Tanto en sus novelas como en sus cuentos y cómics Neil Gaiman se ha interesado por la existencia de planos paralelos o de universos distintos a la “realidad” que si bien existen de manera independiente a ella pueden llegar a comunicarse entre sí o incluso a influirse. La consideración de estos planos paralelos implica además la existencia de otras “leyes naturales”, entre ellas distintas formas de temporalidad, que cuestionan en su diversidad la consideración del tiempo como una categoría absoluta, un apropri determinado por la estructura del universo.9
En The Sandman, Gaiman experimenta de manera radical con esta multiplicación de los planos y se permite diversas elaboraciones de modelos temporales. Especialmente en cuanto atañe a la naturaleza de las distintas criaturas, el tiempo es percibido como un vector que va de pasado a futuro o como un plano continuo en el que los desplazamientos son posibles y no se experimenta flujo alguno.
Justamente ambos modelos del tiempo han sido considerados por la física y la filosofía del tiempo y no existe actualmente una teoría confirmada que explique la naturaleza de aquello que (en la cultura occidental) llamamos tiempo. A la aceptación del tiempo que fluye como categoría indiscutible y absoluta de la mecánica newtoniana, que gobernó el panorama de las ciencias naturales durante más de dos siglos, se opondrán de manera radical las observaciones de Einstein, a partir del siglo XX, según las cuales tiempo y espacio son un continuo y tanto la posición como el movimiento del observador alteran su medida. Lejos de ser “datos curiosos”, estas concepciones tienen implicaciones profundas en todos los campos de la vida humana. Las distintas maneras en que se ha entendido el tiempo han transformado, por ejemplo, la idea de la libre determinación y la sumisión a un destino.10 Si algunos modelos sustentan que en el tiempo como río vivo que fluye hacia delante el futuro está abierto y es definido por las decisiones que constantemente se toman en el presente, otros, en cambio, ven en el continuo espacio-tiempo un bloque donde todos
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Cfr. Kristine Larsen, “Doors, Vortices and the In-Between. Quantum Cosmological Godesses in the Gaiman Multiverse”, en: Feminism in the Worlds of Neil Gaiman (Jefferson: McFarland, 2012), 261-279.
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Para un panorama sinóptico de las teorías sobre el tiempo en Occidente ver: Steven Savitt, “Being and Becoming in Modern Physics”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta (Stanford: Center for the Study of Language, 2006) [consultado el 03-11-13].
los momentos –tanto del pasado como del futuro– existen de antemano, están predeterminados. Justamente una visión de este tipo es la que ofrece el jardín de Destiny y los patrones de transcursos prefigurados consignados en su libro desde el principio del universo. A esta versión claramente determinista, en la que existe una única realización (fija de antemano) de todas las posibilidades, se opone por otro lado la multiplicación de realidades que se produce en el reino de Dream, el ámbito en que las historias soñadas o imaginadas originan constantemente nuevos mundos. Después de todo, “hay cosas que no están consignadas en (el) libro (de Destiny). Senderos que ocurren fuera (de su) jardín”, como Delirium advierte a su hermano mayor (BL Chapter 7 11).
A lo largo de la serie, Gaiman no teme a las inconsistencias. Los sistemas temporales operan de manera paralela y son vigentes en distintos dominios. Como hemos visto, las características formales del medio mismo contribuyen a sustentar en el lector la impresión de las dos concepciones temporales principales: la secuencia, que interpreta los paneles como un relevo de momentos, y la totalidad de la página que despliega el tiempo en el espacio y anula la direccionalidad y la irrepetibilidad del tiempo fugitivo. Sin lugar a dudas, el cómic ofrece condiciones propicias para transmitir al lector de manera palpable experimentaciones de este tipo con los planos estructurales. Por ejemplo, en aquellas páginas en las cuales los Endless ejercen su influencia sobre los mortales, el lector del cómic puede aceptar sin dificultad la co-presencia de planos paralelos en la página y vivenciar la simultaneidad de sucesos expuestos en dos lugares distintos sin que una instancia narrativa llame la atención sobre este hecho (Fig. 35). Es posible que la estructura del panel como ventana que se recorta en el tejido material de la página contribuya especialmente a la ilusión de transición y comunicación entre dimensiones separadas; después de todo se trata de la representación literal de un portal a través del cual se vislumbra un mundo distinto a aquel desde el cual se observa. Este motivo de ventanas comunicantes se replica, como ya he dicho, en las galerías que a su disposición tienen los hermanos infinitos y constituyen verdaderos “agujeros de gusano” como los postulados por Einstein y Rosen para describir posibles puentes entre sectores distantes del espacio- tiempo.11 Así, el marco del panel, que debería pasar desapercibido y ser “transparente” en
11 Para éste y otros fenómenos descritos por la física y referidos aquí ver: Brian Greene, The Fabric of the
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Fig. 35 Los eventos que se presentan de manera paralela en el plano 1 y en el plano 2 ocurren simultáneamente como lo pone en evidencia Dream al decir que mientras conversa con Despair está caminando con Joshua en sus sueños (FR Three Septembers and a January 5).
