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UN NUEVO MITO DE FUNDACION DEL IMPERIO

In document THE Q'ERO FILE (página 46-56)

EFRAÍN MOROTE BEST

Preliminar.

A mediados del año 1955 efectuamos un viaje a Q’ero, un paraje situado en la vertiente oriental de la Cordillera Oriental de los Andes. Fuimos 12 expedicionarios: Oscar Núñez del Prado (que fue el gestor), Manuel Chávez Ballón, Mario Escobar Moscoso, Josafat Roel Pineda, Demetrio Roca Wallparimanchi, Luis Barred Murillo, los periodistas Demetrio Túpac Yupanqui, de la redacción de la Prensa (diario que auspicio la expedición) y Malkon Burke, de algunas revistas Norteamericanas; además de los tres excelentes guía, arrieros de oficio, señores Sosa, de la villa de Paucartambo.

1. En los años de 1922 y 1923 aparecieron las dos primeras publicaciones referenciales a Q’ero. Ambas están fuertemente influenciadas por la fantasía del autor. Vease; Yábar Palacios, Luis. “El ayllu de Qqeros- Paucartambo”. Revista Universitaria, órgano de la universidad de Cusco, año XI, setiembre 1922, N°38, pp3-26. Yábar Palacios, Luis. Los Malditos. El Pueblo de los Viudos y los Wachipaires (de Ayllu de Qqeros). Mas Alla, Revista Mensual Literario-Cientifica, Cusco, año II, julio, 1923, N°6, pp. 47- 50.

2. Fue de importancia muy especial la compañía de don Simon Qespe, inteligente indígena de Q’ero que guio a los expedicionarios. Quespe fue

encontrado en Paucartambo; allí trabajaba, en casa del patrón, Don Luis Ángel Yábar, junto con una veintena de sus paisanos.

El Mito

Inkari y Kollarí fueron dos hermanos. Tanto el uno como el otro, hechura de los espiritus de montañas (Auki, Ruwal o Tayta Orqo)3. Ruwal se dio cuenta de que

los hombres estaban solos, que no tenían con quien “conversar” y entonces para darles compañía, les saco las costillas falsas (sullk’a waqtan) y forjo con ellas a las dos primeras vírgenes.

Tiempos después, uno de los dos hermanos comenzó su peregrinaje civilizador. Vino de las tierras altas, cruzo La Raya, lugar muy importante que conduce a la altiplanicie del Titikaka, y desde allí camino por diferentes lugares arrojando en todas direcciones, una barreta de oro que llevaba consigo.

Fue en ese instante que comenzó la fiera interposición de los Ñaupa-Machu en la obra de Inkarí. Estos adoradores de Luna, habitantes de cavernas y pequeñas chulpas, seres que hasta ahora siguen reviviendo en las noches, conversando durante los eclipses y enfermando a hombres y mujeres, se conjuraron contra

Inkarí.

Qollari por su parte también contribuyo a la edificación de ese nuevo mundo. Lo hizo inconscientemente. El era el único poseedor del maíz. Un día que estaba Warmi patapi (en copula) se le acerco el zorzal (chiwaco) y le hurto los primeros granos que después fructificaron y se extendieron por todo el mundo.

Si no lo hubiera hecho, el maíz hubiera dado choclo en cada nudo, todo el tallo hubiese estado cubierto de vainas de habas y las panojas habrían dado granos de arroz.

1. El mito ha recibido, como no podía ser de otra manera las influencias del nuevo mundo que edifico la conquista. El antiguo caudal de la narración recibió denominaciones geográficas, nombre de plantas y animales, origen bíblico de la mujer, etc, provenientes de la cultura extra continental.

Inclusive es probable que la propia denominación de los dos personajes básicos del fenómeno correspondiera a muy recientes combinaciones de los vocablos en castellanos y nativos. Resultaba muy significativo que algunos informadores impriman una notable vibración de la “r”, al pronunciar el nombre de Inkari y también, que pongan cuidado todos en la énfasis de la sílaba final. La vibración de la letra “r” es fenómeno extraño a Q’ero y lo es mas el énfasis de las silabas finales. Estaríamos pues en camino a demostrar que los dos nombres correspondes a superposiciones de vocablos nativos y castellanos: Inka-Rey;

Qolla-Rey.

