y placeres… por medio del Espíritu Santo nos ha dado nueva vida”, nos ha sacado del esta- do de esclavos a la libertad de los hijos de Dios. “Por medio de nuestro Salvador Jesucristo Dios nos ha dado el Espíritu Santo en abundancia, para que, habiéndonos librado de culpa por su bondad, reci- bamos la vida eterna que esperamos” (Tit 3, 3-7). “Entonces aparecerá aquel malvado, a quien el Señor Jesús matará con el soplo de su boca, y destruirá cuan- do regrese con todo su esplendor” (2 Tes 2, 3-4)

Que no quede duda, el Espíritu Santo es el gran 7.

agente, el agente imprescindible de la liberación. El Espíritu Santo es la fuerza de Cristo, la fuerza de Dios para vencer a Satanás. Pues “donde está el Es- píritu del Señor allí hay libertad” (2 Cor 3, 17). Con toda seguridad afirman los santos que lucharon dura batalla contra Satanás:

“El diablo ha perdido su poder en presencia del Es- •

píritu Santo” San Basilio

“Tenemos de parte de Dios a un gran aliado y pro- •

tector, nuestro gran Defensor. No temamos pues, ni a los demonios ni al diablo, porque más grande que ellos es el Espíritu Santo que lucha con nosotros” – San Cirilo de Jerusalén

“Sin las armas del Espíritu no se avanza en el campo •

de batalla” – San Macario el egipcio

Por eso el Veni Creator exclama: “Aleja al enemigo •

de nosotros, y ven pronto a traernos tu paz”

Y la Didascalia siria nos enseña: “No hay otro poder •

con el cual se pueda expulsar al espíritu inmundo, si no es por medio del puro y santo Espíritu de Dios” Todo lo anterior explica por qué la oración de liberación de demonios debe hacerse centrados en el Espíritu Santo.

Estructura

Aunque en la Renovación hay siempre una gran dosis de espontaneidad para dejar actuar al Espíritu en cada oca- sión, se requiere que este tipo de oraciones tengan una es- tructura de organización mínima:

Pedir la protección del Espíritu Santo (rociarse con 1.

agua bendita)

Señor, ten piedad de nosotros. Cristo ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Cristo, Padre celestial Ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo

Espíritu Santo que procedes

Del Padre y del Hijo Protégenos

Espíritu del Señor, Dios de Israel. Espíritu que posees todo poder. Espíritu, fuente de todo bien. Espíritu que embelleces los cielos. Espíritu de sabiduría e inteligencia. Espíritu de consejo.

Espíritu de fortaleza. Espíritu de ciencia. Espíritu de piedad.

Espíritu de temor del Señor. Espíritu, inspirador de los santos.

Espíritu de gracia y de misericordia. Espíritu suave y benigno.

Espíritu de salud y de gozo. Espíritu de fe y de fervor. Espíritu de paz.

Espíritu de consolación. Espíritu de santificación.

Espíritu de bondad y benignidad. Espíritu, suma de todas las gracias. Cordero de Dios que quitas

los pecados del mundo. Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas

los pecados del mundo. Escúchanos señor.

Cordero de Dios que quitas

los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.

Consagrarse al Espíritu Santo (ungirse con aceite 2.

bendito)

Consagración (1)

¡Oh, Espíritu Santo, lazo divino que unes al Padre con el Hijo en un inefable y estrechísimo lazo de amor! Es- píritu de luz y de verdad, dígnate derramar toda la ple- nitud de Tus dones sobre mi pobre alma, que solem- nemente Te consagro para siempre, a fin de que seas su preceptor, su director y su maestro. Te pido humilde- mente fidelidad a todos Tus deseos e inspiraciones y entrega completa y amorosa a Tu divina acción.

¡Oh, Espíritu Creador! Ven, ven a obrar en mí la reno- vación por la cual ardientemente suspiro; renovación y transformación tal que sea como una nueva creación, toda de gracia, de pureza y de amor, con la que dé prin- cipio de veras a la vida enteramente espiritual, celestial, angélica y divina que pide mi vocación cristiana. ¡Espíritu de Santidad! Concede a mi alma el contac- to de Tu pureza, y quedará más blanca que la nieve. ¡Fuente sagrada de inocencia, de candor y de virgini- dad! Dame a beber de Tu agua divina, apaga la sed de pureza que me abrasa, bautizándome con aquel bau- tismo de fuego cuyo divino bautisterio es Tu divinidad, eres Tú mismo. Envuelve todo mi ser con sus purísimas llamas. Destruye, devora, consume en los ardores del puro amor todo cuanto haya en mí que sea imperfecto, terreno y humano; cuanto no sea digno de Ti.

Que Tu divina unción renueve mi consagración como templo de toda la Santísima Trinidad y como miem- bro vivo de Jesucristo, a quien, con mayor perfección aún que hasta aquí, ofrezco mi alma, cuerpo, poten- cias y sentidos con todo cuanto soy y tengo. Hiéreme de amor, ¡oh, Espíritu Santo!, con uno de esos toques íntimos y sustanciales, para que, a manera de saeta en- cendida, hiera y traspase mi corazón, haciéndome mo- rir a mí mismo y a todo lo que no sea el Amado. Trán- sito feliz y misterioso que Tú sólo puedes obrar, ¡oh, Espíritu Divino!, y que anhelo y pido humildemente.

