León Trotsky como Teórico
B. La naturaleza de la economía rusa, o la conversión de un particular dado en nuevo universal
C ada generación de m arxistas debe reform ular su propio m arxism o, y la prueba de su m arxism o reside no tanto en su "originalidad" com o en su "contem poraneidad"; es decir, si responde al desafío de los nuevos tiem pos. Así, T rotsky afirm ó que por grande que hu biera sido su papel en 1917, la prueba de su envergadura dependería de sus realizaciones después de la m uerte de Lenin. L a victoria de Stalin sobre T rotsky n ada significaría si se dem ostraba la validez de los análisis de Trotsky, y si de ese m odo se echaban los cim ientos de la continuidad de la revolución m undial. Lo cual, naturalm ente, es cierto; y precisam ente aquí podem os definir los distintos enfoques m etodológicos de L enin y Trotsky.
C om o vim os, Lenin afrontó el reto de la nuev a situación objetiva del capitalism o m onopolista y el im perialism o tanto desde el punto de vista filosófico com o en un enfoque "m aterialista", m ediante el estudio dialéctico del tem a. C onsideró la situación objetiva y subjetiva com o una unidad, una totalidad que contenía su p ro p io contrario, de cuya contradicción surgiría el im pulso hacia el m ovim iento progresivo. En cam bio, cuando debió afrontar u n a nueva etapa del capitalism o m undial y el sorprendente fenóm eno del stalinism o — no sim plem ente Stalin com o personalidad que a ju icio de Lenin era tan "ruda y desleal" que en su Testam ento pidió que se lo "rem oviera", sino el stalinism o, el nom bre ruso de un partido m onolítico
arm ado con el poder estatal y económ ico— , Trotsky se lim itó a reafirm ar la vieja dualidad entre la teo ría y la práctica en una form a nueva: su concepto de la revolución m undial vs. la "teoría" de Stalin acerca del "socialism o en un solo país".
M ientras una nueva etapa del desarrollo económ ico no hubiera m adurado en la m edida suficiente p ara absorber las m uchas tendencias centrífugas existentes en el seno del partido bolchevique p o día creerse, quizás con razón, que ellas se basaban exclusivam ente en diferencias políticas. Pero hacia 1928 y a no se tratab a de luchas faccionales, y la cuestión no se agotaba tam poco en el reflujo de la m area revolucionaria. E ra un p roblem a interno. El hom bre de la N E P se h ab ía enriquecido, y am enazaba de un m odo tan integral al Estado obrero que Stalin tuvo que rom per con el "socialism o a paso de tortuga" de B ujarin y apresurarse a adoptar "sin autorización" el planeam iento estatal de carácter integral.236
H acia fines del prim er plan quinquenal, en 1932, era m uy evidente que la totalidad del m undo capitalista privado se había derrum bado. L a crisis h ab ía socavado de tal m odo los cim ientos de la "em presa privada", arrojado a tantos m illones al ejército de desocupados, que los obreros, con trabajo o sin él, am enazaban la existencia m ism a del capitalism o. En su form a preexistente el capitalism o — anárquico, com petitivo, explotador y
236 A pesar de la maciza biografía en tres volúmenes de Isaac Deutscher, falta todavía una biografía objetiva digna del hombre y su época. Cuando no se nos ofrecen los vituperios stalinistas o los panegíricos trotskystas, los análisis, en el mejor de los casos (y la obra de Deutscher corresponde al "mejor de los casos"), representan las opiniones del biógrafo, no las del biografiado. No es éste el lugar apropiado para examinar The prophet armed, The prophet unarmed y The prophet outcast [hay edic. en esp.: El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado)], pero no podemos dejar de mencionar dos aspectos. Uno se refiere a los muchos adjetivos con los cuales Deutscher elogia a Trotsky, a pesar de lo cual concluye con una apología stalinista. Por lo tanto, aunque exalta a Trotsky porque fue "el protagonista de la más importante controversia ideológica del siglo", formula esta conclusión: "Por una ironía de la historia, malgré lui el propio stalinismo emergió de su concha nacional" (vol. III, p. 516). El segundo punto, en verdad inadmisible, porque nada tiene que ver con lo que Trotsky pensó, escribió o hizo durante ese período, se refiere a sus últimos años de vida. Como Deutscher discrepa con la creación de la Cuarta Internacional, el último volumen está consagrado al peor y más mezquino tipo de chismes, y apenas se menciona la vida real que Trotsky llevaba: Trotsky, el fundador de la Cuarta Internacional, que consagró su vida a los partidos trotskystas a expensas de todo el resto, incluida la terminación de una biografía de Stalin, aparece relegado a segundo plano por Trotsky, el fiel amante de Natalia.
