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Un mundo de hombres

1.1 ¿Quienes son?

CAPITULO 4. OCIO, GÉNERO Y EDAD

4.2 Un mundo de hombres

En los apartes anteriores se trató de mostrar cómo la élite bogotana intentó desde finales del siglo XIX establecer cimientos fuertes del proceso modernizador que le permitiera avanzar hacía el futuro que se planteaba para el país. La estructura caudillista del siglo XIX mantenía lazos de dependencia en las regiones que no habían permitido la necesaria paz, para que se llevaran a cabo los procesos de industrialización urgidos para el país. La ciudad se movía al vaivén de las guerras civiles del siglo XIX. Los hombres que debieron tomar las armas durante estos conflictos, al abandonarlas trataron de plasmar en la ciudad la negación de todo lo que en el pasado había significado violencia y barbarie. Por ser considerados los del sexo fuerte, los hombres debieron levanta la ciudad y el país con un modelo civilizado y progresista.

A finales del siglo XIX la necesidad de desarrollar un estilo de ‘industrialización moderna’, infundió en las élites de la ciudad prácticas que permitieran acercarse cada vez más a este modelo. “De la encomienda se ha pasado a la hacienda. De esta a la hacienda-exportadora y federalista. Al final del siglo se intenta la centralización política y el auge de un capitalismo ‘moderno’.”328 De una élite que vivía en el campo a lo largo del XIX y que habían sido considerados los jefes políticos, sociales y económicos en sus regiones (caudillos), el país asistirá al surgimiento de una élite cuyo centro de actividad estará en las ciudades (pequeña burguesía). El caso por excelencia para Colombia, será el bogotano: La ciudad, según Ratinoff, fue el gran símbolo de la oligarquía liberal, con su concepción de la sociedad basada en el antagonismo entre civilización y barbarie: “La idea de la ciudad considerada como asiento de civilización, y como centro integrador y dinamizador… La ciudad fue concebida como el símbolo y a la vez como el instrumento de las grandes metas de transformación social, como la matriz receptora y generadora de los impulsos modernizantes, como el almacigo que haría germinar las instituciones, los hombres y la cultura que se requerían para lograr la articulación interior del país y su integración en las

corrientes civilizadoras que surgían en las sociedades industriales”.329 Bogotá era el escenario donde estos hombres iban a esculpir la sociedad civilizada que les permitiría integrarse con la economía mundial.

De acuerdo con la tradición que aparece en la literatura y manuales de comportamiento de la época, se exaltaba el principio del trabajo como la única acción posible para contrarrestar los efectos ocasionados por las guerras civiles y la pobreza. Sin embargo, durante las dos últimas décadas del siglo XIX se asistirá a una transformación en la forma de ver la ciudad. Esto no quiere decir que no hubiera una preocupación hacia las prácticas ociosas por considerarlas responsables de la pobreza y el atraso, pero es allí donde veremos cómo la modernización causa sus efectos en la transformación del enfoque tradicional y señorial.330

La jornada de trabajo se desarrollaba a lo largo del día, interrumpida por las horas de las comidas y las tertulias. Estos hombres dedicaban parte del día a tratar de arreglar el mundo, o mejor dicho, el país, ya fuera desde el atrio de la iglesia o desde algunas de las tiendas de la calle Florián o de las Galerías; al tiempo que se discutía sobre la situación política del país, se bebía chocolate y se jugaba al tresillo: “Toda reunión de hombres se mueve siempre, en más de sus tres cuartas partes, en el terreno de la política actual… El sexo fuerte, atento siempre a la política y a todo lo nuevo, se congrega a la tarde, entre las cinco y las seis, después de la comida. El lugar de cita es alguna tienda o comercio, o bien el Altozano, la gran terraza que se extiende delante de la catedral. Y se comentan todas las novedades del día de la manera más exaltada, pero también más despierta e ingeniosa… Pero, en general, el bogotano de la buena sociedad es leal y altruista y, sobre todo, buen amigo.”331

329Citado en Gueisse Guillermo, “Tres momentos históricos en la ciudad hispanoamericana del siglo XIX”,

en Gabriel Alomar, ed. De Theotihuacán a Brasilia. Estudios de historia urbana iberoamericana y filipina, Madrid, Instituto de Estudios de Administración Local, 1987, p. 427.

330 Lleras Alberto, Mi Gente, Memorias: “…Lo importante era que en cuanto terminaran su preparación y

llegaran a la madurez, no se distrajeran en el ocio, o en las muy escasas y pobres diversiones de la época,…” p. 91, esta es la memoria que transmite Alberto Lleras sobre la educación recibida por su padre y sus tíos a comienzos y mediados del siglo XIX.