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Fig. 36 Las ventanas en la galería de Despair funcionan de la misma manera que los “agujeros de gusano” descritos por Einstein, y le permiten desplazarse a aquellos puntos del espacio- tiempo en donde alguien se observa con desesperación en el espejo (BL Chapter 1 16).
la percepción del lector, se aprovecha explícitamente como vehículo y umbral entre los planos (Fig. 36).
Otro fenómeno temporal que puede observarse en The Sandman es la alteración de la materia del universo que se produce al morir Dream y que sacude el tejido de todas las realidades y planos a través de varios cuadernillos. En el tomo Worlds’ End se manifiesta como una “tormenta de realidad” que borra por un momento la frontera entre los mundos haciéndolos coincidir y –¡justamente!– en el jardín de Destiny desencadena una escisión de la realidad y una oscilación de momentos posibles (Figs. 37 y 38). Esta situación puede compararse con el fenómeno descrito por la relación de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre de la física cuántica, según el cual “para un estado cuántico (es decir para el estado de un sistema en un momento específico) existen muchos –posible- mente infinitos– futuros alternativos o realidades posibles” (Davies 15). Según este principio, es el observador el que obliga a los estados a concretarse en uno solo. A través de su intervención (por ejemplo con una medición) “una única y precisa realidad es filtrada del enorme arsenal de posibilidades. Es en el espíritu del observador que lo posible se transforma en lo real” (Ibid.).
El papel central del observador en la física cuántica, el ejercicio de su consciencia que da forma a una realidad que de lo contrario oscilaría en un manojo de posibilidades, es comparable a la actuación de la mente narrativa –sobre la hablamos en el segundo capítulo– que ordena una multitud de eventos dispersos en una cadena provista de sentido y adjudica a cada suceso una interpretación acorde a dicha cadena. La problemática fábula de The Sandman, que no es posible reconstruir sin imprecisiones o contradicciones, revela la influencia que cada instancia narrativa ejerce sobre el material de sucesos que organiza en su propio relato. De ahí las divergencias entre ellos.
Que el ejercicio de un observador “deforma” incluso la organización del tiempo es un fenómeno que ocurre constantemente en la serie, donde el lector experimenta no sólo la diferencia radical entre el sistema temporal que atañe a los Endless y a los mortales, sino que vivencia el ritmo, la frecuencia que cada focalizador imprime a la historia que sueña o imagina. A esto parece referirse Delirium cuando cuestiona a Dream acerca del sentido del término “responsabilidad“ que él tanto usa. Mientras Dream afirma que con la palabra se refiere “a esa área de la existencia sobre la que ejer(ce) una cierta cantidad de control o influencia”, Delirium explica: “Nuestra existencia deforma el universo. ESO ES responsabilidad” (KO Part 8 8).
La calidad diversa de aquello que llamamos “realidad” y que parece más el resultado de un consenso que una entidad fija tiene especial significado en The Sandman, donde no sólo se confronta al lector con la diversidad de opiniones o interpretaciones que la modelan en la consciencia de cada observador, sino donde una multitud de universos con propiedades y criaturas distintas existen simultáneamente en distintos planos. Kirsten Larsen relaciona esta verdadera explosión de mundos con la teoría del multiverso postulada por el físico Alexander Vilenkin, según la cual la expansión a la que debemos el origen de nuestro universo –descrita por la teoría del Big Bang– no sería un fenómeno aislado sino, por el contrario, un estado de permanente inflación en el que de manera constante “burbujas individuales (cada una un Big Bang) continuarían emergiendo, dando lugar (…) a universos separados (pocket universes)” (269). Larsen va aún más allá y relaciona la multiplicación de universos con el papel que juega la consciencia del observador en la mecánica cuántica y concluye: “Gaiman (…) alinea su obra con uno de los aspectos más sorprendentes de la física moderna, a saber el importante papel que juega el observador –la consciencia
humana– en dar al universo no sólo significado sino realidad” (Id. 276-277). Los mundos creados en la mente durante el sueño o la imaginación no son considerados en The Sandman ficticios sino que comparten con la realidad el mismo estatus verdadero. “Al menos en la teoría”, dice Larsen, “los sueños tienen el potencial de dividir el universo a nivel cuántico” (Id. 277).
