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NINGUNA ÉTICA LABORAL

In document ¿Existe la suerte? (página 87-92)

Hoy, con 39 años de edad, después de haber estado durante 14 años en el negocio, se puede considerar cómodamente establecido. Su cartera personal incluye varios millones de dólares en bonos del Tesoro con vencimiento a medio plazo, lo suficiente como para suprimir cualquier

preocupación por el futuro. Lo que más le gusta de la intermediación privada es que exige

considerablemente menos tiempo que cualquier otra profesión con importantes ingresos; en otras palabras, es perfectamente compatible con su ética laboral ajena a la clase media. La intermediación bursátil obliga a reflexionar mucho; los que

se limitan a trabajar duro suelen perder su atención y su energía intelectual. Además, terminan

ahogados por el azar; la ética laboral, según Ñero, lleva a la gente a centrarse en el ruido en vez de en la señal (la diferencia que se definió en la Tabla

P.l del prólogo).

Este tiempo libre le ha permitido desarrollar diversos intereses personales. Puesto que a Ñero le gusta leer vorazmente, y pasa mucho tiempo en el gimnasio y en los museos, no puede tener el horario de un abogado o de un médico. Ñero encontró el tiempo para volver al departamento de estadística donde había iniciado sus estudios doctorales y terminar su doctorado en «ciencias puras» en estadística, volviendo a escribir su tesis de forma más concisa. Ñero da clases en la actualidad, una vez al año, en un seminario de medio semestre llamado Historia del

pensamiento probabilista en el departamento de

matemáticas de la Universidad de Nueva York, una clase de gran originalidad que atrae a excelentes alumnos. Ha ahorrado lo suficiente como para poder mantener su estilo de vida en el futuro y tiene planes de contingencias de, tal vez, retirarse a escribir ensayos populares en el ámbito científico-literario, con temas en torno a la

algún acontecimiento futuro provoca el cierre de los mercados. Pero cree que el trabajo

duro, consciente de los riesgos y la disciplina, puede hacer que una persona logre una vida cómoda con un alto grado de probabilidad. Lo demás es mero azar: ya sea aceptando enormes (e inconscientes) riesgos, o siendo

extraordinariamente afortunado. El éxito moderado se puede explicar por las habilidades y el trabajo. Un éxito enorme sólo es atribuible a la varianza. SIEMPRE HAY SECRETOS

La introspección probabilista de Ñero puede haber sido provocada por un dramático acontecimiento en su vida, uno cuyo secreto mantiene. Un observador agudo podría detectar en Ñero cierta exuberancia sospechosa, un impulso sobrenatural. Pero su vida no es tan cristalina como pudiera parecer. Ñero alberga un secreto, uno que será analizado cuando llegue su momento.

Durante la mayor parte de la década de 1990, frente a la casa de Ñero se encontraba la de John, una casa mucho más grande. John era un operador de éxito, pero no era un operador al estilo de Ñero. Una breve conversación profesional con él habría revelado que presentaba la profundidad intelectual y la agudeza mental de un profesor de aeróbic (aunque no el físico). Hasta un

ciego podría ver que a John le iba notablemente mejor que a Ñero (o, al menos, que se sentía obligado a demostrarlo). Aparcaba dos coches alemanes de alta gama delante de la casa (el suyo y el de ella) además de 2 descapotables (uno de ellos un Ferrari de colección), mientras que Ñero seguía conduciendo el mismo Volkswagen

cabriolet desde hacía más de una década, y todavía lo conduce.

Las mujeres de John y Ñero se conocen, y son del tipo que acude al salón de belleza, pero la mujer de Ñero se sentía extremadamente incómoda en compañía de la mujer de John. Tenía la sensación de que la buena señora no sólo estaba intentando

impresionarla, sino que la trataba como si fuera inferior.

Aunque Ñero se había hecho inmune a la visión de los operadores enriqueciéndose (y esforzándose demasiado por hacerse personas sofisticadas convirtiéndose en entendidos en vino y amantes de la ópera), su mujer no estaba acostumbrada a los nuevos ricos reprimidos, el tipo de personas que han sentido la indigencia demasiado cerca en algún momento de su vida y quieren desquitarse mostrando sus alhajas. El único lado oscuro de ser un operador, como acostumbraba a decir Ñero, es la visión del dinero arrojado a gente sin

preparación que descubre de repente que las

Cuatro estaciones de Vivaldi es

música «refinada». Pero para su mujer resultaba difícil tener que aguantar casi a diario a aquella cretina que no se quitaba de la boca al nuevo decorador que acababan de contratar. John y su mujer no se sentían incomodados en lo

más mínimo por el hecho de que su «biblioteca» viniera con los libros encuadernados en cuero (sus

lecturas del salón de belleza estaban limitadas a la revista People, pero sus estanterías incluían una selección de libros impecables escritos por difuntos autores estadounidenses). También se pasaba la vida hablando de lugares exóticos impronunciables donde se reparaban durante sus vacaciones sin tan siquiera saber lo más mínimo sobre el lugar: le costaría explicar en

qué continente se encuentran las islas Seychelles. La mujer de Ñero es demasiado humana; aunque no dejaba de repetirse que no le gustaría estar en la piel de la mujer de John, tenía la sensación de que, de alguna manera, había perdido en la carrera de la vida. En cierto sentido, las palabras y la razón no tenían efecto frente a un diamante descomunal, una casa enorme y un coche deportivo

de colección.

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