fra ca sa d o— tuvo que ceder el sitio al planeam iento estatal para salvarse de la revolución proletaria. Tratárase de países ricos com o E stados Unidos, que aún podían — con el N ew D eal— m antener u n a econom ía m ixta, o de A lem ania nazi con su Plan Estatal, o del Japón m ilitarista con la estatización de la esfera de coprosperidad, todo el m undo pasó evidentem ente de u n a etapa m onopolista "simple" a u n a situación nueva. ¿Qué era? A lgunos, por ejem plo B runo R izzi, lo denom inaron "colectivism o burocrático";237 otros lo llam aron "capitalism o de Estado".
Pero ninguno elaboró teorías sobre la base de un estudio riguroso de la
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econom ía rusa.238
Trotsky rechazó sin m ás am bas designaciones. Las "form as de propiedad" ahora se lim itaban absolutam ente a la estatización, pues no sólo se habían abolido las conferencias de producción de la p rim era etapa, sino que los propios sindicatos fueron incorporados al E stado.239 Pero a su ju icio
las form as de propiedad eran lo que confería a la R usia stalinista el carácter inviolable de un Estado obrero, "aunque degenerado". El rasgo stalinista de la burocracia se lim itaba absolutam ente a su condición de "policía" que se arrogaba una parte m ás im portante de la riqueza com o resultado de su "función distributiva". A pesar de que esta concentración de la distribución había sido repudiada por M arx, que la consideraba u n a form a de subconsum o, Trotsky em pleó precisam ente esta m etodología. C ontinuó considerando a R usia un E stado obrero, p o r lam entable que fuese la suerte de sus trabajadores; no im portaba que la dirección fuese u n a burocracia encabezada p o r el "Caín Stalin" — expresión que él acuñó— ; no im portaba que la política exterior incluyese un pacto con H itler; y que los procesos fraguados de M oscú liquidasen al "Estado m ayor general de la revolución".
237 Bruno Rizzi, II collectivismo burocrático (1939) (Imola, Italia: Editrice Galeati, 1967).
238 Los anarquistas afirmaron que Rusia era una sociedad de capitalismo de
Estado un año después de la revolución. Algunos trotskystas alemanes, por ejemplo Urbahns, utilizaron la designación de capitalismo de Estado en las etapas iniciales del stalinismo. Sin embargo, ni los anarquistas ni la primera polémica en las filas trotskystas determinaron un estudio completo del funcionamiento de la economía rusa. Yo elaboré el primero de dichos estudios sobre la base de los tres planes quinquenales. Véase F. Forest, "The nature of the russian economy", New International, diciembre de 1942, enero y febrero de 1943, y nuevamente diciembre de 1946 y enero de 1947.
239 En tiempos de Lenin, Trotsky fue quien propuso "fusionar" los sindicatos con el Estado obrero. Véase mi análisis de ese debate fundamental e nMarxism and freedom, pp. 194-200.
Trotsky m oribundo dejó en herencia a sus partidarios — la C uarta Internacional— la "defensa de la U nión S oviética".
