Capítulo 1: Introducción
1.4 Marco teórico
1.4.2 Diseño de ortografías
1.4.2.3 Ortografías superficiales y ortografías profundas
Una ortografía superficial es aquella que opta no por una representación fonológica “subyacente”, sino por una representación lo más apegada posible a la realización fonética, razón por la cual los alomorfos de las raíces y de los sufijos suelen recibir representación gráfica propia y diferenciada, en vez de quedar indeterminados bajo un mismo símbolo,
56 A este listado podríamos agregar la existencia de grafemas sin correlato fónico (letras mudas) como es el
caso de la <h> en español, y probablemente algunos otros fenómenos. Adicionalmente, se debe subrayar el uso laxo que hace Seifart del término grafema, en práctica intercambiabilidad con el concepto de letra.
64 como ocurriría si hubiera correspondencia uno a uno entre grafema y fonema. Seifart (2006) señala, además, que incluso las pronunciaciones regionales pueden quedar visibilizadas en una ortografía57 de este tipo.
La otra dirección que puede tomar la motivación por restringir el principio fonémico es el de una ortografía de carácter profundo. Esta característica funciona mediante mecanismos que trascienden el límite de lo meramente fonémico con el objetivo de introducir en la ortografía un énfasis en las formas visuales de las palabras, dejando en segundo plano no solo sus formas fonéticas sino también las fonológicas, de modo que incluso la variación fonológica de un morfema puede no representarse a nivel gráfico, con tal de mantener la identidad gráfica (y visual) de tal morfema.
Siguiendo a Seifart, esto es precisamente lo que ocurre en inglés, cuando “the same morphemes are written with the same sequences of letters, even though they may be pronounced differently in different contexts” (Seifart, 2006: 278). Uno de los ejemplos aportados por Seifart es el caso de <reduce> vs. <reduction>, pronunciados respectivamente como [ɹɪˈdjuːs] y [ɹɪˈdʌkʃən]. La solución ortográfica del inglés preserva la identidad morfémica entre ambas palabras, a pesar de sus diferencias fónicas, lo que a menudo se interpreta como una ventaja cognitiva ya no para el aprendiz sino para el lector con mayor experiencia, en tanto que da prioridad a la forma visual de las palabras por encima de su pronunciación.
Es importante observar que, como se verá en la sección 1.4.3, ambos tipos de tendencia, la superficial y la profunda, no se distinguen únicamente por el tipo de solución que dan a la representación gráfica de las unidades lingüísticas, sino que también tienen profundas implicaciones sobre el tipo de procesamiento mental que tanto lectores como escribientes necesitan poner en marcha para ir de la palabra escrita a su forma fónica y de la palabra oral a su forma gráfica, respectivamente.
En las ortografías superficiales las decisiones tomadas por quien lee y por quien escribe siguen siendo muy semejantes entre sí: a pesar de que estamos frente a la suspensión del principio fonémico por darse unas CFGs y CGFs no biunívocas, en favor de relaciones
57 Es lo que pasa, por ejemplo, en el caso del grafemario mapuche Huilliche: como se vio en la sección 3.2,
esta propuesta ortográfica presenta mecanismos de representación de la variación alofónica dialectal en vez de usar grafemas fonológicamente genérico. (Álvarez-Santullano Busch et al., 2015)
65 entre alófonos y grafemas58, tanto el lector como el escribiente son capaces de llegar de unas unidades a otras simplemente mediante un cierto procesamiento fonológico. Leer en voz alta y escribir serían dos direcciones opuestas para mecanismos muy semejantes. De ahí que un autor como Mosterín (2002) considere que la ortografía superficial beneficia procesos como la lectura en voz alta y la escritura al dictado.
Las ortografías profundas, en cambio, al favorecer las relaciones entre morfemas y grafemas de modo que un mismo morfema conserve identidad gráfica entre palabras que lo comparten, pero en las que suena diferente (es decir, entre alomorfos), privilegian las relaciones semánticas de los morfemas por encima de sus relaciones fonémicas, que pueden, por el contrario, llegar a oscurecerse de modo evidente. A pesar de exigir la lectura y la escritura mecanismos distintos que en las ortografías superficiales, los mecanismos que cada una exige para sí misma siguen siendo semejantes entre sí, en la medida en que la profundidad ortográfica, tanto al escribir como al leer, dependen fuertemente de la memoria, más que del procesamiento fónico activo. En este sentido, se puede decir que las ortografías profundas se distancian no solo del principio fonémico propiamente, sino incluso, en cierta medida, del principio alfabético, y se orientan hacia un uso prácticamente logográfico de las unidades escritas. Nuevamente Mosterín (2002) identifica un tipo de lectura y un tipo de escritura que se benefician de los hábitos ortográficos profundos: se trata de lo que él llama la “escritura directa” y la “lectura visual”59.
