CANTAR DE ROLDÁN
V. Cuando el rey Marsil hubo concluido su consejo, llamó a Clarín de Balaguer12, a Estramarín y a su par Eudropín, a
12. MUERTE DE ROLDÁN
CLXVIII. Siente Roldán que su muerte está cercana; por 2259 las orejas se le derraman los sesos. Ruega a Dios que acoja a sus pares y a él el ángel Gabriel. Para que nadie le vitupere coge el olifante y con la otra mano su espada Durandarte. Se dirige a un barbecho situado en dirección a España. Sube a una colina; debajo de dos grandes árboles hay cuatro gradas de mármol; cae boca arriba sobre la hierba verde y allí se desvanece porque tiene cerca la muerte.
CLXLX. Altos son los montes y muy altos los árboles; allí 2271 hay cuatro relucientes gradas de mármol. Sobre la verde hier ba se desvanece el conde Roldán. Durante todo el camino un sarraceno le ha ido mirando; se finge muerto echado junto a los otros; se mancha de sangre el cuerpo y el rostro. Se pone en pie y se pone a correr. Es alto, fuerte y muy valiente, con gran orgullo se apodera de él rabia mortal. Coge el cuerno y la espada de Roldán y dice:
«¡El sobrino de Carlos vencido está! Me llevaré esta espada a Arabia.»
Por el tirón el conde se apercibió de que algo sucedía.
CLXX. Siente Roldán que le quitan la espada; abre los ojos 2284 y le dice estas palabras:
«Que yo sepa no eres de los nuestros.»
Agarra el olifante, pues no quiere perderlo, y le golpea con él en el yelmo gemado de oro. Le parte el acero, la cabe za y los huesos, le hace saltar los dos ojos de la cara y lo de rriba muerto a sus pies. Luego dice:
«¡Cobarde!, ¿cómo has sido tan osado para tocarme, con derecho o sin él? Quien oiga esto te tendrá por un loco. Mi olifante se ha resquebrajado y se le han caído el cristal y el oro.»
174 Cantar de Roldán
2297 CLXXI. Siente Roldán que ha perdido la vista. Se pone de pie haciendo un gran esfuerzo; su rostro ha perdido el color. Ante él hay una piedra oscura en la que da diez golpes con dolor y odio. El acero cruje pero no se rompe ni se mella.
«¡Ayúdame, Santa María! — dice el conde— . ¡Ay, Duran- darte, buena, qué desgraciada fuiste! me muero y no puedo cuidar de vos. He ganado tantas batallas y he conquistado tantas extensas tierras que ahora posee Carlos, el de la barba canosa. ¡Que no os posea hombre que huya ante otro! Un buen vasallo os ha sostenido durante mucho tiempo: no ha brá jamás otro tal en Francia, la santa.»
2312 CLXXII. Roldán golpea en la roca de sardónice124, cruje el acero pero no se rompe ni se mella. Cuando vio que no po día romperla consigo mismo empieza a lamentarlo:
«¡Ah, Durandarte, qué clara y blanca eres! Brillas y llameas contra el sol. Carlos estaba en los valles de Moriana cuando Dios del cielo envió a su ángel para que te diera a un conde capitán; entonces me la ciñó el gentil rey, el magno. Con quisté para él Anjou y Bretaña, le conquisté Poitou y el Mai- ne; le conquisté la franca Normandía; le conquisté Provenza y Aquitania, Lombardía y toda la Romaña; le conquisté Baviera y todo Flandes y Bulgaria y toda la Pulla y Constantinopla donde recibió el homenaje, y en Sajonia donde hizo todo lo que le plugo; con ella le conquisté Escocia e Irlanda125 e In glaterra, donde tenía su residencia126; con ella le conquisté cuantos países y tierras ahora posee Carlos, el de la barba
124 v. 2312: Ms. O desardonie. Los editores interpretan esta palabra,
según los otros manuscritos, como un topónimo, de Cerdaña; pero Se gre explica el error de O como una hipotética confusión con sardoine <
SARDONYX: cf. FEW XI, 229; ed. 1971, pág. 437.
