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III. LAS CATEGORÍAS DE GÉNERO, NÚMERO Y CASO.

3. El número

3.1. El concepto

Muchas de las cosas dichas a propósito del género tienen validez con res- pecto al número, aunque en este caso el problema es más sencillo.

El número es una categoría morfosintáctica que gramaticaliza un conte- nido semántico mucho más evidente: la diferencia entre la unidad o la mul- tiplicidad de las entidades designadas por el nombre. Al igual que el género, en latín se aplica a las clases de palabra nominales y, en la medida en que es una categoría gramatical, tampoco el número es una categoría de semántica estrictamente “natural”, como hemos de ver. Pero a diferencia del género, el número se aplica también a las formas personales de la flexión verbal.

Tipológicamente hablando, en las lenguas en las que el género y el número no están fusionados los morfemas de número suelen hallarse en una posición más periférica que el género con respecto a la raíz, lo que hablaría de un con- tenido menos léxico que el del género y algo más relacional. Aunque esto en latín no es directamente percibible, es interesante conocer el comportamiento de la categoría para explicar por qué, por ejemplo, el número es importante frente al género en la concordancia con el verbo, como después se verá.

Entre las posibilidades de clasificación que aporta el número el latín nos presenta un sistema de dos números: singular para la designación del “uno” y plural para la designación del “más de uno”. Hay muestras de un número dual en estadios indoeuropeos más antiguos que al parecer tendió a la desaparición; lo conservamos en griego clásico, se mantiene hasta la actualidad en lenguas como el lituano o el serbio, y hay muestras de haber sido recategorizado en otras lenguas, como en islandés (Sihler 1995: 245-246).

Desde el punto de vista formal, como hemos dicho, en latín el morfema de número se halla fusionado con el de género y el de caso, de manera que en la mayoría de las formas no es posible determinar qué parte de las desinencias nominales corresponde a cada una de las categorías: en la forma magistratus no es posible individualizar las marcas de las tres categorías; es más, en un ejemplo como éste, si no disponemos de un contexto apropiado, sólo cono- ceremos el género por razones formales morfológicas (lo que indicaría, como se ha visto, su valor más léxico) pero no su número ni su caso. Un latino que oyese su pronunciación es posible que distinguiera entre un Nominativo / Vocativo Singular (magistratus, con u breve en la desinencia) o un Genitivo Singular o Nominativo / Acusativo Plural (magistratus, con u larga): será la concordancia una vez más la que nos determine las diferencias.

3.2. La formación de la categoría: la semántica y la sintaxis

Los nombres son una clase de palabras que se caracteriza semánticamen- te por algunos rasgos: son palabras de semántica muy estable en el tiempo, aglutinan muchos rasgos de significado en unidades muy pequeñas, son los designantes habituales de los objetos concretos físicamente observables y de manera general se refieren a entidades contables e individuadas. El latín men- sa se refiere a un objeto concreto, contable, conceptuado como individual, con muchos rasgos semánticos (clase de objeto, tamaño, forma, material, etc.) cuyo contenido apenas ha variado en muchos siglos. Estos rasgos distinguen a los nombres semánticamente (hay otros rasgos distintivos morfológicos o sintácticos) de adjetivos, verbos, adverbios, etc.

Ahora bien, también conocemos nombres abstractos (amicitia, ira, simi- litudo, etc.) o referidos a entidades que designan masas no contables (aqua, frumentum, plumbum, etc.) o a entidades que en la perspectiva cultural son denominaciones de colectivos de seres más que de individuos (grex, gens, ciui- tas, etc.) o utilizaciones plurales, en último caso, que responden al concep- to empleado en singular como un uso neutralizado con respecto al número (castra, litterae, etc.) (Correa 1989). Con todo, dichos sustantivos son mucho menos frecuentes.

Si acabamos de definir el número como una categoría que gramaticaliza la diferencia semántica entre la unidad y la multiplicidad de los objetos, cabe pensar que se adecua mejor a aquellas entidades que son concretas, contables e individuales, como las designadas por la mayoría de los nombres. Pero como el número se ha convertido en latín en categoría morfológica del nombre, to- dos los nombres deben tener número, incluso aquellos que aparentemente no son individuales, concretos o contables.

III. Las categorías de género, número y caso

Pues bien, si en el género había posibilidades de conflicto en los límites del sistema de adscripción de los nombres a géneros y si el género y el núme- ro aparecen fusionados en latín y ambos trabajan juntos en la concordancia, también en el número vamos a comprobar la existencia de desajustes sintácti- cos en aquellos casos en los que el concepto individualizado por la lengua se refiere a un colectivo de objetos.

También en este terreno las sintaxis tradicionales difieren por su trata- miento entre las cuestiones meramente sintácticas y las que se refieren al ám- bito de al semántica. En los capítulos dedicados al número en manuales como Bassols (1945: 73-91), Hofmann-Szantyr (1965: 12-21) o Kühner-Stegmann (1914, II.2: 67-89) o en tratados como el de Löfstedt (1942: 12-74) se emplea una buena cantidad de páginas en las llamadas anomalías de empleo del núme- ro especialmente en lo que se refiere a la concordancia, pero también en este aspecto es útil una cierta distinción.

