La riqueza es un concepto que es valorada de forma muy parcial en función del espectro ideológico o de la concepción teórica desde la que se valora. Desde posiciones neocomunistas se entiende que la misma es la consecuencia de una sociedad injusta en la que un grupo de privilegiados (los propietarios de los medios de producción) sojuzgan y explotan a los trabajadores. Por lo tanto, los ricos son los que encarnan la iniquidad, el abuso y la violencia institucionalizada contra los trabajadores. Estos últimos están legitimados a utilizar la violencia física (revolución) para romper las cadenas de la sumisión y construir una sociedad justa sin explotados ni explotadores.
Por otro lado los liberales entienden que la riqueza es legítima siempre que su origen sea correcto procedimentalmente. Adicionalmente genera incentivos positivos y el enriquecimiento está señalando que se está satisfaciendo de forma muy eficiente las necesidades de los otros agentes económicos. El ejemplo más evidente serian Bill Gates o Mark Zuckerberg, son enormemente ricos pero su riqueza es solo una fracción del bienestar que han reportado a las personas de todo el mundo, por lo que además de generar los incentivos correctos es justo que parte de esos beneficios sean para ellos.
Reconociendo que es un tema en el que no hay consenso y ciertamente polémico por los prejuicios ideológicos, en el presente trabajo se intentarán minimizar los apriorismos y juicios de valor poniendo el acento en estudios que se basan en resultados empíricos100 . Es decir los juicios basados en la ética deontológica no van a ser prácticamente utilizados y nos apoyaremos en argumentos consecuencialistas.
El término que se va a utilizar para referirse a las rentas elevadas o la riqueza es opulencia, tanto porque su definición es la que mejor se ajusta al enfoque del trabajo como porque es un término con menores prejuicios ideológicos que por ejemplo el de riqueza. Según el Diccionario de la Real Academia Española opulencia es en su primera acepción: abundancia, riqueza y sobra de bienes y en su segunda: sobreabundancia de cualquier otra cosa. Es justamente las conclusiones a las que llegaremos después del análisis efectuado, es decir, que una renta o riqueza elevadas (es decir una situación de opulencia) hace que buena parte de esa renta o riqueza sobren e incluso sean dañinas para la persona que la detenta y para la sociedad en su conjunto.
En 1849 el historiador, ensayista y filósofo Thomas Carlyle en Occasional Discourse on the Negro Question acuñó el término ciencia lúgubre para referirse a
100 Realmente la objetividad en el sentido de no tener apriorismos y solo basarse en
la economía. Para ello se basaba en las aciagas predicciones derivadas de los trabajos de Thomas Malthus y David Ricardo. El primero de ellos en Ensayo sobre
el principio de la población de 1798 sostenía que dado que la población crecía a una
tasa geométrica mientras que los alimentos lo hacían a una aritmética la humanidad estaba condenada a la mera subsistencia. Por su parte David Ricardo en su magnum opus principios de economía política y tributación de 1817 establece que dado que el factor tierra es fijo y su demanda debido al crecimiento de la población es creciente, se produciría un incremento en la participación de la renta nacional por parte de los propietarios de la tierra, que en el límite se apropiarían de la práctica totalidad del producto nacional mientras que los trabajadores se verían condenados a cobrar salarios de subsistencia.
De hecho desde que el homo sapiens sapiens puebla el planeta azul hace unos 100.000 años, la vida ha estado atenazada por el yugo de la miseria, dibujando una vida corta, violenta, jalonada por el hambre y por la incapacidad para satisfacer las necesidades más básicas. De forma que si la disciplina económica hubiera existido siglos atrás hubiera sido calificada justamente como la ciencia lúgubre que acuño Thomas Carlyle.
En 1930 el gran economista británico John Maynard Keynes escribió un breve ensayo titulado Economic Possibilities for our Grandchildren (las
posibilidades económicas de nuestros nietos). En él efectuaba un ejercicio de
prospectiva y sostenía que en 100 años el problema económico estaría resuelto, en el sentido de que la prioridad y los mayores esfuerzos a los que dedicamos la vida todos los animales incluidos el homo sapiens sapiens; esto es, la lucha por la supervivencia y la satisfacción de las necesidades más básicas (comida, refugio y seguridad) estaría cubierto para las sociedades ricas (en concreto su prospectiva se refería a Reino Unido).