125 El autor del Cantar atribuye a Roldán conquistas ficticias para
Carlomagno. El emperador franco conquistó Lombardía, Romanía Sajo nia (que corresponde a la actual Westfalia) y Baviera. Fue Guillermo el Conquistador quien se hizo con Anjou, Bretaña, Inglaterra y Escocia. Carlomagno sólo pudo conquistar Constantinopla en la literatura: en el cantar de gesta el Pélerinage de Charlemagne.
La batalla de Roncesvalles 175
blanca. Siento dolor y pesar por la espada; prefiero morir a que se quede entre los paganos. ¡Dios padre, no permitáis que Francia se envilezca!»
CLXXIII. Roldán golpea sobre una piedra oscura y la ero- 2338 siona más de lo que os sabría decir. La espada cruje pero no se mella ni rompe sino que rebota hacia el cielo. Cuando el conde se da cuenta de que no puede romperla, muy dulce mente lo lamenta consigo mismo:
«¡Ay! Durandarte, qué hermosa y santísima eres! Hay mu chas reliquias127 en tu pomo: el diente de San Pedro y sangre de San Basilio, cabellos de mi señor San Dionisio y [un retal] del vestido de Santa María; no es justo que los paganos te po sean; debes ser servida por cristianos y que no os tenga un cobarde. Conquisté con vos las extensas tierras que tiene Car los, el de la barba florida, y por ello el emperador es noble y poderoso.»
CLXXIV. Siente Roldán que la muerte se apodera de él, y 2355
que de la cabeza le desciende al corazón. Se ha ido corriendo bajo un pino, se echa de bruces sobre la verde hierba y colo ca debajo la espada y el olifante. Vuelve la cabeza hacia don de están los paganos; lo ha hecho así porque quiere de veras que Carlos y toda su gente digan que el noble conde ha muerto venciendo. Confiesa sus culpas repetidamente y ofre ce a Dios el guante por sus pecados. AOI.
CLXXV. Siente Roldán que su tiempo se acaba. Está sobre 2366 un monte escarpado en dirección a España; y con la mano se golpea el pecho:
«Dios mío, ante tu poder confieso mis pecados, grandes y pequeños, que he cometido desde la hora en que nací hasta el día de hoy en que aquí he sido alcanzado.»
127 En un inventario de reliquias de la Abadía de Le Bec del año 1134 se incluye un diente de San Pedro y un vestido de Santa María; ed. Jenkins, págs. 170-171.
176 Cantar de Roldán
Ha tendido su guante derecho hacia Dios y los ángeles del cielo descienden a él. a o i.
CLXXVI. El conde Roldán se echó bajo un pino, con el rostro vuelto en dirección a España. Empieza a recordar mu chas cosas: tantas tierras que el noble ha conquistado, la dul ce Francia, los hombres de su linaje, a Carlomagno, su señor, que le crió128; y no puede retener los suspiros ni el llanto. Pe ro no quiere olvidarse de sí mismo y confiesa sus culpas y pide perdón a Dios:
«Verdadero Padre, que jamás mentisteis, que resucitasteis a San Lázaro y salvasteis de los leones a Daniel. Proteje mi alma de todo peligro por los pecados que en mi vida cometí.»
Ofrece a Dios su guante derecho y San Gabriel lo toma de su mano129; le sostiene la cabeza inclinada con el brazo, y con las manos juntas llega a su fin. Dios le ha enviado a su ángel Querubín130 y a San Miguel del Peligro del Mar; junto con ellos vino San Gabriel y llevan al paraíso el alma del conde.
128 v. 2 3 8 0 : q u il nurrit < n u t r i v i t, aquí con el significado feudal de «educar, preparar para recibir la caballería».
129 Roldán le devuelve a Dios el guante, como símbolo de que su vasallaje feudal sólo ha podido acabar con su muerte. El ángel Gabriel, como enviado de Dios, lo toma.
130 Se toma Querubín como si se tratara del nombre propio de un ángel y no como uno de los coros angélicos.
Te r c e r a p a r t e
LA VICTORIA DE LOS FRANCOS
1. CARLOMAGNO LLORA ANTE LOS CADÁVERES