¿Qué m etodología lo llevó a sem ejante conclusión? Éstas son sus propias palabras:
La primera concentración de los medios de producción en manos del Estado que ha sobrevenido en la historia fue realizada por el proletariado con el método de la revolución social, y no por los capitalistas con el método de la trustificación.240
Si L enin había luchado duram ente contra la trasform ación de la realidad del Estado obrero tem prano en u n a abstracción que ocultaba las deform aciones burocráticas, T rotsky continuó haciendo u n a abstracción del Estado ruso, incluso después que el stalinism o lo trasform ó en su contrario, una sociedad capitalista de Estado. Si Lenin previno que un Estado obrero era un a form a de transición, y que la transición p odía realizarse "hacia el socialism o o de regreso al capitalism o", Trotsky lim itó la advertencia acerca de u n a posible restauración del capitalism o "en cuotas" a la restauración del capitalism o privado . N i el hecho de que los trabajadores hubiesen dejado de ejercer cualquier tipo de control sobre la producción m ediante las conferencias de fábrica, ni el hecho de que los propios sindicatos hubiesen sido incorporados al aparato estatal, ni el hecho de que los m edios de producción aum entasen a costa de los m edios de consum o, exactam ente com o en el régim en del capitalism o privado, le im pidieron convertir en fetiche a la propiedad estatal: propiedad nacionalizada = Estado obrero.
C om o todos los fetichism os, el de la propiedad estatal ocultó a Trotsky el curso de la contrarrevolución en las relaciones de producción. A juicio suyo, la constitución stalinista, que legitim ó la contrarrevolución opuesta a octubre, era sim plem ente un elem ento que "crea la prem isa p olítica del nacim iento de u n a nueva clase poseedora". ¡ Com o si las clases nacieran de prem isas políticas! ¡Las m acabras purgas del K rem lin fueron para Trotsky n ad a m ás que la p rueba de que "la sociedad soviética tiende orgánicam ente a expulsar a la burocracia"! Com o creía que la R usia stalinista era todavía un E stado obrero, pensó que los procesos de M oscú habían debilitado al
240 The revolution betrayed [hay edic. en esp.], pp. 247-248. Véase también mi argumentación acerca de estos aspectos en el reciente folleto Russia as state- capitalist society, Detroit, News & Letters, 1973.
stalinism o. De hecho consolidaron su dom inio y lo prepararon para "la gran guerra patria" — es decir, la Segunda G uerra M undial.
Trotsky hablaba de la posibilidad de una restauración de las relaciones capitalistas, pero siem pre era algo que p o d ía ocurrir o que ocurriría, no un proceso que se desarrollaba "ante nuestros propios ojo s" , 241 y que adoptaba la form a sorprendente pero no del todo im prevista del capitalism o de E stad o.242 M ás aún, el pro ceso del m onopolio al capitalism o de Estado ten ía carácter m undial. Trotsky negó el hecho. Rechazó la teoría.
Sin em bargo, la lucha contra el stalinism o tem a cierto aire de autodefensa, no porque Trotsky adoptase una actitud subjetiva en relación con su prop ia jera rq u ía com o líder de la revolución rusa, sino porque
objetivam ente no v eía nada nuevo en el desarrollo capitalista m undial. O curría sencillam ente que su decadencia se h abía acentuado, y en su
241 Racovsky, después de Trotsky el dirigente más importante de la oposición de izquierda, lo manifestó cuando sobrevino la primera serie de capitulaciones de dirigentes de la oposición de izquierda ante Stalin, apenas éste adoptó su plan quinquenal: "Los capituladores se negaron a considerar qué pasos debían adoptarse con el fin de que la industrialización y la colectivización no promoviesen resultados contrarios a los esperados... No contemplan la cuestión principal: ¿Qué cambios determinará el plan quinquenal en las relaciones de clase del país?,
Boletín de la Oposición Rusa, núm. 7, noviembre de 1929, traducción al inglés de la autora.