331 Röthlisberger, Ernst , El Dorado, “Estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana

Los lugares de esparcimiento para los hombres eran mucho más variados inclusive que para las mujeres, ya que iban desde lo lícito hasta lo ilícito, aunque no fuera reconocido por ellos. De tal manera que la élite masculina de la ciudad se procuró momentos de diversión, que no estuvieron permitidos para otros sectores de la sociedad bogotana.332 Algunas de estas diversiones eran vistas por la misma élite como sinónimo de incultura y por lo tanto fueron perseguidas. Sin embargo se lograron mantener a lo largo del siglo XIX y gran parte del XX (algunas hasta nuestros días).

Debido a este tipo de ideas, actividades del pasado como las riñas de gallos o las corridas de toros, inclusive el juego y la prostitución fueron vistos como símbolos de atraso y falta de cultura y civilización, costumbres que se consideraba mantenían a la ciudad en el pasado.

Al no tener muchas alternativas de diversión distintas a las mencionadas, los hombres se mantenían ociosos, situación que responsabilizaba del atraso de la ciudad. Para solucionar eso, la élite se preocupó por procurar sitios distintos adecuados a los deseos de desarrollo, progreso y avance para la ciudad.

En este punto vale aclarar que, generalmente, el tiempo libre ha sido visto como un tiempo totalmente libre, en el cual, sólo el individuo tiene ingerencia: “Ningún hombre puede decir que conoce verdaderamente a un amigo, si no lo ha visto descansando o jugando. Y esto mismo es verdadero para las naciones. Un hombre puede, en las ocupaciones ociosas, seguir su propia inclinación y lo que hace lo hace por su propia escogencia. La costumbre o la pobreza pueden impedirle hacer algunas cosas, que quisiera hacer pero al menos no será obligado a hacer lo que no quiere. Porque si es obligado, ya no se trata del ocio. Sus pasatiempos son suyos y son dictados por el temperamento y dan de él tan claros indicios, como cualquier logro en el trabajo o en la política”333 Sin embargo, se puede apreciar cómo las prácticas del tiempo libre también fueron impuestas por una élite que quería verse y

332 Mejía Germán, Los años del cambio, “En las casas de juego, billares, y tiendas de licor, profusamente

dispersas por la ciudad y frecuentadas por los bogotanos sin distinción de clase o edad, prosperaba la prostitución.” p. 283.

333 Chistina Hole, Sports y pasatiempos ingleses citado en Cincuenta años del Country Club de Bogotá

sentirse civilizada y desarrollada, especialmente los hombres. De tal manera que hablar de tiempo libre en la élite debe incluir una consideración de “conveniencia”, es decir lo que era conveniente a una posición y condición en la sociedad. Por lo tanto, el tiempo libre no era del todo libre, sino que estaba condicionado por las apariencias y necesidades de la élite deseosa de alcanzar posiciones y “posar” de civilizada y progresista.

La necesidad de relacionarse con individuos con intereses semejantes llevó a muchos a frecuentar sitios que en un primer momento parecerían exclusivos para la diversión de las clases bajas, pero debemos entender que esto era debido a los sitios que había: “Para empezar a ambientarse y obtener información sobre el funcionamiento de los negocios en la Sabana se introdujo en las galleras de San Victorino, que como cualquier concurrido club social de hombres de negocios, atraía a los apostadores, comisionistas, orejones y hacendados atentos siempre a los chismes, ofertas y oportunidades de negocios que allí circulaban.”334

Este tipo de sitios estaban muy bien para aquellos que recién llegados de la provincia estaban interesados en hacer los primeros contactos para sus negocios, pero no para quienes que aspiraban ascender socialmente.

Para aquellos que ya habían pasado un tiempo en la capital (e inclusive habían tenido la oportunidad de salir del país), y sabían de la importancia de dejar ver su distinción social, será necesario otro tipo de sitios. La élite bogotana se encargó de crear los sitios adecuados para la interacción social que consideraba más apropiada para ellos. Espacios que permitían el ascenso social tan deseado, “Igualmente importantes como núcleos formadores de opinión eran otros lugares, ya no ubicados en el espacio expuesto de la plaza y la calle sino, por el contrario, aislados de los demás por las paredes de la vida privada: los salones de las casas y de los clubes. De estos últimos, el Gun, inaugurado en 1882, y el Jockey de 1894, fueron los más destacados en la incipiente ciudad burguesa,

334 Luis Fernando Molina Londoño, Empresarios colombianos del siglo XIX, p. 213 y 216, acá el autor se

refiere a la manera como Pepe Sierra empieza a establecer sus primeros negocios en la ciudad, a su llegada a Bogotá.

tanto por las suntuosas recepciones sociales que allí se celebraban como por los comentarios y los debates políticos-amén, por supuesto, de los literarios- que hospedaban sus recintos, sólo para hombres.”335Como es posible entender, estos espacios tan influyentes fueron creados por y para hombres, lugares como estos serían los que constituirían el pequeño mundo en donde la burguesía bogotana se movería: “Un mundo de hombres”.

