Capítulo I. De las Actividades Educativas
1.3.1 LOS RECURSOS NATURALES DE PARIA GRANDE.
1.6 LA OBSERVACIÓN VIAL.
Transitando por la vía asfaltada se observa como algunas de estas comunidades han sustituido sus tradicionales churuatas15 (u’chö’jode) o sus
viviendas rectangulares (iso’de) hechas de bahareque, con techos de palma por otras construidas por organismos nacionales o regionales y a las que éstos denominan «viviendas rurales». En otros casos, coexisten ambos tipos de viviendas.
Asimismo, se puede observar con cierta facilidad algunas escenas de la vida cotidiana ya que la presencia de dos ríos nos garantiza un buen punto de observación de actividades como la pesca, el acarreo de agua o el lavado de ropa, o de otras como la higiene personal o la recreación. Según nos explicaría después el geógrafo E. Palau (entrevista personal, septiembre 2, 2003), esos ríos -conocidos por sus nombres criollos de Paria Grande y Paria Chiquito- son el mismo río que viene del llamado Tobogán de la Selva (uno de los mayores atractivos turísticos de la región) y un brazo que viene detrás de Pinta’o (enorme roca de petroglifos) en la divisoria de aguas, definida, no difícil de percibir porque los caminos están hechos sobre esa divisoria de lo que es la cuenca del Cataniapo, y la del Paria Grande y el Paria Chiquito.
A ocho kilómetros y medio del aeropuerto, observamos a nuestra derecha una inmensa roca con una forma muy definida que se asemeja a una enorme tortuga fosilizada que hubiese resistido a los embates del tiempo. Se trata de la Piedra
15 Churuata. Hernández, Jiménez, Otero y Signi (2002) describen la churuata como una vivienda
«...de forma circular con un espacio ancho,... sostenido por seis palos, resistibles y bastante altos [que] se cubre con palma de temiche (awewa). Consta de una sola puerta sin ventana.» (p. 27)
de la Tortuga (cf. anexo 5), denominación que se le dio cuando fue declarada monumento natural, pero si se busca en los registros históricos, Humboldt se refiere a ella como el Cerro de Ataruipe,16 donde hay unas cuevas que son unos
cementerios indígenas a los cuales sólo se puede llegar por el río cuando el nivel de las aguas es bajo. También se le llamó Cerro de las Queseras motivado a que allí hubo durante algún tiempo unos hatos17 con pequeñas explotaciones
de ganadería y sus derivados.
Desde el punto de vista geológico, la Piedra de la Tortuga es una formación de granitos masivos magmáticos, propios de la edad geológica que dio origen al material rocoso del macizo Guayanés, a saber, la era precámbrica y el período cámbrico. En su superficie, de 525 hectáreas, al igual que en otras formaciones del mismo tipo, se nota una especie de pliegues que en realidad son fracturas atribuibles a los cambios de temperatura, a las altas precipitaciones, a condiciones climáticas distintas y, sobre todo, al fenómeno de la meteorización a través del tiempo. Este granito es definido como «granito tipo Parguaza», el cual es distinto al del interior del Estado. Existe una práctica para obtener materiales de construcción y ese granito meteorizado, comúnmente llamado «granzón»18, es extraído de esas rocas masivas completas
que se han meteorizado con el tiempo. El 75% de la geología predominante en Amazonas lo constituye un tipo de rocas compuestas por granitos y con alto contenido de cuarzo y sílice.
16Ataruipe. Voz de la etnia ature, ya desaparecida.
17Hato. Término empleado en Venezuela para referirse, como lo definen Núñez y Pérez (2002),
a una «finca extensa dedicada a la cría de ganado.» (p. 271)
18
Granzón. Núñez y Pérez (2002), definen el granzón como una «piedra pequeña entre uno y dos centímetros de diámetro que se utiliza en la construcción, especialmente de carreteras.» (p. 255)
Más adelante, notamos la señalización que indica la entrada hacia la vía que conduce a otra formación granítica importante no sólo desde el punto de vista geográfico y turístico, sino también de relevancia histórica. Conocida bajo distintos nombres criollos -Piedra Pintada, Pintado, Cerro Pintado- nosotros preferimos referirnos a ella empleando el que usan los indígenas: Pinta’o (cf. anexo 6).
De unos doscientos cincuenta metros de altura, Pinta’o es una espectacular mole negra sobre cuya superficie, de 1.425 hectáreas, los antepasados de los indígenas pobladores de la zona trazaron diversos dibujos formando así el que se considera el mayor petroglifo de Venezuela, por lo que fue declarado monumento natural según Decreto N° 2351, del 5 de junio de 1992. A pesar del paso del tiempo, Pinta’o se puede admirar aunque con relativa facilidad. Sin embargo, en período seco es observable con mayor nitidez y mejor aun si se utiliza un equipo provisto de un teleobjetivo. La carretera principal por la que transitamos permite el acceso a los caminos que conducen a la comunidad homónima de Pinta’o habitada por indígenas de la etnia hiwi y a la de Babilla de Pinta’o, por los piaroa, al igual que la de Caño Tigre, situada más hacia la selva; la comunidad de Pilón está habitada por los piapoko. Para visitar el monumento, al que se puede acceder también a través del río Cataniapo, se necesita la autorización del Instituto Nacional de Parques (Inparques), que es un instituto autónomo adscrito al Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales (MARN), entre cuyas funciones destaca la de garantizar la conservación de los parques nacionales y monumentos naturales de Venezuela. No obstante, los mejores guardianes de la zona son precisamente los descendientes de los creadores del gran petroglifo de Pintao.
Siguiendo nuestro recorrido por esa carretera principal, nos llama la atención a pocos metros de la calzada, una familia indígena alojados en una humilde vivienda, dedicada a labores de artesanía: tallas de madera que reproducen algunas especies representativas de la fauna del Amazonas como loros, guacamayas o tucanes, cuidadosamente pintadas, así como también mochilas tejidas con fibra de moriche.19 Al abordarlos, muestran con orgullo su
trabajo y con la parsimonia propia del indígena el artesano escribe en correcto castellano sobre el loro escogido por nosotros: «Recuerdos de Amazonas. Etnia piapoco».
Los avisos en la carretera nos dan a conocer los nombres criollos de asentamientos de las etnias hiwi y piapoko: Rueda y Agua Blanca. En esta última se encuentra un dolmen del mismo nombre (cf. anexo 7), llamado también Piedra Ángela, el cual no es de construcción humana sino un afloramiento granítico natural donde los indígenas realizaron pinturas rupestres y enterramientos. La influencia de la cultura occidental se hace evidente en algunas canchas de fútbol en la que un grupo de jóvenes indígenas practica el que -por lo demás- constituye su deporte favorito.
Después de pasar por ésta y otras comunidades como Puente Paria y Piedra Blanca, finalmente tomamos la vía de penetración hacia Paria Grande.
19El moriche (warí), cuyo nombre científico es Palmae, Mauritia flexuosa L., es una palmera de
gran tamaño. Las fibras de su tronco son utilizadas por los indígenas para la elaboración de fuertes cuerdas con las que hacen diferentes tejidos. Sus frutos son comestibles.
El recorrido realizado desde Puerto Ayacucho hasta Paria Grande (cf. Figura 3) lo ilustra el croquis siguiente:
Figura 3. Croquis del recorrido y zonas aledañas.
Comunidad Paria Grande