1. ¿Qué movimiento literario se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX?
En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolla el Realismo, movimiento que rechaza la huida de
la realidad que proponía el Romanticismo.
2. ¿Qué acontecimiento histórico da nombre a la Generación del 98?
El acontecimiento que da nombre a esta Generación es la pérdida de las colonias españolas en Cuba, Puerto Rico y Filipinas a manos de los EE. UU.
3. Cita alguna obra de Unamuno o Baroja.
Unamuno: San Manuel Bueno mártir, Niebla, Amor y pedagogía.
Baroja: La busca, El árbol de la ciencia, Memorias de un hombre de acción.
4. ¿Sabes qué es el Novecentismo?
Se conoce con el nombre de Novecentismo (o Generación del 14) a los autores que suceden a la Generación del 98 y alcanzan su plenitud literaria en la segunda década del siglo XX. Todos ellos
comparten con el 98 la inquietud por el problema de España, aunque rechazan la visión dramática y subjetiva de sus predecesores, adoptando una postura más equilibrada e intelectual.
5. ¿Por qué crees que el ensayo tiene tanta importancia en este periodo literario?
En este periodo cobra gran importancia el género ensayístico por ser el instrumento adecuado para expresar las inquietudes personales y el pensamiento de los autores de la época. Las ideas del 98 y de los novecentistas encuentran en el ensayo en mejor vehículo de expresión.
6. Explica en qué consiste, según tu opinión, el concepto de «la deshumanización del arte».
El arte debe abandonar los temas humanos (deshumanización) y tender a un estilo artificioso, alejándose de las masas, pues el arte es para las minorías.
ACTIVIDADES PROPUESTAS-PÁG. 208 Y 209
1. El siguiente fragmento pertenece a San Manuel Bueno, mártir (1933) de Unamuno. El protagonista, el párroco Manuel Bueno, ha conseguido que Lázaro, el hermano de la narradora, haya abandonado su indiferencia religiosa y se una a él para ayudar al pueblo. Ángela Carballino, la narradora, está contenta por ello, pero Lázaro le va a revelar una terrible verdad.
Y entonces, serena y tranquilamente, a media voz, me contó una historia que me sumergió en un lago de tristeza. Cómo don Manuel le había venido trabajando, sobre todo en aquellos paseos a las ruinas de la vieja abadía cisterciense, para que no escandalizase, para que diese buen ejemplo, para que se incorporase a la vida religiosa del pueblo, para que fingiese creer si no creía, para que ocultase sus ideas al respecto, mas sin intentar siquiera catequizarle, convertirle de otra manera.
—¿Pero es eso posible? —exclamé, consternada.
—¡Y tan posible, hermana, y tan posible! Y cuando yo le decía: «Pero ¿es usted, usted, el sacerdote, el que me aconseja que finja?», él, balbuciente: «¿Fingir? ¡Fingir no!, ¡eso no es fingir! Toma agua bendita que dijo alguien, y acabarás creyendo.» Y como yo, mirándole a los ojos, le
—¡Lázaro! —gemí. [...]
—Entonces —prosiguió mi hermano— comprendí sus móviles y con esto comprendí su santidad; porque es un santo, hermana, todo un santo. No trataba, al emprender ganarme para su santa causa —porque es una causa santa, santísima—, arrogarse un triunfo, sino que lo hacía por la paz, por la felicidad, por la ilusión si quieres, de los que le están encomendados; comprendí que si los engaña así —si es que esto es un engaño— no es por medrar. Me rendí a sus razones, y he aquí mi conversión. Y no me olvidaré jamás del día en que diciéndole yo: «Pero, don Manuel, la verdad, la verdad ante todo», él temblando, me susurró al oído —y eso que estábamos solos en medio del campo—: «¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella.» «Y ¿por qué me la deja entrever ahora aquí, como en confesión?», le dije. Y él: «Porque si no me atormentaría tanto, tanto, que acabaría gritándola en medio de la plaza, y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que ha hecho. ¿Y la mía? La mía es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío.» Jamás olvidaré estas sus palabras.
a) ¿De qué hablan los personajes? ¿Cuál es el terrible secreto del párroco Manuel Bueno? ¿Por qué no lo confiesa públicamente? ¿Por qué este texto es representativo del pensamiento de Unamuno?
Ángela Carballino, la narradora, dialoga con su hermano Lázaro, quien le cuenta a su vez el diálogo que mantuvo con Manuel Bueno, el párroco del pueblo quien le revela su falta de fe. El párroco no lo confiesa públicamente porque piensa que es mejor así para el pueblo que le reverencia. Si dejaran de creer, de tener fe, serían infelices y sufrirían como él. Este texto representa perfectamente el pensamiento de Unamuno basado en la duda dialéctica entre la fe y la falta de fe, la vida terrenal y la inmortalidad y la verdad y el engaño.
b) Señala las características narrativas del texto. ¿Quién narra? ¿A través de quién conoce los hechos? ¿Lázaro actúa como un narrador secundario? Señala todas las paradojas y juegos de palabras con los que los personajes exponen su pensamiento.
