• No se han encontrado resultados

MUJER GOLPEADA

In document DANIELA NADEO, FISCAL - Samanta BAires.pdf (página 178-195)

Los dos días siguientes a su inspección in situ del incendio los pasó durmiendo, casi groggy. Apenas beber la solución de sales de hidratación oral que le indicara la médica del SAME y transpirar a lo burro, cambiarse la ropa húmeda y vuelta a dormir. Al tercer día “resucitó” totalmente renovada. El resto de esa semana y el fin de semana, todo desde el celular, la notebook, la tablet, el teléfono fijo, lo que fuera para preguntar, escuchar, decir, convencer, dirigir desde su casa, aunque como le comentara a Donato, “estas dos, Julieta y Lidia, ¡ay Donato! ¡lo hacen mejor que yo!”

Cuando retornó a la fiscalía la semana siguiente fue recibida con alegría y a ella la puso de un humor genial el recibimiento. Aunque notaba que su policía “preferida” estaba algo “ausente”.

– Lidia, ¿tiene un minuto libre? Quisiera preguntarle algo. – la consultaba por el intercomunicador telefónico y quedaban en

encontrarse capuccino por medio en la cocina, habitual lugar de tertulias especiales – Noto a Julieta rara, como ausente, ¿sabe por qué? – a boca de jarro, degustando su capuccino número uno del día de retorno.

– Ahh, se dio cuenta. – sorbo del suyo – Lo que le voy a contar es...

– Off the record. – sonreía a su estilo la Nadeo. – El segundo día después del incendio, se apareció con un vendaje en un ojo. – Daniela contenía el aire – Dos días después se lo sacó, según dijo, conjuntivitis bacteriana, había pedido que se lo vendaran para no contagiar y no faltar, aunque la conjuntivitis agarra a los dos ojos, ¿no? – Lidia asentía y negaba al mismo tiempo, Daniela sabía de sobra qué signficaba – Cuando se lo sacó, yo – acentuaba la palabra – noté el verdoso debajo del maquillaje. Anduvo muy ocupada con todo lo del incendio, no me daba para preguntarle algo, usted no estaba y esto era una locura, en fin... y ahora está así, algo ida. –

remarcaba esta última palabra.

Daniela miraba el resto de su capuccino, lo bebía antes de hablar.

– Lidia, ¿sabe si sigue saliendo con el mismo tipo que alguna vez comentó cuando empezó a trabajar aquí?

– ¿El de Solís? – refiriéndose a la sede de la Policía Federal.

– Sí, ése. – Daniela la miraba sonriente, esta Lidia sabía de todo el mundo – Tenía algún cargo importante ahí.

– Sí, comisario mayor de no se qué. – parca Lidia, aunque con bronca inyectada en los ojos.

– Ya. – notando esto – A ver... ¿usted cree....? – silencio y la miraba, como esperando alguna reacción de su secretaria – ¿usted cree que ese ojo puede tener algo que ver con … – un espacio de silencio a ver si seguía o no con la pregunta – … este tipo?

– ¡Jaaaaa! – mano agitada al aire que resumía todo.

– Okei. – Bueno, si usted fuera yo... jmmmm... ¿qué haría?

– ¡Le hablaría! ¡Desde yaaaa! – Daniela sentía que había hecho una pregunta estúpida – ¿Sabe? ¡A usted la tiene en la gloria! – Daniela fruncía la frente, incrédula – ¡Es su héroe! Bueno, heroína, ¿me entiende? Lo ha dicho mil veces. Que la Nadeo esto, que Daniela lo otro. ¡Y ahora que la tutea! ¡Jaaa! – otra vez el gesto ampuloso con su mano.

Daniela caía en la cuenta que la última vez que había estado con ella, en el incendio, la había tuteado, luego por teléfono había vuelto a tratarla de usted.