De acuerdo con autores como José Luis Romero y Guillermo Geisse, el fenómeno de capitales llegados a Suramérica y la transformación en el tipo de producción y manera de manejar los negocios se estaba dando en toda Latinoamérica. Bogotá no sería la excepción: “Quizá el factor más importante de apoyo al liberalismo y las inversiones extrajeras fue la difusión de la ideología del ascenso social individual alimentada por manifestaciones objetivas de progreso.”336 Estas manifestaciones objetivas de progreso se expresan en la creación de estos lugares pero también lo que en ellos se hacía. No es sólo lo que representa el espacio (esto ya ha quedado suficientemente expuesto), es el significante que tiene: que tipo de actividades se realizan en estas esferas, esto quiere decir, el tipo de comportamiento que se asumió en estos espacios quería dejar un mensaje claro de quienes eran aquellos que los frecuentaban. Esto lleva a analizar las prácticas que en el tiempo libre estos hombres de negocios, influyentes en el campo político y social iban a tener, como una forma de establecer cómo a través de las prácticas de tiempo libre también la ciudad vivió la transformación.

Ya se planteó que a finales del siglo XIX, los sitios de diversión culta eran pocos y de esto se lamentaban tanto la prensa como los documentos oficiales337. Estos se reducían a 3 teatros, algunos hoteles con restaurantes, 2 bibliotecas, 1 museo, y muy pocos parques y

335 Mejía Germán, “En busca de la intimidad (Bogotá, 1880-1910), en Jaime Borja Gómez y Pablo

Rodríguez Jiménez, ed., Historia de la vida privada en Colombia, Tomo II, editorial Taurus, Bogotá, 2011, p. 25.

336Gueisse Guillermo, “Tres momentos históricos en la ciudad hispanoamericana del siglo XIX”, p. 418. 337Citado en Mejía Germán, “En busca de la intimidad”, Higinio Cualla, “Mensaje del Alcalde al Concejo

plazuelas.338 Sin embargo, se verá cómo los bogotanos utilizaran todo su ingenio para procurarse mayor diversión culta y civilizada. Por un lado, se apreciará la manera como los hombres de la élite, que tradicionalmente habían hecho del altozano su lugar favorito de reunión, empezaron a buscar lugares distintos e inclusive creados por ellos mismos: los clubes y los cafés.339

Estos espacios eran masculinos, los cafés y especialmente los clubes tenían una condición masculina y estaba muy mal visto que una dama honrada y de buen nombre asistiera a estos salones. La intención marcada de mantener excluidos de ellos a las damas tenía que ver con la concepción masculina de que el tipo de actividades que en ellos se llevaban a cabo no eran apropiadas para las señoras. El juego, los tragos, las discusiones sobre política y literatura no podían ser del interés femenino y, por lo tanto, este sólo hecho las excluía. Eran reservados para varones, de tal manera que allí pudieran dedicarse al solaz y actividades propias de los caballeros sin la molesta presencia de las mujeres.

Estos lugares servían a la vez no sólo para marcar distancia social sino también de género, de tal manera que tanto cafés como clubes se mantuvieron durante décadas como sitio

338 Mejía Germán, Los Años del cambio, Tabla 25, p. 439,440,441.

339Gun Club, “señores: he oído vuestras justísimas quejas contra la vida que llevamos los jóvenes en Bogotá:

vivimos secuestrados de la sociedad, aislados, sin un centro que nos atraiga y reúna, sin distracciones, sin comercio de ideas, sin cambio mutuo y civilizador de ese pan del corazón que se llama el sentimiento.” Extractado del artículo aparecido en “El Tío Juan” con motivo del baile del Gun Club en 1896. p. 54 y 55. La fundación de este Club en 1882, estaría seguida de cerca por la fundación en 1897 del Polo Club, teniendo en cuenta que muchos de los socios del primero lo fueron del segundo.

Ilustración 57

vedado al bello sexo. Cafés, algunos de ellos frecuentados por hombres de toda condición social, poco a poco se fueron distinguiendo unos de otros con el cedazo que ofrecían, los precios que allí eran cobrados, esto permitió una exclusividad burguesa en algunos de estos sitios, que los hicieron famosos.340 En estos lugares se buscaba evadir el chisme y el comentario que se consideraba propio de las mujeres. Si se querían tratar asuntos delicados de la política o los negocios nada mejor que un Café o la biblioteca del Club para hacerlo, alejados de los oídos e intervenciones impertinentes de las mujeres.