El fragmento tiene una cierta complejidad. La narradora de la novela es Ángela Carballino, quien cuenta en primera persona lo que supo de la historia de Manuel Bueno. Pero ella no es la protagonista, ni siquiera la testigo de muchos de los hechos, que le son narrados por su hermano Lázaro. Así, este actúa como un narrador secundario, es decir, como un narrador dentro de la narración. La mayor parte de los diálogos se introducen en estilo directo. Los que corresponden a Ángela y a Lázaro, mediante el método habitual de rayas y líneas separadas. En el relato de Lázaro, el diálogo con don Manuel se introduce mediante el uso de comillas. El lenguaje de los diálogos está lleno de repeticiones: ¿Fingir? ¡Fingir no!, ¡eso no es fingir!; juegos de palabras y paradojas: La mía
es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío.
2. El árbol de la ciencia (1911) es la novela en la que Baroja expone buena parte de su filosofía pesimista y agria sobre la España de su época, sobre la vida y los seres humanos. Lee este fragmento, realiza un resumen del mismo y responde a las preguntas que se formulan después.
A Andrés le indignó la indiferencia de la gente al saber la noticia. Al menos él había creído que el español, inepto para la ciencia y la civilización, era un patriota exaltado, y se encontraba que no; después del desastre de las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y en Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo; aquellas manifestaciones y gritos habían sido espuma, humo de paja, nada.
Cuando la impresión del desastre se le pasó, Andrés fue a casa de Iturrioz; hubo discusión entre ellos.
—Dejemos todo eso, ya que afortunadamente hemos perdido las colonias —dijo su tío—, y hablemos de otra cosa. ¿Qué tal te ha ido en el pueblo?
—Bastante mal.
—¿Qué te pasó? ¿Hiciste alguna barbaridad?
—No; tuve suerte. Como médico he quedado bien. Ahora, personalmente, he tenido poco éxito. —Cuenta; veamos tu odisea en esa tierra de Don Quijote.
Andrés contó sus impresiones en Alcolea; Iturrioz le escuchó atentamente. —¿De manera que allí no has perdido tu virulencia ni te has asimilado al medio?
—Ninguna de las dos cosas. Yo era allí una bactericida1 colocada en un caldo saturado de
ácido fénico2.
—Y esos manchegos, ¿son buena gente?
—Sí, muy buena gente; pero con una moral imposible.
—Pero esa moral, ¿no será la defensa de la raza que vive en una tierra pobre y de pocos recursos?
—Es muy posible; pero si es así, ellos no se dan cuenta de este motivo.
—¡Ah, claro! ¿En dónde un pueblo del campo será un conjunto de gente de conciencia? ¿En Inglaterra, en Francia, en Alemania? En todas partes, el hombre, en su estado natural, es un canalla, idiota y egoísta. Si ahí en Alcolea es una buena persona, hay que decir que los alcoleanos son gente superior.
—No digo que no. Los pueblos como Alcolea están perdidos, porque el egoísmo y el dinero no está repartido equitativamente; no lo tienen más que unos cuantos ricos; en cambio, entre los pobres no hay sentido individual. El día que cada alcoleano se sienta a sí mismo y diga «No transijo», ese día el pueblo marchará hacia adelante.
—Claro; pero para ser egoísta hay que saber; para protestar hay que discurrir. Yo creo que la civilización le debe más al egoísmo que a todas las religiones y utopías filantrópicas3. [...]
—Me indigna todo esto —exclamó Andrés.
NOTAS: 1.Bactericida: que destruye las bacterias; 2. Ácido fénico: desinfectante; 3. Utopías filantrópicas:
proyectos irrealizables de amor al género humano.
a) El texto comienza y acaba mostrando la indignación del protagonista. ¿A qué obedece este sentimiento en uno y otro caso? ¿Cuál de los dos grandes temas tratados por los autores del 98 es el que se incluye aquí?
Andrés Hurtado, protagonista de la novela, es un personaje frustrado por el descubrimiento de la realidad que le rodea. De ahí que muestre su indignación ante el comportamiento de las personas: en primer lugar, por la reacción pasiva ante el desastre del 98 y la pérdida de las colonias en la guerra con EE. UU.; y en segundo lugar, por la ignorancia y la pasividad de los habitantes de Alcolea, lugar en el que ejercía la medicina, ante las injusticias con que se encuentran. Como se puede observar, de los grandes temas tratados por los autores de la Generación del 98 en sus obras (España y el tema existencial), en este caso escoge el tema de España, el análisis y la reflexión sobre la conducta y la moral de sus ciudadanos.
b) ¿Qué actitud muestra el narrador sobre el asunto tratado? Indica palabras y expresiones que reflejen la opinión de Baroja sobre el ser humano y la sociedad.
