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Los modelos de automaticidad

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MODELOS TEÓRICOS Y PERSPECTIVA HISTÓRICA EN EL ESTUDIO DE LA ATENCIÓN

3.7. Los modelos de automaticidad

De forma casi paralela a los modelos de recursos, han surgido durante la segun- da década de los años 70 una serie de modelos formales que suelen ser conocidos con el nombre de modelos de automaticidad (Hasher y Zacks, 1979; Posner y Snyder, 1975; Schneider y Shiffrin, 1977; Shiffrin y Schneider, 1977). Se considera que estos mode- los son una continuación de los modelos de recursos y una crítica a los modelos aten- cionales de filtro, reinterpretando estos últimos teórica y metodológicamente.

Aquí nos vamos a centrar en las aportaciones de estos modelos dentro del ámbi- to de estudio de la atención. No obstante, queremos resaltar que estos modelos no sólo han estudiado este proceso sino otros, como por ejemplo la memoria, la activa- ción semántica, etc., hasta el punto de intentar ofrecer una visión global del procesa- miento de la información y del funcionamiento cognitivo del sujeto.

Las teorías clásicas de la automaticidad (Hasher y Zacks, 1979; Posner y Snyder, 1975; Schneider y Shiffrin, 1977; Shiffrin y Schneider, 1977) han postulado la exis-

tencia de dos formas de procesamiento cualitativamente distintas: los procesos auto- máticos y los procesos controlados. Cada uno de ellos se caracteriza por poseer una serie de rasgos o criterios diferenciales que permiten establecer las diferencias entre ellos. Los más importantes son los siguientes:

1) Atención y/o capacidad. Mientras que un proceso automático no consume ape- nas capacidad atencional, un proceso controlado consume una gran cantidad de recursos de procesamiento.

2) Control. Los procesos automáticos no pueden ser controlados por el sujeto una vez que han sido iniciados. Por el contrario, los procesos controlados, como su propio nombre indica, están sometidos a la intencionalidad del sujeto.

3) Procesamiento serial versus paralelo. Se suele considerar que los procesos auto- máticos procesan la información en paralelo, puesto que se hallan libres de demandas atencionales, mientras que los procesos controlados operan de for- ma secuencial.

4) Nivel de ejecución. Los procesos automáticos actúan en tareas simples cuya precisión y rapidez es mayor que las de aquéllas otras que precisan de los recur- sos controlados.

5) Práctica. Mientras que los procesos automáticos no mejoran sustancialmente con la práctica, los procesos controlados sufren grandes cambios como conse- cuencia de ella, hasta el punto de llegar a convertirse en procesos automáticos. 6) Modificación. Los procesos automáticos son difícilmente modificables una vez adquiridos. En cambio, los procesos controlados se pueden modificar más fácil- mente y se adaptan mejor a las situaciones novedosas.

7) Memoria. Los procesos automáticos constituyen rutinas almacenadas en el sis- tema de memoria a largo plazo, mientras que los procesos controlados se ubi- can en la memoria a corto plazo, entendida ésta como memoria activa.

8) Conciencia. Mientras que los procesos automáticos son procesos no conscien- tes, los procesos controlados sí implican, al demandar atención, un determi- nado nivel de conciencia de sus componentes.

La cantidad de estudios que han intentado analizar detenidamente cada uno de estos criterios ha sido muy numeroso (García-Sevilla, 1989). Pero pronto se observó que era prácticamente imposible considerar todos los criterios descritos a un mismo tiempo para analizar el carácter automático o controlado de un proceso y/o tarea. Una de las razones principales era que un mismo proceso o tarea puede ser considerada como automática o controlada dependiendo del criterio que se esté considerando (Naveh- Benjamin, 1987). Ello dio lugar a que diversos teóricos (LaBerge, 1981; Shiffrin y Dumais, 1981; Shiffrin, Dumais y Schneider, 1981) intentaran delimitar qué criterios pueden ser considerados esenciales para calificar a un proceso. Bajo esta perspectiva, los criterios básicos que han definido un proceso como automático o controlado han sido precisa- mente los de capacidad y control (Jonides, 1985; Neely, 1977; Shiffrin y Dumais, 1981; Shiffrin, Dumais y Schneider, 1981). En palabras de Shiffrin, Dumais y Schneider (1981, p. 227-228):

"Cualquier proceso que no usa recursos de procesamiento generales ni específicos, y cuya capacidad de procesamiento no específico está disponible para otros procesos es automá- tico... Cualquier proceso que demande recursos a los inputs de estímulo externo, sin con- siderar los intentos del sujeto por ignorar la distracción es automático".

A pesar de la formulación de estas reglas seguían subsistiendo una serie de pro- blemas. Por ejemplo, es muy difícil que un proceso o tarea, por el hecho de ser auto- mática, no exija ninguna capacidad de procesamiento. En definitiva, no se puede hablar de procesos totalmente automáticos o totalmente controlados. Diversas inves- tigaciones han observado que ambos pueden operar de forma conjunta en una mis- ma tarea (Myers y Fisk, 1987; Sáinz, Mateos y González, 1988; Schneider, Dumais y Shiffrin, 1984; Shiffrin, Dumais y Schneider, 1981), y que la mayor parte de los auto- matismos fueron en un principio procesos controlados. Como consecuencia de ello, los teóricos de la automaticidad comenzaron a alejarse progresivamente de una pos- tura dicotómica en la conceptualización de estos procesos. Han sido muy numerosas las alternativas propuestas (Kahneman y Treisman, 1984; Logan y Cowan, 1974; Myers y Fisk, 1987; Naveh-Benjamin, 1987; Schneider y Shiffrin, 1985; Zbrodoff y Logan, 1986), pero todas ellas se pueden resumir principalmente en dos:

1) Asumir que la mayor parte de los procesos son mixtos, es decir, poseen com- ponentes automáticos y controlados (Kahneman y Treisman, 1984; Myers y Fisk, 1987; Logan y Cowan, 1974; Schneider, Dumais y Shiffrin, 1984; Schneider y Shiffrin, 1985).

2) Postular que procesos automáticos y controlados no son cualitativamente dis- tintos, sino que se encuentran ubicados a lo largo de un continuum (Naveh- Benjamin, 1987; Naveh-Benjamin y Jonides, 1986; Zbrodoff y Logan, 1986), con lo que la diferencia entre procesos automáticos y controlados tan sólo es cuestión de grado.

Figura 3.4. Representación de un modelo de interacción entre procesos automáticos y controla- dos: en las primeras etapas del procesamiento actúan los procesos automáticos; en las últimas eta-

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