ESTRUCTURA SOCIAL
2.4 La gestión educativa.
2.4.1 Modelos burocrático y emergente de administración.
El Modelo burocrático surge en los años cuarenta debido a “la necesidad de imponer orden, formalizar procedimientos y mejorar los resultados de las cada vez más crecientes organizaciones” (Elizondo, 2005, p. 69). Su representante es Max Weber, para quien la burocracia era la forma más eficiente de organización aplicable a organismos complejos. Es un modelo derivado de la teoría sociológica, que se basa en la racionalidad, adecuando los medios a los objetivos para garantizar eficiencia en el logro de estos últimos. Las
características que lo representan son: normas y reglamentos, formalidad en las líneas de comunicación, racionalidad y división del trabajo, relaciones con carácter impersonal, autoridad, rutinas y procedimientos, competencia técnica y con base en méritos, profesionalización y previsibilidad del funcionamiento, aplicable en tiempos de certidumbre.
Sus ventajas son: racionalidad, precisión, rapidez en las decisiones, uniformidad, dadas las reglamentaciones, constancia, confiabilidad, especialización de los individuos y reducción de conflicto entre los empleados, debido a que cada quién sabe lo que tiene que hacer, conoce sus límites, sus responsabilidades y las de los demás.
Las desventajas: formalismo y documentación excesivos, relaciones
despersonalizadas, decisiones centralizadas de acuerdo al nivel de autoridad, nula flexibilidad debido a la rigidez de rutinas y procedimientos, uso inadecuado del poder, mauro importancia a procedimientos que a los usuarios del servicio, falta de consideración a la variabilidad humana en su afán de mecanizar las conductas de sus miembros y no considerar sus diferencias individuales, evaluación y control en apego a procedimientos y nula consideración de condiciones particulares en cuanto a la falta de variabilidad del contexto.
En la escuela se adoptó este patrón y así se concibe como una realidad objetiva, lineal, centralizada y uniforme en un funcionamiento racional, sin considerar otro tipo de variables menos objetivas, tales como el comportamiento de las personas, sus valores e intereses.
En lo interno, y con base en este modelo es válida la planificación de la enseñanza, pero el alumno tiene un papel receptivo. El directivo toma un lugar preponderante dentro de este modelo, dado que ocupa la posición más alta dentro de la jerarquía institucional y como tal, es necesario abandonar la idea de su actuación como gerente-administrador y ubicarla más en el sentido de “líder educativo dentro de la organización” (González, 2001 en González, M. (coord.) 2003, p. 226) . De acuerdo con Louis y Miles (1990) en Fullan, M./Stiegelbauer, S. (2004), el liderazgo y la administración son primordiales, ya que el primero “se relaciona con misión, guía e inspiración” (p. 140) y la administración se enfoca con el diseño y la realización de planes, el desempeño y el trabajo efectivo con los demás.
Por su parte (González, 2001 en González, M. 2003, p. 226) los factores complementarios al enfoque del líder educativo son de índole político, cultural y económico, además de otros unidos a los cambios en las políticas educativas y, para las cuales Fullan, M./Stiegelbauer, S. (2004, p. 129) anotan que “el cambio sólo es una
pequeña parte de las fuerzas que compiten por la atención del director y [...]no es el más apremiante; sin embargo, algunos [...] intervienen directamente como iniciadores o facilitadores de mejoras continuas en sus escuelas.
En lo relacionado con el modelo emergente, éste identifica a la educación como un reto continuo e incesante y ha sido promovido por las “políticas educativas
internacionales...como un modelo alternativo que permite logros cualitativos en la
educación”. (Elizondo, 2005, p. 83). Se entiende la gestión escolar en términos de conducir el sistema educativo al logro de procesos de educación de calidad, en donde se privilegian las tareas académicas que favorecen el proceso de enseñanza-aprendizaje. Los ejes bajo los cuales opera son: organización escolar y caracterización de los directores quienes coordinan y toman decisiones en la escuela. Con el modelo burocrático comparte las dimensiones de: calidad, competencia y excelencia. Sus premisas son: participación democrática,
autonomía, liderazgo, organización escolar, planeación y evaluación escolar.
