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APROXIMACIONES A UN ESTADO DEL ARTE

6.2 Naturaleza y características de las interacciones

Dada la descripción de las interacciones de los editores con los demás agentes en el campo editorial independiente de la Zona Metropolitana de Guadalajara presentada en el capítulo previo, conviene ahora establecer, a partir de los datos, la naturaleza de estas interacciones. Ubicamos tres tipos de interacciones definidas tanto por el contacto entre los agentes como por las acciones que éstos desarrollan a partir del diálogo entre ambos. Por tanto, la primera es una interacción cara a cara, entre el editor y los demás agentes (colegas, autores,

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impresores, distribuidores, agentes del espacio público) en donde el editor asume la responsabilidad. Es él la fuerza que mantiene la cadena y son sus decisiones las que impulsan el ciclo de producción del libro. La característica de esta interacción es la de un diálogo cercano, pero discontinuo y mayormente vulnerable ya que sus resultados no provienen de una estructura, sino que están anclados a la variabilidades de tiempo y espacio entre los agentes, y justamente de esta emergencia se desprenden las prácticas de los editores, por ello la nombramos interacción cara a cara con acción del editor.

Por su parte, bajo la misma naturaleza cara a cara entre el editor y los demás agentes que componen el campo, otro tipo de interacción es la que se establece desde la co- participación en la realización de prácticas que pudieran ser del editor, tanto de adquisición de contenidos, producción y distribución del libro, en la que autores e impresores, principalmente, comparten la responsabilidad económica y simbólica, precisamente, de producción y distribución. De tal forma, reconocemos a este tipo de interacción como cara

a cara con reacción mediada, en ésta ponderamos la capacidad de acción de agentes

diferentes al editor, característica que identifica a los editores independientes de otros campos editoriales en los que el riesgo en la inversión de capitales no se comparte con los autores, y el peso institucional no es significativo.

Además de las interacciones cara a cara, la interacción a través de la mediación tecnológica está presente, aunque en menor medida, cuando el contacto entre el editor y los autores extranjeros, principalmente, no se puede dar por otro medio. En los demás casos, a pesar de que el contacto puede darse a través de la mediación por computadora, la interacción en espacio y tiempo termina por preponderar entre los agentes, que prefieren entablar un diálogo y establecer los lazos de intimidad y reciprocidad con los autores y pares, principalmente.

Al respecto, en las interacciones cara a cara con acción del editor y con reacción mediada resalta el diálogo como elemento primario de sentido que da confianza y con ello propicia el establecimiento de relaciones de largo plazo. Estos valores describen al capital social, en muchos casos enmarcados por la definición “independiente”, del que comienzan a surgir redes en proceso de establecimiento e identificación, de co-participación y cooperación, pero al mismo tiempo de juegos de no identificación entre agentes,

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discrepancias y rupturas entre los editores de la ZMG, con quienes ya establecieron redes

con otros agentes y quienes están fuera de éstas.

Valga contrastar este fluyo dialógico de pequeñas células en búsqueda de sobrevivencia con el que se genera en el sistema editorial dominante, a partir de las interacciones, que a través de los agentes literarios tienen el editor y el autor. Si bien pudiéramos encontrar similitudes, lo cierto es que en estos espacios hay un conjunto de precondiciones, normas y procedimientos, que determinan el proceder de las partes.

De igual forma y en otro momento del proceso, pueden tomarse como ejemplo las interacciones en las que intervienen los distribuidores como mediación entre los editores y los espacios de comercialización. Más allá de la consideración de éstos como espacios con mayor regulación, la comparación nos permite identificar la naturaleza de las dinámicas que, de cierta manera, se generan; así como la persistente regularidad con la que establecen pautas orientadas a la homogeneización (estas pautas las podemos entender como estrategias tendientes a estructurar la participación –inclusión-exclusión– en estos campos definidos de actuación de los editores, en los que regulan los espacios de pertenencia, posicionamiento, participación, comportamiento y respuestas frente al conflicto). Mientras otras pautas las percibimos en las valoraciones y decisiones de edición: tanto en la selección de autores, las expectativas que generan sobre las obras y los formatos, así como en la forma en la que se “comparte” el contenido intelectual: los contratos y ventas de derechos que implican el riesgo y la inversión de capitales; así como la injerencia persuasiva que conlleva la reiteración de referentes y modelos determinantes en la creación de las obras orientadas a la búsqueda de productos “similares”, es decir, la creación de libros con características de “mercancías consolidadas”.

