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Neoliberalismo: reordenamiento de la acumulación y el cuidado

2. Marco conceptual

2.2 Neoliberalismo: reordenamiento de la acumulación y el cuidado

En la década del 70, entran en crisis de los discursos y teorías dominantes relacionadas con el Keynesianismo5. Situaciones como “el déficit en la balanza de pagos de los Estados Unidos, la desaceleración de las tasas de crecimiento, el aumento de la inflación mundial, la crisis petrolera, la crisis de la deuda que se hizo impagable para los países de Latinoamérica” (Agudelo, 2013), entre otros aspectos, obligaron al diseño e implementación de una serie de reformas de tipo estructural, que tuvo como fin principal contrarrestar la crisis.

5 Corriente económica basada en el desarrollo del consumo y la inversión mediante una fuerte intervención pública, el aumento de los salarios para incrementar el consumo, pleno empleo y reducción de la desigualdad, (Toussaint, 2010)

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En este escenario emerge el neoliberalismo como corriente económica y política; éste se centra en la exaltación del poder del mercado como eje central del desarrollo económico y social; y, la primacía del sector privado sobre el sector público mediante la minimización del Estado (Ahumada, 2002). De esta manera se produce el abandono de la dimensión social del Estado y se configura un nuevo arquetipo económico y social sustentado en la flexibilización de las relaciones sociales en lo productivo (Agudelo, 2013).

Para Herrera (1996), el neoliberalismo se soporta en tres factores que son necesarios para su desarrollo. El primero corresponde a la apertura económica. Esta se sustenta en la disminución de los aranceles y controles, el permitir el libre ingreso a la inversión extranjera, el aumento de importaciones, de la maquinización, de la tecnificación y la productividad; en segundo lugar está la privatización del Estado y los bienes comunes (Harvey, 2004). En este contexto se considera que la iniciativa privada es eficiente y que la acción del Estado distorsiona el mercado. En tercer lugar se posiciona la flexibilización laboral como factor necesario para aumentar la competitividad y disminuir los costos de producción. Para el neoliberalismo es clave retirar la rigidez laboral, minar los sindicatos, promover la no estabilidad y apoyarse en la ley para crear normas que sustenten contratos más flexibles.

Por su parte Valdivieso (2009), señala que existe un “poder moderno – colonial- neoliberal” el cual se manifiesta a través de la globalización, caracterizada no solo por ser una fase más del desarrollo capitalista, sino por ser un proceso económico, social, cultural, político, financiero y organizativo a escala mundial. Quijano (citado en Valdivieso 2009), indica que la globalización reconcentra la autoridad pública mundial con la constitución de un bloque integrado por Estados hegemónicos, “corporaciones mundiales de capital financiero y organizaciones financieras internacionales” (p.28).

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2.2.2 Neoliberalismo y cuidado en clave feminista

Para Federici (2013), la globalización ha gestado el aumento del tamaño del mundo proletario, de tal manera que se configura un nuevo proceso de acumulación primitiva caracterizado por la deslocalización y desconcentración industrial, flexibilización, precarización laboral, aplicación del modelo toyotista6 “desestatalización de la industria, la descolectivización de la agricultura y la privatización de la riqueza social” (p.166), generación de maquilas, liberalización de importaciones y privatización de la tierra, cuestiones que para Ezquerra (2012) tienen directa relación con la feminización de lo laboral.

De acuerdo con los planteamientos de la autora, la globalización tiene como objetivo primordial dar al capital el control total sobre el trabajo y los recursos naturales, razón por la cual es indispensable expropiar a los trabajadores de los medios de subsistencia; ésta se sustenta en el ataque sobre las condiciones materiales de la reproducción social y contra los principales sujetos de este trabajo: las mujeres (Federici, 2013).

De esta manera neoliberalismo y globalización están imbricados y en su consolidación han afectado de manera distinta a hombres y mujeres, razón por la cual se argumenta que estos modelos han afianzado la supremacía masculina. Al respecto Valdivieso (2009) establece que: “los valores asociados representativos del modelo: racionalidad, competencia, imperativo tecnológico, mercado, dominio de la naturaleza son los que tradicionalmente han estado identificados con lo masculino” (p.39).

