En las ofertas públicas iniciales (OPI), que cotizan una compañía en la bolsa de valores, se reúne capital mediante ventas debidamente registra- das y suscritas de sus acciones. Es una modalidad compleja de colocar acciones entre particulares. Los fundadores y los accionistas se compro- meten a vender parte de su empresa (mediante acciones y bonos no emitidos) al público; para lo cual se inscriben en la comisión de valores y listan sus acciones en una de las bolsas de valores.
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La decisión de transformarse en empresa pública resulta difícil por- que, una vez iniciado el proceso, se modifican de manera considerable la organización, la toma de decisiones y el puesto del fundador. Después será prácticamente imposible volver a la condición de empresa privada. Trampa
Los costos legales, contables y administrativos de reunir dinero mediante una oferta pública son mayores y más desventajosos que otros medios de financiamiento.
En Estados Unidos, por ejemplo, los honorarios de los abogados alcanzan a veces hasta 75 mil dólares. La cuota de inscripción en la comisión de valores y la cuota que se paga al gobierno del estado donde opera la compañía pueden fluctuar entre 50 mil y 100 mil dólares. Los estados financieros auditados, los estados pro forma y la síntesis de estadísticas financieras pueden oscilar entre 20 mil y 150 mil dólares, según el tamaño de la compañía y las complejidades de la auditoría. La impresión del prospecto, la constancia del registro ante la comisión de valores y las notificaciones oficiales costarán de 40 mil a 100 mil dólares más. No es raro para una oferta pública inicial de seis millones de dólares erogar hasta 500 mil antes de empezar a percibir ingresos; lo cual ocurrirá siempre y cuando la oferta sea exitosa.
A los ejecutivos les toma tiempo cumplir con las normas de la comi- sión de valores y presentar la información necesaria para no perder la condición de empresa pública. Ese lapso, que sería preferible dedicarlo a operar la compañía, afectará su rendimiento y las oportunidades de crecimiento futuro. Junto con otros gastos de rigor, se trata de un costo real en que se incurrirá al hacer pública la compañía.
Otra consideración importante es que convendría mantener en se- creto —en especial ante los competidores— la información sobre los productos de la compañía, su desempeño y su situación financiera que debe suministrarse a los accionistas y a personas externas. Además siem- pre existe el peligro de que el público no adquiera toda la emisión o, ni siquiera, una parte considerable de la misma; pero de todos modos habrá que incurrir en los costos de preparar la oferta pública.
Trampa
Aunque la emisión de acciones no sea exitosa, con sus propios ingresos la compañía deberá pagar gastos iniciales fuertes.
Una vez que la empresa se vuelve pública, el emprendedor prefe- rirá conservar el precio de las acciones y calcular las ganancias de
capital que ocuparse de asuntos operativos. Las metas a corto plazo de conservar o incrementar las ganancias del año podrían resultar contra- producentes y ser antepuestas a las metas a largo plazo para fortalecer, de manera paulatina, a la empresa. Con el tiempo resultará perjudicial el hecho de intentar aumentar en forma permanente las utilidades, cuando la estrategia aconsejable sería economizar por alguna tempo- rada.
Por último, tal vez el valor que las acciones alcanzaron durante la oferta pública sea una mera ilusión. Si no tienen un mercado real, no habrá intercambio activo después del primer día; de ser así, el valor de las acciones podría reducirse prácticamente a cero. Este es un riesgo que se debe correr cuando se decide cotizar en la bolsa de valores.
Sólo un pequeño grupo de empresas nuevas o jóvenes se cotizan en una de las bolsas de valores. Las empresas nuevas reciben evaluaciones menores y en general emiten mayor número de acciones. El hecho de que estén cotizadas en la bolsa no significa que se obtendrá una ganan- cia líquida. La comisión de valores impone severas restricciones al mo- mento y a la cantidad de las que pueden vender al público los funcio- narios, los consejeros y los miembros de la empresa. Tal vez tengan que transcurrir años luego de la oferta pública inicial para que pueda con- seguirse una ganancia en efectivo.
Una compañía puede reunir importantes sumas de capital con la venta de acciones, pero no deja de ser una apuesta costosa. Esta estra- tegia podría resultar contraproducente y entonces la compañía estaría en peor situación financiera.
* Tip _____________________________________________
La etapa de crecimiento, la localización de un buen banquero de inver- sión y las condiciones económicas deben ser idóneas para que la oferta pública inicial sea un éxito.
Cómo localizar a un banquero de inversión para la oferta pública inicial
Una vez que haya decidido llevar a cabo una oferta pública inicial, encuentre un banquero de inversión que se encargue de administrar y vender la emisión. Probablemente le cobre un anticipo de uno a dos por ciento sobre el valor de la emisión, más comisiones de siete a 10 por ciento sobre el valor de las acciones.
La mejor manera de localizar a este tipo de intermediarios es me- diante recomendaciones de un despacho contable nacional o de su asesor legal. Los contadores y abogados que conocen bien las normas de
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la comisión de valores suelen ser los mejores medios para hallarlos. La mayoría de los banqueros de inversión residen en las grandes ciudades como Nueva York.
El agente deberá de tener interés por su industria y por su compa- ñía, además, deberá de confiar en el emprendedor. Algunos agentes se concentran en las compañías que desean reunir más de 10 millones con la oferta pública. Otros se especializan en empresas nuevas y hay quienes prefieren tratar con las que llevan largos años de experiencia.