LA CONCEPCION ORGANODINAMICA Henri Ey
LA OBRA DE JULES SEGLAS: ENTRE 1888 Y
La obra de Séglas va a inscribirse en ruptura con el movimiento que Ey acaba de explicarnos. No será en vano que Ey y Lacan lo van a constituir en su punto de partida. La idea que los empuja los dos jóvenes es salir del mecanicismo localizacionista y organicista que insiste, sin mucha inteligencia, en la
sensorialidad de la alucinación, aislándola del delirio: "la noción que apreciamos tanto de la estructura mental que funda la unidad de cada forma de delirio crónico y que caracteriza tanto sus manifestaciones elementales como el conjunto de su comportamiento [...] su uso sistemático en la descripción de los diferentes tipos de delirios aquí estudiados hubiera conducido a la mayor parte de entre ellos a disolver más completamente la alucinación psicomotriz en la mentalidad delirante" (6)
1934 - 1935 : Ey y Lacan
En 1934 Henri Ey publica su libro Hallucinations et Délire, con el cual cierra una serie de estudios sobre el tema publicados en diferentes revistas. Es, según sostiene Palem, el libro de juventud que debe ser comparado con la Tesis de Lacan, ya que la tesis doctoral de Henri Ey sobre Glicemia y trastornos psíquicos no recela en ella nada nuevo. No así este libro. Aprovechemos de un pequeño juego de espejos para proseguir con nuestro estudio de las alucinaciones en Séglas, ya que Lacan nos presenta en 1935 el libro de Ey quién, prefaciado por el mismo Séglas, nos presenta las ideas de Séglas sobre las alucinaciones psicomotrices. Empecemos por Lacan quien nos dice: "Henri Ey no ha querido darnos aquí un resumen de sus investigaciones sobre la alucinación. La inmensidad y la heterogeneidad de este problema le han impuesto un programa metódico de investigación y de exposición en el cual el desarrollo de su trabajos anteriores se ha continuado con una rara coherencia. El conjunto está lejos de estar terminado. Este nuevo trabajo no es más que un momento [pero] tiene un valor ejemplar. Y es que los fenómenos alucinatorios estudiados aquí son por sus propiedades un verdadero caso de demostración para el pensamiento del autor. Son, en efecto, las alucinaciones psicomotrices aisladas por Séglas en 1888" (6). Veremos entonces como este ancestro común va a reunir a Lacan y Ey en sus desarrollos sobre las alucinaciones a lo largo del siglo 20.
Lacan continúa diciendo que "es notable constatar con Henri Ey [...] que "la historia de las ideas sobre las alucinaciones psicomotrices, comienza y termina en Séglas". [...] La evolución profundamente subversiva de las teorías de Séglas nos muestra [...] la maravilla de un espíritu que no solamente ha sabido "ver el hecho nuevo" [...] sino que [...] modifica por etapas y casi en contra suyo, el marco mental en el cual lo percibió al principio" (6). Se nos perdonará entonces que tomemos como guía el estudio que hace Ey del pensamiento de Séglas, para abordar Séglas, y ello no solamente por la caución de Lacan. Es sobre todo que "la filiación recibe aquí la sanción del Maestro mismo, quien, desde [1914] encerrado en su jubilación, ha salido para prefacear generosamente este libro" (6). El prefacio que Séglas hace para el libro de Ey va mucho más allá de un padrinazgo al joven pretendiente. En esta ocasión, Séglas va a aprovechar para dejar en claro un cierto número de cuestiones que quedaron pendientes en sus trabajos anteriores y Lantéri-Laura no duda en apelarlo "la última teoría de Séglas" a su mise au point.
Sigamos con la presentación de Lacan quien analiza el problema planteado por las alucinaciones psicomotrices verbales : "La alucinación psicomotriz permite de plantear con un relieve especial y también de resolver con una certitud particular el problema que H. Ey pone en el centro de sus trabajos sobre la alucinación : la alucinación es el parásito que desorganiza la vida mental - el automatismo de baja calaña que, según una concepción elemental como la de Clérambault o muy sutil como la de Mourgue, simula la percepción ; – ella es, en breve, el objeto situado en el cerebro que se impone al sujeto como un objeto exterior? O bien, la alucinación es la organización de la creencia, - parte integrante de relaciones perturbadas entre el ser vivo y el mundo exterior, del cual no termina nunca la objetivación [...] ; – es ella, en fin, la afirmación de realidad por la cual el sujeto perturbado defiende su nueva objetividad?" (6). Dejemos para más tarde la cuestión de ver de qué modo este párrafo puede aclararnos la lectura de la Cuestión preliminar que vendrá más de veinte años después.
