XVIII El poder de las palabras en la magia Algunos datos lingüísticos
XIII. SUSTANCIAS UTILIZADAS EN EL CONJURO] Si pasamos ahora a las sustancias que se usan en las cere-
monias mágicas, como soportes de la transferencia ritual del con- juro, encontramos, en la magia de la canoa, hierba lalang seca, hojas de banana secas, hojas de pandano secas, todas las cuales se emplean en la magia de la ligereza. Para quitar la pesadez de la canoa se utiliza una patata podrida; aunque en otras ocasio- nes la pesadez se arroja mediante un manojo de hierba lalang. Para limpiar el cuerpo de la canoa, los indígenas utilizan las hojas de dos o tres arbustos y matojos con que acostumbran a secarse después de los baños; y en otros exorcismos se valen de un palo o una antorcha. En los ritos relacionados con el ennegre- cimiento de la canoa, se emplean los residuos calcinados de mu- chas sustancias ligeras, como hierba lalang, nidos de un pajarillo muy veloz, alas de murciélago, pericarpio de coco y brotes de una variedad extraordinariamente poco pesada de mimosa.
Resulta fácil ver que, no menos que en las palabras, los ma- teriales que se utilizan guardan cierta relación con la finalidad de la magia, es decir, con la ligereza, con la velocidad y con el vuelo.
En la magia del Kula encontramos que se utiliza nuez de betel machacada en un mortero con cal para enrojecer las puntas de la canoa. También se le da al asociado nuez de betel previamente encantada con un conjuro de la seducción. En el mwasila se utilizan menta aromática hervida en aceite de coco y raíces de jengibre. La caracola y los ingredientes de los cosméticos, encan- tados en la playa de Sarubwoyna, al igual que el paquete lilava, también forman parte de estos pertrechos. Todas las sustancias que se utilizan en la magia tienen relación, o bien con la belleza y el atractivo (nuez de betel, cosméticos, menta) o bien con el
estado de excitación (caracolas, nuez de betel mascada). Por lo tanto, en este caso, la magia no se ocupa de la finalidad última —que es conseguir los objetos preciosos—, sino con los pasos intermedios, como es el hecho de resultar agradable al asociado o de ponerle en un estado de excitación que lo predisponga a hacer el Kula.
XIV. [TEXTOS NO MÁGICOS]
Quiero acabar este capítulo aduciendo unos cuantos textos de los informadores indígenas. En los capítulos anteriores se han puesto en boca de los nativos y citado distintas explicaciones y narraciones. Deseo mostrar ahora algunos de los textos lingüísti- cos de donde proceden las citas. Muchas de las expresiones las anoté tal y como ellos las iban diciendo. Cada vez que una ex- presión contenía un punto de importancia crucial, o un pensa- miento característico, o bien si estaba claramente formulada, o cuando su significación era especialmente nebulosa y oculta, las anotaba rápidamente a mano tal como las habían dicho. Cier- to número de textos, aparte de su importancia lingüística, ser- virán como documentos que corporicen las ideas indígenas sin agregados extraños, y también mostrarán el largo trecho que media entre las crudas explicaciones indígenas y su presentación explícita en el lenguaje de la etnografía. Lo que a primera vista más nos sorprende de estos textos es su extremada desnudez, la escasa cantidad de información que en apariencia contienen. Re- dactados en un estilo condensado y desarticulado, podría decirse que telegráfico, parecen carecer de casi todo lo que podría arro- jar alguna luz sobre el asunto que nos ocupa. Pues carecen de encadenamiento de las ideas y contienen pocos detalles concre- tos y pocas generalizaciones verdaderamente valiosas. Debe re- cordarse, no obstante, que cualquiera que pueda ser la importan- cia de tales textos, no son la única fuente de información etno- gráfica, ni siquiera la más importante. El observador debe leer- los en el contexto de la vida tribal. Muchas de las costumbres, de los datos sociológicos que escasamente se mencionan en los textos, se han hecho familiares al etnógrafo mediante su obser- vación personal y el estudio directo de las manifestaciones obje- tivas y de los datos referentes a la estructura social (véanse las observaciones metodológicas de la introducción). Por otro lado, un mayor conocimiento de los medios de expresión lin- güística hace que el lenguaje mismo sea mucho más significativo para quien, no sólo sabe cómo se utiliza, sino que lo emplea él mismo. Después de todo, si los indígenas pudieran informar- nos con exactitud, y de forma explícita y consistente, sobre su organización tribal, sus costumbres e ideas, el trabajo etnográ-
fico no presentaría ninguna dificultad. Por desgracia, los indí- genas no pueden salirse de la atmósfera tribal y verla objetiva- mente, ni si pudieran contarían con los medios intelectuales y lingüísticos necesarios para expresarse. Y por tanto, el etnó- grafo tiene que recoger los datos objetivos, tales como mapas, planos, genealogías, listas de propiedades, tablas de sucesión, censos de las comunidades de aldea, etc. Tiene que estudiar el comportamiento de los indígenas, hablar con ellos en toda clase de circunstancias e ir anotando sus palabras. Pero ya he tra- tado sobre estos aspectos metodológicos en la introducción y aquí sólo pretendo ejemplificarlos con respecto al material lingüístico que representan, directamente, algunas de las ideas indígenas sobre materias propias de la etnografía.
XV. [ T E X T O PRIMERO]