Cultural y Geocultural
I. 1 1.3 El momento de la tejné y el germen de la crítica
La tejné es una forma de ingresar a un período clave en la génesis de la arquitectura. Podemos decir que el término encierra -en la antigüedad- el campo de la técnica y el saber cultural en todos los ámbitos en los que el hombre buscaba respuestas, ya sea en la esfera de lo práctico (lo útil), ya sea en aquella de la teoría o el pensamiento (lo inútil).
Es importante señalar que en el período de vigencia de la tejné, -comprendido entre la antigüedad clásica y el inicio de la modernidad, la práctica de la construcción se desarrolla a instancias de un sutil desplazamiento que la mantiene afectada a otras esferas, hoy campos separados y con marcadas diferencias, como la retórica (el arte17 de la persuasión) o el arte
(habilidad y conocimiento productivo). Arte y técnica, en éste período se mantienen vinculados. El termino tejné, en griego, también refiere a las ars, en el mundo latino. Como sostiene Sinnott, en el pensamiento de Aristóteles, la tejné, ligada también a la práctica poética, es una manera específica de conocimiento.
En la tekhné es fundamental la nota de racionalidad la cual se pone de manifiesto, ante todo en que es metódica y transmisible. La metodicidad se advierte en el hecho de que el artista, o el artesano proceden según un plan elaborado y coherente, guiado por la noción definida de la forma del objeto por producir y por un conocimiento de la materia en la que esa forma puede ser incorporada. La tekhné no es una práctica irreflexiva o azarosa, sino que persigue un fin concebido universalmente, y procede explícita o tácitamente según reglas generales. (Sinnott, 2015, p. XIII).
Volviendo a la arquitectura, advierte Sarquis que en la etapa comprendida entre los textos fundantes de Plinio y Vitruvio (S I d.C.) y hasta la Re Aedificatoria de Alberti (1452), la construcción es un arte o tejné y se ejecuta en un plano de destrezas que, acompañada a la función del “erigir edificios” incursiona en los saberes de lo inútil. Esto último vinculado al arte como saber poético, no instrumental. Destacamos del período, la posibilidad de intelectualizar los saberes, que como sostiene Sinnott posibilita “llevar el arte -en este caso el arte de construir-
al plano del concepto” (2015, p. 13), que ya podemos relacionar con el conocimiento y una especificidad.
Consideramos que esta condición de tejné, inherente a los orígenes de la arquitectura, se puede resumir en un “saber hacer”. Léase las técnicas de construir edificios, la técnica del carpintero, la manera de hacer navíos o aquella propia de la indumentaria entre otras tantas técnicas que también se corresponden por ejemplo con las estrategias de la retórica o de la guerra18.
16 Ver Guerra 2017.
17 Nos referimos al arte como “saber”, según como lo entendía Aristóteles (Tatarkiewicz, 1976 [2001]). 18 Según señala Tatarkiewicz:
La clasificación que tuvo una aceptación más general en la época antigua fue la que dividió las artes en “liberales” y “vulgares”. No fueron los griegos quienes la inventaron, aunque según la terminología latina se conoce principalmente como artes liberales y artes vulgares. Esta clasificación dependía más que ninguna otra de las antiguas de las condiciones sociales que se daban en Grecia. Se basaba en el hecho de que existen una serie de artes que exigen un esfuerzo físico, y en cambio otras no, diferencia que para los antiguos griegos era de especial importancia. Esta clasificación reflejaba un sistema aristocrático y la aversión que los griegos sentían hacia el trabajo físico, prefiriendo las actividades de la mente. Pensaban que las artes liberales o intelectuales no formaban sólo un grupo aparte, sino que era superior. (Tatarkiewics, 1976[2001, p. 82])
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Observamos entonces, que la tejné, en el período predisciplinar de la arquitectura, es el motor que provee instrumentos (métodos, pasos ordenados, procedimientos) necesarios para la consolidación de la cultura del “habitar”. A partir de lo dicho, entendemos que es posible ubicar aquí un primer estadio para el germen de la crítica19. Hablar de crítica seguramente merece un
capítulo aparte y como sostiene Foucault, la actitud crítica sugiere múltiples caminos (2018). Un objetivo claro en el presente es el de reconocer en el proyecto un dispositivo de reflexión.
