EL PROBLEMA DE LA NADA Y NO MÁS BIEN LA NADA?»)
3. EL MUNDO COMO REPRESENTACIÓN Y EL PRINCIPIO DE RAZÓN SUFICIENTE
Probablemente, como dice Philonenko8, la consideración del mundo como representación es la parte más banal y menos original de la filosofía de Schopenhauer, pero es un punto de partida insoslayable para conocer su posición y la deuda contraída con la filosofía kantiana, y, en este pun- to, también con la de Berkeley. La única verdad a priori que reconoce Schopenhauer es que «el mundo es mi representación»9.Esse est percipi, como diría Berkeley, o existencia y perceptibilidad son términos conmu- tables, como dice Schopenhauer. En resumen, conocer no es tanto cono- cer cosas, como conocer el medio, el instrumento gracias al cual las cosas son conocidas. Esa verdad es la forma más general de la experiencia, y se aplica tanto al hombre como a todos los seres que viven y conocen, aunque solo al hombre le es dado tener conciencia de ella.
Tanto en su obra fundamental, como en su tesis doctoral presenta- da en 1813 en la Universidad de Jena bajo el título Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente, se encuentra ese punto de parti- da idealista y kantiano: el mundo es mi representación. Y esta dimen-
8. A. Philonenko,Schopenhauer. Una filosofía de la tragedia, trad. de G. Muñoz- Alonso, Anthropos, Barcelona, 1989, p. 79.
sión representativa y teatral de la existencia sugiere inmediatamente el peso que en el pensamiento de Schopenhauer tiene la cultura ba- rroca. Pues barroca es la consideración del mundo como teatro y como sueño, del mundo como mascarada y carnaval. Este salto entre el parecer y el ser (origen del planteamiento crítico, ya que el realismo supone una correspondencia entre ambas cosas), y esta división teatral entre actores y espectadores, entre el escenario y el patio de butacas, es lo que sostiene en Schopenhauer la consideración del mundo como representación, y sus dos elementos fundamentales.
El mundo como representación «tiene dos mitades necesarias, esen- ciales e inseparables»: el sujeto cognoscente (que representa) y el objeto conocido (representado)10. El sujeto es «aquel que todo lo conoce y de nadie es conocido», mientras que el objeto es la materia de la repre- sentación. Ahora bien, esas dos mitades —sujeto y objeto— se limitan recíprocamente, de tal modo que aquello que no es sujeto es necesaria- mente objeto, y al contrario. Pero hay una zona fronteriza compartida, una «comunidad de límites» consistente en el espacio, el tiempo y la causalidad. Se trata de formas que radican a priori en el sujeto y que son condiciones de posibilidad de aparición del objeto: todo objeto aparece en un espacio, en un tiempo y en una determinada relación con otros objetos; esa relación es necesaria y Schopenhauer la llama nexo causal. El conjunto de aquellas formas —espacio, tiempo y causalidad— recibe el nombre genérico de principio de razón.
A las dos formas puras de la sensibilidad que Kant había señalado —espacio y tiempo—, añade Schopenhauer la causalidad —la única cate- goría que Schopenhauer adopta del sistema kantiano—. Y, para explicar la estrecha relación entre las tres, Schopenhauer advierte que situación y sucesión son, respectivamente, la esencia del espacio y del tiempo11, y son también las condiciones para que algo se nos presente como algo: toda representación se encuentra caracterizada (individualizada) por un determinado orden espacio-temporal (es decir, todo lo que aparece, apa- rece en una determinada situación y en un momento determinado). Ade- más, espacio y tiempo no son solo condiciones formales de la represen- tación, sino principios de individuación. Son principios necesarios, pero no suficientes, puesto que necesitan un contenido, algo que los llene y los ocupe. Eso es justamente la materia que, entendida tradicionalmente comoprincipium individuationis, es para Schopenhauer el contenido del espacio y del tiempo.
10. MVRI, lib. I, § 2, p. 53 (Werke I, 32). 11. MVRI, lib. I, § 4, pp. 56-61 (Werke I, 35-41).
Pero ¿en qué consiste la materia? La esencia de la materia, dice Scho- penhauer, es la causalidad. No se trata de algo estático, sino de algo profunda e intrínsecamente dinámico, en devenir continuo, en perpetuo movimiento: «El ser de la materia consiste en su obrar». Y en obrar si- guiendo una regla. De ahí que Schopenhauer identifique la materia con la causalidad. La facultad correlativa de la materia (o causalidad) es el entendimiento, al que Schopenhauer llama muchas veces el medio de los motivos. Y la más sencilla y originaria de sus manifestaciones es la intui- ción: «el paso del efecto a la causa que lleva a cabo el entendimiento». Así pues, toda intuición, en la medida en que necesita del concurso del intelecto es, según Schopenhauer, intelectual.
El entendimiento trabaja con los datos que previamente le han su- ministrado los sentidos. De ahí que Schopenhauer señale, a propósito de estos últimos, que son «las prolongaciones o tentáculos del cerebro, por medio de los cuales este aprehende los materiales que luego elabora, transformándolos en representaciones intuitivas»12. Por otro lado, el en- tendimiento es una capacidad que el hombre posee en común con el resto de los animales13. Pero la especie humana, por encima del entendimien- to, cuenta con una facultad que trabaja sobre los datos que previamen- te le suministra este último. Se trata de la razón, cuya función consiste en elaborar nociones generales y abstractas que reciben el nombre de conceptos. El objeto del entendimiento es la realidad, entendida como conjunto de fenómenos que se relacionan entre sí mediante el principio de causalidad. El objeto de la razón es la verdad, es decir, «un juicio abstracto con razón suficiente». Sobre la diferencia entre entendimiento y razón cabe entender la distinción entre las dos formas más generales de representaciones —intuitivas y abstractas—, o también la distinción entre la intuición, que está referida inmediatamente a las cosas mismas, y la reflexión, que tiene como resultado el concepto, esto es, una represen- tación de una representación14.