Hacía comienzos del siglo XX se verá cómo, poco a poco los cafés irán dando espacio a las mujeres, estableciendo nuevos servicios: “…Bogotá amplió significativamente el número de cafés, los cuales podemos dividir en dos categorías: en primer lugar, el café como sitio de encuentro masculino donde se realizaban tertulias y se practicaban juegos de mesa; y los Cafés-Restaurante, los cuales vincularon al bello sexo y ofrecieron además de la bebida, servicio de restaurante y acompañamiento musical.”341 Sin embargo, otros se mantuvieron de uso exclusivo de los caballeros dando continuidad a la tradición, sobre todo aquellos donde se servía licor, o se jugaba billar u otras actividades no adecuadas para mujeres. Los clubes como ya se mencionó tenían una exclusividad tanto de tipo social como de índole sexual: “Por aquella época se celebraban siempre, con exclusiva asistencia masculina, las despedidas de solteros, con el principio que algún socio mantenía, de que era necesario acompañar a los amigos en los más graves momentos.”342 Si bien es cierto que había oportunidades de reunirse con las esposas e hijas de los socios en tés danzantes o zaraos y conciertos, el club era un espacio netamente masculino, donde no se veían presionados por la presencia de la mujer, hasta el punto que se llegaron a dar algunos escándalos por el alto consumo de licor y expresiones supremamente indecorosas.343 Ya

340 Zanella Adarme Gina María, López Macías Isabel, Bogotá nuevos lugares de encuentro 1894-1930, En

este libro se mencionan principalmente cinco cafés a finales del XIX: Café Madrid Milán, Florián, Italia, La Botella de Oro y Los Portales, p. 28.

341Bogotá, Nuevos lugares de encuentro 1894- 1930, p. 28.

342Gun Club, Bogotá, 1882-1982, p. 30. “En las copas de oporto que se consumían entre el humo azul de

los cigarros; en el bar-cantina entonces- del Club, estrictamente reservado a los caballeros, como aún hoy…” p. 18.

343 Urrego Miguel, Sexualidad Matrimonio y Familia en Bogotá, a propósito del tema el autor referencia un

caso encontrado en A.N.C., sección República, Policía Nal. Nota de pie de página No. 33 p. 212: “En carta al ministro de Gobierno, se afirma que el 9 de agosto de 1892, dos mujeres de la vida pública, Bernardina

que se tenía la seguridad de que sus mujeres no entrarían en este ámbito totalmente masculino los varones aprovecharon para hacer de las suyas.

Estos espacios marcaron la pauta de transición de la élite que abandonaba el siglo XIX y la daba la bienvenida al XX. Con la idea de que en aquellos lugares se hacía patria, muchos de sus fundadores aprovecharon estos ámbitos para mostrarse como influyentes y decisores del futuro de la ciudad. Manteniendo a las mujeres alejadas con argumentos como los que se encuentran en las crónicas y artículos de la época, “La palabra socio no tiene femenino”344, los clubes fueron por excelencia un mundo de hombres. No se encuentran nombres de mujeres entre las listas de sus socios fundadores, lo que nos indica que estos espacios identificaban ideales masculinos.

Con el avanzar del siglo XX las prácticas del tiempo libre y diversiones con las que contaban los hombres se hicieron más elaboradas, “El futboll, al igual que el polo, fue traído de Inglaterra a Colombia por los socios del Polo Club. Los cuatro hermanos Obregón Arjona: José María, Carlos, Mauricio y Pedro, lo introdujeron en el país. Ellos fueron los primeros jugadores y los primeros miembros del Comité de Fútbol del Club. En una entrevista que Pepe Obregón la dio a Fray Lejón recordaba que el fútbol colombiano “fue tachado de brutal y salvaje y de espectáculo no muy propio para señoras, ya que los ‘footbolleros’ salían, poco más o menos, en paños menores.”345 La llegada al país de estos deportes era una muestra más, de la civilidad que sus fundadores tanto pregonaban, inclusive en aquellos momentos en que Colombia se debatía en la guerra.346

López y Carmen Rodríguez, fueron detenidas por poseer pañolón y un candelabro grande, pero el informe de la policía señaló, a propósito de la versión de las mujeres: (…) que al pasar las dos mujeres por la calle real, el señor José María Mier en el club con otros amigos quiso entrarme, que la Rodríguez entró a un cuarto del club en donde hasta una cama y allí este señor tuvo sus relaciones carnales con dicha mujer, que como no le pagara el señor Mier, ella tomó un candelabro que vio sobre la mesa y dijo que se lo llevaba y con él vino a esta inspección. Como este accidente constituye una falta, puesto que los clubs son lugares permitidos por la ley para reuniones enteramente lícitas, no he vacilado en rendir a usted este informe…”; otro episodio es mencionado en la Historia institucional del Gun Club: “En un domingo en que habían tenido lugar unas