La materia de las palabras
FRAGMENTO 5: NOCHE PEDREGOSA
En 1854, Thomas Beesley comentó sobre las piedras de Rollright que ha bía visto “las sombras de las nubes pasar rápido sobre ellas, llevadas por el viento, lo que las hacía resaltar en un contraste extraño e intermitente con
el follaje oscuro en ellas y a su alrededor”.86 El círculo y otros monumentos
son, desde la distancia, de color gris, más claros o más oscuros dependiendo de la cantidad de luz del sol (figura 7). Sin embargo, como Henry Taunt reconoció hace un siglo, las piedras grises están “teñidas con muchos
tonos”.87 Este teñido está creado por los numerosos líquenes y musgos que
se encuentran en las superficies de las rocas. Una de las especies princi pales de liquen, Aspicilia calcarea, posee una corteza uniforme gris claro, con la orilla blanca. En contraste, los brotes jóvenes de Caloplaca aurantia, son de color naranja brillante. El círculo, con su pintura natural, es, por lo tanto, policromo. En la prehistoria, es probable que se haya untado tierra u otros pigmentos naturales a las rocas para darles un color particular durante, y como parte de, prácticas rituales.
Taunt fue uno de los pocos escritores que llamó la atención sobre la experiencia de Los Hombres del Rey después de la puesta del sol. Escribe sobre el círculo que “a la mitad de la noche es ciertamente muy extraño, cuando las piedras grises apenas si pueden percibirse en la oscuridad y los árboles se ven negros en contraste con las estrellas centelleantes, una luce cita aquí y allá brillando de vez en cuando, como una luciérnaga entre el
largo pasto”.88 La experiencia física de los círculos de piedra en la noche
está enormemente desatendida en la literatura existente sobre la arquitec tura prehistórica. Se reporta que muchas estructuras construidas en el Neo lítico, especialmente Stonehenge, tienen una alineación solar y Rollright
no es la excepción;89 en ocasiones también se sugieren las alineaciones lu
86 T. Beesley, “The Rollright Stones”, Transactions of the North Oxfordshire Archaeological So-
ciety, 1, 1855, pp. 61.73, esp. p. 61.
87 H.W. Taunt, The Rollright Stones: The Stonehenge of Oxfordshire, Oxford, H.W. Taunt and Co., 1907, p. 23.
88 H.W. Taunt, op. cit., p. 24.
89 Para una discusión sobre las supuestas alineaciones astronómicas de Stonehenge, véase C. Chippindale, Stonehenge Complete, London, English Heritage, 2004, pp. 226238. Los alineamien tos sugeridos en Rollright se analizan en G. Lambrick, op. cit., pp. 24, 43.
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nares.90 Existe, sin embargo, poco análisis sobre el cambio en la apariencia
de los sitios después de la puesta del sol, incluso en las exploraciones de la fenomenología del paisaje, como las de Tilley, que buscan asir la experien cia física de los monumentos prehistóricos.
Como percibió Taunt, las piedras pueden verse aun con la luz de la luna. En Rollright, con luna llena, Los Hombres del Rey pueden identifi carse completos. Si se está parado fuera del círculo, viendo hacia adentro, varían de color entre gris claro, oscuro y negro, según la posición. Las pie dras parecen menos sólidas, sombras de lo que son durante el día. Dentro del círculo, la percepción cambia y las piedras cuyas caras interiores no es tán directamente iluminadas por la luna parecen sombrías. A la luz de la
90 Véase C. Tilley, The Materiality…, op. cit., p. 34.
figura 7. la Piedra del rey, c. 3500-2800 a.c. Piedra caliza oolítica. rollright, oxfordshire. fotografía del autor.
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luna, esas caras interiores aún se ven de color gris claro. Si uno se acerca a estas piedras bien iluminadas, se detiene muy próximo a ellas, puede dis cernir zonas de liquen y otras de sombras causadas por las variaciones en la superficie de la roca. Al mirar hacia fuera del círculo, donde están presentes los arbustos y los árboles, la tierra desaparece, es reemplazada por la oscuri dad, un vacío. Sin embargo, es posible ver a una distancia considerable so bre el espacio abierto de los campos. En la prehistoria, si el área era un bosque, el círculo habría formado un refugio de luz natural, cubierto por la oscuridad de la noche.
