• No se han encontrado resultados

Los conceptos de la hipótesis

I- EL ORDEN DE LO HUMANO/CORPÓREO

[…] la `naturaleza humana´ no puede hallarse en ningún hombre por separado sino en toda la historia del género humano.

A. Gramsci (1984)

Cuando en la hipótesis es expuesta la idea de disociación entre “lo humano” y la ciencia, tanto en el imaginario como en las prácticas de los médicos, esa idea se inspira en la representación que muchas veces estos mismos sujetos tienen de lo humano/humanitario como adjetivación de las conductas médicas. Sabemos que circula la interpretación que hace sentir en médicos y “pacientes” que el acercamiento -extra-orgánico- responde a prácticas por “fuera del gaurdapolvo”, como si debajo de la ropa y por encima de ella no hubiera un humano que además es médico, con toda su humanidad, con lo sublime y lo

malvado del Dostoivski de Memorias del subsuelo.

Ahora bien, corridos de las construcciones mencionadas acerca de las representaciones médicas aludidas, es necesario aclarar que este estudio entiende la idea de “lo humano” como esa condición humana más allá del imaginario social que lo expresa románticamente y más allá de lo que a veces los mismo médicos entienden de sí mismos cuando creen hacer algo que no es “científico”. Porque en todo caso esta sensación médica, como humano/sensible/bueno, no niega -en la asimetría propuesta54- sino que esconde la potencia del “insoportable” encuentro de humanidades.

La perspectiva de Hanna Arendt resulta clara para ubicar la idea de humanidad/humano referida:

54

Cualquier cosa que toca o ha mantenido contacto con la vida humana asume de inmediato el carácter de condición de la existencia humana. De ahí que los hombres, no importa lo que hagan, son siempre seres condicionados. Todo lo que entra en el mundo humano por su propio acuerdo o se ve arrastrado a él por el esfuerzo del hombre pasa a ser parte de la condición humana. El choque del mundo de la realidad sobre la existencia humana se recibe y siente como fuerza condicionadora. (Arendt; 2009: 23)

Para Arendt labor, trabajo y acción son tres actividades relacionadas con “la condición más general de la existencia humana”, ella dirá:

La labor no sólo asegura la supervivencia individual, sino también la vida de la especie. El trabajo y su producto artificial hecho por el hombre, concede una medida de permanencia y durabilidad a la futilidad de la vida mortal y al efímero carácter del tiempo humano. La acción, hasta donde se compromete en establecer y preservar los cuerpos políticos, crea la condición para el recuerdo, esto es, para la historia. (Arendt; 2009: 22)

Imposible desde esa perspectiva no entender la continuidad sensible/corpórea que enlaza a la humanidad de los médicos con la de su “objeto/sujeto de trabajo” es decir, la salud/enfermedad de los hombres en contexto o, mejor dicho, con las expresiones de las condiciones socio-históricas y singulares cristalizadas en procesos de salud/enfermedad. Tres actividades, las propuestas por Arendt que hacen pensar en un eslabonamiento engarzado: desde la labor, la latencia sensible corpórea, desde el trabajo, aquello que origina el encuentro y desde la acción, la intersubjetividad histórica.

Ahora bien, la dimensión trabajo contempla el “hacer ciencia” y es entonces desde esta dimensión desde la que sería imposible escindir humanidad y ciencia.

Y, el cuerpo -humano- está en juego, en “demasiado juego” en las prácticas médicas. Aparece allí donde pareciera desdibujarse la franja entre lo público y lo privado. Por un instante, no hay diferencias y ello debe resultar muy “pesado” para la razón médica. Es interesante el planteo de Ricoeur para cerrar esta idea:

El cuerpo es aquí absoluto, es el punto de referencia del ahí, próximo o lejano,

de lo incluido y de lo excluido […]. A estas dimensiones corporales se añaden, por una parte posturas privilegiadas; […] orientaciones hacia adelante, hacia atrás, de lado; determinaciones todas susceptibles de valores opuestos: el hombre que actúa, como hombre de pie; el enfermo y también el amante en posición de acostado, la

alegría que levanta y eleva, la tristeza y la melancolía que abaten etcétera. En estas alternativas de reposo y movimiento se inserta el acto de “vivir en”, el cual posee sus polaridades: residir y desplazarse, resguardarse bajo el techo, franquear el umbral y salir afuera. (Ricoeur; 2004: 193)

Michel Foucault se refiere al vínculo entre los cuerpos y las prácticas médicas en su obra

El Nacimiento de la clínica, y hablando del viraje del siglo VIII, cuando “se produjo una

mutación esencial en el saber médico” (Foucault; 2004: 13) agrega:

Pero considerada en su estructura formal, la clínica aparecía para la experiencia del médico como un nuevo perfil de lo perceptible y de lo enunciable […] reorganización de los elementos que constituyen el fenómeno patológico, definición de las series lineales de acontecimientos mórbidos, […] articulación de la enfermedad en el organismo […]. (Foucault; 2004: 14)

Si bien una de las formas contra-hegemónicas de “mirar” esta legitimación de un nuevo orden, se realiza desde la crítica a la razón médica moderna, la idea en este trabajo, al instalar el debate sobre el concepto de “lo humano”, es también poder descubrir “aquello” corrido del modelo esperado, aún cuando sólo se trate de destellos desorganizados. La siguiente construcción de Maurice Merleau Ponty acerca de cuerpos que comprenden permite entender cómo pueden encontrarse episodios de los cuerpos/médicos/humanos que, aunque limitados y fugaces, escapan al orden médico:

[…] el cuerpo, en cuanto tiene unas `conductas´, es este extraño objeto que utiliza sus propias partes como simbólica general del mundo y por el que en consecuencia podemos `frecuentar´ este mundo, `comprenderlo´ y encontrarle una significación. (Merleau Ponty; 2000: 251)

Para el filósofo francés el cuerpo es el instrumento general de la comprensión.

Hagamos una interrupción. Aun, frente a la ausencia de una visión socio-histórica en la fenomenología, la mirada de Merleau Ponty sigue siendo potente sobre todo si tenemos en cuenta la resignificación a que la somete Bourdieu re-historizando la idea:

El mundo es comprensible […] porque el cuerpo que gracias a sus sentidos y a su cerebro tiene la capacidad de estar presente fuera de sí, en el mundo, y de ser impresionado y modificado de modo duradero por él, ha estado expuesto por largo tiempo a sus regularidades. […] el agente tiene

una comprensión inmediata del mundo familiar […] porque los instrumento de elaboración que emplea para conocer el mundo están elaborados por el mundo. (Bourdieu, 1999: 180)

De manera que, con Bourdieu estamos frente a un cuerpo/humano socializado a partir de

disposiciones adquiridas en experiencias históricas.