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LOS ORÍGENES DE LA MAGIA SEGÚN LOS INDÍGENAS] Podemos empezar por el problema de cómo se imaginan los

indígenas que se ha originado su magia. Si le preguntáramos, incluso al informador más inteligente, una cuestión tan concreta como «¿Dónde se ha inventado vuestra magia?», «¿Cómo te ima- ginas su invención?», necesariamente se quedará sin respuesta. Ni siquiera se obtendrá una respuesta falsa y medio sugerida. Sin embargo, existe una respuesta para esta pregunta o, mejor dicho, para su generalización equivalente. Examinando, una tras otra, las mitologías de las distintas formas de magia, encontra- mos que en cada una hay, explícita o implícitamente, puntos de vista sobre cómo la magia llegó a conocimientos del hombre. Si anotamos estos puntos de vista, los comparamos y llegamos a una generalización, fácilmente vemos, por qué nuestra pregun- ta imaginaria, hecha a los indígenas, habría tenido que quedar sin respuesta. Pues, según la creencia indígena, incrustada en todas las tradiciones y en todas las instituciones, la magia nun- ca se concibe como creada o inventada alguna vez. La magia se ha ido traspasando como una cosa que ha estado allí siem- pre. Se concibe como un ingrediente intrínseco de todo lo que vitalmente afecta al hombre. Las palabras, mediante las cuales el mago ejerce su poder sobre una cosa o un proceso, se tienen

por contemporáneas de éstos. La fórmula mágica y su objeto han nacido ambos a la vez.

En algunos casos la tradición los presenta, literalmente, co- mo habiendo nacido de la misma mujer. Así, una mujer de Ka- sana'i dio a luz a la lluvia y la magia vino con ella, y desde entonces se ha ido traspasando en el subclán de esta mujer. También la madre mítica del héroe civilizador Tudava dio a luz, entre otras plantas y animales, al pez kalala. La magia de este pez también se le debe a ella. En el breve mito sobre el origen de la magia kayga'u —la que protege a los marinos que se aho- gan de las brujas y otros peligros—, vimos que la madre, la cual dio a luz al perro Tokulubweydoga, también le pasó a éste la magia. No obstante, en todos estos casos el mito no indica que estas mujeres inventaran o compusieran la magia; de hecho, algunos indígenas afirman explícitamente que las mujeres habían aprendido la magia de sus antepasados por línea matrilineal. En este último caso, en el mito se afirma que la mujer sabía la magia por la tradición.

Otros mitos más rudimentarios y que tratan con menos de- talle los orígenes de la magia nos muestran, de forma inconfundi- ble, que la magia se remonta a los primeros tiempos del mun- do y que, verdaderamente, es algo autóctono en el sentido literal de la palabra. Así, la magia kula de Gumasila salió de la roca de Selawaya; la magia de la canoa salió de un agujero de la tierra, traída por los hombres que emergieron con ella; la magia de los huertos se concibe siempre como traída del subsuelo por los primeros antepasados, que emergieron por el agujero original de aquella localidad. Algunas formas de magia, menores y de uso local, tal como la magia del pescado que se practica en una sola aldea, la magia del viento, etc., también se supone que fueron sacadas de la tierra. Todas las formas de hechicería han sido traspasadas a las personas por seres no humanos, quienes sirvieron de intermediarios pero no fueron los inventores. La hechicería del bwaga'u se le atribuye a un cangrejo, quien la dio a un personaje mítico en cuyo dala (subclán) se ha perpetuado y desde donde se ha ido distribuyendo por todas las islas. Los tokway (espíritus de los bosques) han enseñado al hombre cier- tas formas de magia maléfica. No existe en Kiriwina ningún mito sobre el origen de la magia de las brujas voladoras. No obstante, en otros distritos he obtenido rudimentarias informa- ciones que apuntan el hecho de que fueron instruidas en la magia por un ser mítico y maligno, llamado Taukuripokapoka, con el que incluso ahora todavía mantienen ciertas relaciones, que culminan en reuniones nocturnas y orgías sexuales que re- cuerdan mucho a la noche de Walpurgis.

