65ª DEJE HABLAR MAS A LOS DEMÁS: Hay personas especialmente simpáticas,
no por lo mucho que saben hablar, sino por la especial capacidad que tienen para hacer hablar a los demás. Cuando los otros dicen algo que a ellos les gusta, demuestran con entusiasmo que están completamente de acuerdo con lo que acaban de escuchar. Si no lo están saben callarse, o cambiar de tema, o afirmar lo contrario pero de una manera tan amable y de un modo tan respetuoso que el interlocutor no se siente humillado ni disminuido. Pero ellos saben que lo que los demás desean es poder hablar, y los dejan hablar, sin ofrecerles resistencia, sino más bien allanándoles el camino de su conversación con preguntas que demuestran interés y con pequeñas y oportunas intervenciones en favor del tema que el otro está tratando.
Ayúdese a Ud. mismo creando una actitud de interés hacia lo que hablan aquellos con quienes entabla conversación.
66ª POR FAVOR NO ODIE JAMÁS. El odio es el instinto contrario al más noble de
nuestros instintos: el amor. Por eso esta es la definición más ordinaria y fácil que se le puede dar: “Odio es el sentimiento opuesto al amor”.
No hay que confundir odio con antipatía. La antipatía es una aversión natural que se siente hacia ciertas personas. Todos la sentimos, pero la persona es capaz de no manifestarla y de no irla aumentando. La antipatía se va disminuyendo cuando uno piensa en las cualidades que tiene la otra persona y en las buenas obras que ha hecho, y si trata de convencerse de que lo que hace y dice no tiene mala intención esto va transformando en simpatía cualquier antipatía, por grande que sea.
Odio no es tampoco lo mismo que resentimiento. El resentimiento es un recuerdo amargo y triste acerca de algo que la otra persona dijo o hizo en contra nuestra. El resentimiento es un verdadero gorgojo capaz de derrumbar aún las personalidades más poderosas. Nunca insistiremos lo suficiente acerca de la inmensa ventaja que a un ser humano le proporciona el alejar todo recuerdo triste y amargo y reemplazarlos por pensamientos alegres y optimistas.
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Pero el odio es algo muchísimo peor aún. Odiar es desear el mal al otro. Odiar consiste esencialmente en no amar ni querer amar al otro. Odio es deseo de venganza.
Podemos tener inclinación al odio por haber sido víctimas de injusticias en nuestra niñez. Un niño maltratado en su infancia puede crecer con tendencias al odio. Viejos ha habido que se vengaron brutalmente de injusticias o castigos salvajes recibidos cuando aún eran muy niños. Por eso los padres de familia deben andar con cuidado al castigar o regañas a sus hijos. El castigo moderado no les causa odio, y la corrección hecha con bondad nunca los lleva al resentimiento. Pero si se les trata con aspereza, exageración e injusticia, o se les falta al respeto con palabras, humillaciones, puede irse formando en su modo de ser una inclinación muy peligrosa hacia el odio y la venganza. Unos papás sádicos e injustos pueden estar formando unos hijos llenos de odio y de resentimiento. La Biblia dice “Si el ser humano se niega a perdonar a quien lo ha ofendido, ¿cómo puede pretender que Dios le perdone sus propios pecados?” (Ec.28) y Jesús afirmó tajantemente: “Si no perdonáis a los demás sus ofensas, tampoco vuestro Padre Celestial os perdonará vuestros pecados”. Es una frase digna de ser recordada y repetida muchas veces, para vacunarnos contra la desastrosa peste del odio y del resentimiento.
San francisco aconsejaba que cuando en el corazón sintamos oleadas de odio hacia alguna persona, nos dediquemos a rezar por ella, para que Dios la bendiga y la vuelva mejor. Y afirma que este procedimiento produce efectos admirables. Porque hay un principio psicológico universalmente experimentado que dice así: “Nadie será capaz de odiar a una persona, si frecuentemente reza por ella, pidiendo que le vaya bien”. Y recordemos un caso reciente sucedido en Inglaterra: un joven desequilibrado buscaba a su padre con odio salvaje para asesinarlo. A base de hipnotismo lograron averiguar de qué causa le había nacido semejante odio tan brutal: era que cuando él estaba pequeñito en brazos de la mamá, veía llegar a su padre, borracho, con un palo en la mano, a golpear a su madre, el ser que él más amaba en el mundo. Los ojitos del niño aterrorizado llevaron aquella imagen a su cerebro y allí quedó guardada para siempre, convirtiéndose luego en odio irreconciliable. ¡Ah, las imágenes que captan los niños! Por eso con tanta razón les repetía el gran sabio Pio XII a los padres de familia: “Recordad que unos pequeños ojos contemplan vuestras acciones guardándolas en el cerebro como una filmadora. No olvidéis que unos pequeños oídos escuchan vuestras palabras grabándolas en la memoria como una grabadora. Son los sentidos de vuestros pequeños hijitos. Por eso tened mucho cuidado al hablar y obrar ante ellos, para que las imágenes
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que graban en su mente sean placenteras y amables, y nunca terroríficas”. Muchos odian cuando viejos, porque de niños recibieron impresiones muy desagradables.