El narrador muestra una actitud de frustración, escepticismo y menosprecio de las gentes que le rodean, además de mostrar una gran incapacidad de adaptación al medio social en el que se desenvuelve. Se puede en observar en expresiones del texto como las siguientes: A Andrés le indignó
la indiferencia de la gente; el español, inepto para la ciencia y la civilización; he tenido poco éxito; Yo era allí una bactericida colocada en un caldo saturado de ácido fénico. Estos tres enunciados que
señalamos a continuación reflejan perfectamente el pensamiento de Baroja sobre los seres humanos y sobre los habitantes de las zonas rurales: En todas partes, el hombre, en su estado natural, es un
c) ¿Por qué crees que es tan importante el diálogo en este fragmento? ¿Qué función cumple en la narrativa de Baroja? ¿Qué diferencias y similitudes con la novela realista percibes en este texto?
Baroja utiliza el diálogo como recurso para expresar sus reflexiones y pensamientos sobre asuntos diversos; en este caso, sus impresiones sobre los seres humanos y los españoles en concreto. Los diálogos son la voz del autor dentro de la narración pues en ellos Baroja refleja su propia concepción personal del hombre, de la política española y de la existencia humana.
En el texto se pueden percibir algunas diferencias respecto a la novela realista: se muestra la percepción de la realidad del autor no la realidad en sí misma; se vale de lo cotidiano, del vivir diario de los personajes; el relato se centra en Andrés Hurtado; el autor manifiesta sus ideas a través del narrador; y el estilo es sobrio sin apenas recursos retóricos, cobrando gran importancia el diálogo.
3. Lee el siguiente fragmento de la novela de Azorín La voluntad. ¿Qué predomina: la narración o la descripción? ¿Hay acción? ¿Qué efecto persigue el autor? Explica con ejemplos los rasgos estilísticos más destacados del texto: adjetivación, estilo nominal, sintaxis sencilla, etc.
A la derecha, la rojiza mole de la plaza de Toros, destacando en el azul luminoso, espléndido; a la izquierda, los diminutos hoteles del Madrid Moderno en pintarrajeado conjunto de muros chafarrinados1 en viras rojas y amarillas, balaustradas con jarrones, cristales azules y verdes,
cupulillas, sórdidas ventanas, techumbres encarnadas y negras... todo chillón, pequeño, presuntuoso, procaz, frágil, de un mal gusto agresivo, de una vanidad cacareante2, propia de un
pueblo de tenderos y burócratas.
La tarde es tibia y radiante: se sienten los primeros hálitos confortadores de la primavera que llega. El sol baña la ancha vía. Y Azorín camina por ella lentamente, hacia las Ventas... Pasan los enormes tranvías eléctricos, zumbando, campanilleando, carromatos, recuas, coches fúnebres, negros, blancos, ripers3 atestados de gente que van camino del Este, cuesta abajo. En el fondo,
cerca del viejo puente, aparecen los tapiales roñosos de una casa terrera4: es el Parador del
Espíritu-Santo.
NOTAS: 1.Chafarrinados: manchados; 2. Cacareante: exagerado; 3. Riper: transporte público arrastrado
por caballerías que podía correr sobre los carriles de los tranvías; 4. Terrera: de tierra.
El tema del fragmento es la descripción de la zona de Madrid llamada Las Ventas del Espíritu Santo (hoy conocida simplemente como Las Ventas) en una tarde de primavera. No se puede decir que haya un argumento: el personaje Azorín es el punto de vista que sirve como excusa para realizar una descripción detallada del paisaje y de las gentes que se despliegan a su alrededor, donde lo más llamativo es el desfile de coches fúnebres camino del cementerio.
El personaje que aparece, Antonio Azorín (nombre que adoptará a partir de esta novela como seudónimo su autor, José Martínez Ruiz) es el protagonista de un relato sin acción. Su paseo por Madrid permite ofrecer un cuadro impresionista y costumbrista de la capital en los inicios del siglo XX.
Funciona como un álter ego, a través del cual el autor expresa en ocasiones sus opiniones: por ejemplo, la consideración de que Madrid es un pueblo de tenderos y burócratas.
El ritmo del relato es lento. Al no haber acción, el tiempo se retarda y esa morosidad en su desarrollo permite detenerse en los detalles, en la captación de matices de luz, de sonidos, de personas y de vehículos que pasan.