Sin que el sol las caliente, las rocas están frías al tacto, crueles. A media luz, con una reducción para la distracción visual, la textura adquiere mayor importancia y el efecto estriado de las caras interiores, relativamente lisas, y las variaciones de la superficie, ligeras, sutiles, asumen una claridad adi cional. El círculo es distinto en la noche, pero no está menos presente. De hecho, puede causar una impresión más fuerte en los sentidos, que se han agudizado por la reducción de la información visual disponible para ser procesada. Serres ha escrito que la noche hace a la piel más consciente de estímulos sutiles. En las horas de oscuridad, el cuerpo “ama las percepcio nes menores, insignificantes: las señales débiles, los matices impercepti
bles, los efluvios escasos”.91 La noche es el momento de los detalles, no
visuales sino táctiles, olfatorios, acústicos y gustativos. Las distinciones su tiles saltan a primer plano. Serres equipara esta consciencia acentuada con una vuelta a las formas antiguas de estar en el mundo, con un redescubri
miento de “prácticas perdidas hace mucho por el olvido y el hábito”.92 Fo
menta el recuerdo de cómo el mundo solía experimentarse antes de la glorificación del ojo.
Esto no es sugerir, sin embargo, que la vista no tenía nada que ofrecer a un visitante nocturno de Rollright durante el Neolítico. Las tinieblas y la oscuridad pueden haberse aprovechado. Si la luna está menguando, la lo breguez que rodea el círculo aumentaba en intensidad para quienes se si tuaban dentro de él. El círculo, como un espacio, no está cercado por piedra, sino por oscuridad, por la nada. Las piedras de color gris pálido
91 M. Serres, op. cit., p. 68. 92 Idem.
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marcan el límite del mundo visible. La noche, entonces, puede reforzar visiblemente el monumento como un lugar. En las ceremonias, el círculo también puede haberse iluminado artificialmente con fogatas, con luz in termitente, inconsistente. Esta forma de luminosidad, con su intensidad continuamente variable, causa que las piedras parezcan moverse y cam biar. Las llamas crecen y disminuyen, giran y se enredan, causando som bras febriles, que cambian de forma y que bailan sobre las superficies de la roca. La piedra caliza sólida se vuelve amorfa: acrecentándose, derrum bándose, retorciéndose continuamente. La piedra es tan deforme como la llama, está en síntesis visual con ella. El fuego también lleva su color a las caras internas del círculo, que adquieren un pálido matiz café rojizo. Las piedras ahora tienen el color del interior de un trozo de madera que acaba de cortarse. Muchas de las piedras poseen rastros de este color durante el día: los trozos de piedra que no están colonizados por el liquen tienen un tono rosado.
El fuego le da a las piedras una apariencia cálida. Con el tiempo tam bién las calienta, literalmente. Se vuelven entidades vivas, radiantes, ani madas. Es posible que así fuera como el ojo y la mente neolíticos las percibían. A la luz del día, el pasto que crece en montículos en la base de cada piedra es claramente visible (figura 8). Hace parecer que las rocas han surgido de la tierra, presionando hacia arriba como plantas luchando por la luz y el sustento del sol. Es probable que las generaciones que siguieron a quienes erigieron el círculo no lo percibieran como forjado por la mano humana. Para recurrir a evidencias de otras culturas, este es, por ejemplo, el caso en el arte rupestre buwarraja hecho en la región Wardaman, en el Te rritorio del Norte de Australia. Los ancianos aborígenes piensan que este arte rupestre fue creado cuando unos seres soñadores “se colocaron en el
paisaje durante los eventos creativos del principio del tiempo”;93 de forma
similar, Rollright puede haberse visto como construido por espíritus. Desde luego, es posible que el círculo de piedra siempre se reconociera como una construcción humana; sin embargo, esto no descarta que se con siderara que las piedras mismas tenían una cualidad espiritual. Es probable
93 B. David, Landscapes, Rock-Art and the Dreaming, Londres, Leicester University Press, 2002, p. 73.
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que el mundo que rodeaba a las personas del Neolítico, incluyendo las piedras, los árboles y el agua, se percibiera también como animado. Los espíritus que las piedras de Rollright encarnaban pueden haberse manifes tado durante actos rituales.
Estos rituales habrían involucrado todos los sentidos. Los Hombres del Rey no deben considerarse como un espectáculo puramente visual: como he demostrado aquí, una visita al monumento también habría implicado el oído, el olfato, el tacto y el gusto. El aire habría estado denso con el humo de
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madera quemada, con su olor y sabor fuerte. Su aroma penetrante se habría quedado en la ropa durante los días siguientes, una memoria olfativa para llevar a otros lugares. El sonido de los tambores, del golpeteo, de los golpes asestados a las rocas y de los cánticos habría surgido de la niebla densa de humo, tal vez más allá de la periferia del propio círculo. Aquellos que estu vieran dentro del círculo se habrían movido al ritmo de estos sonidos, ha brían girado, pisoteado, dado vueltas, mientras el olor revoloteaba a su alrededor y el calor los rodeaba. Las piedras mismas habrían estado parcial mente ocultas, el campo visual alterado por el material que se quema, por el humo sobre las llamas y por las nubes de cenizas y hollín. En esta situación, la roca se volvería animada, se movería, balanceándose. Lo sólido se haría fluido, se mezclaría en el aire denso con las maderas humeantes de las foga tas, y parecería uno solo con ellas. Sin embargo, al tacto estarían aún duras, inamovibles. La piedra experimentada como una mágica contradicción.