Carothers es uno de los más brillantes escritores de la actualidad, y gusta repetir esta enseñanza: Si Ud. guarda en su espíritu alguna actitud “no perdonadora”, algún odio, siempre tendrá amargura en su alma. Pero si perdona todo, gozará de una paz admirable. Si alguna vez nota un estancamiento en su progreso espiritual pregúntese enseguida: “Señor: ¿qué será lo que yo no he perdonado? ¿Cuál será la ofensa que no quiero olvidar? Porque mientras Ud. tenga algo que no perdona, corre el tremendo peligro de no ser perdonado por Dios”.
67ª NO SEA DOMINANTE. ¿Cuántos matrimonios deshechos porque uno de los dos
cónyuges era demasiado dominante? Y no olvidemos que el machismo existe también en las mujeres. Hay esposas que quieren mandar con tiranía absoluta, olvidando aquello de la Biblia que se les lee a los novios en la misa del matrimonio “La esposa que obedezca al marido, porque el esposo debe ser el jefe del hogar” (Efesios 5). Es una lástima que hoy con el pretexto de una mal entendida liberación femenina, muchas mujeres pretendan olvidar sus cualidades femeninas que las hacen tan agradables, como son la dulzura, la bondad y humildad, y se dediquen a conseguir verdaderos defectos masculinos como son el machismo, la grosería en el hablar, y la tosquedad en los modales. Se conviertan así en unos verdaderos “marimachos”, mitad mujer y mitad hombre, renunciando a lo amable del [género] femenino y adquiriendo lo desagradable del masculino. Un hombre dominante es antipático. Pero una mujer dominante lo es muchísimos más.
Cuentan de aquel pobre marido a quien su esposa le propinaba unas terribles palizas con la tranca de la puerta, que un día, mientras él temblando se hallaba escondido ella le gritaba: “Si es macho salga de debajo de la cama” ¡y el muy orondo le respondió: “No salgo, porque aquí en esta casa el que manda soy yo”! ¿Podrá haber paz en un hogar con una mujer así de dominante?
¡Ah si las mujeres supieran explotar el afán de dominar que tienen los hombres! A muchas esposas lo que les falta es estudiar un poquito más la sicología masculina. Millones de matrimonio se destruyeron porque el hombre no se preocupó por estudiar la sicología femenina ni la mujer se preocupó por aprender cómo es la sicología masculina, que son totalmente distintas. Hombres hay que en el día del cumpleaños llevan a su esposa de regalo $10.000 y ella se echa a llorar porque lo que deseaba era un ramos de
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flores, pero el otro no sabía nada de sicología femenina. (Ojalá pudiéramos leer el bellísimo libro “Matrimonio feliz” de G. Eliecer. Allí se describe muy bien las diferencias sicológicas entre el hombre y la mujer).
Estamos diciendo que si la mujer explota el afán de dominar que siente todo hombre, obtendrá efectos increíbles en su hogar. Veamos un ejemplo. El esposo llega a su casa contando que le han pagado las cesantías y que las va a emplear en comprarse un taxi viejo. La esposa le reclama que no, que por favor no haga eso, porque los taxis viejos comen mucho dinero en repuestos. El marido le grita enfurecido que el dinero se lo ganó el, y que solo él tiene el derecho de determinar en qué lo va a gastar. Pero aquella semana no compra el taxi. A la semana siguiente le dice a la mujer que ahora sí se marcha a comprarse el viejo carro. Ella le insiste que no, que aquello es un pésimo negocio, y él otra vez lleno de cólera le grita “¿Y quién ganó el dinero, Ud. o yo? Así que soy yo, y solo yo el que determina qué carro voy a comprar”. Pero tampoco aquella semana compró el taxi. Entonces la esposa consulta a un sicólogo y éste le dice: “¿Pero no recuerda Usted, que lo que el hombre desea es que se le reconozca que es él quien manda en el hogar? Dígale que sí, que lo compre y que lo compre ya. ¡Y verá qué resultado le van a producir estas palabras!” Y así lo hizo la mujer. Cuando por tercera vez su marido le dijo que se iba a negociar el taxi viejo, ella le respondió: “Sí, mijo, cómprelo, pero cómprelo hoy mismo, porque si deja para comprarlo mañana, puede que ya lo hayan vendido. Váyase hoy mismo y cómprelo”. El hombre se quedó un momento callado y luego exclamó: “Pues no compro el tal taxi, porque en esta casa el que manda soy yo, y no mi mujer. No voy a hacer lo que ella me mande, sino lo que a mí me antoje”. Y así la señora, explotando el afán de dominar que tienen todos los hombres, le evitó a su marido un mal negocio.