En América Latina se trabaja en su implementación y esto ha quedado establecido en el documento “Modelo de gestión” GESEDUCA (UNESCO 1994, PP. III-IV) (Elizondo, 2005, p. 86) en donde se reconoce que los países latinoamericanos no tienen todavía “las capacidades de gestión que los conduzcan hacia sus metas” (Elizondo, 2005, p. 86) debido a que no existen instrumentos y técnicas sistematizadas para aplicar a los distintos niveles del sistema, acción que precisamente persigue este modelo de gestión.
En México, el Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000 (SEP 1995) identifica a la escuela como la unidad básica del sistema educativo y los diferentes actores comparten la responsabilidad de la enseñanza aprendizaje. Los miembros de la comunidad, tales como los padres de familia y otros, se unen en un objetivo común y se buscan el equilibrio entre la autonomía, la participación de la comunidad, el apoyo institucional y la regulación
normativa, por lo que es necesario “articular las estructuras y los procesos...dentro y fuera de las escuelas” Elizondo (2005, p. 86).
La gestión escolar es “el conjunto de acciones, relacionadas entre sí, que emprende el equipo directivo de una escuela para promover y posibilitar la consecución de la
intencionalidad pedagógica en-con-para la comunidad educativa”. (Pozner, en Elizondo, 2005, p. 87)
La práctica de la gestión escolar se caracteriza como una acción permanente de racionalización, en donde se aplica oportunamente el uso de recursos materiales y humanos para lograr los objetivos educativos. (Martínez, Chediac y Reyna, en Elizondo, 2005, p. 88) Por su parte, Ramírez , citado en Elizondo (2005) considera dos niveles de gestión: el primero, relacionado a las formas de gestión del sistema educativo en general y, segundo, relacionado con la gestión del plantel escolar.
A su vez, Ibarrola en Elizondo (2005) alude al concepto en términos de un nuevo concepto que se puede considerar como un factor impalpable e intangible que considera la administración de los recursos y los insumos que intervienen en los procesos educativos. Gestión implica toma de decisiones, supervisión y seguimiento con la intervención de distintas personas o grupos, visualizando su posibilidad de transformación, así como el análisis y la valoración de los resultados. El concepto de gestión aparece unido a la
definición de la escuela como una unidad orgánica para desarrollar acciones educativas, las cuales se logran a través de tres grandes escalas espacio-temporales: social, institucional y el plantel en particular, y, por último, dado que las decisiones necesitan tomadores de decisiones, requiere a los sujetos responsables de ello.
La gestión escolar se relaciona con la reestructuración de los sistemas educativos, lo que implica una cultura de transformación que considere: el paradigma del cambio, la
escuela como unidad del cambio, las autoridades centrales como corresponsables de este proceso, la definición de necesidades reales, cambio como aprendizaje y organización de aprendizaje.
Estos cambios también deben propiciarse en otro tipo de actores: la familia, los medios de comunicación, las organizaciones y la religión.
La gestión escolar perseguiría entonces los siguientes objetivos generales: considerar a las escuelas como centros generadores de aprendizaje, trabajar hacia la reforma escolar total con visión a futuro y reformar el sistema educativo con nuevos criterios de educación buscando la eficiencia y la eficacia.
En tanto los sujetos que intervienen o deben intervenir, se persigue: participación comprometida, liderazgo compartido, comunicación organizacional, espacio colegiado para la construcción participativa de proyectos educativos, así como la consideración de que el proyecto escolar es un “medio viable para concretar ideas, aspiraciones, retos y
objetivos...para enfrentar conjuntamente los problemas educativos” (Elizondo, 2005, p. 95). En este sentido, el directivo no sólo debe coordinar o liderar, sino generar propuestas innovadoras de renovación. No sólo administrar procesos, sino construir un proyecto escolar que comulgue con los objetivos de las políticas educativas de nuestro tiempo.