REFLEXIóN 5: MATERIA VIVA
La piedra caliza oolítica, áspera, rugosa, se habría entendido como conecta da con la madera (figura 9). En el pasado no habría existido la estricta dis tinción entre el árbol y la piedra. Chris Fowler y Vicki Cummings han sugerido que ciertas piedras fueron utilizadas en la construcción de monu
mentos prehistóricos porque poseían asociaciones metafóricas con el mar.94
Fowler y Cummings consideran que algunas rocas fueron aprovechadas por su semejanza visual con características marinas: “la práctica de traer piedras brillantes del mar reluciente puede haber sido significativa por sí misma y habría buscado producir cierta similitud en el efecto entre algunas
partes del complejo megalítico y la superficie reflejante del mar”.95
Las piedras de Rollright poseen atributos similares a la madera en varios sentidos, incluyendo el color y la textura, y pueden haber tenido asociacio nes metafóricas con los árboles o haberse utilizado por su semejanza con la madera. La estricta distinción que ahora existe entre el árbol y la piedra o entre la piedra y el mar no necesariamente existía en el pasado. Un tipo de
94 C. Fowler y V. Cummings, op. cit., pp. 120. 95 Ibid., p. 7.
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piedra como el cuarzo, por ejemplo, puede haberse interpretado en el esti lo cognitivo de la prehistoria como un pedazo de mar. El mar es, después de todo, capaz de congelarse en el frío extremo, de transformarse de líqui do en sólido. La piedra caliza áspera y rugosa de Rollright podría haberse entendido, de forma similar, como un tipo de madera. El hecho de que las piedras no se quemen habría podido hacer que parecieran tener propieda des mágicas. Las maderas aparentemente atemporales que componen Los Hombres del Rey pueden haberse utilizado para celebrar el recurso vital que era la madera: usado para construir, hacer herramientas y como com bustible.
J.D. LewisWilliams y David Pearce han escrito sobre estatuillas del
Neolítico como objetos que encarnaban personajes supernaturales.96 De
96 J.D. LewisWilliams y D. Pearce, op. cit., p. 75.
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forma similar, puede haberse pensado que espíritus de árboles o de piedras habitaban estas rocas o haberse percibido que el mismo espíritu habitaba tanto en las piedras como en los árboles. Las divisiones que ahora damos por hecho entre estos materiales quizá no se concebían en la prehistoria. Con toda probabilidad, en el Neolítico había una mayor continuidad entre recursos naturales con características compartidas que unían sustancias que hoy vemos como dispares y distintas.
También había una relación más íntima entre la gente y el ambiente circundante que la que existe en el presente. Las personas del Neolítico no estaban separadas de su alrededor, sino que existía en simbiosis con él. Estaban interconectadas con él. Para recurrir de nuevo a evidencias de otras culturas, es probable que la perspectiva de la gente del Neolítico no haya sido distinta de la de los indígenas guatemaltecos contemporáneos, que ven las hormigas, los árboles, la tierra, los animales domésticos y los seres humanos como un cuerpo colectivo. Estos indígenas, como respuesta a los soldados que quemaron sus tierras, describieron un sentimiento de aflicción: “Cuando hablaban de ‘tristeza’, se referían a algo que no sólo ex perimentaban los humanos, sino también esos otros elementos interconec tados que habían sido violados. Cuando tocabas la tierra podías sentir su
tristeza, y también en el sabor del agua”.97 Esta clase de visión del mundo
promueve el respeto por el entorno, puesto que constituye una extensión de uno mismo, en lugar de considerarse algo separado.
En esa perspectiva, el frío de una piedra, el agudo dolor que provoca o su calidez placentera pueden entenderse como un indicador de su estado de ánimo. La piedra puede recibir o hacer daño. Es sensible. Hay eviden cia de que un sistema de creencias de complejidad comparable al de los indígenas guatemaltecos existió en la sociedad neolítica de Gran Bretaña. La tierra se concebía, de forma similar, como dotada de sentidos. Las minas de sílex como las de Grimes, por ejemplo, se habrían rellenado “para curar
la herida causada por hundir la lanza”.98 La tierra era carne. Encarnaba es
píritus. Las herramientas de huesos y cuernos aparentemente abandonadas 97 D. Summerfield, “The Social Experience of War and Some Issues for the Humanitarian Field”, en Patrick Bracken y Celia Petty, (eds.), Rethinking the Trauma of War, Londres, Free As sociation Press, 1988, pp. 937, esp. p. 17.