El acierto mayor de Gaiman no es, sin embargo, echar mano de teorías científicas y articularlas de manera convincente en una narrativa apasionante. Después de todo, el motivo de los universos paralelos ha sido prolíficamente explorado por la ciencia ficción, incluso antes de que la física hubiera formulado un aparato matemático para dar sustento a la teoría. Aquello que hace la versión de Gaiman única es su particular integración de temas mitológicos y místicos con motivos racionales y científicos. Modelos como el tiempo circular y la reencarnación de patrones elementales ocupan, como ya hemos viso, un lugar igualmente prominente en el desarrollo de la serie. “La razón no es una herramienta más confiable que el instinto, el mito o el sueño”, dice Destruction a su hermano en una conversación que sostienen a comienzos del siglo XVIII acerca de la profunda transformación que ocurre en el mundo de los mortales, “pero tiene el potencial de ser mucho más peligrosa para ellos” (BL Chapter 4 19). ¿Por qué? Junto a la capacidad destructiva que las elaboraciones racionales de la ciencia harán posibles, está también su reclamo exclusivo de la verdad y su descalificación de otras esferas de la vida. “La razón es en el mejor de los casos una herramienta imperfecta”, resume Dream (Id. 20). No es en vano que las teorías más complejas de la física teórica han terminado por considerar la relatividad de aquellos principios que habían sido postulados como unívocos y calculables (el tiempo, por ejemplo) y que modelos ya formulados por la religión o la imaginación emerjan en sus elucubraciones y demanden de sus seguidores –dada la momentánea imposibilidad de su demostración– el mismo acto de fe que antes habían ridiculizado.
5 Conclusiones
Me sentiría infinitamente más a gusto en tu presencia si estuvieras de acuerdo en tratar la gravedad como una ley y no como una sugerencia entre diversas opciones. Neil Gaiman, The Sandman
Todos los seres humanos tenemos una noción natural de aquello que llamamos tiempo y que utilizamos como marco de referencia para determinar cómo a nuestro alrededor (y en nosotros mismos) las cosas cambian. Sin embargo, no sabemos qué es el tiempo, de qué está hecho. Las ciencias naturales han perfeccionado formas cada vez más exactas de medir su paso, pero esa medida no es el tiempo, es simplemente una frecuencia a la que nos referimos para ponernos de acuerdo sobre su transcurso. Nuevas teorías de la neurobiología y la física consideran la posibilidad de que nuestra noción de un flujo temporal puede tener que ver con “procesos cuánticos en el cerebro” (Davies 15); es decir, que sea un mero efecto de nuestra “consciencia”, sea lo que ésta sea (las ciencias tampoco ofrecen una respuesta satisfactoria a esta pregunta). En The Sandman, Neil Gaiman experimenta con distintos formas temporales y aprovecha características estructurales del medio para transmitir de manera convincente no sólo el paso subjetivo del tiempo sino también la ausencia de él. El lector puede compartir el punto de vista de los hermanos Infinitos y contemplar en la página el tiempo convertido en un paisaje de momentos contiguos. No podemos saber si existe el tiempo o no. La lectura de The Sandman tampoco puede ayudarnos a demostrar su inexistencia. Y sin embargo, no deja de ser insólito que tengamos la capacidad de entender otras temporalidades además de aquella que consideramos “natural”, que podamos incluso representarlas y hacerlas perceptibles para otros en el marco de esa representación. ¿No es esto una prueba de que nuestra experimentación del tiempo no es unívoca? Currie concluye en su libro que la narrativa, despreciada hasta ahora por otras disciplinas como la filosofía y la física, podría ser un instrumento imprescindible para escudriñar aspectos del tiempo inasequibles desde otras perspectivas. El medio cómic, con su particular elaboración y dependencia de estructuras temporales ofrecerá, con seguridad, un campo de estudio fructífero para analizar fenómenos inadvertidos del tiempo
en la consciencia. Especialmente obras como The Sandman, que han probado ser seminales en el desarrollo de las estrategias narrativas del medio, merecen ser tenidas en cuenta. En ésta, su obra de mayor complejidad y envergadura, Neil Gaiman experimenta de manera expresa con aquellas propiedades formales del cómic relacionadas con el ritmo y hace coincidir distintas frecuencias –es decir, distintas maneras de medir el tiempo– con diferentes focalizadores. Así, la percepción del tiempo como una categoría absoluta o una condición objetiva se relativiza y su relación con el mecanismo de la consciencia individual se subraya. La realidad, modelada por el ejercicio de esa consciencia, no puede ser una sola. El tiempo lineal único, con un presente un pasado y un futuro –el tiempo de la Historia– es puesto en duda y con él su derecho exclusivo a la verdad. Si los tiempos son múltiples, si no hay un solo vector “verdadero” que ordene de causa a consecuencia, no hay tampoco objetividad. El acto narrativo, que ha interesado a Gaiman en toda su producción y está íntimamente relacionado con el fenómeno de la consciencia, ocupa en The Sandman un lugar central. El efecto de las historias –su construcción y vivencia– es experimentado aquí de manera especialmente intensa, gracias al grado de involucramiento que el medio permite al lector. La distancia que lo separa del mundo narrado se reduce y el lector es impelido de manera más radical que a través del texto escrito a su otra temporalidad. Al multiplicar y contrastar la calidad de diversas temporalidades, Gaiman “demuestra que visualizar, narrar y representar están posicionados de maneras históricas sociales y psicológicas” (Klapcsik 71).