Como consecuencia de ello estimaba que tres horas al día sería el tiempo que necesitaríamos para satisfacer nuestras necesidades económicas. Asimismo entendía que el referente y los objetivos en la sociedad cambiarían: dado que todo el mundo tendría satisfechas sus necesidades económicas básicas, el estilo de vida a emular no sería el de aquellos que dedican grandes esfuerzos para obtener más renta, ya que ese esfuerzo sería baldío al no materializarse en un mayor bienestar. De hecho aventuró que el nivel de renta per cápita en Reino Unido aumentaría entre 4 y 8 veces y se trabajaría, como se ha explicitado, unas tres horas al día, esto es 15 horas semanales.
Para contrastar las predicciones anteriores podemos utilizar los datos generados por el economista británico Agnus Maddison, compendiados en The
World Economy. A Millennial Perspective. En el caso de Reino Unido cogiendo como
inicio del periodo 1913 y como el final 1998, se observa que la renta per cápita se incrementa en 3.8 veces, lo que se encuentra en el rango inferior de los predicho mientras que las horas trabajadas pasan de 50 a la semana a 28, una reducción
importante pero muy alejada de las 15 horas vaticinadas por Keynes, de hecho es prácticamente el doble de lo predicho. En el caso de España los datos arrancan de 1950. El PIB per cápita se ha multiplicado prácticamente por seis, mientras que las horas semanales de trabajo solo han disminuido en seis pasando de 42 a 36.
Es cierto que el PIB per cápita de España ha partido de valores mucho más reducidos que los de Reino Unido, en concreto en 1950 era de 2397 dólares, frente a los 6907 del Reino Unido, si bien el PIB per cápita de España en 1998 era similar al de Reino Unido en 1980 mientras que en España se trabajaba unas 5 horas más a la semana. Aunque las fechas no son exactamente las fijadas por Keynes de su famoso ensayo podemos colegir que pese a que los incrementos en la renta si han sido del orden de magnitud de los pronosticados por Keynes, la reducción en el tiempo de trabajo ha sido de una magnitud mucho menor.
Para entender la dinámica socioeconómica y sus causas subyacentes a continuación vamos a intentar dibujar los motivos por las cuales en lugar de optar a mayores horas de ocio, hemos decidido seguir dedicando una parte muy sustancial de nuestro tiempo al trabajo remunerado. La primera posibilidad sería que con la renta actual no tuviéramos satisfechas todavía las necesidades básicas de alimentación y refugio. No obstante no parece que esto sea la posibilidad más plausible, de hecho, para los países ricos la obesidad está concentrada en las cohortes más pobres (Wilkinson y Pickett, 2009). Y en relación a las personas sin hogar (eso es la disponibilidad de un refugio) en España, según el INE contabilizaban 22.938101 en el 2012, una cifra que supone el 0.048% de la población. Lo que significa que en los países ricos las necesidades de alimentación y de refugio están cubiertas para la gran mayoría de la población.
Por tanto las explicaciones como sostiene Layard (2003) hay que buscarlas en que una vez que se han satisfecho las necesidades básicas, el consumo y la riqueza es una forma de satisfacer el logro de status y por tanto lo relevante no es el consumo y riqueza absolutas sino principalmente relativas, es decir lo importante es el consumo y riqueza en relación al grupo de referencia. Si una parte sustancial de la población piensa de esa manera estarán haciendo esfuerzos para mejorar su posición relativa por lo que ésta en conjunto permanecerá inalterada. El economista Robert Frank (2010) acuñó el término cascada de gasto para referirse a los gastos que se efectúan en bienes posicionales para no reducir la posición relativa y que se ven acrecentados al incrementarse la desigualdad, con efectos negativos sobre el bienestar.
Para entender mejor las causas y consecuencias del consumo y riqueza actual se puede recurrir a la nueva disciplina conocida como economía de la felicidad que se basa en valoraciones subjetivas de la propia felicidad para estudiar sus determinantes. Un punto de inflexión en su desarrollo e importancia supuso la publicación del pionero artículo de Richard Easterlin publicado en 1974: Does
101la estadística del INE solo contabiliza a las personas sin hogar que han sido atendidas en
centros asistenciales de alojamiento y restauración, por lo que la cifra total de personas sin hogar es sensiblemente superior
Economic Growth Improve the Human Lot? Some Empirical Evidence. La conclusión que desde entonces se conoce como la paradoja de Easterlin fue que la mayor renta sí que aumentaba la felicidad individual para los habitantes dentro de los países analizados, pero los países más ricos no mostraban una felicidad mayor que la de los países menos ricos102. La paradoja se resolvió apelando al hecho de que lo que importaba era la renta relativa, de ahí que una persona mejora su posición sí incrementa su estatus y por ende su felicidad, pero incrementar la riqueza en conjunto (al comparar países más y menos ricos) las posiciones relativas se mantienen sustancialmente iguales y por tanto la felicidad también.