– Daniela, hable con ella, deje que se relaje y le cuente, usted es buena para eso, todo el mundo le confía hasta el asesinato que hizo el día anterior. – el asombro de Daniela la hacía sonreír a su secretaria – Una forma de decir, usted sonríe y la gente le confía, ¿me entiende?

era el quid de la cuestión, ahora lo que le taladraba la sesera era la situación de Julieta Laino, su jefa policial, su mano derecha en todo lo que tenía que ver con investigaciones, cuestiones criminalísticas y relación con las distintas fuerzas de seguridad. Tendría que ver cómo encaraba la situación.

No habían pasado dos horas de su retorno que ¡oh casualidad! se aparecía su “padre” seminarista preferido en busca de su habitual porción de medialunas y capuccinos.

– ¡¡Dichosos los ojos que te ven, Daniela!! – exagerando, como siempre, el encuentro, con brazos al aire y cara de emoticono de yahoo.

– ¡Pedro! ¡hoolaaa!

– Me dijeron que te llevaron en ambulancia desde el incendio, moribunda ¡eso es servicio a la comunidad!

– ¡Ay, qué exagerado! Vení, vamos a la cocina y me ponés al día. Porción extra de tarta de ricota.

¡Eso es una jefazaaaaaa!

Detalle de tal y cual, aquél y éste, una y la otra, tal puntero, el otro cana, la parroquia y en media hora Daniela tenía un panorama completo de “su zona” después de su “larga” ausencia por la bronquitis y la recaída después del incendio. Un dato en especial la puso en alerta roja. En la zona “de los paraguayos” había mucho movimiento de cargas.

– ¿Avisaste a los gendarmes?

– Lo saben, ellos tienen ojos como yo. – se servía nueva porción de tarta – Además, los tienen bien vigilados desde adentro.

Daniela suspiraba moviendo la cabeza.

– Eso lo sigue la fiscalía de narcotráfico Daniela, salvo que pase algo o vengan a denunciar, no te van a informar nada a vos.

– Claro, si se agarran a tiros entre las bandas, ahí nos toca a nosotros levantar cadáveres. Mientras tanto, se va cocinando una masacre. – preocupada – Mañana llamo a la fiscalía, a ver

qué me pueden comentar.

Pedro arrugaba los hombros en señal de “y bueh”, no le convencía mucho la medida.

– ¿Tendrás tiempo para un cursito para las mamis? – le preguntaba con la boca “ricotera”.

– ¿Eh?

– Hay acuerdo en la parroquia en que vengas a hablarles sobre la violencia de género y esas cosas.

– ¡¡Noooo!! – no se podía creer que le dieran aire a una atea lesbiana para que fuera exponer sobre el tema.

– ¿Viste cómo cambian los tiempos? Les hice ver un videito tuyo que está en You Tube, una charla que diste en la facultad de psicología y se quedaron con la boca abierta por lo bien que explicás todo, sencillo y claro .

– ¿Yo? ¿Cuándo?

– En un encuentro o algo así, estuviste muy bien. Vas a tener que moderar algunas cositas, como eso del estado capitalista y la iglesia

cómplice, ejem, ya sabés que en la casa de Dios no podés putear a la iglesia y a los ricos.

La hacía reír con ganas y sabía que esa charla con “las mamis” tenía el sello de una iniciativa de Pedro.

Después de ponerse al día con varios autos que habían quedado pendientes cuando se enfermera, se puso a ver el expediente del incendio. No tenía ningún informe de Bomberos y la pizarra que solían usar para los casos álgidos estaba vacía. Ni Lidia ni Julieta habían colgado o escrito nada allí. Las llamó a las dos para hablar el tema.

Para la hora del almuerzo tenían un diagrama de los hechos acaecidos y fotos pegadas, tanto del incendio como de los bomberos y el joven fallecidos. En un costado de la pizarra habían puesto los recortes bajados de internet sobre otros incendios en Londres y Seúl de depósitos de Maiden Files. En el costado opuesto, con signos de interrogación enormes dos titulares sin fotos: “permiso de bomberos” y “expediente de

habilitación en el GCBA10 ”.