La narración está escrita en tercera persona, pero sometida al punto de vista del protagonista. En este fragmento, como se ha dicho, la forma de elocución predominante es la descripción.
El tiempo verbal empleado es el presente de indicativo, que actualiza la descripción a ojos del lector. El estilo del fragmento es característico de Azorín: abundancia de oraciones simples y predominio de la coordinación y yuxtaposición, cuando se trata de oraciones compuestas.
En conjunto, la descripción adquiere un carácter impresionista: rápidas y fugaces enumeraciones de los elementos del paisaje (muros… balaustradas… cupulillas… ventanas…. techumbres), acompañadas de numerosos matices proporcionados por la proliferación de adjetivos, muchos de ellos explicativos y valorativos. El léxico es de gran precisión (chafarrinados, viras) y en su uso hay una voluntad de musicalidad propia del ambiente modernista de la época.
ACTIVIDADES PROPUESTAS-PÁG. 210
4. Tirano Banderas, el protagonista de la novela homónima de Valle-Inclán, es un imaginario dictador de una república americana. Santos Banderas, que ha aplastado una rebelión en Zamalpoa, recibe a una delegación de españoles radicados en su república. ¿Cuál es la visión que el narrador ofrece de los españoles? ¿Cómo es la respuesta y la actitud del dictador? Analiza el lenguaje empleado y algunas particularidades del léxico.
Niño Santos se retiró de la ventana para recibir a una endomingada diputación de la Colonia Española: el abarrotero1, el empeñista, el chulo del braguetazo, el patriota jactancioso2, el doctor
sin reválida, el periodista hampón3, el rico mal afamado se inclinaban en hilera ante la momia
taciturna con la verde salivilla en el canto de los labios. Don Celestino Galindo, orondo, redondo, pedante, tomó la palabra, y con aduladoras hipérboles saludó al glorioso pacificador de Zamalpoa:
—La Colonia Española eleva sus homenajes al benemérito patricio, raro ejemplo de virtud y energía, que ha sabido restablecer el imperio del orden, imponiendo un castigo ejemplar a la demagogia revolucionaria. ¡La Colonia Española, siempre noble y generosa, tiene una oración y una lágrima para las víctimas de una ilusión funesta, de un virus perturbador! Pero la Colonia Española no puede menos de reconocer que en el inflexible cumplimiento de las leyes está la única salvaguardia del orden y el florecimiento de la República.
La fila de gachupines4 asintió con murmullos. Unos eran toscos, encendidos y fuertes. Otros
tenían la expresión cavilosa y hepática de los tenderos viejos. Otros, enjoyados y panzudos, exudaban5 zurda pedancia6. A todos ponía un acento de familia el embarazo de las manos con
guantes. Tirano Banderas masculló estudiadas cláusulas de dómine7:
—Me congratula ver cómo los hermanos de raza aquí radicados, afirmando su fe inquebrantable en los ideales de orden y progreso, responden a la tradición de la Madre Patria. Me congratula mucho este apoyo moral de la Colonia Hispana. Santos Banderas no tiene la ambición de mando que le critican sus adversarios. Santos Banderas les garanta8 que el día más feliz de su vida será cuando pueda retirarse y sumirse en la oscuridad a labrar su predio, como
Cincinato9. Crean, amigos, que para un viejo son fardel muy pesado las obligaciones de la
Presidencia. El gobernante muchas veces precisa ahogar los sentimientos de su corazón, porque el cumplimiento de la ley es la garantía de los ciudadanos trabajadores y honrados. El gobernante, llegado el trance de firmar una sentencia de pena capital, puede tener lágrimas en los ojos, pero a su mano no le está permitido temblar. Esta tragedia del gobernante, como les platicaba recién10,
es superior a las fuerzas de un viejo. Entre amigos tan leales, puedo declarar mi flaqueza, y les garanto que el corazón se me desgarraba al firmar los fusilamientos de Zamalpoa. ¡Tres noches he pasado en vela!
NOTAS: 1. Abarrotero: americanismo, que significa «comerciante»; 2. Jactancioso: chulo, presuntuoso; 3.
Hampón: malhechor; 4. Gachupines: españoles establecidos en América, en tono despectivo; 5. Exudar:
salir un líquido viscoso de un recipiente; aquí está empleado metafóricamente; 6. Pedancia: pedantería; 7.
Dómine: maestro o preceptor; 8. Garanta: americanismo, por «garantiza»; 9. Cincinato: cónsul romano que
se retiró a labrar sus tierras; 10. Platicar, recién: les hablaba recientemente; son voces americanas.
La descripción y enumeración de los españoles que asisten a la recepción de Santos Banderas está realizada con el estilo deformante propio del esperpento. Los adjetivos y complementos
pretende agradecer al tirano su defensa de los intereses económicos y políticos de la Colonia