A partir del trabajo seminal de Easterlin se han realizado numerosos estudios, la mayor parte de ellos sostienen que hay un nivel de renta a partir de la cual se alcanza un punto de saturación desde donde la felicidad no se incrementa103. Por ejemplo en Proto y Rustichini (2013) para un conjunto muy amplio de países del mundo incluyendo pobres, de renta media y de renta alta (incluyen asimismo 14 países europeos) concluyen que el punto de inflexión en el que los incrementos de renta ya no generan mayores aumentos en los índices de felicidad esta en torno a los 33.000 dólares104 per cápita. De Inglehart y Klingemann (2000), se deduce que para un ingreso per cápita superior a 15000 dólares para datos calculados en los años noventa105 no se observa relación significativa entre la renta y la felicidad.
El psicólogo Premio Nobel Daniel Kahneman y el economista Angus Deaton publicaron en 2010 un artículo en el que utilizan dos medidas de la felicidad, la primera hace referencia al bienestar emocional, esto es, la calidad emocional de la experiencia diaria definida por la frecuencia e intensidad de experiencias de disfrute, fascinación, ansiedad, tristeza, enfado y cariño. La segunda hace mención a la evaluación de la propia vida. El bienestar emocional es a su vez divido en tres medidas; la primera de ellas, el sentimiento positivo, está definido como la media de tres variables: los reportes de felicidad, el disfrute, el disfrute y la frecuencia de las sonrisas y risas. La segunda, el sentimiento negativo, depende de las preocupaciones y tristeza. Y la tercera y última el estrés. De sus análisis se deriva
102 Hay que tener en cuenta que los países analizados por Easterlin eran países ricos, por
lo que en conjunto las necesidades básicas estaban cubiertas. Otra versión de la paradoja de Easterlin es que la renta no impacta en los índices de felicidad cuando se analizan por medio de series temporales. Por ejemplo la renta per cápita se ha doblado en EEUU entre 1974 y 2004 sin un efecto significativo sobre los índices de felicidad (Proto y Rustichini (2013)).
103 En 2008 los economistas Stevenson y Wolfers publicaron un artículo en el que
sostenían que no se alcanzaba ningún punto de saturación y que para los valores estudiados mayor renta estaba asociada a mayor felicidad, en el 2010 Easterlin y cuatro coautores mas respondían al artículo de Stevenson y Wolfers subrayando que las estimaciones de estos eran a corto plazo y que por tanto la paradoja y lo que ello implicaba se mantenía.
que hasta una renta familiar de 75.000 dólares las tres variables analizadas de bienestar emocional presentan mejorías, pero a partir de ese valor no se observa ningún efecto positivo. De hecho para la variable estrés se advierte un ligero empeoramiento. En evaluación de la propia vida106 para el rango de rentas analizadas (hasta 160.000 dólares al año) no se nota un punto de saturación. Ello puede ser debido a que al preguntarnos por nuestra vida, la comparamos con la de los demás y debido a que el modelo preponderante del éxito y status es tener una renta elevada, riqueza y consumir bienes caros, contra mayor la opulencia la relacionamos con mayor éxito y por lo tanto con una mejor vida.
De Proto y Rustichini (2013) se colige que no solo se alcanza un punto de saturación en los 33.000 dólares per cápita sino que para niveles superiores de renta se observa una disminución de la felicidad.
Otro campo de análisis relevante para entender el efecto de la opulencia son los estudios sobre el materialismo y sus efectos sobre los valores y actitudes prevalecientes. Una sociedad materialista se puede definir como aquella que está basada en un sistema de valores en la que el status social está determinado por el nivel de consumo o riqueza, e igualmente donde la felicidad se piensa que se puede incrementar a través del consumo y la acumulación de posesiones.
Uno de los psicólogos que más ha estudiado el materialismo y su relación con el bienestar107 es Tim Kasser, de sus investigaciones y las de sus coautores (2004) se concluye que aquellas personas materialistas tienen la autoestima más baja (Kasser y Ryan, 2001) un mayor narcisismo (Kasser y Ryan, 2001) y están más preocupadas con las comparaciones sociales y las opiniones de otros (Schroeder y Dugal, 1995), lo que hace que a menudo se sientan mal con ellos mismos (Kasser el al, 2004). Las relaciones amorosas y de amistad en personas fuertemente materialistas son más cortas y caracterizadas más por la inestabilidad que por la confianza y la felicidad (Kasser el al, 2004). También se ha determinado que los valores de las personas materialistas entran en conflicto con aquellos necesarios para proteger el medioambiente (Schwartz, 1996) y están asociados a actitudes más negativas hacia el medioambiente (Saunders y Munro, 2000).
