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I. CONTENIDO DE LA SINTAXIS LATINA EVOLUCIÓN Y

5. De la oración al discurso

En los procesos de comunicación las oraciones no aparecen de una en una, sino combinadas entre sí para dar lugar a unidades mayores que llamamos de un modo general ‘discurso’ o ‘texto’. El discurso tiene, como la oración, su propia estructura, con marcas de interrelación semántica entre las oraciones. La forma que adquiere el discurso viene determinada fundamentalmente por las condiciones en que se producen los procesos comunicativos. Kroon (1995: 111), en su estudio sobre las partículas latinas, propone una clasificación de formas del discurso basada fundamentalmente en el número de participantes que intervienen (es decir, si se trata de monólogos o de diálogos). La función textual de las partículas en cada tipo de texto es diferente.

Hay muchos aspectos de la gramática cuya explicación final se encuentra en el discurso. Mencionaremos a continuación algunos de ellos. El más claro de todos es el uso de las partículas, que aparecen articulando las oraciones en unidades textuales mayores. Su funcionamiento se describe en XII.6 y XVII.5.

Un segundo fenómeno que corresponde al discurso es el uso de la anáfora (Tema X) y los fenómenos de elipsis, que sólo pueden explicarse a partir del entrecruzamiento de oraciones: suele aparecer elíptica o señalarse por medio de un pronombre anafórico aquella información que ya ha sido citada y que puede sobreentenderse fácilmente del contexto. Un ejemplo de elipsis se ofre- ce en (49):

(49) quorum illi partem statim dederunt, partem… paucis diebus sese daturos dixerunt. interea suos in agros remigrare iusserunt (“le dieron una parte de ellos (sc. los rehenes) inmediatamente y otra parte… le dijeron que se la darían unos días después. Entretanto, ordenaron a los suyos volver a sus campos”, Caes. Gall. 4,27,6)

En (49) el Sujeto iusserunt es illi, como en la frase anterior, pero no es preciso repetirlo. La propia elipsis del Sujeto es una marca de que el destina- tario de la información debe recuperar ese dato de la frase anterior. Algunos trabajos sobre la deixis y anáfora en el discurso son de Jong (1996, 1998) y Bolkestein (2000).

El tercer fenómeno asociado a la estructura y cohesión del discurso es la elección del Sujeto y los fenómenos de alternancia de voz resultantes (cf. XIII.5). En el ejemplo de (50) se ofrece una ilustración de esto:

II. La oración: concepto

(50) his rebus pace confirmata, … naues XVIII… ex superiore portu leni uento so- luerunt. Quae cum adpropinquarent Britanniae et ex castris uiderentur, tanta tempestas subito coorta est (“confirmada la paz con estos hechos, zarparon del puerto superior con viento suave... dieciocho barcos. Cuando éstos se estaban aproximando a Britania y se les veía desde el campamento, se levantó de repente una tempestad tan grande que…”, Caes.

Gall. 4,28,1-2)

En el texto de (50) se da una información relativa a unas naves que zarpan hacia Britania. Las naves son en la primera frase información nueva (Foco) y en la segunda información conocida (Tópico), recogida por el relativo-anafó- rico quae, con la que se sigue de forma cohesionada el discurso. Una vez que quae, como Tópico que es, se elige como Sujeto de adpropinquarent, la elec- ción de la pasiva del segundo verbo uiderentur es obligada, para poder seguir la secuencia con el mismo Tópico como Sujeto y presentar así la información de forma cohesionada. La asignación de la función Sujeto, por tanto, sólo puede explicarse si tenemos en cuenta la información proporcionada por el discurso en su totalidad.

Finalmente, la secuencia de tiempos y temas aspectuales en los relatos co- rresponde, igualmente, al nivel del discurso, pues es esta secuencia de tiem- pos (cf. XIV.4.4.1) la que permite enlazar las diferentes situaciones descritas, como en (51):

(51) cuius loci haec erat natura atque ita montium angustiis mare continebatur ut ex

locis superioribus in litus telum adigi posset. hunc ad egrediendum nequaquam idoneum locum arbitratus…, ad horam nonam in ancoris expectauit (“tal era la configuración

natural de ese lugar y de tal forma se estrechaba el mar por las angosturas de los montes que desde los lugares más altos podía clavar un dardo en el litoral. Pensando que éste no era en absoluto un lugar adecuado para salir…, esperó anclado hasta la hora nona”, Caes.

Gall. 4,23,3-4)

La elección del imperfecto y el perfecto en estas frases viene determina- da por el relato (Kroon 1998): el imperfecto abre situaciones y las mantiene abiertas mientras sobreviene algún acontecimiento; en (51) aparece en imper- fecto la información sobre las condiciones del lugar; con el imperfecto se crea el escenario dentro del cual suceden los episodios. El perfecto, en cambio, indica un tiempo pasado acabado, idóneo para marcar los episodios, la línea central del relato; expectauit en (51) hace referencia al episodio central que deja el relato preparado para seguir introduciendo información. Sólo en un ámbito más amplio que la oración, por consiguiente, es decir, en el nivel del discurso, se pueden explicar estos fenómenos. Un ejemplo de la disposición de los tiempos en un relato y el efecto que producen puede encontrarse en Torrego (1995a).

Son muchos los fenómenos, por tanto, que ponen en relación la gramática y el discurso y va habiendo también muchos trabajos que estudian esta rela- ción. Se citan, a manera de ejemplo, los de Hilton (1989), Risselada (1998), o Torrego (2002b, 2005) sobre adverbios de tiempo y de fase o proceso en usos discursivos. Una presentación de cómo interactúan de forma complementaria varios de los fenómenos de discurso se encuentra en Rosén (2002). Se trata, con todo, de un campo cuyo estudio y sistematización se encuentra todavía en una fase incipiente y que requiere mucha investigación.

BIBLIOGRAFÍA (para las referencias completas se remite a la biblio- grafía final): Baños et alii (eds.) (2003), Bolkestein (1993, 2000), Cabrillana (1998), Ernout-Thomas (1953) García Velasco (2003), Hilton (1989), de Jong (1996, 1998), Kroon (1995, 1998), Moralejo (1986), Ochoa (2005), Pinkster (1988, 1995), Risselada (1993, 1998), Rosén (2002), Torrego (1995a, 2002b, 2005, 2008a), Torrego (ed.) (1998), Torrego et alii (eds.) (2007), Villa (1989).

RESUMEN: Las categorías nominales del latín (género número y caso) reciben tratamiento en la Morfología y en la Sintaxis con visiones diferentes (§ 1). Por lo que se refiere al Género en particular (§ 2), a partir del carácter funcional de la categoría se estudia aquí la relación entre su semántica y su sintaxis, atendiendo a la organización y evolución del sistema en su aplicación al latín, así como a sus anomalías. Se aborda después el Número (§ 3), su fun- ción y sus relaciones con el verbo, el funcionamiento en latín de su semántica y sintaxis y las anomalías que se manifiestan en su adscripción al nombre. La sintaxis de estas categorías tiene especial incidencia en latín en el fenómeno de la concordancia (§ 4), mecanismo de coherencia referencial. Se presta atención a su importancia en el sintagma nominal, en la relación sujeto-verbo y en la referencia pronominal, con una mención especial a la llamada “concordancia ad sensum”. Se analiza por último, de forma introductoria, el caso (§ 5) como categoría morfosintáctica. Con breve presentación de la sintaxis, semántica y pragmática del caso, se contempla el continuum de los casos, su relación con las preposiciones, algunas visiones diferentes de su estudio y los factores que determinan su número en latín.

III. Las categorías de género,