Se agrega a esto que tanto el vocabulario Quechua como el Castellano incorporado a él, tienen mucha dificultad en admitir la combinación ey al final de la sílaba. “Wawqey” (hermano mío) se vuelve (wawqí) en su pronunciación practica, así como Rey se vuelve “r”.

2. El mito sostiene el origen común de las ramas aborígenes Quecua y Qolla, al igual que el uso de los términos Qolla e Inka para denominarlas.

Qolla es un vocablo probadamente antiguo, en cambio quechua o qheshwa para denominar a los pobladores de las tierras bajas y a la lengua runa-simi, es tan reciente, de seguro, no alcanza a extenderse, con la significación actual, hasta antes de la sexta década del siglo XVI en que se publica el primer estudio básico sobre la Lengua General de los Indios del Perú. Es pues admisible que tanto el pueblo invasor como su nombre tomaran el nombre de Inka.

Muy importante es el hecho de que las formas dialectales de la Lengua General, habladas en regiones NE del Perú de hoy, no se llamen ni runa-simi, ni quechua, sino Inka. Es cosa sabia que muchas veces, la perdurabilidad y persistencia de ciertos hechos de la cultura se producen con más fuerza en las áreas periféricas y no en el núcleo de mayor densidad.

3. El mito sostiene el éxodo civilizador de la rama Inka desde la altiplanivie puneña.

El héroe cruza la raya, importante lugar divisorio, y desciende por las orillas del Vilcanota buscando un lugar apropiado para establecerse. Su recorrido es largo y por momentos se aleja del eje oteando diferentes direcciones.

Hecha la fundación y construidos algunos edificios sobre cimientos desecados con notable esfuerzo, queda impreso en la mente el recuerdo de la construcción sobre el agua, que mas tarde, para otros lugares del imperio que crece, alcanzando nuestro tiempo y buen número de construcciones hechas ya bajo el imperio del cristianismo. Así, no resulta sorprendente que las plazas de armas de Cajamarca y Ayacucho estén ubicadas sobre lagunas, al igual que esta la plaza de armas del Cusco y la propia Catedral.

La geografía vence al héroe y le señala sus condiciones.

El héroe resulta el introductor de la agricultura. En esta empresa es ayudado por Qollarí, el poseedor del maíz, el primer cultivador del precioso grano, que le es arrebatado durante el acto de la generación que fecundiza el mundo y sienta las bases sustantivas de la cultura.

Parece que los ñawpa-machu son nada mas ni nada menos que los pobladores pre-incas de vastas zonas andinas en los momentos de la invasión civilizadora venida del altiplano.

4. Por fin, el mito asigna como tal existencia, un contenido lítico a la obra de Inkarí. El modela las piedras porque de acuerdo a leyendas existentes en la propia zona conoce los secretos de la yerba usada por un ave para ahuecar los peñones de los barrancos donde vive. La piedra se torna sustancia plástica cuando toca el cuerpo de Inkarí. Se imprime las huellas de sus pies en Santa Clara; la de sus posaderas y genitales de Corralpata; la de su pensamiento, junto al rio Q’ero, etc.

11. hacia octubre de 1956 viajaron a la zona de Puquio (en el departamento de Ayacucho) los profesores José María Arguedas y Josefat Roel Pineda, acompañados del sociólogo francés Francois Bourricaud, por encargo de la

universidad mayor de San Marcos y del conservatorio nacional de música. En este viaje de investigación recogieron una valiosa versión del mito de Inkarrí, que la hemos obtenido merced a la gentileza de Gabriel Escobar Moscoso, cuando ya el trabajo estaba terminado. Creemos que la versión no debe ser prescindida en este estudio y por eso la damos en su forma Castellana, solamente:

“MITO DE INKARRÍ” (traducción), dicen que Inkarrí fue hijo de mujer salvaje. Su padre dice que fue el padre sol. Aquella mujer salvaje pario a Inkarrí que fue engendrado por el dios sol. El rey Inka tuvo tres mujeres.