El camino para hacernos antipáticos es vivir tratando de dominar a los demás. Porque las personas dominantes son muy antipáticas, para todos. Quien renuncie a ser dominante adquirirá una gran dosis de simpatía, cumpliéndose lo que dice el Libro Sagrado “Pórtate con humildad y amabilidad y te amarán más que a los que ofrecen muchos regalos”.
68ª CUIDADO CON EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD. Usted no es menos
que nadie en el mundo. Usted puede estrecharle la mano al Presidente de la República, o al Romano Pontífice, o a Miss Universo o a un Campeón Mundial y decirle: “Lo felicito por lo mucho que Ud. vale, pero le comunico que yo no valgo ni medio centímetro menos que Ud.”. Y así es en realidad. ¿Qué son hijos de Dios? Ud. también lo es. ¿Qué
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son hermanos de Cristo y herederos del cielo? Ud. también. ¿Que su espíritu fue creado a imagen y semejanza de Dios? El de Ud. también lo fue. Recuerde lo que ya dijimos: El día en que el Creador dispuso formarle a Usted su espíritu se miró en Él al espejo y conforme al retrato o imagen de Dios, así le creó su alma inmortal. Una vez más le repetimos un consejo: si alguna vez puede, lea el libro “El tesoro más grande del mundo” de Og Mandino, o aquel formidable libro que a tantas personas ha llenado de alegría, optimismo y paz, y que se llama “Secretos para triunfar en la vida”, de E. Salesman. La lectura de estos libros le arrancará de cuajo el tumor más espantable que se le pueda formar en el cerebro que es el “Complejo de inferioridad”. La mentida más dañosa que Ud. se puede inventar es decirse: “Valgo menos que los demás”. Eso es una canallada decirlo y una brutalidad suicida el aceptarlo. Los demás valen mucho, es verdad. Pero Ud. no vale menos que ninguno. No olvide nunca esta inmensa verdad. El complejo de inferioridad es una emoción negativa que nos puede poner enfermos, nos hace inseguros, frustrados, angustiados y llenos de temores. Pero lo peor de todo es que el complejo de inferioridad es una mentira, y Cristo dijo que toda mentira viene del demonio que es el padre de la mentira.
Quien tiene complejo de inferioridad vive triste, se siente rechazado y lleno de desilusiones.
69ª CUIDADO: QUE LA IRA LO PUEDE MATAR. Por favor, lea algunas de las
consecuencias de la ira, para que tenga un poco más de cuidado antes de airarse sin necesidad. La ira es una emoción productora de úlceras estomacales, y alta tensión arterial. Causa dolores de cabeza y erupciones nerviosas en la piel. Disminuye el apetito y a veces aleja el sueño y trae vejez prematura. Causa la destrucción de muchos hogares, la pérdida de buenos empleos y alejamiento de preciosas amistades. La ira, como toda emoción negativa, pueden ponernos enfermos, y en una explosión de indignación puede romperse una pequeña vena cerebral y dejarnos muertos o al menos paralizados. ¿Qué alto precio hay que pagar para darse el lujo de encolerizarse? Airarse es atacarse a sí mismo. Por eso el gran poeta Horacio repetía: “La ira es una locura breve”.
San Basilio es un famoso sabio, popularísimo entre las gentes de oriente, que vivió hace quince siglos. Él redactó una descripción de una persona airada, descripción que se ha hechos célebre. Dice así: “Qué espectáculo tan triste el del iracundo: la cara se torna lívida o encendida: el aliento resopla agitado por la tempestad interior; la voz se hace áspera y fuerte; las palabras brotan confusas, impetuosas, sin claridad y sin orden; la
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mirada se vuelve feroz; y las manos se levantan contra el adversario, y pronto fácilmente se llena e al otro de heridas o se queda lleno de ellas. El iracundo se precipita en graves males, y como los objetos lanzados contra otros, logra destrozar a los demás, pero queda destrozado también él mismo”.
La Biblia tiene un libro admirablemente práctico, llamado “Los Proverbios del Rey Salomón”. Allí se dicen estas palabras que por más de 22 siglos han hecho bien a quienes las leen: “Luego, en seguida, el imprudente manifiesta su ira. En cambio el prudente sabe disimular su cólera. No te apresures a enojarte, porque la ira es propia de gentes sin dominio de sí mismos. El que es prudente es tardo para encolerizarse; en cambio el imprudente se aíra por cualquier cosa y hará locuras. Quien sabe dominar su ira, vale más que el que logra conquistas una ciudad”. La ira envejece el rostro y lo hace repulsivo.