– ¡Qué rompecabezas! – exclamaba Lidia mirando el resultado en la pizarra.

– ¿Por dónde comenzamos Daniela? – la Laino estaba confusa.

– Voy a ir a ver al jefe de Bomberos. Si todavía no hay informe, quiero su primera impresión. Ya entraron al depósito y deben tener una idea si fue intencional.

– Entre los uniformados ese es el comentario. – informaba Julieta.

– Llamo para hacer una cita. – se apresuraba la secretaria.

– Gracias Lidia, hacélo después de almorzar. – la tuteaba y la otra se sorprendía gratamente, yéndose hacia su oficina con una gran sonrisa en la cara – Julieta, ¿podemos hablar algo antes que te vayas a almorzar a tu casa?

– ¿No vas a almorzar? – la tuteaba automáticamente, notaba que de ahora en más sería así, lo que le agradaba mucho.

– Después. ¿Vamos al barcito de la esquina? – sorprendía a Julieta con la propuesta, que aceptaba en silencio.

El bar estaba lleno de laburantes en su hora de almuerzo, pero el dueño les indicó que fueran a la mesa del costado de atrás, la que siempre usaban los mozos para su comida.

– ¿Lo de siempre oficial? – preguntaba el mozo. – Para mí sí, para usted... ¿vos – se corregía – Daniela?

– Café doble con crema, gracias. – esperaba a que el hombre se fuera – Te preguntarás por qué acá, ¿no?

– Sí. No solemos venir a charlar acá.

– Es personal y no quiero que nadie nos interrumpa ni escuche, Julieta. Supe que tuviste algunos problemas. – iba directo al tema, con esa sonrisa cálida en la boca y en los ojos que a Julieta literalmente le desarmaba todas las defensas.

– ¡Ah! Lidia, me imagino. – bajaba la vista.

preocupada. – se apresuraba a aclarar – ¿Es tu pareja, no?

– Algo así. – doblaba en varias partes una servilleta de papel – No vivimos juntos.

– Novios cama afuera. – Julieta negaba con un ademán – Ah, el tipo es casado, serías algo así como la amante.

– Ajá. – seguía con el origami con la servilleta, el mozo traía los brebajes y los ponía en la mesa.

– Gracias. – le decía al mozo y ponía nutrasweet en su café con crema – No voy a sermonearte, vos conocés el tema de la violencia hacia las mujeres tanto como yo. ¿Cortaste con el tipo? – la miraba, ahora muy seria.

– Yo sí. – levantaba la vista de su origami y miraba a su jefa a los ojos, los propios enrojecidos – Pero sigue insistiendo.

Daniela se mostraba preocupada, se tomaba un instante largo para pensar bajo la atenta mirada de la Laino.

intervenir si quería hacerlo, pero no iba a pasar por encima de la opinión de su oficial.

– ¿Hablar con él? ¿Denunciarlo? – temerosa.

– Voy a intentar por las buenas, hablar con él, decirle que desaparezca de tu vida y de la vida de tu hija y si no lo hace, que se atenga a las consecuencias. – Julieta no terminaba de entender a qué consecuencias se refería, Daniela se daba cuenta que no la entendía – ¿Las consecuencias? Hablar con sus jefes y te digo que el horno no está para esos bollos en la Federal, Julieta.

La policía bajaba la vista y rompía en llanto.

– Julieta, esto no tiene que ver con vos, el tipo es un machista maltratador hijo de puta. – decía con rabia mientras estiraba la mano para tomar la de su oficial con el origami – ¿Te estás culpando?

– No sé... no quiero joderlo, Daniela. No es un mal tipo y tiene familia, si esto se sabe lo van a bajar de su carrera.

– Será muy buen tipo, familiero y demás, pero es un machista golpeador y que por si fuera poco,

está legalmente armado con una pistola nueve milímetros, lo que lo hace aún más peligroso. ¿Sabés si también le pega a su mujer? – la cara de espanto de Julieta era la mejor respuesta – Si te lo hace a vos, ¿qué creés que pasa con su mujer?

