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Momento tercero: Del sábado de carnaval y de la ‘seriedad’ del calendario cristiano

En Pasto, en Barranquilla, en Riosucio, se decreta la muerte del luto o se le viste de colores. Se dice carnaval y de inmediato se piensa (…) en la derrota de doña Cuaresma.

Héctor Rojas Herazo El carnaval, la fiesta de las máscaras, los envoltorios y las pieles pintadas y tatuadas, el festejo de música, risa y danza, es desenterrado y enterrado sucesivamente. Pero, al parecer, esta incesante exhumación y continua sepultura de un carnaval casi cataléptico, se realiza a partir de una configuración de tiempo determinada: la llamada “era cristiana”, aquella era establecida por el abad Dioniso el Pequeño, jurista eclesial, quien, quizás según unos cálculos errados, establece lo que se conoce como Anno Domini. Calendario cristiano éste que no sólo enuncia y designa una serie de números para una sucesión de días y noches, sino que, en su calidad de calendario, modela el tiempo del mundo y, por supuesto, el tiempo del hombre210. Enumeración cristiana de días y años que atiende –pero que quizás ante todo parece pretender determinar temporalmente– a aquel libro sagrado que enuncia que en este mundo todo tiene su tiempo: un momento para nacer, y un momento para morir; un momento para destruir y un momento para construir; un momento para llorar y un momento para reír; y, por supuesto, un momento para estar de luto, y un momento para estar de fiesta211.

A cada momento, sea de risa, sea de seriedad o sea de llanto, dentro de dicha determinación del tiempo del hombre llevada a cabo por autoridades eclesiales, se le asigna una serie de días, una serie de noches. Cada momento tiene su duración, cada espacio tiene su lugar asignado dentro de aquella “perfección” de la que goza, para el cristianismo, el tiempo de Dios: el tiempo perfecto del Dios cristiano perfecto.

Con el transcurso de los años-siglos y debido precisamente a su uso constante y continua habitualidad, el calendario cristiano se establece en tanto única configuración-modelación “verdadera-seria” del tiempo del hombre occidental. El transcurrir de la vida se enmarca dentro de esta configuración cristiana del tiempo y las autoridades eclesiales, quienes son

210 Cfr. SLOTERDIJK, Experimentos con uno mismo, Op.cit., p. 79. 211 Cfr. Eclesiastés, 3, 1-4.

77 las encargadas de establecer y perpetuar semejante modelación del tiempo del hombre, se constituyen, por ello mismo, en corrientes colonizadoras de aquella vida siempre susceptible de ser colonizada: la vida humana212.

Pero al ser estrictamente entendido dentro del anterior marco de modelación-colonización en que se constituye el calendario cristiano, el carnaval se establece en tanto tiempo lúdico, de recreo y holganza: el tiempo de carnaval sería pues el receso necesario en toda labor de cosecha que permite, finalizado el mismo, retomar las faenas y quehaceres propios de la vendimia en la viña del Señor. El carnaval, comenzado un sábado, finaliza aquel martes de carnaval que es víspera de aquel miércoles de ceniza que inaugura el tiempo de cuaresma: ese tiempo sobrio que se constituye en tanto preparatorio para lo que se concibe como el corazón del año litúrgico cristiano: el triduo pascual. El carnaval se constituye pues, desde esta perspectiva, como la ruptura de la habitualidad pero sólo para retornar a ella213. De ser entendido así, el carnaval se reconocería en tanto parte y breve espacio de aquel único tiempo-calendario cristiano-“verdadero”. Tiempo de carnaval este que, al ser establecido de esta forma, se presenta como afirmador y sustentador, en tanto polución diurna permitida y favorecida por aquellas autoridades eclesiales, de aquel tiempo único, serio, verdadero y cristiano. Tal vez las palabras de Jorge de Burgos, bibliotecario de la abadía donde se desarrolla la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, no suenen ajenas del anterior contexto:

Incluso la iglesia, en su sabiduría, ha permitido el momento de la fiesta, del carnaval, de la feria, esa polución diurna que permite descargar los humores y evita que se ceda a otros deseos y a otras ambiciones… Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. Ya lo decía el apóstol: en vez de arder, casaos. En vez de rebelaros contra el orden querido por Dios, reíd y divertíos con vuestras inmundas parodias del orden… al final de la comida, después de haber vaciado las jarras y botellas. Elegid al rey de los tontos, perdeos en la liturgia del asno y del cerdo, jugad a representar vuestras saturnales cabeza abajo… Pero aquí, aquí… -y Jorge golpeaba la mesa con el dedo, cerca del libro que Guillermo había estado hojeando-, aquí se invierte la función de la risa, se la eleva a arte, se le abren las puertas del mundo de los doctos, se la convierte en objeto de filosofía, y de pérfida teología…214

212 Cfr. CRAGNOLINI, Mónica, “De la palabra y de la música. Derivas en torno al lenguaje y al carnaval”,

Moradas nietzscheanas, Op.cit., p. 186.

213 Cfr. Ibídem, p. 172.

214 ECO, Umberto. El nombre de la rosa, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 2001, pp. 677-678. El libro en

cuestión en dicha narración es el Segundo Libro de la Poética de Aristóteles que, según la novela de Eco, trataría sobre la risa. Se agregaron las cursivas.

78 Pero, ¿por qué a la risa, no sólo en el anterior parágrafo sino en el calendario cristiano en general, se le consideraría como algo de sumo cuidado para el establecimiento, acatamiento e “incorporación” de un modo de vida y de ahí el breve espacio-tiempo –carnavalizado– a ella otorgado? ¿Es pues el carnaval, y con él la risa, entendido meramente dentro de caracteres lúdicos y “oxigenantes” de aquello que se considera como la única configuración verdadera-seria de la vida: la vida católica que pretende alcanzar la vida eterna?

Mencionemos en un primer momento que semejante modelación católica del tiempo, al tener por cimiento a Cristo quien afirmaba de sí “Yo soy el camino, la verdad y la vida”215 y de quien se dice que nunca rió y que tenía por mensaje la aceptación del dolor como camino hacia la vida eterna y verdadera216, concebiría a la seriedad en tanto sinónimo de verdad y modo predominante de vida y “el tomar las cosas en serio” como seguro estatuto de realidad.

Cuando nosotros, quienes a su vez hemos vivido y aún vivimos dentro de esta configuración cristiano-temporal que hemos heredado desde hace poco más de dos milenios (de ahí que hayamos sido modelados en mayor o menor medida por este calendario)217, queremos insistir en la veracidad de algo mencionado se reafirma lo pronunciado diciendo “es en serio”, queriendo con ello otorgar a aquello relatado la garantía de verdad y/o de realidad. Se nos educa desde pequeños dentro de un sistema que entiende por sinonimia verdad/realidad con seriedad. Se le llama la atención al niño que ríe en misa de domingo o a destiempo en clase: en la primera, de ser posible, se le disculpa la inasistencia en veras de no interrumpir o impedir el “normal” desarrollo del culto sagrado, (culto éste de domingo al que todo creyente debe asistir imperativamente); en la segunda, hoy se le reprende, y en antiguas instituciones educativas se le castigaba o se le marginaba a algún lugar del salón en donde se le exponía, con un sombrero que lo calificaba de “asno”, a las miradas de sus compañeros, quienes a la hora del recreo, momento institucionalizado de descanso de la seriedad para más tarde retornar a ella (quizás reproduciendo en tanto institución educativa

215Evangelio de San Juan, 14, 6.

216 Los evangelios no registran ninguna risa de Cristo, por el contrario, muchos aspectos de su mensaje

implican una exaltación del dolor y las lágrimas: “Felices los que lloran…”. Cfr. CRAGNOLINI, “De la palabra y la máscara. Derivas en torno al lenguaje y al carnaval”, Moradas nietzscheanas, Op.cit., p. 182.

