III. LA POSICIÓN ORIGINAL
20. LA NATURALEZA DEL ARGUMENTO EN FAVOR DE LAS CONCEPCIONES DE JUSTICIA
La idea intuitiva de la justicia como imparcialidad es considerar los princi - pios de justicia como el objeto de un acuerdo original en una situación inicial debidamente definida. Estos principios son aquellos que serían aceptados por personas racionales dedicadas a promover sus intereses y que estuvieran en esta posición de igualdad con objeto de establecer los té rminos básicos de su asociación. Habrá que mostrar entonces que los dos principios de justicia son la solución al problema de elección que plantea la posición original. Con objeto de demostrarlo, hay que establecer que, dadas las circunstancias de las partes, sus conocimientos, creencias e intereses, un acuerdo sobre la base de estos principios es el mejor medio para que cada persona alcance sus fines en vista de las alternativas disponibles.
Ahora bien, es obvio que nadie puede obtener todo lo que quiere: la mera existencia de otras personas lo impide. Lo absolutamente mejor para cualquie ra es que todos los demás se le unan en promover su propia concepción del
bien, cualquiera que ésta sea; y de no ser así, que se exija a todos los demás actuar justamente, pero autorizándole a eximirse de hacerlo cuando le pa rezca. Dado que las demás personas jamás convendrían en asociarse en tales condiciones, estas formas de egoísmo serían rechazadas. Sin embargo, los dos principios de justicia parecen una propuesta razonable. De hecho, me gustaría mostrar que estos principios son la mejor respuesta que cualquiera podría dar, por así decirlo, a las correspondientes demandas de los demás. En este sentido, la elección de esta concepción de la justicia es la solución única al problema planteado por la posición original.
Al argumentar de esta manera seguimos un procedimiento familiar en la teoría social: se describe una situación simplificada en la cual individuos ra- cionales que tienen ciertos fines y que están relacionados entre sí de cierta manera, habrán de escoger entre diversos cursos de acción teniendo a la vis ta su conocimiento de las circunstancias. Lo que estos individuos hagan se derivará entonces de un razonamiento estrictamente deductivo a partir de estas presuposiciones acerca de sus creencias e intereses, su situación y las op- ciones que se les ofrece. Su conducta es, según la frase de Pareto, la resul- tante de gustos y obstáculos.1 Por ejemplo, en la teoría de los precios el equi-
librio de los mercados competitivos es considerado como el resultado de una situación en la que muchos individuos, cada uno de los cuales promueve sus propios intereses, ceden a los demás aquello de lo que más fácilmente pueden prescindir, a cambio de lo que más desean. El equilibrio es el resul - tado de acuerdos libres entre comerciantes bien dispuestos. Para cada per - sona la me"jor situación es aquella que pueda obtener mediante el libre in- tercambio compatible con el derecho y la libertad de los demás para promover sus intereses de la misma manera. Es por esta razón por la que este estado de cosas es un equilibrio tal que persistirá mientras no existan cambios ulte - riores en las circunstancias. Nadie tiene incentivos para alterarlo. Si una desviación de esta situación pone en marcha tendencias que la restauren, el equilibrio es estable.
Por supuesto, el hecho de que una situación sea de equilibrio, incluso de tipo estable, no implica que sea justa o correcta. Lo único que significa es que dada la evaluación que los hombres hacen de su posición, actuarán eficaz - mente para conservarla. Sin duda es posible que un balance de odio y hos - tilidad sea un equilibrio estable; cada cual puede pensar que cualquier cam- bio factible será aún peor. Lo mejor que cada uno puede hacer por sí mismo acaso sea un estado de menor injusticia, más que de mayor beneficio. La
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evaluación moral de las situaciones de equilibrio dependerá de las circuns-
1 Manuel d'économie politique (París, 1909), cap. m, § 23. Pareto declara: "L'equilibre resulte précisément de cette opposition des goüts et des obstacles." (El equilibrio es precisamente el resultado de esta oposición entre los gustos y los obstáculos.)
tancias que las
determinen. Es en este punto donde la concepción de la posición original incorpora rasgos característicos de la teoría moral. Ya que mientras la teoría de los precios, por ejemplo, trata de explicar los mo vimientos del mercado mediante presupuestos acerca de las tendencias que efectivamente operan, la interpretación filosófica preferida de la situación inicial incorpora condiciones que se considera razonable imponer en la elección de principios. En contraste con la teoría social, el objetivo es caracterizar esta situación de manera que los principios que resultaran escogidos, cualesquiera que fuesen, resultaran aceptables desde un punto de vista moral. La posición original se define de tal modo que sea un statu quo en el cual cualquier acuerdo que se obtenga sea equitativo. Es un estado de cosas en el cual las partes están igualmente representadas como personas morales y el resultado está condicionado por contingencias arbitrarias o por el equilibrio relativo de las fuerzas sociales. Así, la justicia como imparcialidad es capaz de usar la idea de la justicia puramente procesal desde el comienzo.
