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Objeto de la retórica; importancia de este estudio

501. Sea que se considere el lenguaje del hombre aisladamen- te, y en un solo individuo, sea que se mire como el medio de comunicar sus pensamientos a los demás hombres, es innegable que a él es debi- da la perfección de la razón humana. Sus progresos son el resultado de los esfuerzos de muchos; son la reunión de las luces, y conocimientos de todos, comunicados recíprocamente por medio de sus discursos y de sus escritos.

502. De aquí es fácil inferir cuánta atención merecen de nues- tra parte estos objetos. La utilidad y el placer, nos impelen a comuni- carnos nuestros pensamientos del modo más ventajoso. Así es que en todas las naciones, luego que el lenguaje ha salido del estrecho círculo de la primeras necesidades, la perfección del discurso ha sido uno de sus principales cuidados. Las tribus salvajes no desatienden tampoco la gracia y fuerza de las expresiones, y usan de ellas para persuadir y mover.

503. Pero entre las naciones civilizadas ningún arte se ha cul- tivado con más esmero, que el del lenguaje, del estilo, y de la composi- ción. El aprecio que de él se ha hecho, puede considerarse como una señal de los progresos de la sociedad. Porque a proporción que ésta flo- rece, se aumenta la influencia de los hombres uno sobre otros, debida al raciocinio y al discurso; y cuanto mayor es esta influencia, tanto más prolijo es el esmero con que se atiende a los métodos de expresar las ideas, propia y elegantemente.

504. Estos métodos influyen poderosamente en la perfección de nuestras facultades intelectuales, porque adoptándolos en la compo- sición, no pueden menos que hacer refluir sus ventajas sobre la razón misma. La verdadera Retórica, y la sana Lógica, están estrechamente li- gadas. El estudio de coordinar y expresar nuestros pensamientos, nos enseña a pensar con la misma exactitud con que procuramos hablar. Nuestros sentimientos expresados con palabras, se conciben siempre con





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mayor distinción. Todo el mundo sabe que el que se expresa mal sobre un asunto; el que manifiesta sus ideas de un modo vago, y con senten- cias débiles prueba que hay en su espíritu, el mismo desorden y confusión que en las palabras.

505. Este estudio importante en sí mismo y en todos tiempos, lo es mucho más al presente, por el esmero con que se cultivan todos los conocimientos científicos. El oído del publico se ha perfeccionado de modo que con dificultad tolera la menor expresión incorrecta o desali- ñada; y es necesario cuidar no menos de expresar los pensamientos, que de los pensamientos mismos.

506. Mas es preciso aprender a distinguir los adornos verda- deros de los falsos, para no dejarnos arrastrar de un gusto frívolo y depravado. Los que no han estudiado la elocuencia por principios; los que no han llegado a conocer las bellezas genuinas de un buen escrito están siempre expuestos a dejarse deslumbrar del falso brillo del lengua- je; y muchas veces adoptar modelos corrompidos, que los extravían más y más de su objeto.

507. Aun los que no se dediquen a componer o hablar en público, podrán sacar ventajas del estudio de la Retórica. Para ellos no será tanto un arte práctico como una ciencia especulativa: las instruc- ciones que a otros sirven para componer harán a éstos juzgar de las bellezas de un escrito, y gustar de ellas. El ejercicio del gusto y de la crítica [son] unas de las ocupaciones que más perfeccionan el entendi- miento. Aplicar los principios de una sana Lógica a la composición y al discurso: examinar lo que es bello y el motivo que lo hace tal; ocupar- se en distinguir lo especioso de lo sólido, los adornos afectados de los naturales, contribuye en gran manera a perfeccionar el estudio del co- razón humano. Estas investigaciones están íntimamente ligadas con el conocimiento de nosotros mismos; nos conducen a reflexionar sobre nuestras operaciones; y nos familiarizan con los sentimientos más no- bles y más interesantes.

508. Ellas abren un nuevo campo a las facultades del hombre: a ellas pertenece en todo lo relativo a la belleza, a la armonía, a la gran- deza, a la elegancia, y cuanto puede contribuir a lisonjear la fantasía y mover los afectos. Presenta la naturaleza humana, bajo un aspecto dis- tinto del que toma en otras ciencias: abren varias fuentes de acción, que

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sin su auxilio no se habrían observado, y que tienen grande influencia en mil sucesos de la vida humana.

509. Otra ventaja peculiar a este estudio, es poner en ejerci- cio la razón sin fatigarla: conducirnos a investigaciones útiles pero no penosas: profundas pero no áridas. El esparce flores en el camino de las ciencias; y al mismo tiempo que conserva el ánimo en tensión, por decirlo así, y actividad, le alivia del trabajo que es consiguiente a la adquisición de los conocimientos, y a la investigación de las verdades abstractas.

510. Pero lo que sobre todo merece considerarse particular- mente, es la influencia que el cultivo del gusto ejerce sobre nuestras pasiones, excitando las tiernas y suaves, al mismo tiempo que debilita las conmociones feroces y violentas. Los sentimientos elevados, y los grandes ejemplos que a cada paso presenta a nuestra vista, alimentan el patriotismo, el amor de la gloria, y la admiración de las acciones ver- daderamente grandes e ilustres.

511. Y a la verdad sin poseer esas afecciones virtuosas, nadie puede sobresalir en las partes sublimes de la elocuencia. Es preciso sen- tir lo que siente un hombre de bien si se ha de mover e interesar al género humano. Los sentimientos fogosos de honor, virtud, magnanimi- dad, y patriotismo, son los únicos que pueden inflamar el fuego del ingenio, y excitar en el ánimo aquellas ideas que atraen la admiración de todos los tiempos. Si este espíritu es necesario para producir los es- fuerzos más distinguidos de la elocuencia, no lo es menos para gustar de ellos con delicadeza.

512. Nuestras lecciones abrazarán, 1º el estudio del estilo: 2º el de la elocuencia pública en sus diferentes especies.

 Lección 22