217 Hoy en día el que nos sigamos refiriendo a la historia –y a nuestro presente- en términos de Antes de Cristo

o Después de Cristo podría presentarse como exponente de la modelación que aún, hoy por hoy, vivimos desde autoridades eclesiales. Decir que “estamos en el año 2010” ya es de por sí una afirmación carente de inocencia, no siendo pues, tan solo, un recurso historiográfico neutral.

79 la modelación del calendario cristiano), tal vez también reían de quien había sido en un principio castigado por su desatinado reír.

La risa acontece en la era cristiana , sí, pero de hacerlo lo hace, como en aquel colegio, por un breve y localizado espacio de tiempo dentro de este calendario-modelación cristiana del hombre: el tiempo de la risa es el tiempo de la relajación, del receso y del recreo, se circunscribe su presencia a un breve espacio/tiempo –el carnaval– dentro de aquella seriedad enaltecida, “no sea el diablo” que con la presencia continua de ella –de la risa– se le otorgue a ésta un estatuto que llegue a desestructurar y desestabilizar aquella cotidianeidad seria y sagrada de lo “verdadero”. La risa, de ser así, se encuentra cercana a lo dia-bólico218, de ahí que si su presencia se vuelve indiferente hasta tal punto que se ría de lo “sagrado”, la vivencia de grandes desórdenes en la vida de un pueblo acostumbrado a lo “real-serio” podrían llevar a afirmar que “el diablo anda suelto”219.

Pero si algún día (…) el arte de la irrisión llegara a ser aceptable, y pareciera noble y liberal, y ya no mecánico, si algún día alguien pudiese decir (y ser escuchado): Me río de la Encarnación… Entonces no tendríamos armas para detener la blasfemia, porque apelaría a las fuerzas oscuras de la materia corporal, las que se afirman en el pedo y en el eructo, ¡y entonces el eructo y el pedo se arrogarían el derecho que es privilegio del espíritu, el derecho de soplar donde quieran!220

Las cosas, repentinamente privadas del sentido que se les supone, del lugar que tienen asignado en el pretendido orden del mundo [...] provocan nuestra risa. La risa pertenece pues, originalmente, al diablo. Hay en ella algo de malicia (las cosas resultan diferentes de lo que pretendían ser), pero también algo de alivio bienhechor (las cosas son más ligeras de lo que parecen, nos permiten vivir más libremente, dejan de oprimirnos con su austera severidad).221

218 Mónica Cragnolini opone sym-bolos a dia-bolos: si bien el primero remite a una fuerza unitiva que permite

generar perspectivas y armar interpretaciones uniendo sentidos, lo dia-bólico, en tanto opuesto al ámbito de lo simbólico, ha de tener relación con la ruptura después de la unión, con la separación, con la ausencia de sentido. Cfr. CRAGNOLINI, Mónica, Identidad, enfermedad y lenguaje en Nietzsche: la máscara de la locura. En: http://www.nietzscheana.com.ar/identidad_enfermedad.htm Consultada en noviembre de 2009.

219 En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, referencia oficial y seria de la lengua castellana, se

define la afirmación coloquial El diablo anda suelto como el haber grandes disturbios o inquietudes en un pueblo o comunidad o entre varias personas. Cfr. Diccionario de la Real Academia de la Lengua, Op.cit.

220 ECO, Op.cit., pp. 681- 682.

221 KUNDERA, Milán, El libro de la risa y del olvido, trad. de F. de Valenzuela, Buenos Aires,

Sudamericana-Planeta, 1986, p. 96. Citado en: CRAGNOLINI, Mónica, De la risa disolvente a la risa constructiva: una indagación nietzscheana, Op.cit.

80 Tiempo cristiano: el tiempo inaugurado por el nacimiento de un redentor que sentía y pensaba en términos apocalípticos222 e institucionalizado más tarde por autoridades eclesiales. Tiempo pues iniciado por Cristo, aquel quien, también para Nietzsche, nunca rió.

¿Cuál ha sido hasta ahora en la tierra el pecado más grande? ¿No ha sido la palabra de quien dijo: “¡Ay de aquellos que ríen aquí!”? ¿Es que no encontró motivos en la tierra para reír? Lo que ocurrió es que buscó mal. Incluso un niño encuentra aquí motivos.

