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Capítulo 3. Análisis de las tres traducciones de La Colmena de C.J Cela a través

3.2. Sobre la novela La Colmena

3.2.1. La novela La colmena: Su autor, su temática y su referencia

El gallego Camilo José Cela (1916-2002) fue un autor muy prolífico y lleno de inquietudes. Novelista, periodista, ensayista, editor de revistas literarias (Papeles de Son

Armadans, 1956), conferenciante, académico español y, al final de su carrera literaria, en reconocimiento a la calidad y a la personalidad de su obra, galardonado con el premio Nobel de Literatura (1989). Muchos de sus libros tratan de la pobreza, la crueldad y la desesperanza de la sociedad española de mediados del siglo XX en plena posguerra. Sus obras narrativas más celebradas son La familia de Pascual Duarte, La

colmena, Mrs Caldwell habla con su hijo, San Camilo 1936, María Sabina, Oficio de tinieblas 5, y Cristo versus Arizona. Sus libros de viaje alcanzaron una gran popularidad

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por la amenidad y la espontaneidad con que estaban narrados, entre ellos podemnos destacar una de sus obras más célebres, Viaje a la Alcarria, y también Del Miño al

Bidasoa, textos que le proporcionaron una cierta fama de hombre andariego y hedonista. También destacan Pisando la dudosa luz del día (poesía) y su Diccionario Secreto, curiosa obra en la que se analizan rigurosamente, desde un punto de vista lingüístico y literario, los orígenes, el uso y los significados de palabras del español consideradas por algunos como «malsonantes». En España la producción de su obra y la proyección biográfica de su autor han corrido siempre de forma paralela. Su vida, que siempre ha gozado de una proyección mediática indudable -llegó a ser, por ejemplo, el hilo conductor de un exitoso programa en televisión- se ha entrecruzado en muchas ocasiones con su propia obra. Su estilo de vida (populista y culto a la vez, amante de la buena mesa, intelectual al tiempo que cercano, refinado y sensible con lo más humilde, provocador, interesante siempre) de alguna manera se ve reflejada en su creación literaria, de forma que tenemos la impresión a veces que Camilo José Cela podía ser, en vida, uno de sus propios personajes.

Más que un relato, La colmena es el retrato de la vida urbana de Madrid en los años 40, el período de posguerra, que fue la consecuencia social, política y económica de la guerra civil que mantuvieron los españoles entre 1936-39. Cela observó este mundo madrileño siendo ya un escritor y lector formado: en 1940 tenía 24 años, había participado en la guerra civil, había publicado escritos periodísticos, y trabajaba como censor en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia del Ministerio de Gobernación del régimen franquista, pero Cela tuvo una vocación claramente percibida: lo suyo eran las letras, en una época en la que cualquier oficio servía para sobrevivir menos el de escritor, ya tenía a medio escribir su novela La familia de Pascual Duarte (publicada en 1942) que estaba destinada a romper muchos moldes en el género novelístico español.

Nuestro autor había tomado, además, varias decisiones: huiría de la grandilocuencia retórica tan extendida entre muchos autores anteriores hoy prácticamente olvidados; utilizaría un vocabulario rico en palabras y expresiones de uso común entre las gentes de la calle y de los pueblos; su estilo sería directo, claro y llamativo; y sobre todo, sus temas presentarían los comportamientos más oscuros y profundos de la mente humana en situaciones que todos reconocemos pero que pueden ser enloquecedoras para ciertas personas en determinadas circunstancias. Estuvo

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claramente influido por James Joyce y por el movimiento del «stream of consciousness», para quienes el relato no es una concatenación de hechos, sino el reflejo de estos hechos en la mente de los protagonistas. En otras palabras, la realidad no es lo que hay, sino lo que las personas percibimos.