Ahora bien, existen aún ciertos fenómenos ortográficos que, por no responder ni al principio fonémico ni necesariamente a mecanismos superficiales o profundos, y porque introducen una enorme asimetría entre las CFG y las CGF y, por ende, también en el tipo de procesos mentales que ponen en acción lectores y escribientes, podríamos caracterizar aquí como fenómenos “idiosincráticos” de la ortografía. Mosterín (2002) analiza cuatro de estos fenómenos y aporta categorías útiles para su estudio. Dos de ellos se dan en el plano fonemático y dos en el plano morfemático.
Entre los fenómenos fonemáticos, el primero de ellos es el caso en que un fonema se puede representar de maneras diversas, fenómeno que recibe el nombre de poligrafía de un fonema. Se da poligrafía de un fonema cuando un segmento del sistema fonológico puede
58 Lo que, al fin y al cabo, podría considerarse que sigue siendo una forma particular de CFGs y CGFs. 59 Para un análisis más detallado de los procesos mentales que se desencadenan tanto en el aprendizaje como
66 recibir diversas representaciones grafemáticas. La poligrafía puede ser regular (cuando depende del contexto y es, por lo tanto, predecible) o irregular (cuando no puede inferirse del contexto). El español presenta una poligrafía irregular para la grafización del fonema /b/, pues coexisten formas como <burro> y <vaca>, y esta variación no es predecible. En cambio, la variación de las formas <c> y <qu> (como en <caballo> y <queso>) constituye un ejemplo de poligrafía regular, pues los contextos en que cada grafema aparece están en distribución complementaria (<c> ante <a>, <o>, <u> y consonantes, y <qu> ante <e>, <i>).
El segundo fenómeno fonemático –denominado polifonía de un grafema– se expresa como la correspondencia con más de un fonema por parte de un mismo grafema. El grafema <c> de la ortografía española presenta variación en cuanto a sus relaciones fónicas, pues se emplea en ciertos contextos como representación gráfica de /k/ (<casa>), y en otros entornos como grafización de /s/ (<hacer>)60. Este hecho permite afirmar que el caso de <c> constituye un ejemplo de polifonía de un grafema.
En este caso, no hay relación biunívoca ni en las CGF (pues <c> puede corresponder tanto a /s/ como a /k/) ni en las CFG (pues /s/ se puede representar como <s>, <c> y <z>, y /k/ con <c>, <qu> y <k>). La relación, por lo tanto, es múltiple61.
Del mismo modo que los dos casos anteriores, quedarían englobados bajo la rúbrica de “idiosincráticos” aquellos fenómenos gráficos que Mosterín llama homografía de morfemas heterófonos y heterografía de morfemas uniformes. El primero de estos casos consiste en el hecho de que un morfema con variación fonológica se escribe de la misma manera, sin responder a la realidad fónica. Mosterín (2002) proporciona el ejemplo de los homógrafos ingleses <read> /ɹiːd/ y <read> /ɹed/.
El segundo fenómeno, la heterografía de morfemas uniformes, supone una marcación gráfica apegada a la forma fonológica, pero que introduce variación gráfica sin haber variación morfofonológica. La escritura resultante, aunque apegada en última instancia a la estructura fonológica, independientemente de las relaciones semánticas de los morfemas, presenta formas diferenciadas para un mismo morfema sin que haya cambios
60 Esto es así en el español hispanoamericano, y en general en todos los dialectos seseantes. En los dialectos
distinguidores de la península hispánica, <c> representaría, en nuestro ejemplo, el fonema /θ/.
61 Es necesario hacer aquí una corrección a los términos de Mosterín: el grafema no es polifónico, como señala
Mosterín, sino más bien polifonémico. Polifónico puede ser cualquier fonema que presente variación alofónica. En cambio, lo que aquí se señala es el compromiso de un grafema con más de un fonema, no con diversos alófonos dentro del marco de un mismo fonema.
67 morfofonológicos que lo ameriten. Un ejemplo en español lo constituye la escritura del par singular ~ plural <pez> ~ <peces>, (y no *<pezes>), formas en que un mismo morfema léxico, aun sin presentar variación alomórfica, se escribe de maneras diferenciadas según si está presente o no un determinado sufijo (por ejemplo, el sufijo flexivo de plural, el sufijo de diminutivo, etc.).