La relativización de categorías unívocas que –como la linealidad del tiempo– han determinado en Occidente las estructuras del pensamiento, puede ser considerada una constante en la obra del autor. No sólo ocurre en su producción un emborronamiento de las fronteras entre “alta” cultura y cultura “popular”, como puede verse en el contraste entre el medio elegido y las fuentes “cultas” que reelabora, sino entre los géneros (ciencia ficción, mitología, cuento tradicional, etc.) que en ella confluyen. El cruce de las fronteras y la dilatación del espacio intermedio no son únicamente aspectos temáticos de su ficción. En The Sandman, el mundo aparentemente articulado de forma clara en binarios opuestos, se revela a lo largo de sus páginas no como estructura ordenada y estable, sino por el contrario como sistema orgánico en constante proliferación. Los principios que cada uno de los Endless encarna, por ejemplo, –destino, destrucción, muerte, sueño, desesperación, deseo y
deliro– se revelan a lo largo de la serie en constante oscilación con la categoría que supuestamente excluyen. (En el reino de Dream se fundan las realidades; Destruction pinta cuadros, escribe poemas, intenta cocinar; Death acompaña a cada ser humano en el momento de nacer; etc.) Delirium –capaz de la más profunda lucidez– así lo reconoce cuando señala que “no existe algo como una moneda con una sola cara” (BL Chapter 7 11). Este develamiento de falsas dicotomías se repite también en el inolvidable capítulo en el que Lucifer abandona el Infierno y encarga a Dream de su administración. De buenas a primeras su reino es invadido por representantes de los más diversos panteones y principios vitales que reclaman esta “apetecida tajada de propiedad-raíz psíquica” (SM Episode 3 13) para utilizarla según sus propios fines. (Odín, por ejemplo, desea “escampar” allí el Ragnarök, y dioses menores y olvidados como Susano-o-no-Mikoto y Bastet buscan inaugurar un nuevo espacio para su influencia.) En esta diversificación, la oposición entre bien y mal se desdibuja y resulta ineficaz. Cuando finalmente dos ángeles son enviados para asumir su control, el papel original del Infierno como lugar de condena para aquellos que obraron “mal” se reactiva, pero la dicotomía ya no puede sostenerse: ahora el bien gobierna en el mal. ¿Dónde queda entonces la diferencia? De la misma manera, el problema con el tiempo, que es postulado en un principio como la divergencia de una experiencia que atañe a algunas criaturas y a otras no, se revela tras una observación detallada como un fenómeno mucho más complejo. No existen sistemas ajenos a la naturaleza de las propias criaturas, no hay marcos de referencia absolutos. Son las criaturas mismas y el ejercicio (narrativo) de su consciencia los que adjudican no sólo la impronta temporal sino las demás categorías que les permiten modelar la experiencia para percibirla y transmitirla. (Y aún más allá, si aceptamos como acertada la perspectiva de la física cuántica, dando concreta existencia a la materia.)
Gaiman y los diversos artistas gráficos que colaboraron en The Sandman lograron sin duda dar forma a un complejo y rico tejido narrativo que demuestra las posibilidades y refinamientos estructurales de que es capaz el cómic como medio. Lejos de la banalidad muchas veces atribuida a éste y otros registros “populares”, una mirada más detenida revela una potencialidad malinterpretada o no tomada en serio. Después de todo, la tradición de las narrativas visuales, que desemboca en los cómics y así se mantiene viva en un panorama dominado por la letra, proviene de prácticas milenarias utilizadas con éxito para la
transmisión y conservación de historias. Extensos programas iconográficos como el desplegado en las paredes del templo de Angkor Wat (que en parte recoge capítulos del Ramayana y el Mahabharata), por sólo poner un ejemplo, dan testimonio de la compleja articulación narrativa que subyace a otros sistemas de representación distintos al lenguaje escrito.
Para concluir, sólo resta mencionar aquí que, en el caso específico de este análisis, son