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en las minas posiblemente fueron dejadas ahí “como una ofrenda o un agradecimiento a la deidad o el espíritu que residía en esa área en particular
del paisaje”.99 Es probable que también se hayan depositado trozos de ma
dera en las minas como ofrendas a los seres que habitaban esos sitios.100
Una estatuilla de creta colocada en las minas de Graves “probablemente
fue puesta en las minas de sílex para generar más piedra”.101
El círculo puede haberse erigido en Rollright y las ceremonias haberse llevado a cabo ahí para producir más maderapiedra. Los Hombres del Rey fueron construidos en honor de un recurso natural. En este sentido, el mo numento tiene el potencial, por lo que revela sobre la actitud neolítica frente al medio ambiente, de ser “una intervención creativa tanto dentro
como fuera de [su] tiempo”.102 El círculo es un recordatorio oportuno de la
necesidad de mostrar consideración por el mundo natural. Tratar de ver las piedras en él como si fueran meras piezas de construcción, ignorar su men saje ecológico, es rehusarse a verlas. La experiencia de la sustancia en el Neolítico era, como es ahora, siempre mediada, lo que significa que un material como la piedra nunca era inocente, nunca era simplemente mate ria. Las creencias y los valores siempre establecían su residencia en los materiales y hablaban a través de ellos. A los que ahora se ven como mate riales básicos, como la roca y la madera, se les otorgaba un estatus, impor tancia, poder y se les consideraba espiritualmente significativos.
DESPUéS DE LA LUZ
En una discusión sobre los placeres de la piedra caliza, Adrian Strokes lla ma la atención sobre “la omnisciencia del proceso escultural” en lo minera lógico, que se manifiesta cuando “la lluvia golpea un peñasco o el mar salpica las rocas y las deja mojadas o cuando el viento las raspa con arena”.103
El agua es la “fuerza escultora natural dominante”.104 La interacción entre
99 M. Russell, op. cit., p. 84. 100 Ibid., p. 107.
101 L. Lippard, Overlay: Contemporary Art and the Art of Prehistory, Nueva York, New York Uni versity Press, 1983, p. 16.
102 G. Pollock, Encounters in the Virtual Feminist Museum, Londres, Routledge, 2007, p. 45. 103 A. Stokes, Stones of Rimini, Aldershot, Ashgate, 2002, p. 27.
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la piedra caliza y el agua, para Stokes, “siempre es poética, siempre apela a la imaginación”.105 Esta capacidad de la roca tallada de estimular la creativi dad mental se demuestra en el poema de W.H. Auden, “In Praise of Li mestone” (“En alabanza a la piedra caliza”), en el que la piedra es el estímulo para meditaciones literarias sobre la historia y la teología.106 Auden comienza su poema con un recuento de los olores, sonidos y visiones pro vocadas por la piedra caliza, con una descripción de las percepciones físicas, como un preámbulo para temas importantes, y la roca se transforma rápida mente en una alegoría más palpable.
Las frases de apertura son notables, sin embargo, puesto que Auden concibe la piedra caliza como un material que nutre. La describe como protectora del pez y sustento de la mariposa y la lagartija. Se representa como maternal. Esto se hace explícito en el decimoprimer verso: “¿qué podría ser más como una madre?” En su recuento, Stokes le otorga a la piedra caliza, de manera similar, una cualidad antropomorfa, y escribe so bre su resplandor, parecido al de la carne.107 Sostiene que la roca es suscep tible a la enfermedad y está sujeta a recibir contusiones. La piel sensible de la piedra, su vívida propensión al clima, es lo que la provee de una “flora
ción poética”.108 El significado común de floración es florecimiento; sin em
bargo, la palabra inglesa efflorescence también puede referirse a erupciones cutáneas.
Auden y Stokes personifican a la piedra caliza de formas distintas. Sus descripciones pueden oírse haciendo eco de la comprensión animista de la piedra que era prevalente en la prehistoria. Sin embargo, los escritores tam bién usan combinaciones para demostrar el efecto de la voluntad humana, ejercida a través del lenguaje, sobre la interpretación de la roca. En el mo mento en el que Auden hace a la piedra caliza una madre, por ejemplo, nace una interpretación particular, toma aliento. La roca entra en el lengua je, transformada en un símbolo de maternidad a través del imaginario, a