3.3. Las ‘anomalías’ del número

En las obras antes citadas se aborda el estudio del número mediante la descripción de diferentes usos de los sustantivos en los que la marca de nú- mero no parece corresponder al significado esperable de la semántica de la categoría, es decir, de aquellos casos en los que el plural parece estar por el singular o viceversa. Como se ha de ver, el problema, como en el género, reside en la confrontación entre el lado formal de la marca de número y el contenido léxico, aparentemente opuesto al esperado. Estos usos reciben de- nominaciones varias a partir de la ‘anomalía’ de su contenido con respecto a su número.

Se habla de singular colectivo, singular elíptico y singular poético. Del mismo modo, se estudia el llamado plural individual, el poético, el sociativo, el distributivo, los plurales de abstractos y los pluralia tantum. Sin detener- nos en cada uno de ellos, vamos a ver en su conjunto el problema común que plantean y a diferenciar entre los aspectos meramente semánticos y aquellos que afectan a la sintaxis.

Se entiende por singular genérico el empleo del singular de un sustantivo para referirse a todos los ejemplares de la clase denominada por él. Así, Roma- nus o Poenus, designa a todos los romanos o a todos los cartagineses, o leo a todos los leones. Es el mismo que en castellano “el cartaginés” o “el león”. El singular colectivo es aquel que designa entidades de contenido plural como hemos visto en ciuitas, gens, etc. Singular poético que es aquel que aparece en dichos contextos y que corresponde a lexemas que en la lengua habitual sólo se emplean en plural: el singular littera con el significado de “carta” frente al

habitual litterae permite disponer de un dáctilo en lugar de un crético para la poesía hexamétrica, algo que Ovidio, por ejemplo, conoce bien.

Respecto a los plurales, el llamado individual corresponde a usos de sus- tantivos plurales, como liberi (“hijos”, “descendencia”) en contextos en los que se refiere a un hijo solo. El poético a los empleos que hacen los poetas de tales formas en casos en que los objetos designados son únicos (pectora por pectus, litora por litus, etc.). El sociativo a los casos en que la primera persona del plural (nos) se refiere en realidad al singular pero el hablante pretende aso- ciar en la acción a los que escuchan (nos = ego). Pluralia tantum son aquellas

palabras que en latín aparecen sólo empleadas en plural, como las fechas del calendario (kalendae, idus, nonae), algunos instrumentos (scalae, “escalera / escaleras”, crepundiae “sonajero”, etc.), partes del cuerpo (uiscera, exta, lum- bi, etc.), fiestas (nuptiae, exequiae, etc.), nombres de lugar (Athenae, etc.) y otros conceptos más.

Hay clasificaciones variadas y más ricas, como las que incluyen los plura- les distributivos, elípticos, mayestáticos, etc., para las que pueden consultarse las páginas de los manuales antes citados. No pueden ser tratados aquí de manera general. Lo importante en estas clasificaciones es hacer notar algunas cuestiones básicas:

(i) Las clasificaciones semánticas responden en general al conflicto entre una categoría formal y general del sustantivo que tiene un contenido semán- tico bastante transparente (“uno / más de uno”) y el desajuste que se percibe entre el significado simple o múltiple de algunos de esos conceptos que obli- gatoriamente han de tener número. Como se ha dicho, en la mayoría de los sustantivos el número se aplica sin problema, tanto más cuanto más prototí- picamente se aproximen a las coordenadas semánticas que configuran la clase de palabra “sustantivo”. Así, no habrá problema entre mensa y mensae, entre puella y puellae, etc. en la medida en que son concretos, contables, físicamente bien delimitados, etc. Pero sí lo habrá en la inexistencia de *scala frente a sca- lae (“escalera”, concepto que, como en castellano, incorpora semánticamente una pluralidad a la vez que una singularidad), ira (concepto abstracto que no debería admitir plurales) frente a irae, uinum (concepto de masa) frente a uina, gens (colectivo), etc.

(ii) En los casos en que el plural es inconcebible conceptualmente, como en los nombres de masa o en los plurales de abstractos, por ejemplo, la economía de la lengua emplea los plurales recategorizándolos para otro fin (Sánchez Salor 1977: 395-423). Así, irae no es el plural de ira en sentido estricto (un número concreto de irae), sino la pluralidad de los actos que la ponen de ma- nifiesto o las clases diferentes de tales actos; uina no es el plural estricto, sino que denota los diferentes tipos del concepto expresado por el singular, etc.

III. Las categorías de género, número y caso

(iii) De todas estas cuestiones en torno al número tan sólo el problema de los colectivos tiene trascendencia sintáctica en el terreno de la concordancia. El resto de las cuestiones es un asunto de la semántica, del valor léxico de los sustantivos y de la conjugación de tal valor con la constitución del número como categoría.