Abordemos uno de los puntos clave de esta cuestión. Lacan dice en su informe citando a Ey, "La alucinación psicomotriz, en efecto, parece antes que nada - y apareció históricamente - como encerrando en su modo mismo un "factor poderoso de desdoblamiento de la personalidad"", lo que en
nuestra juerga actual se traduce por división subjetiva, división subjetiva a cielo abierto, tal como aparece en la psicosis.
Lenguaje, división, alienación
¿Qué punto de lo que escribe Ey es lo que cita Lacan, por aquél entonces interesado en la imagen y la gestalt? Ey nos va a hablar del "discurso interior" para introducir al problema de las alucinaciones psicoverbales: "Un hombre normal, cuando actúa, piensa y habla, actúa, piensa y habla con el sentimiento de su propia espontaneidad. [...] A menudo, sin embargo, pensamos, hablamos, actuamos sin que intervenga este sentimiento de nuestra espontaneidad. Ocurre que seamos sorprendidos por lo que pensamos, de las ideas que nos vienen al espíritu, de las palabras que surgen de nuestros labios, de los actos que estamos ejecutando. [...] Algunas veces nuestras palabras hablan "solas" [...] y sin embargo tenemos aún conciencia de nuestra espontaneidad, podemos inclusive decir de nuestra responsabilidad. [...] No podemos reflexionar o decidir de algo sin pensarnos como un sujeto y un objeto [...], la formulación del pensamiento exige nuestra propia división". Ya lo dijimos en trabajos anteriores, a pesar de la evidencia que tiene ante sus ojos, Ey encontrará como su propio límite, su convicción en la unidad de la personalidad. Lo que no le impide continuar diciendo "Más que cualquier otra, por su carácter específicamente social, la función del lenguaje lleva en ella misma una tendencia a escapar a la síntesis personal que exige la unidad. Es un fermento de dualidad" (4). Qué sorprendente entrecruzamiento, cuando sabemos hoy que a pesar de su punto de partida seglasiano Ey terminará reduciendo el inconsciente al imaginario, y que Lacan que en comentario de 1935 elogia "la revolución científica actualmente consagrada en lo que concierne a la psicología de la imagen" (6) terminará haciendo del inconsciente lo estructurado por el lenguaje...
¿Qué nos dice Séglas mismo en su prefacio, especie de testamento que lega a Henri Ey? "Lo que caracteriza, en efecto, a la alucinación del oído es que ella toma de ordinario la forma verbal, manifestándose como voces que articulan
palabras. Nos sorprende verdaderamente ver como este detalle, tan importante
del punto de vista de la psicología patológica, ha sido descuidado por lo viejos observadores, que se dedicaban sobre todo a determinar las características de la así llamada percepción auditiva [...]. Una vez reconocido su carácter verbal, la alucinación, en vez de ser un capítulo exclusivo de la percepción, se vuelve así sobretodo, un capítulo de la patología del lenguaje interior. De ahora en más ya no es posible considerarla como un simple trastorno psico-sensorial [...]. Ahora se vuelve un verdadero "delirio" dando a esta expresión su plena y entera significación" (4). El retorno a Esquirol deseado por Ey se hace a través Séglas y de la estructura del lenguaje. Séglas reconoce que dicho cambio de punto de vista pasa por las pseudoalucinaciones o alucinaciones psíquicas de Baillarger. "En resumen, prosigue Séglas, lo que funda ahora la característica de estos fenómenos es de no manifestarse como más o menos parecidos a una percepción exterior, sino de ser fenómenos de automatismo verbal, un pensamiento verbal separado [détaché] del yo [moi], un hecho, podríamos decir, de alienación del lenguaje" (4).