Moderación y análisis del discurso grupal
El análisis del grupo de discusión se puede hacer en distintos momentos y sobre diferentes registros o situaciones. Tal como ya se ha apuntando, el
más ortodoxoy estático es el análisis que el investigador realiza sobre el tex-
to transcrito sobre papel, pero también se hace análisis sobre cintas de audio y vídeo, sobre materiales de trabajo que ha realizado el grupo, anotaciones previas, etc. No obstante, el análisis alternativo vinculado a la dinámica es el que surge al hilo de la conversación que se desarrolla a lo largo de todo el tiem- po que dura la sesión.
En este caso, analista y moderador coinciden en una misma persona, mostrando así la estrecha vinculación y supeditación de la moderación al análisis. En este sentido, moderar es también analizar, puesto que el objetivo del grupo no es otro que los objetivos de la investigación, y la finalidad del moderador obtener una información consecuente con dichos objetivos, y con el marco teórico de referencia que permite encauzar dicha moderación. No hay, por tanto, dinámica en el vacío, como tampoco hay análisis al mar- gen de las conjeturas o interpretaciones que se producen al hilo de la mode- ración.
En el amplio proceso analítico que comprende toda investigación, desde el principio hasta el final, el análisis adquiere diversas formas y propósitos según la fase o momento del proceso. En el caso específico de la dinámica grupal, el análisis se hace al margen del registro, es decir, sobre la marchay
con la marchadel grupo. Este tipo de análisis en vivo, es decir, en movimien-
to simultáneo con el desarrollo de la situación grupal, tiene la finalidad de observar lo que el grupo dice y la aceptación grupal de eso que dice ahí (Ca- llejo, 2001: 149). En este juego del decir y el aceptar decir lo dicho, el investi- gador se sirve de la moderación para comprender a su vez supuestos y rela- ciones entre enunciados al mismo tiempo que estos se producen.
Ahora bien, tal como ya se ha señalado en capítulos anteriores, es en este ejercicio analítico donde el moderador juega con el grupo a escuchar lo que el moderador supone que está escuchando; él mismo se convierte en parte del discurso y del análisis realizado. De nuevo, tal como ya se ha señalado, sus intervenciones deben ser cuidadosas y especialmente respetuosas con lo
que el grupo acepta decir y cómo acepta decirlo. Por este motivo, este primer análisis conviene realizarlo únicamente sobre lo dicho en el grupo, y no so- bre otra parte importante del análisis del discurso que se centra en lo que se deja de decir o no dice por algún motivo (Ibáñez, 1985).
Sobre lo dicho, y la forma en que se acepta decir eso que se ha dicho, el moderador trata de dar un sentido al discurso grupal a la par que asegura la intencionalidad del grupo cuando, en ausencia del autor o los autores co- rrespondientes, sólo le quede el sentido verbal del texto. Por tanto, el análisis del moderador lo que pretende es resaltar o poner de relieve ciertos enuncia- dos del grupo con la intención de ir estableciendo y ratificando sentidos so- bre lo establecido grupalmente. Este proceso es circular y se retroalimenta a sí mismo, lo que en cierta forma contribuye a potenciar la circularidad del discurso; pero también tiene la virtud de hacer más fácil la captación y com- prensión del sentido dado1, ya que la reiteración permite plantear de nuevo,
y en distintos contextos, los matices de determinados elementos discursivos de especial interés para la investigación.
Ahora bien, dos precauciones se plantean para esta labor, la primera tie- ne en cuenta el número de grupos realizados, ya que para analizar sobre la
marchatiene que haberse producido cierto recorrido discursivo que permita
regresar con cierto sentido analítico sobre lo dicho. Es más, lo idóneo sería retrasar este análisis dinámico a grupos posteriores donde el moderador ten- ga un mayor conocimiento sobre lo que manifiestan los grupos. La segunda precaución es más una limitación, ya que el análisis del grupoin siturequie- re cierta práctica y destreza que permita simultanear la conducción del gru- po con su reflexión y análisis del producto discursivo, lo que suponen en cierta forma hacer espontáneas (inconscientes) buena parte de las acciones que requiere la moderación. Por este motivo, hasta que el investigador no este familiarizado y haya incorporado ciertos hábitos de cara a cómo com- portarse delante del grupo, no conviene que aborde la tarea del análisis. Tal como sucede con la conducción de un vehículo, el estar pendiente de cómo funcionan sus mecanismos resta capacidad, incluso impide ver por dónde se va conduciendo. De igual forma, el análisis exige al moderador no perder de vista cierta perspectiva de conjunto que permita entender por dónde va el
grupo, y hacia dónde se dirige por un determinado camino.
