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Aunque no se lea todo, lo cierto es que en un proceso de investigación suele manejarse un número considerable de fuentes documentales. Con fre- cuencia, el provecho que se espera del tiempo y el esfuerzo dedicados a elegir y elaborar los textos que se toman como referencia se ve comprome- tido por la dificultad para recordar dónde se encontraba aquella idea inte- resante o quién era aquel autor prometedor que vimos citado, o incluso para recuperar las notas o el resumen que elaboramos de determinado ar- tículo. La elaboración de un trabajo científico ya es lo bastante exigente como para añadirle factores que incrementan las dificultades y que pueden ser provechosamente neutralizados.

Como ya ha sido señalado, una buena práctica que conviene ejercitar desde las primeras lecturas (incluso en la exploración intuitiva) consiste en la creación de una base de datos propia, en la que el investigador inclui-

rá todas aquellas referencias que consulta, así como aquellas que considera que podrán serle útiles. Esta base cumple diversas funciones, entre las cuales se encuentra la ya aludida de descargar a la memoria de informa- ciones excesivas, así como la de mantener ordenados los resúmenes, notas y esquemas que realizamos. Permite incorporar tanto lo que ha resultado útil como aquello que debimos descartar, y en cierto modo ayuda a esta- blecer una suerte de «parentescos» entre los autores cuya consulta es o no es pertinente para el trabajo que realizamos. Facilita enormemente la in- grata tarea de generar listados de referencias consultadas y, según cómo se estructure, puede ser de enorme ayuda para organizar lo que se lee en re- lación con los objetivos concretos del trabajo que estamos realizando.

No existe una única manera de organizar esta base de datos; existen en el mercado algunas que son profusamente usadas (END NOTE, etc.) y que facilitan las búsquedas internas. Independientemente de la que se escoja, parece básico que para cada texto leído y que aporta algún aspecto de inte- rés para el propio trabajo se incorpore, además de la referencia exacta:

 Un resumen de su contenido, que permita recuperar el tema o pro- blema central del trabajo en cuestión, las ideas principales que sostiene, las relaciones que se postulan entre ellas y los argumentos en que se apoyan. Si se trata de un trabajo empírico, su propia estruc- tura puede ayudar a configurar el resumen (añadiendo a lo anterior lo relativo a la metodología utilizada, los resultados obtenidos y las conclusiones a las que se llega). Este resumen, tipo ficha, pensado para recuperar la información básica de un texto que se considera relevante, no tiene por qué confundirse con un resumen más com- pleto y amplio, realizado durante y después de la lectura de elabo- ración (véase apartado « Leer y escribir para comunicar. El texto académico para ser leído»).

 Un número no excesivamente amplio de palabras clave, conceptos que parecen básicos teniendo en cuenta a la vez la perspectiva de los autores y la del lector (relevancia textual/relevancia contextual, Van Dijk, 1979): estos conceptos ayudarán a concretar qué es clave, para el lector y su propio trabajo, del texto que ha leído.

 Una valoración personal y específica acerca de la utilidad que puede tener el texto leído para el lector: «Texto que proporciona una perspectiva algo distinta acerca de xxxx, pero sin embargo com- patible con la que adopto. Útil para la elaboración del “Marco teó- rico”, en el apartado de “Nuevas aportaciones al estudio de xxxx” y quizá también para...».

 Una selección de referencias que pueden ser de interés, extraídas de la bibliografía del trabajo consultado.3

En muchas ocasiones al principio, y menos frecuentemente a medida que se avanza en la propia elaboración, se manejan textos cuya utilidad, independientemente de su interés intrínseco, es más bien escasa. Cuando ello ocurre, hay que desechar la tendencia a apartar dicho texto o guar- darlo en el cajón de «inservibles». Es muy recomendable introducirlo tam- bién en la base, acompañando la referencia de un breve resumen (puesto que ha sido leído vale la pena elaborarlo) y de una valoración que especi- fique las causas por las que no parece pertinente. Conviene tener en cuen- ta que el proceso de elaboración de un trabajo científico es dilatado y no lineal; quizá un año después de haber consultado un artículo que no nos resultó de utilidad algún cambio realizado atribuye un sentido distinto a ese texto. O tal vez un año después ya no recordamos que esa línea de in- vestigación no aportó mucho a nuestro trabajo e invertimos tiempo y es- fuerzo en buscar y leer otro texto en la misma línea.

Por último, en esa enumeración de mínimos para empezar a constituir una base de datos, resulta recomendable incorporar también aquellos tra- bajos que caen en nuestras manos, que aparecen en los sumarios de las pu- blicaciones especializadas, o de los que se tiene conocimiento a través de diversos medios y que todavía no han podido ser leídos. Además de hacer constar esta última circunstancia, que diferencia las lecturas realizadas de las lecturas en agenda, conviene incorporar, cuando el propio trabajo lo in- cluye, el resumen (reproducirlo, en este caso) y las palabras clave. En el apartado de valoración, que lógicamente no puede ser completado, se po- drán hacer constar las razones por las que se considere la potencial utili- dad de leer ese texto.

La elaboración de una base de datos como la descrita, que puede ser tediosa –y bastante menos útil, por cierto– si empieza a constituirse cuan- do ya se ha realizado un número considerable de lecturas, es sin embargo una tarea de enorme utilidad, tanto para elaborar y organizar el conoci- miento obtenido a través de los textos (mediante la elaboración del resu- men breve, la decisión sobre los conceptos clave, la valoración), como para ordenar y orientar las lecturas realizadas y futuras. Conviene no perder de vista que mucha información, paradójicamente, puede llegar a ser poca o ninguna información, si ésta meramente se acumula sin orden ni concier- to o sin algún tipo de elaboración personal.

Dominar la lectura y la escritura de textos científicos