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El mundo de las tribus urbanas y de los parches

El siglo XXI se enfrenta a un panorama muy diferente al del siglo XX, donde independientemente de los argumentos esgrimidos para justificar el consumo de droga o la violencia, el mundo enfrenta una profunda crisis económica, desgarrado por conflictos en Afganistán e Irak, crisis de los países europeos, incrementado por el crecimiento del fundamentalismo musulmán, y donde Estados Unidos comienza a perder protagonismo político y económico. Pero las estrategias de la economía de mercado y la sociedad de consumo no han cambiado, y siguen utilizando cualquier actividad o personajes que le produzcan ganancias económicas. Algunos afirman que no es una doble moral sino simplemente, es la moral del lucro y del provecho económico. En estas últimas décadas, particularmente en las grandes ciudades, se comienzan a conformar grupos alternativos como reflejo de una violencia y una crisis social que se confunde con una subcultura que supuestamente, cuestiona la forma de vida de una sociedad consumista individualista y de confort. En el lenguaje popular se le conoce con el nombre de tribu urbana, y está constituida por grupos de personas, en su mayoría jóvenes desadaptados socialmente, que se comportan de acuerdo a las reglas sociales o ideológicas de una propia subcultura, en donde se entremezclan desafíos sociopolíticos o creencias religiosas, místicas, o simplemente problemas de desadaptación individual o social dependiendo del movimiento o tribu urbana al cual pertenece.

El racismo se da como una forma de discriminación de las personas de raza, cultura, piel o características físicas de las personas o culturas diferentes, las cuales son consideradas inferiores en un contexto determinado. Es una problemática

que históricamente ha tenido mucha incidencia en la cultura y la vida social de los países y los pueblos. Aunque históricamente ha existido con características diferentes, se afirma que apareció con mayor fuerza en Europa en el siglo XIX con el fin de justificar la supremacía de una supuesta “raza blanca” sobre el resto de la humanidad. En el siglo XX tuvieron gran relevancia las luchas de la población negra en Sudáfrica contra el apartheid y culminó con la formación de un gobierno multirracial y la jefatura de una persona de raza negra: Nelson Mandela. Las manifestaciones y los prejuicios racistas hacen parte de la cultura occidental, donde los inmigrantes de origen negro, indígenas o asiáticos son objetos de discriminaciones, las cuales se manifiestan directa o indirectamente a través del rechazo laboral, político o cultural. En las grandes urbes han crecido grupos sociales alternativos, tribus urbanas, que se han organizado alrededor de un conjunto de prejuicios y odios contra todas aquellas manifestaciones que supuestamente van contra las reglas morales y sociales del establecimiento. O sea un ideología típica de la extrema derecha, pero expresada a través de grupos al margen de esta sociedad, y que cuenta en ls mayoría de los casos con el beneplácito de estos sectores. Uno de los grupos que han proliferado en la mayoría de las grandes ciudades son los skinhead (cabezas rapadas). Se caracterizan por llevar el pelo cortado al cero, indumentaria pseudomilitar pero con prendas de marca. Les gusta la música Ska y Oi, son en su mayoría de raza blanca, consumen cerveza y tienen por víctimas a los drogadictos, travestis, inmigrantes, judíos, homosexuales y a las personas negras, pero tienen como enemigos a los punks. Su ideología se fundamenta en la limpieza y la higiene, el otro polo del comportamiento punk. La ira que descargan contra travestis y homosexuales no es sino otra forma de limpieza social, en el terreno sexual o racial, tratándose de judíos, negros, etc. En muchos barrios populares, particularmente integrados por inmigrantes, latinos o negros, surgieron como contrapartida de los skinhead, los Sharp (Skin Heads Against Racial Prejudice), grupos que nacieron con el propósito de limpiar la imagen social del movimiento, según ellos perjudicada por los skins asociados a la política extremista de derecha. Son llamados despectivamente boneheads (literalmente “cabezas huecas”). Desde el principio de su fundación, los Sharp se declararon como una agrupación skinhead sin ningún tipo de ideología política, ya que no la veían la como parte del verdadero skinhead, que era una organización apartidista y antirracista, aunque en la actualidad se identifica con el anarquismo. Tienen una apariencia parecida a los “skin heads” racistas, pero se diferencian en que sus botas militares son granates o negras con cordones rojos o negros, cazadoras tipo “bomber” de color granate, el pelo afeitado y demás símbolos característicos. Este grupo se dedica a contrarrestar los actos de los “skins” racistas, a veces incluso empleando la violencia contra ellos, aunque su principal labor es la de informar a la población y limpiar la escena skinhead de racistas (Pere-Oriol, 1996).

