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La modernización del campo y la estructura de trabajo

1.3. La reforma agraria en el cardenismo (1934-1940)

1.3.4. La modernización del campo y la estructura de trabajo

La política agrarista en el régimen cardenista determinó otorgarle al campesino por medio de la distribución de la tierra una participación considerable en la productividad del campo. La responsabilidad quedó en manos de los ejidatarios y las figuras que integraron la estructura relacionada al ejido. En palabras de Everardo Escárcega:

Es conveniente el desarrollo colectivo del ejido en donde las condiciones sean propias, porque desde el punto de vista económico, los ejidatarios tienen la posibilidad de usar maquinaria, herramientas y crédito que determinan la mejor explotación agrícola y la disminución en los costos de la producción, y desde el punto de vista social, constituyen un medio efectivo de unión que crea conciencia colectiva, ahuyenta el individualismo egoísta, desarrolla el sentido de cooperación en todas sus formas y arraiga la masa campesina al campo, evitando su emigración a las ciudades y creando, en fin, una célula social, económica y política de sólida estructura para la vida nacional.81

80 Elvia Montes de Oca Navas, Op.cit, p. 94.

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El Estado mexicano llevó un mecanismo a través del apoyo económico y político para consolidar al agro mexicano. El gobierno proporcionó los medios para el crecimiento de las actividades agrarias. Por ejemplo, inyectar presupuesto a la infraestructura en medios de comunicación; sistemas hidráulicos en cada región, donde se llevó a cabo el reparto agrario. La política agrarista favoreció a los ejidatarios para que tuvieran la oportunidad en utilizar otro tipo de granos y técnicas de cultivo. El monocultivo no era la única alternativa para la producción del campo. La nueva estrategia en las actividades agrarias fue llevar acabo la colectivización del campo y el resultado esperado fue que por medio del ejido y las cooperativas se iniciara un dinamismo económico del país. “Es decir, en mayor o menor grado, promovieron la modernización de los sistemas de cultivo y explotación de la tierra, pusieron en marcha programas de construcción de obras hidráulicas para la irrigación, y crearon organismos oficiales de crédito rural…”.82

La modernización del campo consistió en inversión de recurso económico en la infraestructura para obtener mejores resultados en la producción de alimentos y materias primas. El mecanismo de reparto de tierras y de recursos estuvo dirigido a “Cooperativas compuestas por diversos tipos de agricultores que la Revolución ha creado y, especialmente, del crédito. Es aspecto sustancial de este apartado se refería al compromiso de invertir 50 millones de pesos en este rubro durante los siguientes 6 años, de los cuales los primeros 20 millones deberían aportarse en 1934”.83

Las prerrogativas respaldadas por el gobierno cardenista buscaron solucionar el problema del campo que en anteriores administraciones no fue atendido con la relevancia que implica este sector. La lógica política y social pretendida por el presidente Lázaro Cárdenas intentó solucionar el atraso y marginación vivido en el agro mexicano. El planteamiento del Estado mexicano consistió en invertir recurso económico para dinamizar las actividades agrarias e impulsar un sector agrario productivo y moderno. El recurso económico inyectado

82Ibíd; p. 3.

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al rubro del campo a perspectiva del presidente de la república ofreció una mejor estabilidad económica y social al campesinado del país. Es decir:

El proyecto cardenista, definido en términos generales desde la campaña presidencial, se encontraba, a fines de 1937, delineando con bastante precisión en lo que toca a la cuestión agraria: el Estado, gran organizador, canalizaba los recursos a la agricultura vía créditos y obras públicas, en lo fundamental de riego. Impulsaba decididamente el reparto agrario, pero sobre todo ponía énfasis en la organización de los ejidos colectivos en áreas de cultivo de desarrollo capitalista y moderno que probaría la superioridad de esta nueva forma de producción y servirían de base de apoyo para la transformar totalmente la estructura agraria del país.84

Los campesinos debieron explotar la tierra en forma de ejido y organizar cooperativas para llegar a obtener mejores resultados productivos. No solo se benefició a una sola familia, sino quedaron integrados la mayoría de los núcleos familiares de la localidad o población. La producción del agro solventó las demandas de alimentación de la población en general. Todo el apoyo ofrecido al campesino por medio de la política agraria con respecto a la reforma agraria y otros rubros eran vistas positivamente.

Las políticas cardenistas en todos los ámbitos hicieron emerger al campesinado y proletariado del letargo que vivieron desde décadas atrás. Las reformas progresistas establecidas por el Estado paulatinamente beneficiaron a los sectores más vulnerables. En el sector agrario por, ejemplo, fue por medio de la reforma agraria donde se benefició al campesinado, pero existieron algunos sectores de la sociedad que no apoyaron las políticas oficialistas. Sin embargo, el jefe del ejecutivo llevó a cabo su proyecto de distribución de la tierra hacia los campesinos, no importando la presión de la burguesía nacional y extranjera. Por lo tanto:

La reforma agraria cardenista inició un proyecto que quería trasformar gradualmente la agricultura y luego el país entero socializando la propiedad, el uso

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y manejo de las fuerzas productivas y los frutos de desarrollo. En este intento fue obstaculizado por lastres heredados del pasado inmediato, por fuerzas políticas y sociales dentro y fuera del gobierno y, al final del sexenio por la presión internacional.85

El gobierno cardenista enfocó su política en general a reunir a las diferentes fuerzas laborales del país y seguir consolidándose en los diversos sectores de la sociedad. La política de integración impulsada por el mandatario para insertar a la mayoría de campesinos del territorio nacional dio pauta al fortalecimiento del campo para concretizar una solidez económica y social. Es decir, “….el gobierno cardenista estructuró un sistema institucional que cumplía, por una parte, la función de organizar la operación del ejido y, por otra, la de colocar organizadamente al campesino en la lógica del armazón estatal”.86

Es de notar que el régimen cardenista quiso ofrecerle a la clase trabajadora la relevancia en la función económica y social, donde su participación daría pauta a la modernización y desarrollo del país.

El campesinado representó una pieza fundamental en el proyecto de gobierno cardenista, integrado a la política agraria. La reforma agraria fue guiada en dos vertientes para la consolidación del campesino y una mejor productividad de las actividades agrarias. Por lo tanto, “La reforma agraria requiere el impulso de dos motores: una es la acción revolucionaria del poder público y otra la acción dinámica, propia y libre de la clase campesina. La reforma agraria queda coja cuando en ella no participa, como sujeto consiente y activo el propio campesino”.87