La obra del Inka esta en Aqnu. En la pampa de Qellqata esta hirviendo el vino, la chicha y el agua ardiente. Inkarrí arrió a las piedras con su azote, ordenándolas. Las arrió hacia las alturas, con un azote, ordenándolas. Después fundo una ciudad.

Dicen que el Qata pudo haber sido el Cusco. Bueno después de cuanto he dicho, Inkarrí encerró al viento en el osqonta, el grande. Y en el osqonta pequeño amarro al padre sol, para que durara el tiempo, para que durara el día.

A fin de que Inkarrí pudiera hacer lo que tenia que hacer.

Después, cuando hubo amarrado al viento, arrojo una barreta de oro desde la cima de Osqonta, el grande. “si podrá caber el Cusco” diciendo. No cupo en la pampa de Qelqata. La barreta se lanzo hacia dentro. “no quepo”, diciendo. Se mudo hasta donde esta el Cusco.

¿Cuál será tan lejana distancia? Los de la generación viviente no lo sabemos. La antigua generación, anterior a Atahualpa la conocía.

El Inka de los españoles apreso a Inkarrí, su igual. No sabemos donde. Dicen que solo la cabeza de Inkarrí existe. Desde la cabeza esta creciendo hacia dentro. Dicen que esta creciendo hacia los pies.

Entonces volverá. Inkarrí, cuando este completo su cuerpo. No ha regresado hasta ahora. A devolver. A devolver a nosotros, si Dios da su asentimiento.

Pero no sabemos, si Dios a de convenir en que vuelva. (Información de Don Mateo Garriiazo, cabecilla de Ayllu de Chaupi).

En torno a la Hacienda – Wasi se dispone muchas chozas de indígenas. Todas son grises, muy grises: paredes de barro y pizarras, puertas y candados (püti o sullo) de madera, techos de paja envejecida, paredes interiores ennegrecidas por el humo de las fiestas. Es que esta son la casa de fiesta y solo cuando llega ella, o se hace un viaje, están habilitadas. Dos batanes de piedra juntos, colocados a inmediaciones de frio fogón sirven una o dos veces al año para la molienda del Wiñapu o maíz germinado para la chicha y de rato en rato, son también la “mesa” en que se vela a los cadáveres.

Parece que las tierras de Q’ero no sedujeron a los primeros españoles. La enorme distancia, lo poco halagador del clima y una connatural pobreza de las tierras debieron haber influido para este fenómeno que no resulta muy explicable en la época germinal del coloniaje.

Los Q’eros estuvieron en manos de patrones de diverso carácter y muy varios sentimientos. Parece que nunca tuvieron una actitud hostil hacia ellos y en los últimos años del presente siglo aceptaron como algo proveniente de la fatalidad el trabajar, en cambio del usufructo de pequeños campos y de pastos para alimentar animales que casi nunca pasan la decena, un promedio de 181 días anuales sobre la base convencional de una remuneración de 30 soles oro con diez centavos. De esta manera, los 58 peones de campo entregaban 10 498 de trabajo en el curso de cada año, fuera de otras muchas actividades que no han podido ser debidamente calculadas, por su irregularidad.

El censo preliminar que práctico quien escribe estas líneas arrojo la cifra de 234 habitantes, todos ellos analfabetos y monolingües, hablantes del quechua. De entre ellos, y como ya lo tenemos dicho había 58 braceros. Los demás eran mujeres y niños.

En el último lustro han abandonado la hacienda, arrojadas por el patrón, 155 familias con un total de 83 miembros.

La vida del hombre de Q’ero es muy semejante a la de centenares de miles de indígenas de la sierra del Perú. No es dueño de la tierra y paga bien caro su usufructo.

