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Capítulo 1: Introducción

1.4 Marco teórico

1.4.2 Diseño de ortografías

1.4.2.2 Restricciones al principio fonémico

Ahora bien, el principio fonémico es en realidad un mero ideal teórico que en la práctica no pasa de ser más que una tendencia que solo se cumple con muchas limitaciones. A menudo basta un rápido conteo de los fonemas de una lengua contra las letras de que dispone su alfabeto para darnos cuenta de que la relación uno a uno se desvanece. La palabra escrita, en los sistemas alfabéticos históricos, no es un agrupamiento de grafemas en correspondencia exacta con una cadena de fonemas, sino que estas relaciones se configuran de manera asimétrica e irregular, tal como señalan Katz y Frost (1992):

The range of correspondences between phonemes and graphemes varies both in consistency and in completeness (Katz y Frost, 1992: 67; en: Seifart, 2006: 277).

53 Nos referimos a la distinción entre las realizaciones concretas de lo fonético y el plano abstracto del sistema

funcional fonémico, distinción que aparece configurada en Pike (1977).

54 Y lo mismo es válido para las relaciones émicas y éticas en la palabra escrita, donde cada grafema

puede ser entendido ya como una unidad estructural y opositiva del sistema ortográfico, ya como una familia de valores en variación, pero siempre como un elemento subyacente, abstraído de entre los segmentos realizados (letras y diacríticos) de la cadena escrita. En efecto, los grafemas se posicionan en el plano émico, mientras que las realizaciones concretas (grafos) son realidades concretas del plano ético, dadas en la cadena escrita.

Por ejemplo, las relaciones bidireccionales en español entre /e/ y <e> son de biunivocidad, pues aun si /e/ puede, en determinados contextos, variar alofónicamente ([e] ~ [ɛ]), esta variación corresponde al plano ético, no al émico. De igual manera, hay múltiples realizaciones posibles de, por ejemplo <s>: s, s, etc. Esta variación permite reconocer alógrafos en la escritura de los fonemas, siendo algunos alógrafos condicionados por el contexto (en este caso gráfico) y en otros simplemente en variación libre. Una variación así, sin embargo, se da en el plano grafético, dado que todos los alógrafos son realizaciones del mismo elemento invariante del plano grafémico.

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El español tiene una ortografía que no aplica de manera estricta el principio fonémico. Pongamos por ejemplo el caso de la letra <b> en español. Desde el punto de vista del análisis fonológico, este grafema es la representación del fonema /b/, cuyas realizaciones alofónicas ([b] y [β] en distribución complementaria, y [v] condicionada sociolingüísticamente) no quedan tipificadas, sino más bien ocultas tras la forma gráfica genérica <b>. En este sentido, en la dirección que va del grafema al fonema (CGF), parece estar cumpliéndose el principio fonémico. Diríamos, entonces, que el grafema <b> es monofonemático, pues representa a uno y sólo uno de los fonemas del sistema del español. En la dirección CGF hay una relación unívoca. Ahora bien, la letra <b> no es el único grafema que da cuenta del fonema /b/, sino que también el grafema <v> corresponde a /b/. Así, encontramos no sólo palabras escritas con <b> para grafizar a /b/, como <burro>; sino también palabras escritas con <v>, como <vaca>, aun cuando se trata del mismo fonema /b/. Tendríamos entonces una situación en la que, aunque <b> sea monofonemático, no comporta una relación de exclusividad respecto de /b/, sino que su relación con /b/ es monofonemática compartida, pues no hay una relación biunívoca de uno a uno. Al poder grafizarse /b/ tanto por medio de <b> como de <v>, la relación entre /b/ y sus grafemas se vuelve poligrafemática, ya que, en la dirección que va del fonema al grafema (CFG), el fonema /b/ presenta variación grafémica. En suma, en la dirección CGF hay univocidad (<b> es monofonemático compartido), pero en la dirección CFG no (/b/ es poligrafemático), por lo que la relación global no es biunívoca, sino simplemente unívoca.

El español no es un caso aislado. Cada ortografía (entendida como conjunto de reglas aplicadas a los inventarios fonemático y grafemático) puede comportar mecanismos que rompan con el principio fonémico por presentar restricciones que respondan ya sea al desarrollo histórico desigual de los sistemas grafémico y fonológico55, a necesidades comunicativas específicas (desambiguación de homófonos, por ejemplo), a determinadas

55 La diferencia entre los ritmos de cambio en la evolución lingüística de ambos sistemas suele reflejarse en

ortografías desfasadas con respecto al habla actual y que representan la forma en que se hablaba una lengua en épocas anteriores. El ritmo de cambio de la lengua hablada, a pesar de ser sumamente lento, es mucho más acelerado que el de la escritura, institución conservadora por excelencia (Chavarría, 1979). La evolución ortográfica no es, con todo, el resultado de la acción de una mano invisible. Muchos fenómenos, como el mencionado de la desambiguación de homófonos, se dan incluso en las ortografías de lenguas centrales y de prestigio por intervención y planificación consciente.

63 estrategias prácticas de escritura y de lectura, a particularidades estructurales de la lengua (como ciertos fenómenos de morfofonología), a algún factor extralingüístico que exija mayor atención (como por ejemplo características del grupo de usuarios de tal ortografía), o a una combinación de varios factores.

Diferentes autores han identificado diversos tipos de fenómenos gráficos que suponen el incumplimiento del principio fonémico. Seifart (2006), por ejemplo, enlista:

A single phoneme may be represented by combinations of graphemes, such as di- or trigraphs (e.g. German <sch> – /ʃ/) or by combining letters with diacritics (e.g. French <a> – /a/ vs. <â> – /ɑː/). There may also be phonemic distinctions that are not represented by letters (e.g. vowel length in Latin). Finally, a single phoneme may be represented by a number of graphemes (e.g. English /f/ – <fun>, <photo>, <laugh>) and a single grapheme may represent a number of phonemes (e.g. English <bull> – /bʋl/ vs. <bulk> – /bʌlk/). (Seifart, 2006: 277)56

Pero más que una lista de casos, es oportuno buscar una sistematización de tales casos que revele los tipos subyacentes de mecanismos, si es que los hay, que pueden darse en la suspensión del principio fonémico. Así, Seifart (2006) plantea una distinción que reconoce dos direcciones opuestas hacia las cuales las ortografías tienden cuando se distancian del principio fonémico y que están directamente relacionadas con una distinción clave: la distinción entre ortografías superficiales y ortografías profundas.