242 Ya en 1872, en la edición francesa de El capital, Marx había predicho que el desarrollo lógico de la ley de la concentración y la centralización del capital conduciría al capitalismo de Estado. Engels lo repite en su Anti-Dühring, obra leída y aprobada por Marx; y después de la muerte de Marx, en la crítica de Engels al programa de Erfurt, destacando en este caso que por lo tanto "ya no podía considerarse que el capitalismo careciera de plan". En 1907 Kautsky incluyó directamente en el programa de Erfurt el problema de la estatización. Hacia la primera guerra mundial se entendía que este aspecto no era teoría, sino una realidad concreta. No sólo se lo incluye en el popular ABC del comunismo de Bujarin y Preobrazhensky, texto utilizado en todas las escuelas soviéticas, sino que también aparece en el primer Manifiesto de la Internacional Comunista —escrito por León Trotsky: "El control estatal de la vida social, al que tanto se ha opuesto el liberalismo capitalista, se ha convertido en realidad. Ya no es posible retornar a la libre competencia o al dominio de los trusts, los sindicatos y otros tipos de anomalías sociales. El problema consiste únicamente en lo siguiente: ¿Quién controlará en el futuro la producción estatal, el Estado imperialista o el Estado del proletariado victorioso?" Concuerdo. Lástima que Trotsky afirmara lo anterior sólo con criterio de propaganda.
"agonía m ortal" había producido el fascism o. A unque desde el punto de v ista "político" Stalin se había convertido en un ente tan perverso, el hecho no m odificaba "esencialm ente" las relaciones económ icas en Rusia; la propiedad nacionalizada se m antenía intacta. En opinión de Trotsky, excepto la dirección n ad a había cam biado desde la década 1914-1924. Stalin era el "organizador de derrotas" y él, Trotsky, p o día organizar victorias.
N o lo decim os sarcásticam ente, Trotsky fue sin d uda un líder de la ú n ica revolución proletaria v ictoriosa conocida en la historia. L a historia no le negará las victorias que conquistó a la cabeza del com ité m ilitar revolucionario que planeó la insurrección, com o organizador de un ejército rojo form ado con reclutas cam pesinos bisoños que resistieron todos los ataques contrarrevolucionarios de los generales zaristas y otros profesionales m ilitares, com o com isario de guerra, o en el cargo de m inistro de relaciones exteriores.
Pero ésa no es la característica distintiva de un teórico m arxista. P ara el teórico revolucionario, lo que im porta es que la nueva etapa de desarrollo económ ico, al m argen de su denom inación, sea abordada siem pre en
relación rigurosa con el desarrollo subjetivo, la nuev a form a de rebelión de los trabajadores, es decir, los nuevos estratos de la población que continúan oponiéndose a esa etapa del desarrollo capitalista. Y en esta relación se origina la elaboración de u n a nueva relación entre la teo ría y la práctica, de tal m odo que la filosofía de la revolución y sus fuerzas y sus pasiones no se separen.
Com o estos factores no prevalecieron en el análisis de Trotsky, su crítica del stalinism o, aunque perm anente, giró sobre todo alrededor del burocratism o y el ritm o aventurero de la industrialización stalinista. P or eso m ism o se convirtió en prisionero del plan stalinista, m ás o m enos com o los especialistas clásicos de la econom ía política eran prisioneros del fetichism o de la m ercancía, pese a que descubrieron el papel del trabajo com o fuente de todo valor. N o es de extrañar que, en este proceso, el concepto m ism o de socialism o se viera reducido al concepto de propiedad estatal, y al plan estatal. N o obstante las denegaciones de Trotsky, tenem os la p rueb a correspondiente en sus propias palabras — precisam ente en un docum ento tan fundam ental com o el M anifiesto de la C uarta Internacional acerca de la "guerra im perialista y la revolución proletaria":
Volver la espalda a la nacionalización de los medios de producción con el argumento de que, en y por sí misma, no determina el bienestar de las
masas, equivale a promover la destrucción de los cimientos de granito con el argumento de que es imposible vivir sin paredes ni techo.