Después de un frugal almuerzo con la vianda que se había traído, pidió a su remisero personal que la pasara a buscar y la llevara al edificio de Solís y Belgrano. El Jefe de Bomberos la esperaba en el edificio central de la Federal y de paso llevaba el nombre y ubicación del tipo con el que estaba saliendo Julieta, iba a buscarlo para hablar con él.

El Jefe de Bomberos le confirmó que habían habido varios focos de incendio y se había utilizado un material acelerante para dar inicio al fuego. También habían fallado los sistemas de emergencia del depósito; no habían funcionado los aspersores que debían rociar y apagar las llamas y se había determinado que las bombas no tenían la presión suficiente y que los depósitos de agua

estaban a la mitad de su capacidad.

– Nuestros peritos concluyeron que el fuego comenzó entre los depósitos 7 y 8, a unos 7 metros de la línea de edificación de la calle. También se encontraron rastros de sustancias combustibles y se estableció que el foco del fuego se produjo por dispositivos colocados al efecto, ya que también se encontraron restos de conductores y transformadores de energía, que no se correspondían con partes de equipos del lugar. Hicieron que se retardaran las alarmas, lo que explicaría la alta temperatura que tenía la pared que se derrumbó, no preveíamos algo así por el tiempo entre el aviso de incendio y nuestro despliegue en la zona. – le explicaba, la frente ceñida de Daniela le hacía notar que no entendía esto último – Le explico. – tomaba una hoja y comenzaba a dibujar en ella mientras explicaba.

– ¿Cuándo tendré el informe oficial de ustedes? – le preguntaba cuando hubo terminado la explicación.

– Queremos repetir algunos peritajes, confirmarlos y apenas tengamos eso listo se lo enviamos.

Se fue de la oficina del Jefe con una idea en la cabeza, “solicitar un peritaje externo”, por más científico y serio que fuera el informe del Departamento de Bomberos de la Policía Federal y el anexo del INTI11

, eran parte de la demanda penal, el mismo Jefe le había comentado la situación y le había sugerido la Universidad Tecnológica Nacional como un peritaje externo idóneo.

Logró ubicar la oficina del Comisario Inspector Rubén Ceballos , ubicada en el segundo piso del enorme edificio sede de la Policía Federal. Se presentó al suboficial que oficiaba de secretario.

– Señora fiscal, adelante. – le decía desde la puerta de su despacho apenas el suboficial le avisaba de su presencia.

– Gracias. – pasaba y tomaba asiento enseguida frente al enorme escritorio del Comisario Inspector

Ceballos.

– Usted dirá, no sé qué puedo hacer por usted. – se sentaba y preguntaba, sin duda sabía que era la jefa de su amante.

– Vengo a pedirle que se olvide de la oficial inspectora Julieta Laino. – el tipo abría los ojos como dos faroles – Que ni la llame, ni la visite, ni nada. ¿Se entiende?

– Señora fiscal, no sé qué le ha dicho Julieta pero lo sucedido fue un accidente que …

– No vine a escuchar su sanata. – levantaba la mano en señal de “detente” y se ponía de pie – Vengo a pedirle de buen modo lo que le he dicho. En caso que no desaparezca de la vida de mi oficial y su hija como le he pedido... – hacía una pausa para mirarlo con el odio reflejado en cada molécula de su ser, algo que el tipo frente a ella alcanzaba a percibir – me veré obligada a recurrir a otras medidas, tanto con las autoridades de este edificio como a interponer una denuncia penal. – el tipo estaba pálido y no atinaba a responder –

Creo que me ha entendido. – se dirigía hacia la puerta pero antes de abrirla se daba vuelta y agregaba – Espero que su esposa no sufra uno de estos accidentes, porque me voy a enterar y me voy a ocupar del caso. – la palidez del tipo iba en aumento – Buenas tardes.

In document DANIELA NADEO, FISCAL - Samanta BAires.pdf (página 178-195)

Documento similar