Y si la gubernamentación es en efecto el movimiento mediante el cual que trataba, en la realidad de una práctica social de sujetar a los individuos a través de mecanismos de poder que reivindican para sí una verdad, pues bien, yo diría que la crítica es el movimiento por medio del cual el sujeto se atribuye el derecho de interrogar a la verdad sobre sus efectos de poder y al poder sobre sus discursos de verdad; la crítica será el arte de la
inservidumbre voluntaria, el de la indocilidad reflexiva. (Foucault, 1978 [2018, p. 52])
Decimos entonces que es viable pensar la arquitectura, desde sus inicios, relacionada a la construcción de un espacio de conocimiento cuyos modos de producirla y de pensarla hagan posible el desarrollo de un campo propio de cuestionamiento, ya desde esos primeros
momentos.
Acercando la discusión al mundo contemporáneo, entendemos la reflexión crítica a la que ya hicimos referencia, como aquella que permite superar la mera defensa de “creencias”20. Nos
interesa tomar posición en la reivindicación del interrogante desde las prácticas y hacia la propia institución, acercándonos al sentido que lo plantea Bürger. Entendemos que en el interior de éste germen de saber la tejné, surge también la posibilidad de profundizar en “la autocrítica” en los términos a los que define el mencionado autor, quien sostiene“(l)a importancia de la metodología de la categoría autocritica consiste en que presenta también la posibilidad de ‘comprensiones objetivas’ de estadíos anteriores de desarrollo de los subsistemas sociales.” (1974 [1987]) He aquí la necesidad de generar interrogantes en la institución –en nuestro caso hacia la arquitectura- advirtiendo los posibles cuestionamientos que surgen desde ese entramado social y cultural en permanente movilidad, como es la cultura arquitectónica.
De esta manera, señalamos a partir de los dichos de Sarquis:
Pues bien, así como Sarquis conjetura que el dominio de la composición, entre los siglos XV y XX posibilita la progresiva asistencia a la noción de proyecto, “en tanto procedimientos para arribar a la materialidad arquitectónica”. Siguiendo esa misma lógica hipotetizamos sobre la etapa predisciplinar sosteniendo que en el momento de la tejné, se hallaría el origen de un “pensar objetivo” y la posibilidad implícita de dejar “en suspenso” el problema del construir, o sea erigir edificios -a secas- , para incorporar a través del método y en un mismo momento el saber de “lo inútil”.(Guerra, 2017)
En términos de la crítica a la disciplina arquitectura, consideramos que apoyarnos en la categoría de lo inútil, implica el alejamiento de los usos; en todo caso de lo instrumental del proyecto para reinstalarse ahora, en un campo de mayor apertura, de “oblicuidad”, de
transdisciplinariedad y en el cual se incluyan discursos fronterizos, que posibiliten el ingreso de la inservidumbre y la incerteza a la que refiere Foucault (1978 [2018]). Dicha condición,
sostenemos, habilita(ría) modos de repensar, no solo en lo relativo a la resolución del artificio, inherente a la praxis de lo cotidiano y lo netamente doméstico, sino también en el propio campo ,
19 La posibilidad de poner “bajo sospecha”, el propio juicio.
20 Describe Bourdieu la creencia en relación al campo de competencia “el productor de la obra de arte no es el artista
sino el campo de producción como universo de creencia que produce el valor de la obra de arte como ‘fetiche’(…).”(1992, [1997, p. 339]).
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haciéndolo permeable a gestar la propia crisis institucional y en ese caso generando aperturas a conocimientos otros, que de alguna manera contribuyan a quebrar la “producción domesticada”.