A modo de recopilación de los estudios de la economía de la felicidad se colige que probablemente la opulencia no genera mayor felicidad incluso la disminuye y que las actitudes materialistas, basados en estudios psicológicos, son
106Que se calcula por medio de la llamada escala de Cantril, de modo que se pregunta a la
persona: si te imaginas la mejor posible vida que puedas tener como un 10 y la peor como un cero ¿qué número te asignarías?
107 Un ejemplo brillante de la bajada a los infiernos debido a la obsesión con el status, el dinero y el tener (es decir el materialismo) lo encarna magistralmente Al Pacino por medio de su personaje Tony Montana en la muy recomendable película de Brian de Palma el Precio del Poder.
muy negativas para el bienestar. La conexión entre la opulencia y el materialismo es probable que se produzca por los siguientes motivos:
1.Las cascadas de consumo como sostiene Robert Frank (2010) significan que el consumo de un agente sirve de comparación para el consumo de sus grupos de referencia, de forma que el consumo elevado de los muy opulentos (multimillonarios) supone que para no perder posiciones relativas sus pares y los inmediatamente por debajo (millonarios) deben realizar un consumo elevado y así sucesivamente. Un incremento en el consumo o riqueza de los más opulentos significará que todos, si quieren mantener el status y la posición relativa, deberán también incrementar su consumo. De esta forma la actitud de unos pocos genera externalidades negativas sobre una gran cantidad de personas
2.Como destaca Tim Kasser (2004) un factor que causa que una sociedad sea más materialista es la exposición de la población a modelos y valores materialistas. La existencia de la opulencia va unida por su propia naturaleza a la ostentación, en forma de mansiones, coches de lujo… que son exhibidos convenientemente (ya que recordemos que a partir de un nivel de renta las necesidades “básicas” están cubiertas por lo que el único beneficio percibido por los opulentos consiste en exhibir su riqueza frente a los demás para sustanciar su mejor posición relativa) a conocidos, vecinos, en revistas, televisión108, por tanto a mayor número de opulentos mayor ostentación de riqueza, y por ende, mayor exposición de la población a modelos y valores materialistas ergo mayor materialismo.
3.Si se incrementa la dimensión temporal y se analizan las circunstancias que determinan que el proyecto de una nación sea un éxito o un fracaso en el largo plazo, la referencia se encuentra en el importante libro de Acemoglu y Robinson por qué fracasan los países. A partir de un meticuloso análisis histórico de numerosas sociedades concluye que el elemento definitorio que explica si una nación tiene éxito o si por el contrario fracasa es la naturaleza de sus instituciones. Si preponderan las instituciones extractivas, es decir aquellas que posibilitan que un grupo no generador de riqueza se apropie y fagocite los frutos generados por el resto, en ese caso la sociedad está abocada a la involución o a la desaparición. Por el contrario si las instituciones que predominan son las inclusivas, esto es aquellas que posibilitan que todos los ciudadanos sean participes de los frutos de la sociedad, la sociedad prosperará y perdurará. La existencia de una opulencia significativa o el incremento de esta pueden ser indicios de que las instituciones de una determinada sociedad presentan rasgos extractivos (este argumento también se podría aplicar a la desigualdad). Por lo tanto, siguiendo esta línea argumental, para garantizar el éxito y la perdurabilidad del proyecto nacional seria relevante analizar el origen de la opulencia y en su caso su reducción (y la reducción de la desigualdad).
108Como un ejemplo de exhibición en la televisión española de opulencia de gente anónima
La democracia es entendida por muchos autores como el mejor sistema de gobierno que es posible diseñar109, como así es expresado por Francis Fukuyama en el influyente libro el fin de la historia y el último hombre. Por su parte Amartya Sen en el valor de la democracia refuta que la democracia solo se haya aplicado de forma significativa en occidente y sostiene que se sustenta sobre valores universales que es preceptivo respaldar y expandir. En los países occidentales ricos es el sistema de gobierno por excelencia. La lógica de la democracia representativa hunde sus raíces en las concepciones contractualistas110 clásicas defendidas por Locke en dos ensayos sobre el gobierno civil y por Rousseau en el
contrato social. Se basa en que la soberanía reside en el pueblo y este delega en sus
representantes la gestión de algunos asuntos públicos. De lo que se deduce sumado al principio de la igualdad política que los representantes de los ciudadanos deben ponderar las preferencias e intereses de cada uno de los ciudadanos de manera paritaria. Como se señala en el precio de la desigualdad del Premio Nobel de