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N UESTRA RELACIÓN CON EL PASADO, EL PRESENTE Y EL FUTURO

In document Puedo Superarme - Bernardo Stamateas (página 44-48)

La cultura intenta condicionar nuestra relación con el tiempo. ¿Cómo? Por ejemplo, si a determinada edad no has logrado ciertas cosas, se te considerará mal y eso va a ser un problema. Se da por sentado que hemos de estudiar y terminar nuestra carrera a cierta edad para no ser considerado «lento». Una mujer debe casarse y tener hijos antes de los

treinta para que no la llamen «solterona». Cuando las personas tienen fuertemente arraigadas las pautas culturales de lo que se esperaba de ellos, si no logran lo esperado sienten que «se les pasó el tiempo».

Para que esto no ocurra es necesario recordar que no todos maduramos al mismo ritmo y construir una solidez interna para no dejarnos avasallar por los mandatos culturales.

El pasado

Hay personas que no están a gusto con su presente y entonces viven recordando, añorando el pasado. Lo idealizan. Se convencen de que «todo tiempo pasado fue mejor».

No es malo tener recuerdos; la cuestión es no agigantarlos tanto que nos impidan seguir construyendo en el presente. Cuando una persona elige quedarse anclado en el pasado en lugar de mirar hacia delante, tal vez se deba a que le tiene miedo al paso del tiempo. Hay personas que quieren seguir viviendo en una adolescencia eterna, porque consideran que ese tiempo fue el único momento bueno en sus vidas.

Pero sepamos que:

¡Todos los momentos son buenos, porque todos son nuestros momentos!

Por ejemplo, cuando somos jóvenes nuestro don es la fuerza y durante la vejez, la experiencia, pero el crecimiento es permanente.

Por otra parte, hay personas que prefieren olvidar el pasado, cerrarlo, cancelarlo. Lo cierto es que hay que recordar el pasado al completo, porque en él está toda nuestra historia. Todo nuestro pasado nos sirve, tanto los buenos momentos vividos como los recuerdos más dolorosos nos sirven, y por eso no hemos de olvidarlos.

Hay dos formas de recordar situaciones del pasado: afectivamente y racionalmente. Respecto del pasado tenemos buenos y malos recuerdos. Los buenos momentos hay que recordarlos como valor afectivo; tenemos que recordar afectivamente las caricias, las palabras de amor, el cuidado que recibimos, porque al hacerlo traemos esa emoción positiva al presente y la revivimos, volvemos a experimentarla.

Los malos momentos del pasado también deben recordarse, pero en este caso como una experiencia racional que nos deja un aprendizaje. ¿Qué significa recordar racionalmente? Si recordamos un momento triste afectivamente, la tristeza volverá, mientras que si lo racionalizamos y pensamos qué enseñanza nos dejó, qué aprendimos de esa situación, lo transformamos en algo positivo y agradecemos haber pasado por esa situación, porque eso nos permitió aprender qué conviene hacer o evitar en una circunstancia similar.

Por ejemplo, si en el pasado te estafaron, no tienes que recordar afectivamente cómo te sentiste o el dolor que te causó esa situación. Recuerda esa situación racionalmente y

di: «Bueno, me estafaron porque fui demasiado confiado y no puse límites. Ahora he aprendido que, antes de cerrar un negocio, primero he de averiguar bien con quién estoy tratando y que no tengo que prestar dinero a nadie.»

Ese recuerdo triste, esa situación que tanto dolor te causó, algo te enseñó, y recordar ahora esa enseñanza es lo que te va a permitir construir. El problema surge cuando rememoramos los recuerdos agradables racionalmente y los recuerdos tristes afectivamente. Cuando hacemos esto quedamos estancados y no podemos construir hacia delante. Así pues, no se trata de tener amnesia, sino de pensar cómo tenemos que asimilar cada recuerdo según sea agradable o triste.

El presente

¿Qué hemos de hacer con el presente? Construir, entrar en acción. Y hacerlo siempre sabiendo que el mañana también llegará. Por ejemplo, si esta noche decides acostarte a las cuatro de la madrugada y disfrutar el momento, también has de tener en cuenta que mañana te va a costar levantarte temprano para hacer todo lo que tenías planeado. Tienes que saber que toda acción siempre conlleva una consecuencia.

Hay personas que dicen: «Yo vivo el aquí y el ahora.» Esto no sirve, es mentirnos a nosotros mismos. Es cierto que vivimos ahora, pero también tenemos un futuro que va a quedar afectado por las decisiones que tomemos hoy. Tenemos que tratar de disfrutar del presente sin desconectarlo del futuro. Vivir sin tener en cuenta el paso del tiempo es un rasgo adolescente. La idea es vivir el presente en aras del futuro que somos capaces de soñar.

Cuando una persona dice: «Le tengo miedo al paso del tiempo», esto se debe a que ve un futuro negativo, imagina que será un anciano enfermo y amargado. Tenemos que realizar en el presente las acciones necesarias para construir nuestro futuro y así dejar de temerle. Y decirnos cada día: «¡El único que puede construir mi presente soy yo!

El futuro

Hay dos maneras de vivir el futuro: de forma infantil o con inteligencia.

Si a una persona le preguntan: «¿Cómo te imaginas tu futuro?», puede responder: «Pues... no sé... me preocupa perder el trabajo o caer enfermo.»

Esa es una manera infantil de ver el futuro. La forma inteligente de verlo sería pensar: «¿Qué puedo hacer hoy, qué acciones voy a emprender hoy para prepararme por si me despidieran de mi trabajo?», y empezar a programar posibles alternativas frente a esa eventualidad.

Otra forma infantil de pensar en el futuro es asegurar que vamos a brillar en determinada área, aunque hoy no hagamos nada para que eso sea posible. Por ejemplo,

supongamos que un joven dice que quiere ser físico nuclear, pero dejó la primaria y ni piensa en volver a estudiar. Es infantil creer que vamos a lograr algo en el futuro si en el presente no hacemos nada para alcanzar ese sueño. Tenemos que ser prácticos, tomar el control de nuestra vida y empezar a hacer cosas que nos acerquen a los sueños del mañana.

Hay dos maneras de pensar en el mañana:

1. Como distracción. Las personas que ven su futuro como distracción son aquellas que dicen: «Ah... yo me veo ejerciendo como médico», pero no hacen nada para que esto se haga realidad. Esto no es pensar en el futuro, sino en el presente. Lo que están expresando es su deseo de verse así hoy.

2. Como construcción. Significa ver el mañana como algo concreto. En el caso

anterior, la persona se imagina a sí misma en una posición y nada más. Quien ve el futuro como algo que tiene que construir emprende acciones concretas para alcanzar su deseo. Si quiere ejercer la medicina, estudia con entusiasmo esa carrera para obtener su título y emprender una trayectoria profesional. Todos tenemos que cerrar las cosas que iniciamos para no frustrarnos.

Sepamos que cuando alguien empieza a hacer acciones concretas para llegar al mañana que sueña, esa persona tiene el pasado, el presente y el futuro en sus manos.

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