La magia del amor, la magia del trueno y el rayo, tienen su razón de ser en acontecimientos concretos. Pero en ninguno de ellos se nos deja imaginar que la fórmula haya sido inventada;

en realidad, existe una especie de petitio principii en todos es- tos mitos, pues por un lado dan cuenta de cómo llegó la magia y, por otro, en todos ellos se presenta a la magia como estando ya allí, completamente hecha. Pero la petitio principii se debe solamente a la falsa actitud mental con que nos aproximamos a estos relatos. Porque, para la mentalidad indígena, no pretenden contar cómo se originó la magia, sino cómo la magia llegó a manos de tal o cual grupo local o subclán de Boyowa.

Por lo tanto, al formular una generalización a partir de todos estos datos, debe decirse que la magia no se inventó nunca. En los viejos tiempos, cuando ocurrían los hechos míticos, la magia salió del subsuelo, o le fue entregada a un hombre por un ser no humano, o fue traspasada a sus descendientes por los prime- ros antepasados, quienes también dieron lugar al fenómeno que controla la magia. En los casos reales de los tiempos actuales y en el de las generaciones del pasado próximo, a las que los indígenas de hoy conocieron personalmente, la magia ha ido pasando de un hombre a otro, por regla general de padre a hijo o por línea materna. Pero su esencia misma consiste en la impo- sibilidad de ser creada o inventada por ningún hombre, en su absoluta resistencia a cualquier cambio o modificación. Ha exis- tido incluso desde el principio de las cosas; crea, pero nunca ha sido creada; modifica, pero nunca se debe modificar.

Resulta ahora fácil comprender que ninguna pregunta sobre el origen de la magia, como la que antes formulábamos, puede recibir respuesta por parte de un informador indígena sin dis- torsionar su testimonio por el mismo hecho de preguntársela, mientras que preguntas más generales, completamente abstrac- tas e incoloras le resultarán ininteligibles. Ha crecido en un mundo donde determinados procesos, determinadas actividades, tienen su magia, y ésta es uno más de los atributos de estas cosas. Algunas personas han sido tradicionalmente instruidas en el funcionamiento de estas magias y las saben; numerosos relatos míticos cuentan cómo los hombres se han beneficiado de la magia. Esta es la manera correcta de expresar el punto de vista indígena. Una vez llegados, de forma inductiva, a esta conclusión, sin duda, podemos comprobar nuestras conclusiones mediante preguntas directas o mediante preguntas intenciona- das sobre el asunto. A la pregunta «¿Dónde encontraron los seres humanos la magia?», obtuve la siguiente respuesta:

«Encontraron todas las magias, hace mucho tiempo, en el mundo inferior. Jamás hemos encontrado un conjuro en un sue- ño; si dijéramos eso, mentiríamos. Los espíritus nunca nos en- tregaron ninguna fórmula. Nos dieron canciones y danzas, es cierto, pero no la magia.»

Esta afirmación, que expresa la creencia de forma clara y directa, la he confirmado, repetida con variantes y amplifica- ciones, en muchísimos informadores. Todos destacan el hecho de que la magia tiene sus raíces en la tradición, que es el elemento más inmutable y valioso de la tradición, que no pudo llegar a conocimiento del hombre por ninguna relación con los espíritus, ni con ninguna otra clase de seres no humanos como los tokway o tauva'u. La característica de haber sido recibida de las genera- ciones anteriores es tan marcada que no cabe imaginar ninguna ruptura de la continuidad y cualquier adición a cargo de un ser humano real falsearía la magia.

Al mismo tiempo, conciben la magia como algo esencialmen- te humano. No es una fuerza de la Naturaleza capturada por el hombre de una u otra manera y puesta a su servicio; en esencia, es la afirmación de poder intrínseco del hombre sobre la Natu- raleza. Por supuesto, al decir esto estamos traduciendo las creen- cias indígenas a términos abstractos que ellos no utilizarían para expresarse. No obstante, va incluido en todos los detalles de su folklore y en la forma de utilizar la magia y de pensar sobre ella. En todas las tradiciones, encontramos siempre que la magia está en posesión de un hombre o por lo menos de un ser antro- pomórfico. El hombre la trajo consigo del subsuelo. No se con- cibe que haya estado en alguna parte que no fuera su conoci- miento y luego fuera capturada. Por el contrario, como vimos, suele ocurrir que las mismas cosas que la magia controla hayan sido producidas por el hombre, como por ejemplo la lluvia, el pez kalala; o la enfermedad, creada por el cangrejo antropo- mórfico.