Cultiva papas como elemento sustantivo. Casi toda su dieta gira entorno a las papas y a las conservas deshidratadas que de ella se hace. La papa es tan valiosa que no se la desperdicia en ningún caso.

Las semillas sembradas un año y que no germinaron por alguna causa, son desenterradas para la preparación del Ismu (cosa podrida), una comida poco apetecible por gente de nuestra cultura alimenticia.

Hasta hace algunos años usaron largas trenzas (los varones). Ellas fueron un ponderado distintivo de su alcurnia Inka.

El corte de las trenzas fue ordenado por los patrones mestizos, pero sigue siendo un hito histórico en la memoria de la comunidad. Las cosas modernas sucedieron antes o después de la fecha en que les cortaron los cabellos, conforme suelen decir. Parece que todo lo que aconteció después fue, de acuerdo a la experiencia común, muy aciago para todos.

El mundo espiritual del hombre de Q’ero tiene un contenido de gran densidad. Su arte se limita al tejido sobre bases coloriticas limitadas al rojo, azul y el verde muy oscuro. La profusión de otros colores se debe a la influencia de la zona de Lawramarka, maestra de la testilería de muchas provincias de Cusco. El decorado alcanza alrededor de 15 motivos diferente, primando en ellos la presentación de un lago o sol y de un Chüncho, en forma excepcionalmente esquematizada.

Paralelamente, todo relato mítico o legendario refleja la inclinación hacia el uso de modalidades idiomáticas dubitativas y remisión al testimonio de terceras personas del plural.

La música esta vinculada con las canciones y las pocas danzas. Los instrumentos son casi exclusivamente membranofonos y aerófonos de caña.

La calidad del quechua actual y la de los impactos del castellano en él, pueden medirse a través de las siguientes referencias:

1. De una violenta recriminación familiar de 23 minutos, con las consiguientes justificaciones de los recriminados, se uso 15 palabras castellanas, en este orden: waley (valer : cuatro veces), pasay (pasar, ir: 1 vez), nombres de animales (1 vez), monte (1 vez), junto (todo, cabal: 1 vez), oponecuy (oponerse: 1 vez), kinto (cuento, murmuración: 1 vez), carajo (4veces), inferno (infierno): una vez, burla (1 vez), alma (1 vez), tantuta (tanto: 1 vez), wapu (guapo, atrevido: 1 vez), ringo alqo (perro gringo: 1 vez), yastán kani (estoy muy mal: 1 vez).

2. De un relato literario del tema del viaje del Zorro al Cielo, narrado en 117 palabras (en registro magnetofónico), hay 9 palabras castellanas, lo que representaría un 7.70%. estos dos ejemplos dan idea del estado del quechua en el hablar familiar y en la parla literaria.

Las objetivaciones de la zona no difieren sustancialmente de las existentes en toda la región andina del sur y aumentan un tanto con algunas expresiones de tipo selvático.

Los niños que mueren sin bautizo se vuelven “tuwende” (duende). En las cascadas (phawsi) vive la sirena anchancho, ser de variadas formas que canta al enrojecer del sol de la tarde; allí misma o en el “wako” (lugar tremendamente despoblado) vive juaniquillo, un demonio en forma de perro dueño de los metales. Los conocimientos médicos están relacionados con las objetivaciones. La etiología determina la existencia de seres que hacen enfermar. Los espíritus del monte “agarran” a los espíritus de los hombres; los machu (viejos) matan por consunción; la viruela (muru o qhapaq onqoy; gran enfermedad) es un hombre ciego de la región qheshwa. No nos puede ver y solo nos da la enfermedad cuando oímos sus

pasos o nos oye él. Los que hemos pasado la viruela transitamos por los caminos produciendo un sonido especial ( taqláq..taqláq) en cambio los que nunca la hemos sufrido pasamos diciendo chinlín…chinlín.