Por su parte, el principio de razón suficiente es el que nos hace pre- guntar el porqué de todas las cosas, de todos los efectos, de todas las consecuencias. Nada hay sin razón suficiente. Este principio, objeto de atención de las filosofías de Leibniz y Wolff, cuyo enunciado clásico es: «nada es sin una razón para que sea, más bien que para que no sea», lo
12. MVR I, lib. I, § 6, pp. 67-73, y II, Complementos, cap. 3, pp. 55-61 (Werke I, 47-55 y III, 35-42).
13. MVRI, lib. I, § 6, pp. 67-73 y II, Complementos, cap. 5, pp. 87-92 (Werke I, 47-55 y III, 72-76).
enuncia Schopenhauer así: «todo cambio tiene su causa en otro cambio que le precede inmediatamente». La preocupación por esta temática data del tiempo en que Schopenhauer redacta su tesis doctoral, presentada en Jena en 1813. Allí distingue cuatro formas en las que puede presentar- se un objeto ante nuestra conciencia, es decir, distingue cuatro tipos de objetos y, de acuerdo con esa división, distingue también cuatro formas en las que puede determinarse el principio de razón suficiente (PRS). De ahí el título de la obra: Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente. La tesis que Schopenhauer defiende allí podría resumirse en el siguiente esquema, en el que se señalan los distintos tipos de objetos, la facultad que se ocupa de ellos, el principio de razón que rige en cada caso y la forma precisa de necesidad que caracteriza cada campo.
OBJETOS FACULTAD PRS NECESIDAD
1. Representaciones
materiales Entendimiento PRS devenir Física
2. Conceptos Razón PRS conocer Lógica
3. Representaciones
formales Sensibilidad pura PRS ser Matemática
4. Sujeto
de la voluntad Autoconciencia PRS actuar Moral
La primera clase de objetos son las representaciones materiales. Es decir, representaciones intuitivas (por oposición a los conceptos, que son abstractos), completas (encierran no solo la forma de un objeto, sino también la materia) y empíricas (tienen su origen en la experiencia). Este tipo de objetos constituye el centro de atención de las ciencias naturales, como, por ejemplo, la física y la química. La facultad que organiza estos objetos, mediante las dos formas puras de la sensibilidad y la categoría de la causalidad, es el entendimiento. La forma del principio de razón recibe aquí el nombre de PRS del devenir, que se aplica exclusivamente a cambios que tienen lugar en este tipo de objetos. Y la necesidad es aquí una necesidad física, en virtud de la cual tan pronto como ha empezado a actuar una causa no puede faltar un efecto15.
La segunda clase de objetos son los conceptos. Cada concepto en- cierra un número indeterminado de representaciones individuales. De
15. Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente, trad. de V. Romano García, Aguilar, Madrid, 1980, cap. IV, pp. 72 ss. (Werke V, 43 ss.).
ahí que los conceptos se refieran a las cosas indirectamente, a través de intuiciones, y sean considerados representaciones de segunda clase, es decir, representaciones de representaciones. La ciencia que tiene como materia de estudio este tipo de objetos es la lógica, que, a partir de ellos, forma juicios y razonamientos. La facultad que rige la formación de conceptos y su combinación en juicios es la razón. El principio recibe el nombre de PRS del conocer, porque no se ocupa de los objetos como tales, sino de la forma misma de la razón. Y la necesidad, en este plano, recibe el nombre de necesidad lógica, en virtud de la cual, cuando se han hecho valer unas determinadas premisas, tiene que darse inevitable- mente la conclusión16.
La tercera clase de objetos (las representaciones formales) está cons- tituida por la parte formal de las representaciones completas. Es decir, se trata de las dos formas a priori de la sensibilidad: el espacio y el tiempo. La ciencia que se ocupa de estos objetos es la matemática. En el tiempo los objetos aparecen bajo un orden riguroso de sucesión, y en el espa- cio, en una situación concreta. De acuerdo con esa distinción se diver- sifica la matemática en aritmética, basada en la ley de la sucesión, y en geometría, que se basa en la ley del espacio (posiciones respectivas de las unidades del espacio). La facultad organizadora de este ámbito es la sensibilidad pura. El principio, referido a la determinación más general de las cosas mismas, es el PRS del ser. Y la necesidad a que obedecen estos objetos es la necesidad matemática: dadas unas ciertas definiciones y unos ciertos axiomas, los cálculos posteriores se deducirán necesaria- mente de aquellos17.
Por último, la cuarta clase de objetos está constituida por uno solo para cada sujeto: el sujeto de la voluntad. El conocimiento no solo está vertido hacia afuera, sino también hacia dentro. Se trata aquí del cono- cimiento que cada cual tiene de sí mismo, pero no en cuanto sujeto cog- noscente (que no es ni puede ser objeto de conocimiento), sino como volente, como sujeto del querer, como voluntad. La facultad que se rela- ciona con este tipo de objeto (el yo como voluntad) es la autoconciencia. El principio se conoce aquí como PRS del actuar o ley de la motivación. Esta última es la causalidad vista desde dentro. Y la necesidad recibe aquí el nombre de necesidad moral. En virtud de esta, una vez dado el motivo, tiene que ejecutarse la acción, que es adecuada únicamente al ca- rácter innato e invariable y, por tanto, sucede tan necesariamente como cualquier efecto sigue a su causa. Esto vale para el hombre y para los
16. Ibid., cap. V. 17. Ibid., cap. VI.
animales, pues ambos poseen entendimiento, y el intelecto es el medio de los motivos18.