El "hom bre de octubre" no p od ía h aber caído m ás hondo en la ciénaga de las ideas y la ideología de la burocracia rusa, la cual proponía, en lugar de ideas teóricas, u n a fórm ula adm inistrativa de costos m ínim os y producción m áxim a — es decir, los auténticos ídolos de todos los gobernantes de un sistem a de clases. Com o Trotsky no v eía u na división fundam ental de clases en la lucha contra el stalinism o, era inevitable que la lucha se redujera al problem a del liderazgo. A l principio de su exilio, T rotsky redujo el problem a de la m etodología revolucionaria a la cuestión de la intuición:
No es posible realizar una gran obra sin intuición —es decir, sin el sentido subconsciente de que, si bien puede desarrollársela y enriquecérsela mediante el trabajo teórico y práctico, debe arraigar en la naturaleza misma del individuo. Ni la educación teórica ni la rutina práctica pueden remplazar a la agudeza política que permite aprehender una situación, ponderarla globalmente y prever el futuro. Este don cobra decisiva importancia en períodos de cambios y rupturas súbitos —es decir, en las condiciones de la revolución. Creo que los acontecimientos de 1905 revelaron en mí esta vida ulterior.243
H acia fines de la década de 1930 el dualism o entre la teoría de la revolución m undial y la p rá ctica de la defensa del "socialism o en un país", com o si éste fuera en efecto un país socialista, determ inó u n a m ultitud de diferentes contradicciones. Com o los análisis de Trotsky acerca de la naturaleza del stalinism o carecían de fundam ento en el concepto de clase, se trató a la "teoría del socialism o en un solo país" propuesta p or Stalin com o u n a nueva form a de reform ism o, que m erecía se la com batiera en ese sen tid o:
Asimismo, la teoría de Stalin-Bujarin aparta del camino internacional a la revolución nacional. La política actual de la Internacional Comunista, su régimen y la selección de su personal dirigente corresponden por completo a la degradación de la Internacional Comunista, reducida a la condición de un organismo auxiliar que no está destinado a resolver tareas independientes.244
243M y life, p. 185.
244 Founding conference o f the Fourth International, "Imperialist war and proletarian revolution", Nueva York, Socialist Workers Party, 1939.
Com o no alcanzó a identificar la aparición de u n a nuev a etapa de la econom ía m undial, ni a advertir la trasform ación de clase en la propia Rusia, era natural que no visualizara a los stalinistas com o pretendientes al po d er m undial. El pacto H itler-S talin en n ada m odificó el concepto de Trotsky de que durante la segunda g uerra m undial los partidos com unistas harían lo que los social- dem ócratas habían hecho durante la p rim era guerra m undial, de m odo que cada partido capitularía ante su propia burguesía nacional. Luego, la C uarta Internacional denunciaría a los traidores, y conquistaría al proletariado, que se había m antenido "inm aduro". ¡Y todo esto, después de la revolución española! N o es de extrañar que la C uarta Internacional naciera m uerta.
C. Dirección, dirección
Trotsky escribió m ucho acerca de la actividad que Lenin desarrolló para "rearm ar" al partido bolchevique después de abril de 1917, y gracias a la cual fue posible la conquista del poder en octubre. N u nca form uló ningún com entario acerca de la ruptura filosófica de Lenin con sus posiciones anteriores. En todo caso, aquí no se trata de "rearm e" del partido p o r Lenin, un aspecto al que indirectam ente se hace aparecer com o si se tratara de un a "adhesión" a la teo ría de la revolución perm anente de Trotsky. Lo que nos im porta aquí es que T rotsky no se h abía "rearm ado", ni contem pló una reorganización filosófica de su pensam iento cuando debió afrontar la traición de la Segunda Internacional en 1914, o de la tercera a m ediados de la década de 1930, cuando al fin convocó a la creación de u n a nueva