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Clavreul menciona en relación a la mirada que se tiene del médico: “cuando se exaltan las virtudes de la intuición psicológica, del sentido de lo ‘humano’, ello se hace con la misma condescendencia con la que se habla del saber de la enfermera y de la entrega al

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enfermo” (Clavreul; 1983: 133)122. Tampoco podríamos hablar de sujetos in-humanos, ya que hasta los más perversos no lo son123. Clavreul en su espectacular pero durísimo trabajo El orden médico, descuida un tanto este enfoque; en un pasaje dice “Lo que la medicina más se empeña en disimular es la ‘deshumanización’ que instaura […]” (Clavreul; 1983: 283). Pero, la medicina arrasada, devastada y los sujetos médicos arrasados, devastados por el orden médico vigente no dejan de ser humanos, con sus miserias y con sus triunfos. “Nuestra humanidad resiste a nosotros mismos. Nuestras organizaciones continúan llenas de pasiones, rencores, competencias, narcisismos heridos y floridos. Ineludiblemente llevamos nuestra humanidad a todas partes”. (Onocko Campos; 2003: 103-120).

De qué categoría de humanidad se habla en este trabajo y qué idea de humano está representada en las prácticas directas. Es posible que confluyan. Porque si sus discursos están corridos, es porque su humanidad está corrida. Y es esto lo que inspiró la búsqueda, no al revés.

Entonces aparece en este trabajo algo de lo humano (ni bueno ni malo) que el orden médico en tanto orden al interior del capitalismo pareciera no haber disciplinado.

La idea de humanidad trabajada, se descuelga de una historia de pasiones, humano sin humanidad correcta, humano de desnudez. Humanidad sin tiempo y de otro/s tiempos. Un lugar-cito donde la racionalidad tecnocrática no arrasó, una porción donde lo que es, nunca debió dejar de ser, donde lo humano no se volvió post-humano. Porque si, como transmite claramente Esther Díaz,124 “transitamos un estadio post-humano” al mismo tiempo que cuestiona a “la racionalidad científica pretendidamente universal que nos arrastró al anonimato técnico”, podemos decir que en “algunos momentos” de las experiencias estudiadas, pareciera que se rescatan escondidas (de la tecno-ciencia) porciones rudimentarias de cuerpos, ideas, enojo, risa, simetría, asimetría, ira, sacudimiento, deseo. Pero, desde esta línea, al igual que en la relación prácticas-orden

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La impresión vulgar se sorprende de las condiciones que menciona como humana y de entrega en médicos y enfermeros, que -sin ser esas las lecturas adecuadas- son inherentes al ejercicio de ambas profesiones.

123“Suele decirse que los torturadores son “inhumanos”, ¿de dónde salió eso? Únicamente el humano

tortura o traiciona”. En: Díaz Esther La trampa humanista. http://www.estherdiaz.com.ar.

124 En: http://www.estherdiaz.com.ar. Rigor científico y sus consecuencias bio-políticas como

médico habría que preguntarse si es alentador o si es condición (que distrae) de la

persistencia caprichosa de la post-humanidad.

Y ahora sí, y ya en esta experiencia de estudio en la que me ocupo de un sector -ya muchas veces definido- de la medicina, hablo de la posibilidad de intersubjetividad - humana- como un instante volátil de corrimiento del biopoder (médico), del orden médico vigente. No está diciéndose que no se sea humano cuando se responde al biopoder y cuando se es moldeado por él, está diciéndose que si buscamos, podemos encontrar una condición humana que pareciera deslizar comportamientos por fuera del orden médico, donde también la condición humana se entrecruza. Foucault sostiene que “Durante milenios, el hombre siguió siendo lo que era para Aristóteles: un animal viviente y además capaz de una existencia política; el hombre moderno es un animal en cuya política está puesta en entredicho su vida de ser viviente” (Foucault; 1998: 173). Más precisamente entonces se habla del encuentro (humano) de vidas de seres vivientes corridas del entredicho y con una existencia política por un momento compartida. En definitiva se trata de una intersubjetividad imprevista arrasada por otra cosa que no es la esencia del orden médico. La misma que inspiró a Jorge (casi gritando) cuando protestó:

“¡Me molesta que se atienda más a la gente que más demanda. Entonces al que no pide nada no le damos nada!”