La estrecha relación sociológica de la magia con un subclán determinado subraya esta concepción antropocéntrica de la ma- gia. De hecho, en la mayor parte de los casos la magia se refiere a las actividades humanas o a la respuesta de la Naturaleza a las actividades humanas, más bien que a las fuerzas naturales aisladas. Así, en la horticultura y en la pesca, se trata del com- portamiento de las plantas y animales cuidados o perseguidos por el hombre; en la magia de la canoa, en la magia del tallista, el objeto es una cosa producida por el hombre; en el Kula, en la magia amorosa, en muchas formas de la magia de los alimen- tos, la fuerza se dirige sobre la naturaleza humana. La enferme- dad no se concibe como una fuerza extraña, procedente del exte- rior y que se instala en el hombre, sino que es un producto di- recto del hombre, algo que hace el brujo. Por tanto, debemos ampliar la definición antes dada y afirmar que la magia es un poder, que la tradición traspasa al hombre, sobre sus propias creaciones, sobre las cosas que una vez fueron originadas por el hombre o sobre las respuestas de la naturaleza a sus activi- dades.

referido: la relación de la magia con el mito. En el capítulo XII hemos expuesto que el mito se desenvuelve en el reino de lo sobrenatural o, mejor dicho, de lo supernormal, y que la magia tiende puentes sobre el foso que separa ese mundo de la reali- dad actual. Ahora esta afirmación gana nueva importancia; la magia se nos aparece como la esencia de la continuidad de la tradición con los tiempos ancestrales. No sólo no se concibe jamás como una nueva invención, como señalé en aquel capítulo, sino que su naturaleza se identifica con los poderes sobrenatu- rales que constituyen la atmósfera de los acontecimientos míti- cos. Algunos de estos poderes pueden haberse perdido en el curso de la transmisión hasta nuestros días —las historias míti- cas relatan cómo se han perdido—; pero nunca se les ha aña- dido nada. Nada hay en la magia que no estuviera ya en los viejos y venerables tiempos del mito. En estos, los indígenas tienen una concepción claramente regresiva de la relación entre el presente y el pasado; en esto tienen su contrapartida para nuestra Edad de Oro y las diversas clases de Jardines del Edén. Así, tanto si nos aproximamos al asunto observando el origen de la magia como si lo hacemos mediante el estudio de las rela- ciones entre el presente y la realidad mítica, tenemos que reco- nocer la misma verdad. La magia es algo que ningún ser humano ni ningún otro ser ha inventado ni reformado jamás.

Desde luego, esto quiere decir que tal es la creencia indígena. Escasamente necesita decirse que, en la realidad, la magia debe de estar cambiando continuamente. La memoria de los hombres no es de tal tipo que puede traspasar verbalmente con toda exac- titud lo que ha recibido y, como en muchos otros elementos del saber tradicional, una fórmula mágica es constantemente re- conformada en la realidad a medida que pasa de una a otra ge- neración e incluso dentro de la mente de una misma persona. De hecho, incluso limitándose al material recogido por mí mismo en las Trobriand, puede reconocerse sin lugar a dudas que algu- nas fórmulas determinadas son más antiguas que otras y, desde luego, que algunas partes de los conjuros e incluso algunos con- juros en conjunto son de reciente invención. Aquí sólo puedo hacer una referencia a este interesante asunto que, para ser ple- namente desarrollado, necesitaría gran cantidad de análisis lin- güísticos así como otros tipos de «crítica de las fuentes».

Todas estas consideraciones nos han llevado muy cerca del problema esencial: en realidad, ¿qué significa la magia para los indígenas? Hasta ahora, hemos visto que es un poder inherente del hombre sobre las cosas que le afectan de forma vital, un poder que siempre se traspasa mediante la tradición.2 Sobre los

2. La relación de la magia con todo lo que represente un interés vital queda demostrado en el caso de la pesca de perlas. La llegada del hombre blanco ha proporcionado a los indígenas una ocupación lucrativa y absorbente.

orígenes de la magia saben tan poco, y se preocupan tan poco por ellos, como sobre los orígenes del mundo. Los mitos descri- ben los orígenes de las instituciones sociales y la colonización del mundo por los hombres. Pero el mundo se tiene por dado e igualmente la magia. No se hacen más preguntas sobre la magiagonía que sobre la cosmogonía.

IV. [LOS ACTOS MAGICOS: CONJURO Y RITO]