El personaje oye el sonido y produce la enfermedad; las gentes dicen que le agradan el vino, el agua ardiente y las comidas dulces; hay que darle algo de eso para que pase sin producir daño; se pone los alimentos junto a los primeros enfermos.

Los conocimientos astronómicos, muy llenos de leyendas, incluyen noticias practicas sobre constelaciones una de las cuales llamada “qoto” (siete cabrillas) determina el tiempo de siembra de las papas.

Sirio (paya chäska; estrella vieja) es juzgada una mujer liviana que no duerme dos noches seguidas en el mismo lecho; Venus, que toma tres nombres diferentes, tuvo su origen cuando tres hermanos perezosos marcharon al cielo desnudos (esto pasa también en Sallaq), etc.

Los conocimientos matemáticos son fundamentales. Piedrecitas, granos, dedos, y quipus sirven de ayuda. Las distancias se miden por días de viaje, si largas; por la posición del sol y las horas de alimento y trabajo, si cortas.

De noche rige el canto del gallo y la posición de los astros. El año se calcula por épocas de cultivo y los periodos mayores por alcaldes, fiestas o el tiempo en que les cortaron los cabellos. El cuerpo humano es unidad de mediadas pequeñas de longitud y de capacidad.

Es de notar, por ejemplo, que el hijo último (chanaqo) hereda la casa; los varones, las herramientas de labranza y las mujeres la vajilla. El hijo varón recibe mayor herencia que la mujer porque esta es uywanalla (solamente de mantener).

Como funciona el matrimonio de prueba (sirvinacuy) la herencia solo se entrega en calidad de anticipo de legitima, una vez realizado el matrimonio formal: la separación de los convivientes se puede producir por las siguientes causales: por

celos mutuos (tumpanacuy), por falta de aseo de la mujer, por el descuido en la atención de los animales o del hogar y por castigos corporales (makanaquy).

Formalizando el matrimonio no se concibe la separación de los cónyuges, etc. La literatura oral admite el viaje de ciertos animales hacia las estepas del cielo. Fue allá cierta vez, el zorro, en alas del cóndor. Terminados los quehaceres volvió el cóndor pero el zorro solo y hambriento sin alas para volver, tuvo que usar de una larga soga hecha de paja. A medio cielo sostuvo una trivial disputa con los loros que le cortaron la cuerda. La fuerza de la caída fue tremenda. El cuerpo del zorro se hizo pedazos que se dispersaron hasta 7 quebradas; así nacieron todos los zorros del mundo.

La figura del antiguo Dios creador ha sido sustituida por un vago señor que se llama Taitacha (padre), que puede ser tanto el padre eterno, Cristo o cualesquier santo de las jerarquías católicas. Este padre omnisciente fue reiteradamente engañado por cierta ave en los momentos de la configuración inicial del mundo de aquí. Las deficiencias o imperfecciones de este mundo se debe a él. Esta ave es el pito (hakäjllo: colaptes puna) que resulta ser la misma que conoció la yerba (qächu) con que los antiguos peruanos disolvían las piedras para la construcción de sus templos, palacios y fortalezas.

Hay quienes pueden invocar a los espíritus de los montes, se llaman Alto Misayoq; son hombres que fueron destrozados por un rayo y recompuestos por otro. Algunos espíritus vuelven de las tierras de volcán hacia las cumbres nevadas para trepar sus resbaladizos taludes. Por las noches se oyen sus gritos de dolor y a los oblicuos rayos del sol, se los puede ver empujando bloques de nieve hacia las cimas. También suele caminar por los lugares que son Waqo, sitios sin aliento vital. Allí buscan las cabañas abandonadas por los pastores, para comer las frías cenizas de los fogones. Kukuchi o Condenaro se llaman estos desgraciados seres que, muchas veces fueron en vida, patrones de haciendas y dueños de indios. Es en este ambiente natural y cultural, tan esquemáticamente señalado, que viven los últimos fragmentos del mito de Inkari, el héroe fundador.

LOS CIEGOS: VISION DE LA IDENTIDAD DEL RUNA EN LA

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