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Modelo de producción japonés que pone el acento en: producción a partir de pedidos, disminución del error, disminución de la burocracia (no se requieren supervisores, lo empleados son responsables del manejo y control de su trabajo), producción el modelos variados y diferenciados, talento humano flexible y multifuncional, producción de justo lo necesario y eliminación de stock de producción (Zucarino, 2012)

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De este modo, se puede afirmar que los fundamentos ideológicos del proceso de globalización son patriarcales y legitiman las desigualdades de género7. En el marco del “capitalismo global”, se ha permitido el ingreso de las mujeres al mercado de trabajo de forma masiva, pero no se les ha dado un salario que corresponda al rol proveedor y no decrece su responsabilidad frente al trabajo doméstico; sumado a lo anterior se presenta un abandono por parte del mercado y del Estado en relación con la reproducción de trabajadores sobrecargando a las mujeres frente a esta necesidad social8 (Arango, 1999; Benería, 1994)

En el contexto neoliberal y en relación directa con la privatización de las responsabilidades del Estado, Ezquerra (2012) observa cómo estas son devueltas a las mujeres, sobre todo aquellas que tienen que ver con el cuidado. Así bajo la perspectiva de la autora la acumulación tiene una doble dimensión, por un lado el capitalismo (bajo las condiciones de flexibilización y precarización laboral) se apropia del trabajo productivo de las mujeres: y, por otro mediante la devolución del cuidado “refuerza obligaciones reproductivas que creíamos parcialmente superadas sin excluirlas por ello (o por lo menos no en términos absolutos) del mercado de trabajo asalariado (p.126). Con lo anterior y como lo expresan Blofield & Martínez (2014), el trabajo del cuidado hace que se superpongan el espacio laboral y el domicilio de quien es cuidado y en consecuencia se generan lazos con los cuales se otorga a las mujeres la calidad de “primeras y responsables de proveer cuidados” (p.111), situación aprovechada por la acumulación necesaria para el sistema.

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Retomando a Pedroza y Valdivieso, citados por Cajamarca (2014), la hegemonía masculina está fundamentada en el papel que se otorga al individuo en el contexto neoliberal, en el cual se promueve la riqueza a toda costa, la competencia constante y la potenciación de habilidades individuales; el modelo implanta en los ciudadanos la ideología del individualismo, que permite y legitima que unos tengan una mejor posición que otros. Bajo estas premisas las mujeres adaptan sus comportamientos a un modo típicamente masculino consolidado a partir del varón ilustrado, racional, competitivo y con la capacidad de acceder a derechos.

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El trabajo de las mujeres en el contexto neoliberal y la globalización ha sido caracterizado por largas jornadas laborales, contratos cortos de trabajo o inexistentes, momentos de receso si la empresa no tiene pedidos, no reconocimiento en dinero de las horas extras, negación de la posibilidad de sindicalizarse, ambientes laborales intimidadores donde predomina el acoso sexual (Oxfam, 2004).

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Por su parte Hartsock (citada en Ezquerra, 2012) plantea que los procesos de acumulación actual “provocan un incremento masivo de su incorporación en el mercado laboral sin reconocerlas a su vez como trabajadoras reales” (p. 130); así “las mujeres se incorporan de manera creciente al capitalismo global pero en términos profundamente desiguales” (p. 131).

De acuerdo con Ezquerra (2012) este proceso “no constituye un mero (y pretendidamente inevitable) efecto colateral coyuntural sino que más bien responde a una estrategia político-económica de privatización y re-hogarización de la reproducción en aras de la supervivencia de la economía considerada real” (p. 139).

Siguiendo a Cajamarca (2014) el modelo neoliberal está conectado íntimamente con el sistema patriarcal, en la medida en que opera bajo la lógica de la división sexual del trabajo. Tal como sostiene la autora bajo este modelo se “tiende a vincular las mujeres en las dinámicas económicas aludiendo al principio de productividad, mediante el cual se facilita su acceso a los medios de producción. Sin embargo, las labores que desempeñan son condicionadas por su sexo, es decir, las mujeres aún siguen cumpliendo funciones menos valorizadas en comparación a los hombres, acceden a los factores de producción con disposiciones específicas que son explicitadas por la clase a la que pertenecen y agudizadas con la diferencia sexual, generando así, limitaciones para alcanzar niveles de poder” (p. 18).

Además la autora sugiere que en el marco neoliberal, antes de que se deconstruya la división sexual del trabajo, se fortalece, dado que aun con las posibilidades de inserción laboral las mujeres “no abandonan la esfera privada y continúan ejerciendo sus funciones asignadas dentro de ésta, sumada a las actividades que exige el ámbito público” (p, 19).

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2.3 Políticas sociales de corte neoliberal como tecnologías de género