Esta cuestión, que no sería llevada a un “trabajo científico”, y que de hecho no es llevada, no viene del deber ser románticamente altruista, pareciera emerger visceralmente. Entonces cuando estamos frente a sujetos que no usufructúan la categoría de humanidad en clave de un perverso humanismo humanitario podría estar pasando que no sepan cómo llevar lo encontrado, pensado, sentido, al terreno de la ciencia (humana). Podríamos preguntarnos, ¿por qué tendrían que llevarlo?, decir que tendrían que hacerlo responde a una línea de pensamiento, la de este estudio, lo que sí es posible sostener es que nuestros sujetos se mueven en “dos aguas”. Tal vez entremos en una elucubración demasiado arriesgada si pensamos en una de esas aguas, como la masa (profesional) que

define Freud, y, la otra como la de la trinchera (laboral) donde irrumpe “lo humano”. Aun así, vayamos a la primera:

Por un momento reemplaza [la masa] a la sociedad humana global, que es la portadora de la autoridad, cuyos castigos se temen y por amor de la cual uno se ha impuesto tantas inhibiciones. Evidentemente, es peligroso entrar en contradicción con ella; uno se siente seguro siguiendo el ejemplo de los demás y, llegado el caso, `aullando con la manada´. En obediencia a la nueva autoridad es lícito rescindir la anterior `conciencia moral´ y entregarse a los halagos de la ganancia de placer que uno de seguro alcanzará cancelando sus inhibiciones. En definitiva, no es tan asombroso, pues, que los individuos de la masa hagan o aprueben cosas a las que habrían dado la espalda en su vida ordinaria (Freud; 1979:22)

“La masa es extraordinariamente influible y crédula; es acrítica, […]. Por eso no conoce la duda ni la incerteza” (Freud; 1979: 20). Este arrasamiento también formaría parte de los sujetos en que nos detenemos, pero, se ve interceptado por disrupciones procedentes de las opciones -no deliberadas- frente a la coexistencia de voces asimétricas.

Vamos a la segunda, al orden de lo humano que arrastra y que cristaliza en los discursos/prácticas de esa “porción” de la medicina a la que se hace referencia como con capacidad de inter-subjetivar genuinamente. Se diferencian de aquellos que tienen marcado a fuego el proceder hegemónico -que son siempre masa-, en que en Pablo, Luis, Aníbal la categoría humanidad (visceral en contexto de clases) es la misma que la de aquellos con quienes entran en contacto en las prácticas cotidianas. Parecieran sostener algo de lo que dice Arendt “[…] los hombres en plural, o sea, los que viven, se mueven y actúan en este mundo, sólo experimentan el significado debido a que se hablan y se sienten unos a otros a sí mismos”(Arendt; 2009: 16/17).

A continuación se transcribe un pequeño diálogo con Pedro luego de que comentara, tal como se muestra en sus propias palabras125, su preocupación acerca de algunas derivaciones de pacientes a centros de mayor complejidad y que planteara alternativas. Lo que pareciera necesario retomar es que hacía hincapié no solo en los costos económicos, sino también en los simbólicos para la población.

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E: “¿Cómo es que esto que acabás de decir nunca forma parte de tus trabajos científicos?”

P: “Nooo, yo estoy en la trinchera, no tengo tiempo para escribir” E: “Sin embargo presentás trabajos en Jornada congresos” P: “Es que…no sé cómo hacer para decir eso”

“Eso”, donde lo humano no es sinónimo de sensiblería, donde podría volverse un abordaje constitutivo de la salud, es innombrable en términos teóricos y al mismo tiempo es donde convergió el cruce de humanidades; seguidamente Pedro agregó:

“¿Vos sabés lo que es tener que andar por Buenos Aires con tu marido, preocupada porque tenés a los chicos acá?”

Pensemos que esta forma de inter-subjetivar, más ligadas a las resistencias que al control social, no suele ser las más transmitida a través de los recursos orales, escritos, y visuales con el que el mundo institucional de la salud “contiene” a sus trabajadores. Lo que llega como transmisor de lecturas sociales desde la racionalidad oficial y con intenciones “humanizantes” suele tener el tono que se transmite a continuación:

En la página web del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, bajo el título, Capítulo II. El médico y el paciente, aparece un cuadernillo con este texto dentro de un texto mayor los médicos no deben abandonar a los pacientes moribundos, sino que deben

continuar la entrega de una atención “compasionada”126.

Esta idea de compasión que propone el sistema, sirve como “indicador”, junto a muchos otros, para pensar cómo puede colarse en los huesos una propuesta “humanizante humanitaria” que por un lado no se incorpora a la ciencia y que por otro no propicia un encuentro de iguales. Propicia la vuelta del sujeto, pero de un sujeto superior, el médico que “compasiona”.

No obstante, muchos testimonios muestran que los mecanismos hegemónicos que acechan, como este inocente “consejo”, no siempre caen en “saco sano”.

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¿Es posible romper con el orden médico al interior del orden médico?