Del gran Sócrates, el mayor filósofo de la antigüedad, que vivió cinco siglos antes de Cristo, narran las historias que un día un discípulo le hizo una grave ofensa y él no lo reprendió. En cambio al día siguiente sí le hizo la debida corrección, el joven le preguntó: “¿Maestro y por qué no me reprendió ayer cuando lo ofendí?” Y el sabio le respondió “Ayer no podía corregirte porque yo estaba encolerizado, y todo lo que se dice en un momento de ira, queda mal dicho. Qué gran verdad para no olvidar jamás: que todo lo que se dice en un momento de ira queda mal dicho. Por eso cuando la ira nos domina no tenemos más remedio que callar. Lo que digamos encolerizados nos traerá remordimientos después.
Cuentas de Atenodoro, el filósofo consejero de César Augusto, que cuando el emperador le pidió un consejo para no decir ni hacer imprudencias en momentos de ira y disgusto, le respondió: “Cuando estés lleno de ira, debes respirar profundo dos veces, antes de decir cualquier palabra o respuesta”. Y este sistema le evitó al mandatario tantas imprudencias, que lo recomendaba después como uno de los mejores consejos que había escuchado en toda la vida: respirar profundo dos veces, antes de hablar cuando se está encolerizado.
Y no olvidemos el adagio popular “Si callamos las palabras que deseábamos decir en un momento de ira, nos evitaremos para después muchas horas de angustia”.
San Vicente decía: “Tres veces he obrado con ira, y las tres veces ice todo al revés”. Y S. F. de Sales repetía muchas veces a sus discípulas: “Es mejor que se diga de Ustedes que
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nunca se encolerizan, y no que se encolerizan justamente”. Porque analizando bien los hechos, son rarísimas las veces que podemos afirmar ciertamente que la causa que produjo nuestra ira era tan grande, tan grande, que bien merecía exponerse por ella a todas las terribles consecuencias que trae airarse”,
Un padre de familia a una hija suya que se llenaba de ira por cualquier pequeñez, le dijo un día: “Qué bueno que cada vez que te encolerices te miraras al espejo. Seguramente tu amor propio te haría cambiar ese rostro tan agrio que pones, por un rostro de persona tranquila. Y recuerda: tu rostro no te pertenece. Tu rostro pertenece a los demás. Es un regalo que vas brindando a quienes tratan contigo. Pero tu ira y tu mal genio hacen que ese regalo tuyo que debería ser apacible y agradable, se convierta en un regalo antipático y entristecedor”.
70ª NO PIERDA TIEMPO EN VENGARSE. ¿Qué una persona egoísta trató de
aprovecharse de Usted? Que le sirva esto de experiencia para tener más prudencia en el futuro, pero no trate de pagarle con la misma moneda porque redundaría en daño de Ud. mismo.
El deseo de venganza trae al cuerpo y al espíritu los mismos males tan graves que ya enumeramos para los que sufren de ira, resentimiento o de odio. ¿Para qué acabar con su salud y su paz, por tratar de amargarle la vida a otro? Dios dijo en la Biblia “Mío es el castigo, y no cedo a otros el poder de tomar venganza”. O es que ¿Creemos que los que hacen el mal se van a quedar sin castigo divino? El salmo 74 lo dice bien claro: “El Señor hará beber hasta la última gota de la copa de la amargura a los que se dedican a obrar el mal”.
Cuando Jesús nos dijo: “Perdonad setenta veces siete”, nos estaba dando con este consejo una receta para no padecer de alta tensión sanguínea, palpitaciones y perturbaciones del corazón, jaquecas, úlceras y arrugas prematuras. Los médicos saben que si se quiere conservar el corazón sano y sin colapsos, es necesario evitar cualquier sentimiento de venganza, porque éstos traen verdaderos debilitamientos cardíacos. Los sentimientos de venganza agotan el cerebro, debilitan el sistema nervioso, desfiguran el rostro y probablemente acortan la existencia. Nuestros enemigos quedarían felices si supieran todo lo que nosotros estamos perdiendo por estar pensando en planes de venganza. Si ya los enemigos nos hicieron muchos males, para que querer aumentar esos males rumiando vengarnos, ¿Si sabemos que el deseo de vengarse nos enferma y nos envejece antes de tiempo?
Transcripción: Cesar A. Acosta B. 52
71ª OJO A LA ENFERMEDAD DE LA NEUROSIS. Es la enfermedad del siglo
XX. Es propia de las grandes ciudades y afecta quizás a una tercera parte de las gentes de las naciones más civilizadas.
Vamos a dar unas DIFERENCIAS ENTRE UNA PERSONA EQUILIBRADA Y