De manera general, las interacciones que se producen en el campo editorial dominante (a las que ya podríamos calificar bajo la verticalidad de una acción reguladora desde los marcos de acción del espacio editorial mexicano en el que no se puede desdeñar la producción de libros de texto) permean al campo editorial independiente en el que, muchas veces se siguen pautas estructurales en las prácticas, producto de la interacción entre agentes (pares, autores y agentes institucionales) que propician la compra-venta de cierto material intelectual por sobre otro, a manera de ejemplificación, o que seleccionan autores que garanticen la generación de productos de certeza best sellers.

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Por tanto, el sentido de las interacciones tendientes a la homogeneización está estructurada en modelos ajenos a quienes las replican. A estos modelos cuyo dispositivo central es la concepción de eficiencia en la producción y distribución del libro, los editores autodenominados “independientes” oponen una práctica discursiva caracterizada por un estrecho marco de elecciones: por una parte el comercio en contraposición con la cultura, la publicación de autores reconocidos frente a nuevos autores, el volumen del tiraje a partir de la mediación de instituciones o de los mismos autores, frente a la inversión del capital económico. La replicación de libros de autores consolidados frente a la búsqueda de nichos de mercado donde posicionarse a partir de la incursión de nuevos autores, la conformación de un equipo de trabajo con relativa estabilidad frente a la contratación de personal para trabajo temporal (freelance); las interacciones con los pares a partir de la unidad, frente a la fragmentación debido a las características de cada editor, además de las condicionantes limitativas del campo.

Todo lo anterior lo asumimos como una relativa ausencia en la generación de opciones, precisamente desde las condiciones del campo, a pesar de las centralidad de las interacciones situadas. Lo que habla, en principio, de cómo dichos agentes autoposicionados dentro del campo editorial (y no fuera de él) como “independientes” no cuentan con mayores alternativas. Reconocen pocos espacios de visibilización y redes insuficientemente consolidadas que les permitan remontar la conciencia de su peso específico. De tal forma esta situación de marginalidad desde el campo dominante es su elemento de diferenciación, que no en todos los casos es identitario, mas si caracterizador de su espacio y herramienta para la construcción del mismo, sin asumir que de otra manera, y escala, participan de algunas de las pautas productivas dominantes como el reconocimiento de la estructura de distribución y la valoración de los autores.

Un espacio adicional de resistencia y asimilación para los editores “independientes” lo constituyen las interacciones con diversas instancias (embajadas de gobiernos extranjeros, instituciones culturales públicas o privadas, fondos y becas) que amplían el repertorio de decisiones en cada una de las etapas del proceso y, de otra manera, otorgan cierto grado de legitimidad, posicionamiento en el campo y viabilidad a su proyecto profesional. En este caso las interacciones con las instituciones y los autores en las prácticas de producción son las que, de cierta forma, moldean las pautas de

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homogeneización, en este caso, traducidas en la búsqueda y deseos de ingresar a los canales ya conocidos y legitimados. El origen de la interacción que planteamos es en términos de resistencia en la publicación de aquello que es económicamente viable, bajo la búsqueda de apoyos institucionales que permitan una libertad, desde la inversión del capital económico. Sin embargo, el deseo del editor se traduce en la asimilación de los espacios legitimados, a través de ferias, cadenas de librerías, como librerías de una sola exhibición y distribuidoras.

Las interacciones cara a cara entre los editores y los demás agentes del campo editorial independiente caracterizan sus prácticas, establecen marcos de acción y prefiguran la forman en que los editores conciben, adquieren y generan el producto libro. Por ello la capacidad que los agentes tengan para generar espacios de interacción, diálogo y establecer lazos de confianza es la que les dará pauta para materializar el libro. Estas mismas interacciones que se sitúan dentro de la estructura del campo editorial dominante establecen pautas productivas, mientras que aquellas que se trazan desde la discursividad independiente tienen una caracterización diferenciadora, en la mayoría de los casos hay una tensión entre ambas.

El análisis del volumen considerable de datos que se producen en la interacción grupal ha requerido de observación y herramientas de tratamiento de información relativamente específicas, ya explicitadas. El conjunto de experiencias de observación y registro recuperadas en este trabajo (y su posterior tratamiento analítico) no deben ocultarnos que este tipo de observaciones no representan más que una pequeña parte, sin duda la más visible, de la información que se requiere para explicar convenientemente el entramado de los procesos de interacción. La configuración inicial es pertinente en la medida en que nuestro interés reside, sobre todo, en su alto valor descriptivo y punto de partida para detectar la presencia en las interacciones de otros muchos elementos significativos que no son tan directamente observables.