Él ––no amaba bastante: ¡de lo contrario nos habría amado también a nosotros los que reímos! Pero nos odió, nos prometió llanto y rechinar de dientes223.

“Nosotros los que reímos”. Nietzsche se cataloga a sí mismo, mediante el uso de la primera persona en plural en boca de Zaratustra, como uno de aquellos que ríe en esta vida, uno de aquellos que tiene por vivencia característica el reír, vivencia que, siguiendo el anterior parágrafo, generaría el odio de aquel que condenaba la risa sentenciando “¡Ay de aquellos que ríen!”224. Si recordamos en este momento la relación profunda, para la reflexión nietzscheana, entre la vivencia y el conocimiento de sí, y que fue ya mencionada páginas arriba225, un indagar sobe la risa es pues indagar sobre quién se es, siendo también una indagación sobre la vida misma.

Nietzsche, quien se pregunta por sus vivencias y se reconoce a su vez como filósofo (no al modo de la tradición metafísica existente hasta ese momento sino quizás como filósofo póstumo que toma a la vida como principal motivo de pensamiento), le confiere a la risa un estatuto filosófico en su reflexionar, le otorga “seriedad” (en términos de la tradición: es decir le otorga cabida en el pensamiento) a la risa y de esta manera ríe de la seriedad (cuando ésta última es entendida como exclusiva forma del bien pensar). La seriedad entendida en estos términos es, para Nietzsche, un prejuicio, y tal vez sea prejuicio propio de la reflexión metafísica anterior a él como del cristianismo226. El prejuicio de la seriedad: el que ésta se haya impuesto como única manera de pensar y trabajar bien.

222 Cfr. SLOTERDIJK, Experimentos con uno mismo, Op.cit., p. 79.

223 NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, Op.cit., p. 398. Se agregaron las cursivas.

224 Es Jesús quien dice estas palabras a sus discípulos: “¡Ay de ustedes los que ahora ríen, pues van a llorar de

tristeza”. Cita del Evangelio de San Lucas, 6, 25. Andrés Sánchez Pascual, en nota del Zaratustra, cita el evangelio: “¡Ay de los que reís ahora, porque vais a lamentaros y a llorar!”. Cfr., la cita 534 del Así habló Zaratustra en la edición mencionada.

225 Ver nuestro subtítulo Acerca del envoltorio, la máscara y la piel.

226 Sobre la relación filosofía-cristianismo para Nietzsche: “Es necesario decir a quién sentimos nosotros

81 En la mayoría de los hombres el intelecto es una máquina pesada, sombría, rechinante, que cuesta poner en movimiento: cuando quieren trabajar y pensar bien con esta máquina, lo llaman ‘tomar en serio el asunto’-¡oh, cuán fastidioso tiene que serles el pensar-bien! Tal como parece, la amada bestia hombre pierde el buen humor cada vez que piensa bien: ¡se pone ‘serio’! Y ‘en donde hay risa y jovialidad nada vale allí el pensar’ -así suena el prejuicio de esta bestia seria en contra de toda ‘ciencia jovial’.- ¡Pues bien! ¡Mostremos que es un prejuicio!227

Nietzsche reconoce, para una tradición cristiano-metafísica de la filosofía ante la que él busca enfrentarse, que el momento de seriedad en la dimensión del pensar ha sido identificado con el pensar bien. De ahí que los espacios “no-serios” del pensar, para dicha tradición, se constituyan como simples ensayos o experimentos ante los cuales se puede tener una risa indulgente sobre lo dicho o escrito, puesto que en semejantes ensayos las cosas no son tomadas con tanto rigor como lo exige, y reconoce que debe acontecer, una “reflexión profesional-seria-verdadera”. Citemos a Sloterdijk al respecto de esta contraposición seriedad-ensayo:

El término “ensayo” posee aquí cierto tono ambiguo; casi suena como un alegato a favor de la indulgencia cuando las fuerzas flaquean. Su forma abierta, su debilidad a la hora de argumentar, sus libertades retóricas, su ociosa capacidad de demostración: todo ello habla a favor de circunstancias atenuantes. La mayoría de las veces, no podemos sino asociar tal debilidad con la regresión, así como estas libertades con pasos en falso. En la medida que semejantes relajamientos también tienen que coexistir casualmente con un riguroso intelectualismo, el espíritu dominado por el profesionalismo y la seriedad concede la existencia de una reserva, a la que llama “ensayo” – bajo la cual las cosas no parecen ser tomadas con tanto rigor.228

Ensayar-experimentar, vistos u oídos pues desde esta perspectiva, constituyen una dimensión no seria, es decir, no verdadera o intrínsecamente no valiosa-válida para el pensamiento. Lo que ocurra allí no puede gozar del rigor propio del ser profesional: profesional serio que no duda, ni tantea, ni ensaya, ni experimenta, puesto que la especialización y la certeza es lo buscado y enunciado por él en tanto que son estas características las que le permiten, si se declara propietario de ellas, su contratación dentro entera…”. NIETZSCHE, El Anticristo, Op.cit., p. 37. “Entre alemanes se me comprende enseguida cuando yo digo que la filosofía está corrompida por sangre de teólogos”. NIETZSCHE, Ibídem, p. 39. Pero también las referencias a las consecuencias de la relación pensamiento cristiano-filosofía sobrepasa la frontera alemana: Pascal, para Nietzsche es un ejemplo de ello: “Al cristianismo no se le debe perdonar jamás el que haya arruinado a hombres como Pascal. No se debe cesar nunca de combatir en el cristianismo precisamente eso, el haber tenido la voluntad de despedazar las almas más fuertes y aristocráticas”. Citado por Andrés Sánchez Pascual, nota 18, en Ibídem, p. 128. Con referencia al pensamiento moderno en particular y su relación con la Iglesia cristiana: “Y a la Iglesia la secundaron los filósofos: la mentira de «el orden moral del mundo» atraviesa el desarrollo entero de la filosofía moderna”. NIETZSCHE, Ibídem, p. 60.

227 NIETZSCHE, La ciencia jovial, Op.cit., pp. 187-188. 228 SLOTERDIJK, Peter, El pensador en escena, Op.cit., p. 39.

82 de la división laboral actual del talento, es decir su supervivencia en tanto individuo actual229.

Tal vez el mismo Nietzsche, más de cien años atrás del presente contexto, tuvo experiencia de ello al no prometerse una carrera “lucrativa” ni de alta posición dentro de las esferas académicas al no reconocer como posible el desligar, como sí ocurría en el ámbito académico-institucional con miras a una especialización, en su propia experiencia vital y por provecho en aras de un futuro brillante y famoso dentro de las esferas eruditas existentes, ciencia, arte y filosofía

Propiamente no tengo ambición literaria, y no necesito adherirme a ningún patrón dominante, puesto que no aspiro a ocupar puestos brillantes y famosos. En cambio, cuando llegue el tiempo, quiero hablar con toda la franqueza de que sea capaz. Ciencia, arte y filosofía crecen ahora tan juntos dentro de mí que en todo caso pariré centauros230.

Con respecto a la filología vivo en un alejamiento tan insolente, que no se lo puede pensar peor. La alabanza y el reproche, e incluso todas las más altas glorias por ese lado me hacen temblar. Y así me introduzco cada vez más en mi filosofía y creo ya en mí; más aún, si alguna vez debiera convertirme en un poeta, estoy dispuesto a ello… Este estado de ánimo me permite mirar hacia la posición universitaria entera como hacia algo secundario, más aún, con frecuencia penoso, y hasta aquella cátedra de filosofía me atrae propiamente sobre todo por ti, dado que también esa cátedra la considero tan sólo como algo provisional231.

Nietzsche, quien se postulaba a sí mismo como filósofo póstumo y quien por ello, confiaba en que sus verdaderos lectores le esperaban en un futuro de por lo menos cien años (cuando