Cela nunca fue un escritor «simpático», aunque gozó siempre de unos seguidores incondicionales. Su conducta controvertida y en ocasiones contradictoria le granjearon, en los años franquistas, cierta empatía entre los intelectuales, aunque en los últimos años de su vida, durante la España democrática, esta se diluyó. Nadie puso en duda nunca su talento, pero sus contradicciones y su pasado hicieron mella en su reputación. Se le ha criticado por su ideología derechista y su actuación en la guerra civil; por su acoplamiento al régimen franquista en la posguerra; por su actitud hacia los participantes extranjeros en el conflicto («los aventureros foráneos, fascistas y marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie les había dado vela en nuestro propio entierro»); y precisamente por lo que lo lanzó a la fama literaria: el «tremendismo». La corriente tremendista en la novela se da en España a lo largo de los años 40 como expresión patética de las consecuencias de la guerra civil. El tremendismo presenta existencias atribuladas y vidas desgarradas en las que se acumulan horrores de todo género. En opinión de la crítica, la obra que indicó el camino de esta tendencia literaria no fue otra que La familia de Pascual Duarte.

Sin embargo, Camilo José Cela era muy «de su época», una época en la que las ideologías siempre desembocaban en desgracias personales y en sufrimientos colectivos. El mundo urbano del Madrid que retrata en La colmena es incomprensible para las generaciones actuales, precisamente por lo monstruoso que fue. Hoy se recuerdan los fusilamientos, las cárceles y las torturas; pero el sufrimiento de la población entera, su aislamiento y su desesperación ya son difíciles de concebir. Para un escritor joven de los años 40 no era fácil ser optimista y alegre.

En la época que describe La colmena, toda Europa, con la excepción de España y un puñado de países más pequeños, estaba viviendo la mayor guerra de todos los tiempos. Las fronteras estaban prácticamente cerradas, el comercio internacional era inexistente, y los países que habían apoyado a Franco en su guerra ya tenían otras preocupaciones y no estaban para gestos generosos. España era un país derrotado por sí

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mismo, un país geográficamente europeo pero desconectado de todos los aspectos positivos de la vida occidental en Europa.

A lo largo de toda la guerra y durante muchos años después, el espectro de la pobreza planeó sobre el país. Era una pobreza triste en la que había falta de todo: ropa, alimentos, diversiones, transporte y esperanza. Los protagonistas de La colmena lo revelan por ejemplo a través de su obsesión con el tabaco (el gran matahambre); en sus vestidos raídos e incómodos; en su alimentación precaria; en el frío que pasan como consecuencia del crudo invierno madrileño, y en el escaso valor del poco dinero que entonces se podía ganar. Se trataba, además, de una pobreza que no podía desembocar en protestas sociales (la guerra ya había cerrado ese camino), y que tampoco podía contrastarse con otra posible vida mejor, ya que como diversión no había más que los cafés, los bares y -en algunos sitios- los cines, mientras los lujos modernos (automóviles, vacaciones, fiestas…) eran inexistentes. Los grandes placeres, incluso para los ciudadanos de economía más holgada, se limitaban a los buenos cigarros, la ropa de buen corte, los cafés elegantes, y -para los hombres- el sexo comprado.

La gran depresión social de la época dio lugar a fenómenos que Cela describe y que eran moneda corriente, a pesar de no encajar con el espíritu de los poderes falangista y eclesiástico. Uno era el «estraperlo», la venta ilegal de productos de procedencia igualmente ilegal -contrabando o fabricación clandestina. Otro de ellos fue la figura de «la querida»; se trataba de una muchacha, normalmente de extracción humilde, que se prestaba a ser utilizada como sierva sexual (y acompañante social a veces) de un hombre con algo de poder adquisitivo -es decir, no «rico» según nuestros estándares modernos-, como única manera de no suponer una carga más para su familia. El texto de La colmena está lleno, de alguna manera, de la sexualidad pervertida o retorcida propia de la época, y eso fue precisamente lo que impidió que el libro se pudiera publicar en España y retrasó su aparición hasta 1952 en Buenos Aires (un contrasentido muy revelador de la paradójica personalidad de su autor que acabamos de mencionar: una novela escrita por un censor, prohibida por la censura).

En la cuestión que se nos plantea aquí -la traducción de esta obra al chino- estos factores socioeconómicos tienen un papel fundamental. Es difícil para un lector chino medio comprender, por ejemplo, la sociedad rural europea del siglo XIX, tal como la describen Jane Austen u Honoré de Balzac; sin embargo, la escasez y la tristeza de la

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posguerra española, así como la falta de libertad y el hermetismo ideológico, sí han tenido paralelos muy cercanos en la sociedad china, sobre todo durante la época de Mao Zedong 毛泽东 (1893-1976) y sus revoluciones industrial, agrícola y cultural.