Cual carro divino de fuego, arrebátame de la tierra al cielo, de mí mismo a Dios, haciendo que desde hoy more ya en aquel paraíso que es Su corazón. Infúnde- me el verdadero espíritu de mi vocación y las grandes virtudes que exige y son prenda segura de santidad: el amor a la cruz y a la humillación y el desprecio de todo lo transitorio. Dame, sobre todo, una humildad pro- fundísima. Ordena en mí la caridad y embriágame con el vino que engendra vírgenes.

Que mi amor a Jesús sea perfectísimo, hasta llegar a la completa enajenación de mí mismo, a aquella celestial demencia que hace perder el sentido humano de todas las cosas, para seguir las luces de la fe y los impulsos de la gracia. Recíbeme, pues, ¡oh, Espíritu Santo!; que del todo y por completo me entregue a Ti. Poséeme, admíteme en las castísimas delicias de Tu unión, y en ella desfallezca y expire de puro amor al recibir Tu ósculo de paz. Amén. (A. Royo Marín) Consagración (2)

Recibe ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfec- ta y absoluta de todo mi ser, que te hago en este día para que te dignes ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón. Yo me abandono sin reservas a tus divi- nas operaciones, y quiero ser siempre dócil a tus santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dígnate formarme con María y en María, según el modelo de tu amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén

Consagración (3 Un evengelio donde Jesús libera. Ver anexo)

¡Oh Amor, centro y vida de la Trinidad Espíritu Santo!, ven a mí con tus dones y con tu Amor, me consagro total- mente a Ti para que obres en mí tu “Misterio de AMOR”, el que empezaste a realizar el día de mi bautismo y que ahora quiero renovar en cada instante de mi vida.

Que tu gracia acompañe siempre todas mis acciones y las transforme en ofrenda permanente para gloria del Padre y bien de todos los hombres mis hermanos. Amen

Proclamar la Palabra inspirada por el Espíritu y Medi- 3.

tarla (Un Evangelio donde Jesús libera)

Invocar al Espíritu Santo (imponer las manos y ungir: 4.

dos signos del Espíritu)

Dar pie a la oración espontánea pero también decir las in- vocaciones siguientes:

-Señor, Ten piedad de él (ella)

-Jesucristo, -Señor,

-Dios, Hijo, Redentor del mundo, -Dios, Espíritu Santo,

-Trinidad Santa, que sois un solo Dios, -Divina Esencia, Dios verdadero y único, -Espíritu de verdad y de sabiduría, -Espíritu de santidad y de justicia, -Espíritu de entendimiento y de consejo, -Espíritu de caridad y de gozo,

-Espíritu de paz y de paciencia,

-Espíritu de longanimidad y mansedumbre, -Espíritu de benignidad y de bondad, -Amor substancial del Padre y del Hijo, -Amor y vida de las almas santas, -Fuego siempre ardiendo,

-Agua viva que apagáis la sed de los corazones,

-De todo mal, Libéralo (a),Espíritu Santo

-De toda impureza de alma y cuerpo, -De toda gula y sensualidad,

-De todo afecto a los bienes terrenos, -De todo afecto a cosas y a criaturas, -De toda hipocresía y fingimiento,

-De toda imperfección y faltas deliberadas, -Del amor propio y juicio propio,

-De la propia voluntad, -De la murmuración, -De la doblez

-De las pasiones y apetitos desordenados, -De no estar atento a tu santa inspiración -Del desprecio a las cosas pequeñas,

-De la glotonería y malicia, -De todo regalo y comodidad,

-De querer buscar o desear algo que no seas Tú, -De todo lo que te desagrade,

-De todo pecado e imperfección y de todo mal,

-Padre amantísimo, Perdónalo (a)

-Divino Verbo, Ten misericordia de él (ella)

No lo (la) dejes hasta que sea plenamente tomada por ti -Cordero de Dios, Envíale al divino Consolador

que borras los pecados del mundo,

-Cordero de Dios, Llénalo (a) de los dones de tu que borras los Espíritu

pecados del mundo,

-Cordero de Dios, Haz que crezcan en él (ella) los que borras los frutos, del Espíritu Santo. pecados del mundo

Abrir el corazón al Espíritu de Dios (Que el atormen- 5.

tado exprese públicamente que acepta al Espíritu como su guía y que se compromete a vivir como su templo) Cantar al Espíritu de Dios

6.

Terminar con el Veni Creator 7.

Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles

y llena de la divina gracia los corazones, que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tu, el dedo de la mano de Dios;

Tú, el prometido del Padre;

Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros corazones; y, con tu perpetuo auxilio,

fortalece nuestra débil carne.

In document Como Orar por Liberación (página 44-63)