Es claro entonces que la posición original es una situación puramente hi- potética. No es necesario que algo parecido a ella haya existido nunca, aunque poniendo en práctica deliberadamente las restricciones que ella expresa po - damos simular los reflejos de las partes. La concepción de la posición origi nal no intenta explicar la conducta humana, salvo en la medida en que trata de dar cuenta de nuestros puntos morales y ayuda a explicar el hecho de que tengamos un sentido de la justicia. La justicia como imparcialidad es una teo ría de nuestros sentimientos morales tal y como se manifiestan en nuestros juicios meditados, hechos en una reflexión equilibrada. Es de suponer que estos sentimientos afectan, en alguna medida, nuestros pensamientos y ac - ciones. Así pues, aunque la concepción de la posición original es parte de la teoría de la conducta, no se deduce de ello en modo alguno que existan en la realidad situaciones que se le parezcan. Lo que es necesario es que los prin- cipios que serían aceptados en tal situación desempeñen su papel en nues tro razonamiento y conducta morales.
Debe notarse también que la aceptación de estos principios no se conjetura como ley psicológica o como probabilidad. Mi ideal es, en todo caso, mos trar que su aceptación es la única elección coherente con la descripción com pleta de la posición original. El argumento intenta a la postre ser estricta mente deductivo. Desde luego, las personas en la posición original tienen una cierta psicología, ya que se formulan varios supuestos acerca de sus creen cias e intereses. Estos supuestos, junto con otras premisas, aparecen en la descripción de la situación inicial. Sin embargo, es claro que los argumentos construidos a partir de tales premisas pueden ser completamente deducti - vos, tal y como lo prueban las teorías políticas y económicas . Deberíamos
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aspirar a una especie de geometría moral con todo el rigor que su nombre indica. Por desgracia, el razonamiento que ofreceré se queda corto con res -
pecto a lo anterior, ya que
es sumamente intuitivo. Aun así, es esencial tener presente el ideal que quisiéramos alcanzar.
Una última observación. Existen, tal y como lo he dicho, muchas interpre- taciones posibles de la situación inicial. Esta concepción variará dependiendo de cómo se conciba a las partes contratantes, cuáles sean sus creencias e intereses, qué alternativas se les ofrezcan, etc. En este sentido existen mu - chas y muy diferentes teorías contractuales. La j usticia como imparcialidad no es sino una de ellas. Sin embargo, el problema de la justificación está, en la medida de lo posible, resuelto, al observar que no existe sino una inter - pretación de la situación inicial que mejor exprese las condiciones que se considera razonable imponer en la elección de los principios, condiciones que además conducen a una concepción que corresponde a nuestros juicios exa- minados en una reflexión equilibrada. A esta interpretación preferida o es - tándar la llamaré la posición original. Podemos suponer que por cada con- cepción tradicional de la.justicia existe una interpretación de la situación inicial en la cual sus principios son la solución preferida. Así, por ejemplo, existen interpretaciones que conducen tanto al principio de utilidad clásico, como al principio de utilidad promedio. En la medida en que avancemos se hará mención de estas variaciones de la situación inicial. El procedimiento de las teorías contractuales proporciona entonces un método analítico gene ral para el estudio comparativo de las concepciones de la justicia. Se intenta establecer las diferentes condiciones incorporadas a la situación contractual en la que se escogerían los principios. De esta manera se formulan los di - versos supuestos subyacentes de los que tales concepciones parecen depen- der. Pero si una interpretación es filosóficamente la preferida, y si sus princi - pios caracterizan nuestros juicios bien meditados, entonces tenemos también un procedimiento de justificación. No se puede saber previamente si existe tal interpretación, pero al menos sabemos lo que hay que buscar.