Las empresas promotoras de la música rock y grupos musicales o cantantes vinculados a este género, han convertido en artículos de consumo y parte de las estrategias del marketing, las vestimentas y estilos de vida de muchas tribus urbanas que son seguidores de estos grupos. Entre la larga lista de grupos podemos mencionar los góticos (siniestros o gotikos), hardcores, heavies, lolailos, grunges, etc. Los heavies son una de las tribus más difundidas ,sobretodo en las ciudades de provincia y en las clases populares: bluejeans ceñidos, chaqueta de cuero con tachas y camiseta que lleva estampada la imagen de sus ídolos musicales, particularmente el Heavy Metal, constituyen la vestimenta tradicional de esta tribu. Una de sus principales actividades es juntarse los fines de semana a escuchar música, asistir a algún concierto y fumar marihuana. La droga, el alcohol y la excitación musical son los elementos que conllevan manifestaciones violentas, y la mayoría de las veces son causas de peleas y conflictos en estos conciertos. El atuendo característico de los hardcores es la camiseta y la bermuda larga. La cabeza rapada y las rastas los caracterizan. Sus principales actividades consisten en asistir a recitales de música hardcore (Heavy Metal con Punk) y pasar algo de su tiempo con la computadora. La ideología de este grupo podría caracterizarse como apolítica e individualista, aunque más en el espíritu que en las actuaciones. Sus tendencias violentas se manifiestan ante todo con la excitación musical. Surgen en Estados Unidos a mediados de los ochenta, como respuesta al fuerte capitalismo y conservadurismo impulsado por Ronald Reagan. En este grupo el look no está muy definido, porque los hay con melenas, con rastas (deadlocks o trenzas originarias de la cultura rastfari) e incluso con la cabeza rapada. Suelen llevar pantalones amplios, bermudas y camisetas grandes. Les encanta la música hardcore. Su grupo de referencia es el brasileño, Sepultura, y su lema es “Bebe y lucha”. Curiosamente odian el capitalismo y, como dicen muchos de ellos, el borreguismo de la sociedad, pero viven a costa de sus beneficios.

En Inglaterra particularmente, han proliferado una serie de grupos que se difieren de los norteamericanos, porque se destacan por su menor agresividad y sus vestimentas extravagantes, pero siempre conservando un patrón típicamente londinense. Por ejemplo, los MOD-S surgen en Londres del mundo del pub y de la música de los años sesenta. Les gusta la ropa elegante, usan chaquetas oscuras y ceñidas, y pantalones estrechos y cortos. Su vida está llena de espejos, como en las discotecas de moda, de ahí que uno de sus sueños sea tener una moto llena de espejos circulares. Los heavies tienen su origen en el Reino Unido también en la década de los 70. Se declaran antimilitaristas, apolíticos y pacíficos. Se caracterizaban por llevar el pelo largo y jeans ceñidos, chaqueta de cuero con chinchetas y alguna camiseta con la imagen de su ídolo musical, botas militares o deportivas de tobillera alta. Su principal actividad es juntarse los fines de semana a escuchar Heavy Metal, asistir

a algún concierto y fumar marihuana. Los punks nacen en Inglaterra entre 1976 y 1977 como oposición a la decadencia de la cultura. Son fácilmente distinguibles debido a su apariencia: crestas de colores llamativos, chaquetas de cuero, varios aros en sus orejas, tatuajes y botas militares. Mantienen una postura anarquista, antimilitarista y pesimista. Se ven envueltos generalmente en peleas callejeras. La idea era buscar un look agresivo utilizando elementos militares. Odian las normas y, en general, todo lo que supone la política (Pere-Oriol, 1996).

Toda la industria que gira en torno a estos grupos, que a su vez son las extensiones sociales del negocio musical, particularmente del rock, anualmente gana millones de dólares por concepto de discos, conciertos, televisión, ropa, revistas, películas y marginalmente por el consumo de droga. El hecho de asociar el rock a estas tribus urbanas, ha permitido darle un toque de rebeldía a sus composiciones y conciertos, aquel carácter iconoclasta y subversivo que gusta a la juventud. Y en este terreno vuelven a tener plena vigencia los planteamientos de los autores canadienses, Joseph Heath y Andrew Potter, que en su libro Rebelarse vende: el negocio de la contracultura, reivindican aquellos planteamientos que afirman que los movimientos contraculturales han fracasado en sus deseos de transformar la realidad, y que todos ellos, comparten un error fatal en la manera en que entendemos la sociedad, por lo que la contracultura no es una amenaza para “el sistema” sino que lentamente se ha convertido en otro producto que se ofrece en el mercado de consumo capitalista. Los autores de paso cuestionan el tema de la contracultura y su “anticonformismo” como un mito, que de alguna forma domina el pensamiento político, económico y cultural en el que se basa, tanto en el movimiento antiglobalización como el feminismo y el ecologismo, así como otras corrientes de pensamiento que se proclaman a sí mismas como “progresistas”, aunque nos han definido el significado que tiene este término. Si no estuvieran tan estrechamente ligados a los intereses económicos del sistema, sus argumentos serían más dignos de credibilidad, porque la causa lo amerita, pero desgraciadamente muchos de estos movimientos rebeldes son estimulados por el poder económico dominante y para venderlos vacían sus proclamas y producciones de toda razón conflictiva.

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