136 CUADERNOS METODOLÓGICOS 41
1 Se entiende que la interpretación del sentido se adapta y es consecuente con los objetivos
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Conclusiones
Conclusiones
Todo grupo es un lugar común y una puesta en común. En el G. D. la puesta en común descansa sobre el discurso producido. Tal como señala Anzieu (1986: 40), a nivel molar el grupo produce algo, pero a nivel molecular lo producido es el resultado de un proceso que surge de las interacciones que se producen en el interior del grupo. Estos niveles no son independientes en- tre sí. El grupo diseñado para la investigación requiere tanto de lo que el grupo produce (información en forma de discursos) como de la manera de producirlo (provocación y modificación de la situación grupal para el dis- curso).
Desde el análisis, la diferenciación es la misma. El análisis de un G. D. re- quiere dar respuesta a dos preguntas. La primera es saber cómo analizar el material discursivo, la segunda, con frecuencia inadvertida o presupuesta, es saber qué es lo que se analiza. El cómo sugiere las técnicas de análisis, (so- ciológicas, lingüísticas, fenomenológicas, informacionales, etc.), que el in- vestigador utiliza para adecuar la información de los discursos a los objeti- vos de la investigación. El qué analizar remite necesariamente a los procesos
y dinámicas generadas para obtener dicha información discursiva.
Una de las cuestiones menos discutidas en investigación social, especial- mente en el ámbito cualitativo, es el papel que juegan los comportamientos del investigador en la aplicación de los métodos y técnicas de observación1.
El descuido deja sin apenas reflexión teórica y/o práctica aspectos que sue- len pasar inadvertidos, pero que tienen una enorme relevancia para la soli- dez y el afianzamiento de todo el proceso investigador2.
Estos comportamientos aparentemente retóricos y difusos, extremada- mente subjetivos y personales, lo que ponen en juego es la manera en que el
1 Frente a los avances en la teoría de la medición, en sociología y las ciencias sociales en ge-
neral, también se ha ido produciendo desarrollos centrados en la aplicación de los instrumentos
de medida (recogida de datos sensu stricto) (Alvira, 1987).
2 “El análisis de los ‘datos’ recogidos de una determinada manera podrá ser muy simple o
muy complejo, pero en ningún caso solucionará los errores y defectos que se hayan producido durante la recogida de los mismos. En este sentido, esta fase constituye el techo de lo que se puede obtener de una determinada investigación” (Ibíd., 1987, 85).
sujeto observador accede a la realidad empírica observada a través de unos medios o instrumentos, puesto que el reducto último de toda toma de con- tacto con la realidad de estudio es siempre un proceso de comunicación e in- teracción que utiliza los diversos medios o herramientas de investigación a su alcance. El cómo se utilicen y apliquen dichas herramientas es una cues- tión que depende del contexto comunicacional dialógico donde se ponen en funcionamiento. En este sentido, las técnicas y los métodos de investigación social cualitativos son antes que nada prácticas comunicativascuya finalidad es servir al diálogoa la vez que a los objetivos de la investigación.
El método de investigación psicoanalítico ha sido especialmente sensible a esta problemática por dos motivos: porque ha hecho del diálogo su princi- pal herramienta de observación empírica, y porque a dicha elección se le ha reprochado injustamente la subjetividady simplicidadde un diálogo abierto a la realidad objeto de estudio. Dos acusaciones que por lejanas que parez- can, están explícita o implícitamente referidas también a la investigación so- cial cualitativa, y debatidas en este trabajo a partir de las respuestas que dio la experiencia investigadora psicoanalítica, así como otras teorías afines a la problemática tratada. El resultado final de estas páginas ha sido aportar un material pensado para la conducción del G. D., si bien la idea general que preside dicha finalidad es mucho más amplia y general, ya que se trata en definitiva de que al investigador le llegue una llamada de atención sobre la importancia que tiene esta parte de aplicación práctica para el rigor y fiabili- dad de la información que produce con herramientas cualitativas.