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Capítulo 1: Introducción

1.4 Marco teórico

1.4.1 Teoría de la escritura

1.4.1.3 Tipología de los sistemas de escritura

Para entender la naturaleza de la relación entre la lengua oral y la escrita, conviene empezar por posicionarnos en el plano –meramente técnico– de cómo funciona la correspondencia entre signo visual y signo oral. Moreno (2005) aporta una explicación de la génesis del vínculo que une a ambos signos. Él supone que, en el desarrollo primero de los sistemas escritos, tuvo que haberse puesto en práctica un principio de fonetización de las marcas visuales, proceso que describe con los siguientes términos:

“Proceso mediante el cual los signos lineales o pictóricos se asocian a valores fónicos estables.” (Moreno, 2005: 65)

Ahora bien, respecto de la palabra escrita vale recalcar que la posibilidad misma de funcionamiento de los sistemas glotográficos se basa en la existencia de unidades mínimas en la estructuración del signo gráfico y que corresponden (o pueden corresponder) a distintos niveles de estructuración lingüística según el sistema concreto de que se trate, y no únicamente al nivel lingüístico de la palabra43.

Precisamente porque la técnica de la escritura no realiza la relación entre los signos verbales escritos y los signos verbales orales siempre de la misma manera, especificar de qué maneras puede la escritura dar solución a esta relación implica plantear el problema de la tipología de los sistemas de escritura.

La forma de clasificar los sistemas de escritura se suele establecer en consonancia con la estructuración de las lenguas conocida como la doble articulación del lenguaje. Esta idea bien conocida de la teoría lingüística ve en el lenguaje una estructuración fundamental (e inherente a todas las lenguas) que consiste en dos niveles distintos:

43 De hecho, el uso del nivel de palabra como base no se comprueba empíricamente en ningún sistema de

49 La primera articulación del lenguaje es aquella con arreglo a la cual todo hecho de experiencia que se vaya a transmitir, toda necesidad que se desee hacer conocer a otra persona, se analiza en una sucesión de unidades, dotadas cada una de una forma vocal y de un sentido. […] Cada una de estas unidades de la primera articulación presenta, como hemos visto, un sentido y una forma vocal (o fónica). Pero no puede ser analizada en unidades sucesivas más pequeñas dotadas de sentido. (Martinet, 1991: 22)

Las unidades de la primera articulación –unidades lexicosemánticas que conceptualizan la experiencia– son descomponibles, entonces, únicamente en elementos carentes de significado. Esta composición es lo que Martinet llama la segunda articulación:

La manifestación vocal de cada una de ellas [de las unidades de la primera articulación] se articula, a su vez, en unidades distintivas. (Martinet, 1987: 34)

Este esquema de doble estructuración es aplicable también a la lengua escrita. La relación que establecen con la pronunciación los caracteres de la escritura china, por ejemplo, no es la misma que la que establecen las letras en un alfabeto. La diferencia radica en el nivel de articulación en el que se puede encontrar su unidad mínima de análisis con respecto a la segmentación de las unidades de la lengua hablada:

Dado que las lenguas están “doblemente articuladas” […], existe la posibilidad de que un sistema de escritura represente tanto unidades de la primera articulación como de la segunda; los sistemas logográficos se basan en unidades significativas; los fonográficos, en unidades fonológicas. (Sampson, 1997)

Así, podemos identificar dos tipos cualitativamente diferentes de escritura: una escritura logográfica, que codifica unidades de la primera articulación del lenguaje, del plano del contenido (unidades significativas, en la definición de Sampson), y una escritura

50 fonográfica, que se posiciona en la segunda articulación, en alguna dimensión del plano de la expresión, ya sea el de la sílaba, los segmentos individuales o los rasgos articulatorios, todas ellas unidades no significativas (fonológicas, para Sampson). Así, los símbolos gráficos de una escritura como la china (logográfica) representan prototípicamente unidades significativas de la lengua hablada, los morfemas44; mientras que, en los silabarios, alfabetos y sistemas rasgales, son las unidades fonológicas las que son representadas gráficamente.

Las distinciones aquí esbozadas no deben llevarnos a creer que los sistemas de escritura reales presentan un carácter “puro”. Diversos autores, entre ellos Moreno (2005), Rogers (2005), Sampson (1997) y Venezky (2004), advierten sobre el hecho de que la práctica totalidad de los sistemas de escritura que existen en el mundo privilegian un tipo de mecanismo, pero a menudo presentan elementos propios de otros sistemas. La escritura china, por ejemplo, hace amplio uso de apoyos fónicos, mientras que los alfabetos tienden a las marcaciones morfográficas (cuando mantienen consistencia gráfica entre morfemas pronunciados de manera diferente45) y hasta logográficas (como cuando se separan palabras por espacios en blanco); pero en cada caso está claro cuál es el principio fundamental de cada sistema46.

La diferencia de nivel de las unidades tipificadas por la escritura se ha intentado explicar mediante el concepto de granularidad, como una cuestión del “tamaño de los elementos del lenguaje hablado que codifican” (Dehaene, 2015: 21). Sin embargo, esta distinción entre unidades “grandes” (palabras) y “pequeñas” (sílabas o fonemas) no permite apreciar la verdadera naturaleza de la diferencia entre ambos tipos de escritura, la logográfica y la fonográfica. En realidad, lo que la granularidad refleja no es el nivel de detalle en un sentido cuantitativo, en una escala de mayor a menor, sino el salto cualitativo y sin solución de continuidad entre un nivel y otro de estructuración lingüística: refleja el paso de la primera

44 En realidad, quizás sea inconveniente usar el término de escritura logográfica, término que remite al concepto

de palabra, pues, como ya dijimos, no se conoce ningún sistema de escritura donde los símbolos escritos se correspondan con el nivel de palabra. Si usamos el término aquí es porque se trata de un nombre ya consolidado y, además, porque si los nombres tuvieran que dar estricta razón del funcionamiento exacto de los sistemas gráficos, una escritura como la china debería estar catalogada como morfofonemográfica (Moreno, 2005), lo cual obliga a complejizar el análisis de una manera que, para nuestros intereses en el presente trabajo, es irrelevante.

45 Cf. la noción de ortografía profunda en la sección 1.4.2.2.

46 El carácter mezclado de los sistemas de escritura, sin embargo, puede llegar a casos extremos, como ocurre

en japonés, en que algunos investigadores llegan al punto de dudar cuál podría considerarse el mecanismo básico y cuál el suplementario.

51 articulación (sistemas logográficos) a la segunda articulación (sistemas fonográficos). Si la noción de granularidad ha de usarse con provecho, entonces debe hacer referencia a la naturaleza de las unidades mínimas de un sistema gráfico: unidades que, desde cierto posicionamiento teórico, pueden catalogarse como grafemas.